(392) Mons. A. Schneider: “El dilema entre preservar la integridad inequívoca de la fe católica y ser reconocidos canónicamente por el Papa”
ROMA, 17 de agosto de 2026 — Monseñor Schneider ha emitido su primera declaración pública desde las consagraciones episcopales de la FSSPX en Écône realizadas en julio en contra de la voluntad del Papa León XIV. En los meses previos había rogado repetidamente al Papa que le otorgara un mandato apostólico en lugar de permitir que el acto se llevara a cabo sin su aprobación, sobre todo en un «Llamamiento Fraternal » del 24 de febrero.
En esta nueva declaración, el obispo presenta la situación actual como ejemplo de un dilema que ya se había planteado en la historia de la Iglesia, por San Atanasio de Alejandría en el siglo IV, cuando el papa Liberio, presionado por el imperio, entró en comunión con los obispos arrianos y exigió que Atanasio hiciera lo mismo, a lo cual éste se negó y fue excomulgado, acusado de «perturbar la paz de la Iglesia».
El obispo auxiliar de Astaná, Kazajistán, no emite un juicio definitivo sobre las acciones del Vaticano, sino que se propone explicar, a través de este ejemplo histórico, el razonamiento detrás de la decisión de la FSSPX, manifestando:
«Quiero ofrecer elementos para una reflexión más profunda sobre la situación actual de la Iglesia, así como ejemplos históricos que fomenten una mayor comprensión del dilema en el que la Sociedad de San Pío X cree encontrarse».
En su declaración, el obispo Schneider también argumenta que la FSSPX, lejos de amenazar la unidad de la Iglesia, le presta “un gran servicio de valor histórico” mediante su insistencia en la claridad doctrinal y litúrgica, y agrega que
«Si la Santa Sede tomara en serio esta postura de la FSSPX —y, además, reconociera las ambigüedades objetivas en ciertas declaraciones del Concilio Vaticano II y en el rito de la Nueva Misa— marcaría el principio del fin del proyecto modernista dentro de la Iglesia, que de hecho comenzó hace más de cien años».
Publicamos a continuación la declaración completa, convencidos de que, en el presente estado de apasionamiento que domina las opiniones polarizadas sobre el tema, realmente puede contribuir a una mayor comprensión, buscando sinceramente la caridad en la verdad. Las negritas son nuestras.
Fuente: https://dianemontagna.substack.com/p/bishop-schneider-serious-vatican)
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El dilema entre preservar la integridad inequívoca de la fe católica y ser reconocido canónicamente por el Papa
Por S.E.R. Mons. Athanasius Schneider
Resulta útil recordar un caso histórico en el que un gran santo se enfrentó al siguiente dilema: elegir entre preservar la integridad inequívoca de la fe católica y ser reconocido canónicamente por el Papa. Ese santo fue San Atanasio de Alejandría, Padre de la Iglesia del siglo IV. En 357, el Papa Liberio, tras firmar una fórmula de fe ambigua (omitiendo el término doctrinal crucial de «consustancial»), ordenó a San Atanasio que entrara en comunión con obispos arrianos y
semiarrianos, obispos con los que el propio Papa, presionado por el Emperador, lamentablemente había entrado en comunión. San Atanasio se negó a obedecer al Papa, por lo que este, según el testimonio de San Hilario de Poitiers y otras fuentes históricas, lo excomulgó, acusándolo de perturbar la paz de la Iglesia. A pesar de la excomunión, San Atanasio continuó gobernando su diócesis en Alejandría e incluso mostró comprensión por la lamentable conducta del Papa Liberio. Sin embargo, el papa San Dámaso, sucesor del papa Liberio, agradeció a San Atanasio y lo consultó sobre los asuntos de los obispos orientales. El papa Liberio fue el primer papa que no fue canonizado, mientras que Atanasio no solo fue canonizado, sino que fue declarado Doctor de la Iglesia.
Hoy en día, San Atanasio sería considerado un cismático según la definición de “cisma” en el Código de Derecho Canónico vigente, ya que se negó a estar en comunión con miembros de la Iglesia (obispos heréticos y semiheréticos) que estaban reconocidos canónicamente y, por lo tanto, sujetos al Papa.
Las consagraciones episcopales realizadas en Écône por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) el 1 de julio de 2026 son también un ejemplo de este singular dilema: tener que elegir entre preservar la integridad inequívoca de la fe católica tal como la enseñó el Magisterio a lo largo de los siglos, o ser reconocida
canónicamente por el Papa. Este dilema se evidencia en las condiciones que conlleva el reconocimiento canónico de la FSSPX por parte del Papa: debe aceptar ciertas ambigüedades doctrinales de reciente introducción (como se refleja en algunas enseñanzas no definitivas del Concilio Vaticano II pastoral y en ciertas afirmaciones y actos del Magisterio posconciliar), y aceptar no solo la validez sino también la corrección (legitimidad) del rito de la Nueva Misa, a pesar de su vaguedad doctrinal y ritual, que marca una clara ruptura con el rito romano tradicional.
Al abordar este complejo asunto, es fundamental mantener una perspectiva objetiva, clarificar la terminología y tener presente el verdadero y último objetivo de la Iglesia y su gran tradición, pues esta se remonta a mucho más allá de los últimos siglos o décadas. Para ello, también es necesario considerar situaciones análogas de las principales crisis en la historia de la Iglesia.
En los últimos siglos, la Iglesia ha experimentado dos tendencias perjudiciales que han llevado a una visión limitada de la realidad: la tendencia a considerar el aspecto legal como casi absoluto, es decir, el legalismo; y la tendencia a absolutizar la figura del Papa y la obediencia a él, es decir, el papalismo. El legalismo, es decir, la adhesión rígida a la letra de la ley, y el papalismo, es decir, la obediencia indiferenciada y casi absoluta al Papa, han llegado a tener prioridad sobre la necesidad de claridad en la fe y la liturgia. Sin embargo, durante cada gran crisis doctrinal en la historia de la Iglesia, la regla de oro fue evitar cualquier tipo de ambigüedad doctrinal, como ocurrió con el Papa Honorio I, cuyas cartas doctrinalmente ambiguas, emitidas como parte de su Magisterio ordinario, fueron firmemente condenadas por Papas posteriores y por tres Concilios Ecuménicos, a pesar de los intentos de su segundo sucesor, el Papa Juan IV, por una especie de hermenéutica de continuidad.
En la actualidad, se afirma ampliamente dentro de la Iglesia que no puede surgir ningún conflicto de conciencia entre obedecer al Papa y preservar la pureza inequívoca de la fe. Esto significa, en última instancia, que la obediencia al Papa se valora tanto que se considera preferible aceptar ambigüedades en materia de fe y ritos litúrgicos que actuar en contra de un mandato papal, aun cuando dicho mandato sea humano y pueda ser imperfecto. Además, ha surgido una concepción estrecha de la comunión, ya sea con el Papa o con la Iglesia. La obediencia al Papa se considera indistinguible de la comunión con la Iglesia. Esto conlleva el riesgo de equiparar la obediencia al Papa con la obediencia a la revelación divina de Dios.
También es necesario distinguir entre la ley positiva —es decir, las leyes disciplinarias promulgadas por la autoridad eclesiástica humana— y la ley divina, es decir, las verdades de fe reveladas por Dios. Nadie puede contradecir la ley divina y seguir siendo católico. Sin embargo, en circunstancias verdaderamente extraordinarias y excepcionales, un católico puede verse obligado en conciencia a actuar en contra de la ley positiva, precisamente para permanecer fiel a la ley divina sin concesiones.
Los conceptos mismos de «cisma» y «sumisión» aún no se han aclarado completamente en su aplicación práctica y concreta. El Código de Derecho Canónico (Canon 751) define el cisma como «la negativa a someterse al Sumo Pontífice o a comulgar con los miembros de la Iglesia sujetos a él». De hecho, en la historia reciente de la Iglesia ha surgido una interpretación muy restrictiva de «cisma» y «sumisión», en la que la desobediencia material al Papa —independientemente de la intención— se equipara prácticamente con el cisma formal.
También hay que tener en cuenta el estado de cisma formal, que significa el rechazo, en principio, de la autoridad papal mediante el establecimiento de una jerarquía separada, como ocurrió con la Iglesia Ortodoxa Griega en 1054 y, posteriormente, con los numerosos y diversos grupos sedevacantistas hasta nuestros días. Sin embargo, no se puede hablar de un estado de cisma formal mientras persista la fe sobrenatural en el dogma de la primacía e infalibilidad papal, junto con el deseo de vivir en sumisión concreta a la autoridad papal, incluso si, debido a una crisis extraordinaria en la Iglesia, esto no puede realizarse plenamente por el momento. Dicha crisis extraordinaria en la Iglesia puede implicar una ofuscación o suspensión temporal del deber principal del ministerio papal: defender y proclamar, sin ambigüedad, la integridad de la fe y la liturgia católicas.
Lo mismo se aplica al concepto de estar «en comunión» con el Papa.
Durante un largo período, las ordenaciones episcopales se realizaban sin la participación directa del Papa, y las iglesias particulares y los obispos expresaban su comunión con él de diversas maneras. Solo más adelante en la historia de la Iglesia los papas exigieron que toda ordenación episcopal contara con un mandato papal. Sin embargo, incluso después de este desarrollo, el derecho canónico no consideraba las ordenaciones episcopales ilícitas —es decir, las realizadas contra la voluntad del Papa— como ofensas contra la unidad de la Iglesia, como actos inherentemente cismáticos o como intrínsecamente malos. Incluso hoy, el Código de Derecho Canónico vigente incluye las ordenaciones episcopales ilícitas entre las ofensas relativas a la celebración de los sacramentos o las clasifica como actos de usurpación de cargo.
De hecho, la norma que exige un mandato papal para las consagraciones episcopales es una cuestión de derecho positivo, no de derecho divino. De lo contrario, esta norma se habría observado a lo largo de toda la historia de la Iglesia, siempre, en todas partes y por todos, sin excepción. Por supuesto, un mandato papal para las consagraciones episcopales es generalmente necesario, y se estableció sabiamente para asegurar mejor la sumisión jerárquica del episcopado al Papa.
La naturaleza extraordinaria de la crisis actual en la Iglesia se revela, en el presente caso, por el hecho de que una comunidad cuya característica esencial es el deseo de ser fiel al Papa —y la Sociedad de San Pío X se considera como tal— se enfrenta a una elección trágica: o bien obedecer al Papa, y por lo tanto verse obligada a aceptar aspectos inciertos y poco claros de la doctrina y la liturgia, o bien desobedecer al Papa en un asunto de grave importancia, como la consagración de obispos, con la única intención de preservar los medios para transmitir la fe y la liturgia en su plena integridad, como un servicio a las almas y, por lo tanto, a toda la Iglesia, incluido el propio papado.
Tampoco debemos pasar por alto la magnitud de la crisis actual de la Iglesia, sino analizarla con honestidad, remontándonos a sus raíces. Estas raíces se encuentran en ciertas declaraciones doctrinales vagas y ambiguas del Concilio Vaticano II que, durante los últimos sesenta años, han sembrado confusión, como el relativismo doctrinal derivado de la enseñanza y la práctica del ecumenismo y el diálogo interreligioso, que han contribuido a socavar la singularidad de Jesucristo y su Iglesia como único camino a la salvación. Además, algunas deficiencias doctrinales y rituales de la reforma litúrgica, con sus tendencias protestantistas, han oscurecido la naturaleza sacrificial central de la Misa y su enfoque cristocéntrico.
San Juan Enrique Newman hizo la siguiente observación notable y oportuna: “Los obispos, cuando no enseñan formalmente [ex cathedra ], pueden errar, como vemos que erraron en el siglo IV. El papa Liberio podría firmar una fórmula eusebiana [arriana] en Sirmium, y la misa de obispos en Ariminum [Rimini] o en otro lugar, y sin embargo, a pesar de este error, podrían ser infalibles en sus decisiones ex cathedra ” ( Arrianos del siglo IV , Londres 1876, p. 464). Lo que el obispo de Ratisbona, monseñor Rudolf Graber afirmó hace más de cincuenta años, y su afirmación describe aún mejor la situación actual de la Iglesia: «Lo que sucedió hace más de 1600 años se repite hoy, pero con dos o tres diferencias: Alejandría es hoy la Iglesia Universal en su totalidad, cuya estabilidad se tambalea, y lo que entonces se emprendió mediante la fuerza física y la crueldad se traslada ahora a otro nivel. El exilio se sustituye por el destierro al silencio de la indiferencia, y la destrucción del carácter se convierte en asesinato» ( Athanasius and the Church of Our Time, Edimburgo, 1974, p. 23; original: Athanasius und die Kirche unserer Zeit , Abensberg, 1973).
La FSSPX es prácticamente la única comunidad en la Iglesia actual que llama abiertamente la atención sobre las evidentes ambigüedades doctrinales en ciertas declaraciones conciliares y en el rito de la Nueva Misa, exigiendo su aclaración inequívoca y, de ser necesario, incluso su enmienda, de acuerdo con el Magisterio constante de la Iglesia. La «hermenéutica de la continuidad» o de la «reforma en la continuidad» —un enfoque válido y útil en sí mismo— también puede convertirse en una especie de «camisa de fuerza», que simplemente disimula superficialmente las heridas causadas por las ambigüedades y confusiones doctrinales y litúrgicas. En efecto, la Santa Sede exige una forma de razonamiento circular: que todo está en orden, siempre que se realicen esfuerzos intelectuales suficientemente rigurosos.
De hecho, gracias a su incansable insistencia en la claridad doctrinal y litúrgica, la FSSPX presta un gran servicio a toda la Iglesia, un servicio de gran valor histórico. Si la Santa Sede tomara en serio esta postura de la FSSPX —y, además, reconociera las ambigüedades objetivas de ciertas declaraciones del Concilio Vaticano II y del rito de la Nueva Misa—, marcaría el principio del fin del proyecto modernista dentro de la Iglesia, que, en realidad, comenzó hace más de cien años.
La crisis actual entre la Santa Sede y la FSSPX también puede ilustrarse con la siguiente parábola: Se declara un incendio en una gran casa. El jefe de bomberos autoriza el uso únicamente de los nuevos métodos de extinción, a pesar de que estos han demostrado ser menos eficaces que los antiguos y probados. Un grupo de bomberos desobedece esta orden, continúa utilizando los métodos tradicionales e incluso recluta a nuevos bomberos —todo ello a pesar de la prohibición del jefe de bomberos— y, en efecto, el fuego se controla en muchos lugares. Sin embargo, estos bomberos son tachados de desobedientes y cismáticos, y son castigados por ello.
Para continuar con la parábola: el jefe de bomberos ahora solo admite a aquellos bomberos que reconocen los nuevos métodos y obedecen las nuevas normas del cuartel. Pero dada la magnitud del incendio, la lucha desesperada por contenerlo y la insuficiencia de los métodos oficiales, otros voluntarios intervienen desinteresadamente —a pesar de la prohibición del jefe de bomberos— aportando habilidad, conocimiento y buenas intenciones, y al final ayudando a salvar la misma casa que el jefe de bomberos se esforzaba por proteger.
Con el tiempo, las circunstancias históricas cambian y surge un nuevo jefe de bomberos, quien reconoce los efectos negativos de los nuevos métodos de extinción. No solo autoriza el uso de los métodos tradicionales, sino que se convierte en su ferviente defensor. Asimismo, reconoce la contribución de aquellos bomberos que antes habían sido incomprendidos, castigados severamente, marginados y expulsados como rebeldes, y les da la bienvenida de nuevo a sus filas. Al final, una vez superada aquella gran conmoción, lo que antes se había condenado como desobediencia y rebelión se reveló como un acto de entrega desinteresada.
La historia revelará algún día si las siguientes palabras de San Agustín se aplican a la situación actual de la FSSPX:
“A menudo, la Divina Providencia permite que incluso hombres buenos sean expulsados de la congregación de Cristo por las turbulentas sediciones de los hombres carnales. Cuando, por el bien de la paz de la Iglesia, soportan pacientemente ese insulto o daño, y no intentan ninguna novedad en el camino de la herejía o el cisma, enseñarán a los hombres cómo se debe servir a Dios con verdadera disposición y con gran y sincera caridad. La intención de tales hombres es regresar cuando el tumulto haya amainado. Pero si eso no se permite porque la tormenta continúa o porque su regreso podría provocar una más violenta, se mantienen firmes en su propósito de velar por el bien incluso de aquellos responsables de los tumultos y conmociones que los expulsaron. No forman conventículos separados propios, sino que defienden hasta la muerte y ayudan con su testimonio la fe que saben que se predica en la Iglesia Católica. A estos, el Padre que ve en secreto corona en secreto. Parece que este es un tipo raro de cristiano, pero no faltan ejemplos. Así pues, la Divina Providencia usa a todo tipo de hombres como ejemplos para la supervisión. de las almas y para la edificación de su pueblo espiritual” ( De vera religione , 6:11).
Lo que San Atanasio escribió a sus hermanos obispos de todo el mundo en medio de una extraordinaria crisis de fe es aplicable también a nuestros tiempos:
«Los cánones y decretos de la Iglesia no fueron dados en la actualidad, sino que nos fueron transmitidos con justicia y fidelidad por nuestros antepasados. Tampoco la fe tuvo su origen en este tiempo, sino que nos llegó del Señor a través de sus discípulos. Por lo tanto, para que las ordenanzas que se han conservado en las iglesias desde tiempos antiguos hasta ahora no se pierdan en nuestros días, y para que la confianza que se nos ha confiado sea requerida por nosotros, despertad, hermanos, como administradores de los misterios de Dios, al verlos ahora arrebatados por extranjeros.» (Encíclica Ep. , 1)
Dios, en su providencia, escribe con rectitud incluso en líneas que, desde una perspectiva meramente legal, parecen torcidas. Que Él nos conceda que este día llegue pronto. Alegrémonos en medio de la tribulación y digamos: Creo en la invencibilidad de la Iglesia y del Papado, y creo que la Santa Sede volverá a brillar un día como la cátedra de la verdad ante el mundo entero.
17 de agosto de 2026
Athanasius Schneider, obispo de Astana - Kazajistán.
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62 comentarios
El resultado, estimada Virginia, ha sido sensacional: Schneider intentó tender un puente de concordia y lo único que consiguió fue asfaltarle la autopista al ego de la FSSPX. Lo que estamos presenciando estos días en X es para enmarcar. La base social de la Hermandad ha mutado en una brigada de matones teológicos con teclado, exhibiendo una soberbia que deja chica a cualquier disputa renacentista, tanto en foros como sobre todo en X, donde estan 24/7 365 dias.
Pero claro, si la cantera está desatada, qué vamos a esperar de la cúpula; la actitud de los Davide de turno demuestra que ya no defienden la fe, sino su propia parcela de infalibilidad doméstica. A este paso, Monseñor Lefebvre va a terminar pareciendo un osito de peluche, un auténtico Bambi ingenuo e inofensivo comparado con la altanería y el tono de perdonavidas que se gastan sus sucesores. Schneider quería rescatar a una oveja descarriada y se ha encontrado con que el rebaño entero se cree el dueño del prado, del redil y del mismísimo Papa. Todo un éxito de la diplomacia, Virginia, no me lo puede negar.
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V.G.: Le agradezco sinceramente su otro comentario, que no publico porque me parece más personal. Creo, en conciencia, que la actitud de Mons. es la actitud sencilla de verdadero "padre" que debería alentar a todo sucesor de los Apóstoles sin dejar de mirar a Cristo, sin vueltas ni segundas intenciones. Esto no abunda, y es lógico que por eso sorprenda y cause perplejidad.
CONTESTO.- Es que la FSPPX no tiene una Fe y Moral plena ni de broma
POR OTRO LADO:
Schneider dice:
«La norma que exige un mandato papal para las consagraciones episcopales es una cuestión de derecho positivo, no de derecho divino.»
Pero su argumento inmediatamente anterior es: si fuera derecho divino, «se habría observado a lo largo de toda la historia de la Iglesia, siempre, en todas partes y por todos».
Ese razonamiento no es concluyente. Porque una cosa es que el principio divino sea permanente y otra que su concreción jurídica histórica haya sido idéntica desde el siglo I. Por ejemplo, la Iglesia puede haber recibido de Cristo una estructura jerárquica en la que Pedro y sus sucesores poseen la suprema autoridad sobre toda la Iglesia, y haber ido desarrollando posteriormente las formas jurídicas concretas mediante las cuales esa autoridad se ejerce.
Por tanto
“La forma jurídica actual apareció históricamente”; “el principio que esa forma jurídica expresa es meramente humano”.
Ese es, en mi opinión, el primer golpe importante contra el razonamiento de Schneider.
Me alegro que tengas la valentía de poner algo que debiese aparecer como noticia en Infocatólica -al fin y al cabo, es un hecho de la causa que un obsipo diga esto, así como postean tantas cosas, incluso intranscendentes, del clero- pero que no hacen para no exponer posturas críticas a la oficial neoconsevadora.
Lo que ocurre es que es muy caro a esta posición que obispos a quienes reconocen como lo poco que va quedando de una Iglesia en ruinas (se suma Strickland) apoyen a la FSSPX y condenan la ortodoxia de la deriva oficial derivada del conciliarismo. Acá le llama derechamente "el proyecto modernista", que equivale a decir: el clero mayoritario es hereje.
Me pregunto si Strickland y Sneijer, que apoyan a la FSSPX y las consagraciones, entran en la esfera de la excomunión de Tucho Fernández, máxime si ese apoyo proviene de obispos. Debiese ser más grave que el de un simple fiel. Son favorecedores del "cisma lefebriano".? Alguien les va a pedir una retractación pública?
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V.G.: ¿Por qué habría que retractarse un obispo que trata de COMPRENDER a fieles católicos con razones históricas y teológicas, cuando no se pide retractación a los que sugieren ordenación de mujeres, bendición de la homosexualidad, relativización de la historicidad de los Evangelios, etc.etc.etc? Esta doble vara es una de las causas más apabullantes del manicomio que estamos viviendo, y que lleva a que los que tienen lucidez, comprendan la gravedad de esta situación.
Y es que Schneider, con todo el respeto y admiración que le he tenido durante años, creo que en este asunto se está yendo de bareta. Una cosa es denunciar las ambigüedades del posconcilio, defender la Misa tradicional y advertir de los abusos doctrinales; y otra muy distinta es construir toda una justificación teológica para que una comunidad consagre obispos contra la voluntad expresa del Papa.
Cuando veo que precisamente cardenales que no tienen nada de modernistas ni de enemigos de la Tradición no siguen el razonamiento de Schneider, sino que ven aquí un problema gravísimo de unidad y de autoridad eclesial, a mí me hace pensar. No estamos hablando de cuatro progresistas defendiendo el Novus Ordo contra la Tradición: estamos hablando de hombres como Müller o Sarah, perfectamente conscientes de la crisis doctrinal y litúrgica que hemos atravesado.
Y me parece que Schneider, precisamente por su enorme deseo de defender la Tradición, está llevando demasiado lejos su razonamiento. A veces, por defender una verdad legítima, uno puede terminar construyendo una excepción que pone en peligro otra verdad no menos importante: que la Iglesia es jerárquica, que el episcopado no es patrimonio de una comunidad particular y que el vínculo con Pedro no es un adorno jurídico del que se pueda prescindir cuando las circunstancias se vuelven difíciles.
Yo, por tanto, en este punto concreto, prefiero fiarme del sentido católico de esos cardenales y mantenerme muy lejos de la tesis de Schneider.
Y lo digo con toda franqueza: creo que Athanasius Schneider, en este asunto, se está yendo de bareta.
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V.G.: Respeto su conciencia, y le agradezco el respeto de su comentario. Personalmente, creo que más allá de la defensa de la Tradición, esta hora exige también un cierto esfuerzo, por quienes NO pertenecemos a la FSSPX, de tratar de COMPRENDER con claridad lo que se está viviendo. Lo que están viviendo miles de almas, de familias, que simplemente no soportan psicológica y espiritualmente más, la clarísima DESVIACIÓN de la fe en que están cayendo tantos sacerdotes y obispos modernistas que hacen lo que quieren, y no son llamados al orden porque parece que "todo vale", y no es así. A esas almas se les dice simplemente que han pasado a ser leprosos, y a otra cosa mariposa. Y ESTO VA CONTRA LA MÄS ELEMENTAL CARIDAD. Que UN obispo católico se preocupe seriamente por ellos, y pida al Santo Padre que obre como Padre compasivo, me parece de una solicitud exquisita y realmente parresíaca, y echo mucho de menos que no sean más; conozco sacerdotes rectos, justos, celosos, que NO pertenecen a la FSSPX y adoptan la misma postura, por elemental sentido común y cuidado pastoral de su grey, pero obviamente, no pueden levantar la voz. Creo que hay mucho fariseísmo encubierto en todo este clima enrarecido, no sólo por parte de algunos miembros de la FSSPX sino también por parte de los "buenos y obedientes" que ni en chiste se atreverán a parecer sospechosos de desobediencia.
Pienso que en este asunto, Mons. Schneider está obrando con una sencillez absoluta, mirando ante todo el bien de la Iglesia toda; el bien de los fieles, y sobre todo, la fidelidad a Cristo y su Iglesia. No veo ni sombra de imprudencia, y personalmente, me da mucha paz..
¿A James Martin lo felicitan por aplaudir y bendecir a sodomitas, con una misericordia malentendida, pero lo apedrearán a Schneider por atender a fieles que quieren seguir siendo fieles a toda costa? No lo veo claro, perdón.
La FSSPX metio la mano en la jaula de LEON y asi les fue...
hay mucha incoherencia en algunos miembros de la Fsspx sobre todo en los años de Bergoglio . No creo Lefevbre hubiese dialogado con Francisco como lo hizo Fellay.
Son católicos que quieren conservar la verdad que recibieron en medio de una inmensa crisis de la Iglesia.
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Disculpe, pero la FSSPX no tiene la fe católica plena en muchos aspectos fundamentales. Mons. Schneider no solo está justificando unas consagraciones cismáticas y defendiendo a personas excomulgadas, sino que además afirma que poseen plena fe y moral católicas, y esto sencillamente no es así.
Una cosa es reconocer que puedan conservar muchos elementos de la fe católica, tener buena intención o desear defender la Tradición; y otra muy distinta es afirmar que, objetivamente, poseen la plenitud de la fe y de la moral católicas.
Aquí Mons. Schneider, en mi opinión, va demasiado lejos: termina presentando como plenamente católica una posición que mantiene graves problemas precisamente en cuestiones fundamentales de comunión eclesial, autoridad y obediencia al Romano Pontífice.
Y no deja de ser paradójico: en nombre de la defensa de la Tradición, se termina pasando por encima de aspectos esenciales de esa misma Tradición. La Tradición no es solo lo que nos gusta conservar; también incluye aquello que obliga cuando contradice nuestras propias preferencias.
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V.G.: Díganos por favor, qué DOGMAS niegan los miembros de la FSSPX, para sostener que no tienen la fe católica "plena". Tal vez habría que redefinir "fe católica"??...O repasar el Credo.
Para Padre que se preocupa, el Papa.
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V.G.: Aquí nadie está defendiendo un cisma ni atacando al Papa, sino tratando de comprender actitudes.
"La liturgia es el modo máximo del Magisterio ordinario de la Iglesia. El Papa es bien consciente de que al entregar unos libros litúrgicos a 4.000 Obispos, cientos de miles de sacerdotes y mil millones de bautizados católicos, para que ateniéndose a ellos celebren los Divinos Misterios, compromete la infalibilidad de su Magisterio pontificio, pues lex orandi, lex credendi. Sabe perfectamente que la liturgia «es el órgano más importante del Magisterio ordinario de la Iglesia» (Pío XI, al abad Capelle, 12-XII-1935; cf. Mediator Dei 1947,14). Se comprende por eso que en el Concilio de Trento fuera tan fuerte la reacción de la Iglesia frente a las terribles impugnaciones de Lutero contra de la Misa católica: «si alguno dijere que el Canon de la Misa contiene errores y que por esta causa se debe abrogar, sea anatema» (1562, Dz 1756, canon 6). "
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V.G.: De acuerdo, pero convengamos que si se rectificara lo ambiguo, desaparecería el conflicto. Esto es voluntad concreta de entendimiento.
Sabemos bien que en Occidente las naciones ricas de antigua filiación cristiana han dado en buena parte la espalda a Dios y a su enviado Jesucristo, en un proceso que tiene sobre todo su inicio en el siglo XVIII: «no queremos que Él reine sobre nosotros» (Lc 19,14). Y que después de la prosperidad recuperada tras la II Guerra Mundial, ese proceso llega a una eclosión de apostasía colectiva, que afecta muy especialmente a la estructura política de los Estados. Culpabilizar de todo esto al Concilio Vaticano II y al Papa es, pues, un enorme error y una gran injusticia. Dice Mons. Lefebvre en la citada conferencia de 1987: «El Papa ha querido y ha conseguido prácticamente laicizar las Sociedades, y por tanto suprimir el reinado de Nuestro Señor Jesucristo sobre las Naciones». Ésta es una de las grandes calumnias que la FSSPX mantiene viva, difundiendo los escritos de Mons. Lefebvre y formulando con otras palabras la misma enseñanza.
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V.G.: Betania, le recuerdo que Mons. Schneider no es Mons. Lefebvre y no es justo, en una mediación, adjudicar al mediador todos los dichos de una u otra parte. ¿O hay que recordar el principio de identidad para seguir conversando?
Por el contrario, nos parecen vergonzosas y totalmente disparatadas las declaraciones que Mons. Lefebvre hizo una y otra vez sobre el Papa con ocasión de Asís-1986. Fué ésta una de las cuestiones que más influyeron en su decisión de ordenar Obispos contra la ley canónica y contra la voluntad expresa del Papa.
«Nos enfrentamos con un dilema gravísimo que, creo yo, esto nunca ha existido en toda la historia de la Iglesia: que el que está sentado en la Sede de Pedro participe en cultos de falsos dioses. No lo sé. Me lo pregunto. Pero es posible que estemos obligados a creer que este papa no es papa» (Écône, hom. del domingo de Pascua 1986; Tissier 564). Relatando ese suceso, Mons. Tissier aprovecha la ocasión para citar el Código de 1917: si un cristiano incurre en la communicatio in sacris, en la participación activa en ritos no católicos (can. 1258), viene a hacerse «sospechoso de herejía» (can. 2316). Mons. Lefebvre, como ésta, dijo otras barbaridades enormes: «Realmente creo que puedo decir que no ha habido nunca una iniquidad más grande en la Iglesia que la jornada de Asís» (Sermón en la ordenación cismática de Obispos, 18-VI-1988).
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V.G.: Ciertamente, lo de Asís ha sido escandaloso, y no creo que un santo pontífice (como creo que lo es S.Juan Pablo II) tenga que estar exento de errores, pero no abriré un hilo para discutir hechos o dichos concretos, al margen del tema de la declaración publicada.
1976. Mons. Lefebvre es suspendido a divinis(22-VII-1976). Mons. Lefebvre, que considera desde el principio que la suspensión es nula, un mes después (29-VIII) celebra la Misa de San Pío V en un palacio de los deportes de Lille ante 7.000 fieles y numerosos medios de comunicación, y proclama en la homilía ante unos 400 periodistas:
«La Revolución [de 1789] ha hecho mártires, pero no ha hecho nada en comparación del concilio Vaticano II: ¡sacerdotes apóstatas de su sacerdocio! El matrimonio entre la Iglesia y la Revolución que han querido los católicos liberales triunfantes, que dicen: “con el Vaticano II han sido aceptadas nuestras tesis”, es un matrimonio adúltero. Y de esta unión adúltera no pueden nacer sino bastardos. El nuevo rito de la misa es un rito bastardo, los sacramentos [de los rituales renovados] son sacramentos bastardos, los sacerdotes que salen de los seminarios son sacerdotes bastardos: ya no saben que son constituidos para subir al altar para ofrecer el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo»
Según la FSSPX hay estado de necesidad, porque no hay donde acudir a sacramentos seguros. Y cuando digo que "no hay a donde acudir", lo incluyen a Mons Schneider (y a las misas donde va Ud). La FSSPX recomienda no ir a Misas "novus ordo", ni tampoco a las "vetus ordo" celebradas por sacerdotes "birritualistas". Incluso, públicamente (está en su página oficial) afirman que no se debe asistir a las misas vetus ordo de aquellos que, aunque celebren exclusivamente la misa tridentina, se encuentran sometidos al Papa. (Mencionan específicamente a la Fraternidad Sacerdotal San Pedro. Si quiere le paso el link).
Cuando le preguntaron al Superior de la FSSPX (P David Pagliarani), si había salvación fuera de la FSSPX, dijo que en teoría no, pero en la práctica sí. (Lo afirmó de modo retórico, pero es claro lo que piensa. Bruno Moreno Ramos lo denunció en un artículo).
Como ve, la misma FSSPX afirma que no hay que acudir a sacerdotes que no sean ellos mismos. Y como le dije, eso incluye a Mons Schneider (aunque no lo digan expresamente en público) y a Ud (dado que va misa novus ordo). No entiendo por qué los defienden. Que la FSSPX afirme que son los únicos, es lo que justifica su "estado de necesidad", y ahí puedo entenderlos. Pero no entiendo a aquellos que no están con la FSSPX y los justifican, cuando la misma FSSPX los ataca (de modo más o menos descarado según el caso y conveniencia, pero es lo que hacen).
Además, la noción de "estado de necesidad" que ellos aplican no está en los Códigos de Derecho Canónico (años 1917 y 1983), sino que es una interpretación novedosa (y para nada tradicional), que inventaron para justificar su decisión de ordenar obispos. (Aclaro, no afirmo que haya mala voluntad, pero creo que están en un grave error).
Además, cismáticos o no, excomulgados o no, está claro que no tienen mandato, no han sido enviados. Ni siquiera Nuestro Señor Jesucristo se atrevió a adelantar los tiempos "porque había estado de necesidad", y las almas de los judíos clamaban por su venida. Esperó a que el Padre lo enviara.
Y Trento fue taxativo en eso:
«Si alguno dijere, que los Obispos (…) que no han sido (…) enviados por potestad eclesiástica, ni canónica (…) son ministros legítimos de la predicación y sacramentos; sea anatema» (Concilio de Trento, Sesión XXIII, Canon VII).
En tal caso (repito, aunque no sean cismáticos ni estén excomulgados), no dejan de haber obrado mal, y ello con las consecuencias de no tener jurisdicción, y por lo tanto, los matrimonios que celebren, y las confesiones que realicen, resultan inválidas (no sólo ilícitas).
No sé qué piensa Ud sobre estos aspectos.
Entiendo la crisis de la Iglesia (es espantosa), pero no creo que el camino sea el de la FSSPX, por muy buenas intenciones que tengan (tengo amistades que pertenecen a la FSSPX, y conozco de primera mano su buena voluntad. Pero me puede pasar lo mismo con protestantes que conozco. Buena voluntad, pero en el error).
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V.G.: Yo no "defiendo" a la FSSPX, pero así como hay católicos que tratan de "tender puentes" de comprensión y misericordia hacia algunas personas que ni por asomo tienen interés en compartir ni vivir la fe y moral de la Iglesia católica, y sin embargo bregan por su aceptación y "carta de ciudadanía" en ella, me escandaliza el encarnizamiento del que los "buenos católicos" hacen gala cuando se refieren a los miembros de la FSSPX. No me refiero a sus cabezas, sino a los miles de fieles sinceros, rectos, que no están inficionados de la proverbial soberbia que muchos constatamos en ciertos miembros, y que con rectísima intención y ante Dios, quieren salvaguardar la fe católica de sus familias y no pueden -es decir, psicológicamente se les hace ya intolerable- el grado de anarquía y heterodoxia que se vive en numerosísimas comunidades católicas del mundo, sin que nadie ponga freno. Para ellos, creo que es preciso un poco de misericordia, y viendo algunas opiniones autorizadas, tengo una insuperable repugnancia a considerarlos ajenos a la Iglesia, porque no lo veo "lógico", simplemente.
Y paralelamente, eso sí, se hace alarde de posible comunión con los "hermanos mayores" y los "hermanos separados" con el cacareo del "todos, todos, todos", cuando ni unos ni otros tienen el menor afecto por nuestra Santa Madre Iglesia.
Hay algunos que parece que se regocijan en este caos, repudiando a la FSSPX como si todo lo que piden fuera repulsivo y extraño, y el tipo de expresiones burlonas que por elemental pudor no voy a publicar, dan vergüenza ajena. Eso sí; en nombre de la caridad y la unidad. Pero cuando algún iluminado viene a proponer novedosas e inauditas "inspiraciones", todos miran para otro lado, y nadie se sorprende ni escandaliza, y en seguida se piden "corazones y mentes abiertos" para lo que sea (sobre todo para dirigir los diversos Consejos Pontificios).
Hay mucho "chirrido" por ahí, y el grado de incoherencia es increíble, porque el principio de no contradicción es pisoteado día a día ¿me entiende mejor, Ambrosio?...Como dicen los jóvenes, "algo no cierra".
Yo le pregunto a usted, María Virginia, si fuera lícito por estado de necesidad, ordenar obispos, ¿por qué razón no pueden hoy día otros obispos de buena línea hacer lo mismo que la FSSPX? ¿O usted considera que sí sería lícito que lo hagan? Agradezco su respuesta.
Le hago una segunda pregunta, aunque no pongo las citas (que las tengo y si me las requiere se las pongo) para ahorrar espacio: Pío XII y algún otro Papa del pasado han dicho respectivamente que, el nombramiento de obispos pertenece al Papa por Derecho Divino y; que quienes consagran en contra de la voluntad papal deben ser considerados cismáticos. Por tanto, si los mismos Papas hablan de "Derecho Divino", ¿cree usted que Monseñor Schneider tiene razón al afirmar que se trata del Derecho Positivo?
Finalmente y tercera pregunta - objeción que le hago: Si la Iglesia, que habla por boca del Papa actual (ojo, no soy papólatra y no defiendo obediencia ciega ni cercanamente), dice, al igual que otros Papas del pasado ante otros cismas (sí, porque lo de la FSSPX es cisma en toda regla), que estos sujetos están excomulgados, ¿con qué autoridad decimos que no lo están? ¿queda acaso en manos del juicio privado, la última sentencia en estos casos?
Tengo millones de objeciones más, y me gustaría responda usted al menos a estas que le presento.
Saludos, estimada, y sepa comprender "el tono". Creo que la situación es sumamente grave para las almas.
Este error de la FSSPX, es mucho más peligroso para un católico formado, por estar precisamente, más cerca de la verdad, que otros más burdos y que por tales, se rechazan con naturalidad.
PD: Un horror como el no hacer nada ante cosas como la alemana y similares (por parte de Roma), no justifica una postura como la de la FSSPX, la cual rompe la constitución divina de la Iglesia, pues, si ellos pueden, por qué Williamson se equivocó... Y por qué, si cualquiera en conciencia tiene derecho a juzgar que por necesidad debe ordenar obispos, ¿entonces cómo un fiel católico puede discernir quién es auténtico ministro católico y quién no?
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V.G.: Le aconsejo vivamente que escuche con atención este programa del p. Gabriel Zarraute, que creo que tiene mucho más criterio que el mío: https://www.youtube.com/watch?v=q9H9GmBPFL4
Me abstengo de señalarle los calificativos que escribiría el Padre José Luis Aberasturi sobre declaraciones como las de Monseñor Schneider o sus comentarios (por cierto, muy razonables) sobre este tema.
La hostilidad cuando no beligerancia de ciertos sectores de la Iglesia en este tema es pura vehemencia.
2. La cuestión compleja de la FSSPX es si ha cruzado el límite de la Ley divina, la constitución divina de la Iglesia y/o la Tradición, lo que sería desobediencia y acto cismático, o es por estado de necesidad de no aceptar la ruptura de la integridad de la fe católica (ambigüedades CV II y posconcilio: Magisterio y Liturgia).
3. La intención de montar una estructura paralela no es Ley divina, pues va contra el Fundador. Y, el modo de ordenar obispos, desde que aparece la ley positiva de mandato pontificio para ordenar obispos, forma parte de la Tradición. Luego, hacerlo sin mandato papal es desobediencia, acto cismático, que es distinto de Cisma.
4. El decreto de pena de ex-comunión generalizada es contra-derecho canónico, a lo sumo cúpula FSSPX y obispos consagrantes y consagrados. Cardenal Müller lo explica muy bien.
5. Por otro lado, las ambigüedades existen y tiene razón la FSSPX, que puede ser objeto de resistencia, que no de desobediencia. Por ej. la reforma litúrgica postconciliar.
6. La responsabilidad jurídica de la Reforma litúrgica que derivó en el Novus Ordo fue católica y pontificia. Es decir, es fundamental distinguir lo que pidió el CVII (SC) de lo que posteriormente hizo el Consilium y de lo que finalmente promulgó Pablo VI. ¿Qué pidió realmente Sacrosanctum Concilium (SC)? = Reformar el rito romano. No es lo mismo que crear un nuevo Ordo Missae completamente reestructurado. SC pidió una revisión de los libros litúrgicos, pero estableció también unos límites a esa revisión: Principio de continuidad (SC,4) no es rehacer la liturgia desde cero. Bugnini no tenía autoridad autónoma para crear una nueva liturgia, pues la autoridad definitiva correspondía a la Santa Sede. El Consilium era un organismo encargado para trabajar en la reforma. ¿Pidió el CVII un nuevo Misal? No, sí la reforma con servata substantia. Esto es, simplificar sin destruir la sustancia en la revisión del Ordinario. Simplificar = Eliminar (duplicaciones, añadidos considerados poco útiles) y Recuperar (elementos antiguos, elementos patrísticos, elementos que habían desaparecido). Participatio actuosa (= dimensión interior: muy importante diferenciar) no significa que todo el mundo hable (multiplicar ministerios, micrófonos, respuestas y actividades), sino que los fieles participen consciente, piadosa, activa e interiormente (SC 14).
7. Sí es un hecho la influencia del Ecumenismo sobre determinadas decisiones litúrgicas. Así lo explica Bugnini -1965- en la revisión de la oración del Viernes Santo por la unidad de los cristianos, que el movimiento ecuménico exigía determinados sacrificios y la eliminación de elementos que pudieran constituir obstáculos para la unión = protestantizar el Ordinario católico cuyo modelo fue el Ordinario anglicano entre otros. La reforma litúrgica no fue una operación clandestina destinada a convertir la Misa católica en un culto protestante, ni los observadores protestantes fueron coautores del Misal de Pablo VI. Sin embargo, el proceso reformador estuvo abierto a influencias ecuménicas y produjo una transformación real de la forma litúrgica, especialmente en el ofertorio, la multiplicidad de plegarias eucarísticas, la participación de la asamblea, la estructura de la Liturgia de la Palabra y la simplificación de determinados ritos. ¿La reforma de 1963–1970 realizó legítimamente las posibilidades que SC había abierto, o fue mucho más allá de ellas? El resultado es el que es y nadie lo puede negar: Lex orandi, Lex credendi. La percepción sacrificial, doctrinal y teológica del fiel para su vida cristiana. Esto es, el ofertorio, el Canon, las oraciones sacerdotales, el latín, el silencio, el altar, la orientación y la participación. Movimiento litúrgico→fuentes patrísticas/antiguas→comparación con otras tradiciones occidentales (protestantes, Ordinario anglicano no único) → experimentación del Consilium→Missa Normativa →Novus Ordo. Lo evidente para el fiel y como está la Iglesia. Estructura Vetus Ordo:
altar→sacerdote→preparación penitencial →ofertorio sacrificial→Canon silencioso→consagración→genuflexión→elevación→adoración→sacrificio→Comunión. Estructura Novus Ordo: asamblea→Palabra →homilía→oración universal→presentación de dones→Plegaria Eucarística→aclamación→Comunión→envío. Luce el pelo según lo que se hace + visible.
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¿perdón? comprender actitudes? Vamos a ver, tenemos un obispo auxiliar defendiendo a gente excomulgada!!
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V.G.: ¿Y qué tal con pontífices que alaban y felicitan -y hasta promueven al Episcopado- a abortistas, masones, idólatras, comunistas, promotores de la sodomía, etc. etc. etc.? No son presunciones sino datos concretísimos que podemos ver en numerosos medios, ¿qué hacemos, no ya con obispos auxiliares sino con cardenales defendiendo y proponiendo a la Iglesia Universal que todo esto debe ser tragado, digerido, saboreado como un banquete catolicísimo, cuando es lo diametralmente opuesto a la fe que decimos profesar?
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V.G.: ¿Por qué no miramos entonces el discurso de asunción de Víctor Fernández, en que sostiene el advenimiento de una suerte de nueva Iglesia, porque la "anterior" se había equivocado en tantísimas cosas...? Claro que el panorama actual es desolador, pero por favor, no seamos hipócritas, porque esta pérdida de credibilidad tiene un poco más de tiempo.
Me ha decepcionado mucho este obispo con esos argumentos que presenta. Para empezar, esas palabras que cita de san Agustín, que "Cuando, por el bien de la paz de la Iglesia, soportan pacientemente ese insulto o daño, y no intentan ninguna novedad en el camino de la herejía o el cisma, enseñarán a los hombres cómo se debe servir a Dios con verdadera disposición y con gran y sincera caridad", y "No forman conventículos separados propios", entran en total y flagrante contradicción con lo que han hecho los lefebvrianos, ordenando obispos.
En cuanto a esa parábola de bomberos, ni siquiera viene al caso, pues no se les ha excomulgado por apagar el fuego, sino por encender uno nuevo. Eso me recuerda otra parábola sobre la confianza en Dios y la obediencia:
Vivía en un monasterio un monje virtuoso que no dejaba de reprochar al abad que permitiera a los monjes descuidar la oración comunitaria y llevar una vida inmoral. Un día el abad, harto de que el monje lo importunara, lo mandó a vivir en el cobertizo de los animales que les servían de alimento. El monje le recordó que tendría que rendir cuentas a Dios, y obedeció inmediatamente. Al poco tiempo, un incendio fortuito en el monasterio acabó con la vida de esos impíos, quedando intacto el cobertizo.
Schneider nos recuerda a menudo la belleza y profundidad de la misa tradicional, algo que nadie discute. Pero se le olvida añadir un detalle teológico de importancia no menor: el Santo Sacrificio de la Misa es, ante todo, el sacramento de la unidad eclesial. Celebrar la liturgia perfecta mientras se rompe la comunión con el obispo local y con el Papa es una contradicción sacramental. Es preferir la corrección de las rúbricas a la sustancia misma del misterio de la unidad del Cuerpo de Cristo.
Profesión de Fé de la FSSPX, 154 puntos, 24.6.26, Menzingen:
1. Condena como heterodoxas las enseñanzas de AMORIS LAETITIA (especialmente el capítulo VIII) y FIDUCIA SUPPLICANS: nn. 28, 72, 88, 89, 90, 91, 92, 93, 94, 95, 116 y 117
Ética de situación y relativismo
a) Punto 91: Rechazo explícito de la ética de situación: las circunstancias concretas podrían hacer buenas las acciones intrínsecamente malas; hay circunstancias que legitiman la anticoncepción, el aborto o la eutanasia.
b) Punto 145: relativismo (que ataca la inmutabilidad del dogma) y la ética de situación (que ataca la ley divina) entre los errores que han penetrado en la Iglesia.
2. Condena la lógica y las consecuencias de TRADITIONIS CUSTODES: nn. 124, 125, 126, 145 y 150
3. Afirma expresamente a la Virgen María como CORREDENTORA, Medianera universal y Dispensadora de todas las gracias: nn. 50, 51 y 52
4. SINODALIDAD condenadas:
- 72: Rechaza invocar al Espíritu Santo para justificar “procedimientos sinodales” que cuestionen lo que la Iglesia recibió de Dios
- 78: Rechaza a los colegialistas
- 79: Rechaza a los sinodalistas: la Iglesia jerárquica cae en estructura consultiva, parlamentaria o democrática, sujeta a opiniones fluctuantes del pueblo o presiones del mundo
- 145: colegialidad y sinodalidad: contra la constitución divina de la Iglesia en su jerarquía.
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V.G.: Mire Jordi: no creo que sea necesario pertenecer a la FSSPX en absoluto para compartir el repudio al adefesio de AL (que no puede ser considerado Magisterio), y ni hablar de Traditionis Custodes y de toda la cháchara sinodalista hodierna.
En cuanto a Nuestra Señora Corredentora, me quedo con toda la Tradición y los santos pontífices (incluido San Juan Pablo II) que la han defendido, y la sigo sosteniendo hasta el último suspiro, aunque no le simpatice a Tucho y sus "seguidores" (sic!).
En todo caso, lo más probable es que la excomunión de San Atanasio, si ocurrió, haya sido inválida, dada la presión a que estaba sometido el Papa por parte del Emperador. No hay paridad con la excomunión en que han incurrido los Obispos consagrantes y consagrados de la FSSPX y todos aquellos que apoyan activamente tal acto.
Saludos cordiales.
Sólo como un ejemplo, hace un tiempo, conversando con un cura, sostuve que la Fé consistía en una iluminación del entendimiento. Era un cura conservador. Me insitió en que no era así, que la Fé era un encuentro y toda esa monserga experiencialera. Cité a Sto Tomás y no le hizo mella.
Pero observen como el propio nuevo catecismo, comparado con el de San Pío X, ya introduce la ambigüedad y el virus personalista que estaba en la base de su comprensión deficitaria del dogma:
C SPX: La fe es una virtud sobrenatural, infundida por Dios en nuestra alma, y por la cual, apoyados en la autoridad del mismo Dios, creemos ser verdad cuanto Él ha revelado y por medio de la Iglesia nos propone para creerlo
C 1982: La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es, al mismo tiempo e inseparablemente, el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado.
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V.G.: Su cita del Catecismo es muy incompleta; no es apropiada ni justa la comparación en este punto.
(Estimada Virginia, entiendo que es de justicia que publique esta manipulacion del comentarista franciscus porque miente flagrantemente sobre el catecismo)
Por favor Franciscus no seas manipulador, ¿pones dos lineas cuando el catecismo del 1992 dedica a la Fe muchos mas puntos explicitos?
153. La fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por Él.
1814 La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que
Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma. Por la fe “el hombre se entrega entera y libremente a
Dios”17. Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. “El justo (…) vivirá por la fe”18. La fe viva “actúa por la caridad”19.
1815 El don de la fe permanece en el que no ha pecado contra ella20.
Pero, “la fe sin obras está muerta”21: privada de la esperanza y de la caridad, la fe no une plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su Cuerpo.
1816 El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: “Todos (…) vivan preparados para confesar a Cristo ante los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la
Iglesia”22. El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: “Todo (…) aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos”23
91 Todos los fieles tienen parte en la comprensión y en la transmisión de la verdad revelada. Han recibido la unción del Espíritu Santo que los
instruye22 y los conduce a la verdad completa23
92 «La totalidad de los fieles (…) no puede equivocarse en la fe. Se manifiesta esta propiedad suya, tan peculiar, en el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo: cuando desde los obispos hasta el último de los laicos cristianos muestran su consentimiento en cuestiones de fe y de moral»
Al contrario de lo que afirma en catecismo de san Juan PAblo II dice exactamente lo mismo que el otro catecismo y lo amplia digamos que un 500%
La fe es la respuesta al Dios que se revela en la persona de Jesucristo. No es la simple adherencia a dogmas como si se tratar de un partido político. Seguir a Jesucristo es seguir su anuncio y la verdad por él revelada, fundamentalmente en el anuncio del Kerigma, esto es: que murió y resucito para el perdón de los pecados. En el Cristianismo, el mensaje se confunde con el mensajero, y es por medio de la Iglesia, bajo Pedro, la única forma de conocerlo en su integridad. No hay , ni podría haber, contradicción entre los Catecismos de la Iglesia Católica.
Por otra parte, a la hora de examinar el estatus canónico de la fraternidad deberíamos tener en cuenta que la FSSPX vive en un cisma de facto, poseyendo incluso sus propios tribunales canónicos que resuelven causas de nulidad. Además, niegan también ciertas verdades de fé, al menos en la práctica. No olvidemos que el Vaticano I no sólo definió el dogma de la infalibilidad pontificia, sino también su primado, es decir, que posee potestad plena, suprema, inmediata y ordinaria sobre toda la Iglesia. Potestad que pretendió enercer inútilmente sobre la fraternidad antes de las consagraciones y que estos se pasaron por el arco del triunfo.
Todavía más, en los seminarios y conferencias de la FSSPX se niega o se duda de la validez general de los sacramentos impartidos según los nuevos rituales con lo que se niega que la Iglesia ofrezca los medios ordinarios para vivir en gracia. Así que niegan, queriendo o sin quererlo, el dogma de la indefectibilidad de la Iglesia.
Estos son solo algunos ejemplos. No quiero hacer valoraciones personales sobre los implicados en esta polémica. A mí me basta con las palabras del gran Cipriano: «no puede tener a Dios por padre quien no tiene a la Iglesia por madre». Que el Señor nos conserve siempre en su servicio santo.
Me temo que no es tan sencillo. Lo que se desprende de las propias expresiones de la FSSPX es que, aunque se rectificase lo ambiguo del CVII, su voluntad es mantener su postura cismática. Si no pudieran alegar lo ambiguo del concilio, atizarían más la leña del vetus ordo, el modernismo, cualquier inconveniencia en un documento vaticano, o la mínima irregularidad en la celebración de cualquier misa en cualquier lugar del mundo.
Le ruego lea atentamente los dos primeros artículos del tema que está desarrollando la hermana Luisella Scrosati en la Bussola Quotidiana. Si no por los argumentos desarrollados, sí por las citas aportadas. Son artículos que merece la pena leer para, como usted dice, comprender actitudes.
brujulacotidiana.com/es/por-que-escribimos-tanto-sobre-la-fsspx
brujulacotidiana.com/es/lefebvre-y-el-rechazo-a-someterse-al-papa-reinante
El tema no es enojarse con el cartero.
Entre ellos había uno mío y no entiendo la razón de su censura.
Lo cierto es que son los lefebvristas y sus defensores, como Schneider y simpatizantes, los que se contradicen y actúan sin lógica apoyados en un falso dilema.
No dudo de su buena intención, pero tb tendrían buenas intenciones los jansenistas en su momento - entreveradas con soberbia.
La lógica no acompaña ni a Monseñor Schneider ni a sus seguidores. Su actitud es contradictoria y muy perjudicial para la iglesia. Lo que no logran destruir los herejes a quienes critican - y bien criticados están-, lo destruirán ellos mismos con su actitud soberbio-cismatica que mina la fe en la Iglesia católica. No obstante la Iglesia prevalecerá, pero ellos estarán fuera.
Paz y bien
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V.G.: Sí, Sofía, claro que la Iglesia prevalecerá, y en el Juicio seremos examinados en la Caridad.
Estamos en un momento de inmensa confusión, y cada uno debe ser fiel a lo que ha recibido. Yo no veo contradicción, sino al contrario: veo coherencia, sencillez paternal y parresía.
En cuanto a los comentarios que he censurado, es porque el fin de este post era informar sobre una declaración de un obispo católico que a mi juicio puede dar luz a otros y no exponerlo a escarnio, faltas de respeto e insultos destemplados. Aunque muchos no lo crean, no me interesa generar polémicas, y cuando lo hago es bastante a mi pesar.
Un aviso para los que le critican: leed las Sagradas Escrituras y reflexionad quién, en su ministerio, se parece más a Cristo, el que lleva al Vaticano a una lesbiana disfrazada de obispo a repartir bendiciones o el obispo auxiliar de Astaná. Leed la palabra de Dios con franqueza, aunque eso suponga tener que violentarse uno mismo (precisamente así debe ser), y después decidid en conciencia quién está con Dios y quién está con el mundo.
Admiro a monseñor Schneider.
No tengo ni idea de historia de la Iglesia, de teologia ni de derecho canonico.
Pero lo que si veo es la enorme confusion que existe en la Iglesia. Satanas esta bien asentado en ella y fomenta la confusion y la division.
Otros buenos cardenales si vieron bien las excomuniones.
Ahora un recurso de la FSSPX ante la Santa Sede paralizara las excomuniones o no ?
Contestara el Vaticano al recurso ?
Lo dejara en stand by ?
Entonces la Fraternidad esta excomulgada ?
Y por el lado progre hacen lo que quieren y no pasa nada, Leon no dice nada.
La unidad sin verdad que pretende Leon no es posible.
Confusion y division, es la obra de Satanas.
Ricardo Di Segni, rabino jefe de Roma, 26 de enero de 2010
Leído en x.com
Respecto del tema planteado (mi falta de entendimiento sobre quienes defienden a quien los ataca), entiendo que lo que Ud (y estimo que Mons Schneider) pretende, no es defender a la FSSPX como yo pensaba, sino ser comprensivos con ellos, por entender la crisis actual y la reacción que genera en los fieles. “Tender puentes”, que dice Ud. Si es así, entonces sí la entiendo y comparto. Y más de lo que cree. Como le dije, tengo amigos de la FSSPX (de verdad, no meros conocidos) y me preocupa su situación actual. Y por eso mismo, me molesta sobremanera los modos con los que son atacados por muchos.
Además, y justamente por creer lo que se definió en Trento (sobre el mandato para ser ministro legítimo), y que Mons Schneider repite en su libro “Credo”, es que firmé la petición al Papa para que autorice las consagraciones. No por estar de acuerdo con los postulados de la FSSPX, sino porque, dado que el Papa no define infaliblemente las cuestiones, me resulta injusto que se deje a los fieles a la deriva.
Entiendo el ser comprensivo con ellos, aunque no se los justifique. Pero no puedo dejar de preguntarme si Mons Schneider no está logrando un efecto distinto. (Perdón por la comparación, sé que hay claras diferencias, pero al usar ejemplos exagerados se logra mayor claridad en la idea). Por ejemplo, tomemos el caso de una niña de 10 años, violada del peor modo posible, que, al quedar embarazada, es arrastrada por los padres, maestros, médicos, legisladores a abortar. Si los próvidas la acusan de mal modo de asesina, la insultan, se burlan, etc… yo mismo saldría en defensa de esa pobre niña que es más víctima que victimaria… pero sin justificar el aborto.
Ahora bien, si por entender la situación y salir en su defensa, la niña ya mayor pretende justificar el aborto, y sube mi escrito a su página web para demostrar que ella tiene razón… entonces algo estoy haciendo mal. La FSSPX, en su web francesa, subió el presente escrito de Mons Schneider. Y ahí si mantengo mi diferencia. Entenderlos, ser comprensivos, sí. Justificarlos, no. Al final, parece, para lo único que sirven las palabras de Mons es para que se mantengan en sus trece.
(Una aclaración necesaria: para mí, la principal responsabilidad de lo que vivimos, es de los Papas que no confirman en la Fe, no nombran santos obispos, y no sancionas a los herejes).
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V.G.: Yo también le agradezco su serena respuesta. Esto sí es una opinión y comentario civilizado. En unión de oraciones!
Sólo por imparcialidad, fíjense en este cuadro comparativo que elabora la IA a partir de ambos catecismos y a ver si despiertan un poco de su ingenuidad.
Catecismo de San Pío X (Enfoque Intelectual y Doctrinal),
Catecismo de Juan Pablo II (Enfoque Existencial y Personal)
CSPX: Dimensión CentralCognitiva/Intelectual: Aceptar verdades reveladas como dogmas ciertos.
CJPII: Relacional/Personal: Entrega del ser humano completo a una Persona (Dios).
En síntesis, uno es tomista y el otro personalista, con todo lo que eso implica.
Ojo, y dado que este post es sobre "el dilema entre preservar la Fé y el reconocimiento canónico", a propósito de las consagraciones d ela FSSOX, en el entendido, señalado por la misma autoridad, que el problema de fondo es doctrinal, veamos cómo expone la FSSPX su diferencia con JP II sobre este punto:
"Para la FSSPX, la fe es un acto primordial del intelecto. Dios habla desde fuera, el hombre escucha, y su inteligencia —movida por la voluntad y la gracia— dobla la rodilla ante una verdad objetiva e inmutable".
Antes el artículo 166 del nuevo catecismo, que dice: «La fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela».
De "creer una verdad" a "confiar en alguien": La FSSPX denuncia que el nuevo enfoque traslada el eje de la fe desde la verdad revelada (asentimiento a un dogma) hacia una relación intersubjetiva (el encuentro personal con un "Tú" divino). Esto reduce la fe a una "experiencia de confianza" o fideísmo, muy similar a la noción protestante de la fe fe-confianza.
¿Qué es la fe en esencia?
Según la FSSPX (Teología Escolástica / Tradicional): El asentimiento de la inteligencia a verdades dogmáticas propuestas por la Iglesia.
Según el Magisterio Actual (Teología Fenomenológica / Personalista):
El encuentro y entrega personal del hombre completo a un Dios que sale a su encuentro.
De verdad creen que lo que me señaló el cura neocón sobre que la fé no es un asentimiento intelectual movido por la iluminación de la gracia, es sólo un patinazo personal y este nuevo magisterio no tiene ninguna relación con ello?
(sólo del compendio)
29. ¿Por qué afirmamos que no hay contradicción entre la fe y la ciencia?
Aunque la fe supera a la razón, no puede nunca haber contradicción entre la fe y la ciencia, ya que ambas tienen su origen en Dios. Es Dios mismo quien da al hombre tanto la luz de la razón como la fe.
«Cree para comprender y comprende para creer» (San Agustín)
30. ¿Por qué la fe es un acto personal y al mismo tiempo eclesial?
La fe es un acto personal en cuanto es respuesta libre del hombre a Dios que se revela. Pero, al mismo tiempo, es un acto eclesial, que se manifiesta en la expresión «creemos», porque, efectivamente, es la Iglesia quien cree, de tal modo que Ella, con la gracia del Espíritu Santo, precede, engendra y alimenta la fe de cada uno: por esto la Iglesia es Madre y Maestra.
«Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre»
(San Cipriano)
32. ¿En qué sentido la fe de la Iglesia es una sola?
La Iglesia, aunque formada por personas diversas por razón de lengua, cultura y ritos, profesa con voz unánime la única fe, recibida de un solo Señor y transmitida por la única Tradición Apostólica. Profesa un solo Dios –Padre, Hijo y Espíritu Santo– e indica un solo camino de salvación. Por tanto, creemos, con un solo corazón y una sola alma, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida y es propuesto por la Iglesia para ser creído como divinamente revelado.
386. ¿Qué es la fe?
La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha revelado, y que la Iglesia nos propone creer, dado que Dios es la Verdad misma. Por la fe, el hombre se abandona libremente a Dios; por ello, el que cree trata de conocer y hacer la voluntad de Dios, ya que «la fe actúa por la caridad» (Ga 5, 6).
El Señor la bendiga y le guarde junto a su querida familia, con el cariño de la Santísima Virgen María.
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V.G.: Créame que no soy valiente, Miguel, pero cuando algo no me convence, busco ser fiel a mi conciencia; este tema me duele profundamente, y no puedo callar. De corazón, gracias!
Mil gracias por ser el eco de los que defendemos a la Fraternidad de San Pio X! Ya varios me han removido de su amistad por defender la causa de la Verdad y la Fe Catolica. SSPX es una sociedad Sacerdotal Catolica!!! solo forma sacerdotes catolicos que celebran la misa de siempre, administran los sacramentos de siempre y enseñan la doctrina catolica que la Iglesia siempre enseñó. Hace ya 60 años los modernistas se han infiltrado en la Iglesia y enseñan otra doctrina nueva, ajena a la Tradición. Yo quiero seguir siendo catolica!! y por eso asisto a las Misas y enseñanzas de estos buenos Padres que no enseñan herejias y nos confirman en la Fe de siempre!!!
Por favor, vamos a aclarar algo importante: las excomuniones de los seis prelados implicados, y posiblemente de todos cuantos adhieran a su desobediencia no están causadas por su crítica al concilio vaticano segundo, su lucha contra las herejías, su defensa de la misa Vetus ni ningun otro de los tópicos que SIEMPRE salen en los foros cuando se trata este tema.
Antes de la consagración de Econe decían las mismas cosas y no estaban excomulgados, por tanto, esa no es la razón.
La excomunión es latae sententiae por violar directamente un canon del código de derecho canónico, que prohibe consagrar obispos contra mandato papal explícito. Que es exactamente lo que ha ocurrido. Tanto es así que la CDF no ha "excomulgado" a los obispos, sino que se ha limitado a publicar una excomunión que ellos solos se han acarreado (no entro a valorar la confusa y mal argumentada "nota adjunta").
En cuanto al famoso "estado de necesidad", la recopilación de todas las herejías, medio herejías y ambigüedades de algunos prelados de la Iglesia, que no son corregidas adecuadamente, no son sino argumentos o respaldos para una decisión taxativa: que los ministros de la Iglesia católica no pueden garantizar los medios salvíficos para los fieles, y que únicamente los ministros de la FSSPX pueden.
Es decir, que monseñor Schneider, todos los sacerdotes y obispos tradicionalistas y todos los que únicamente celebran el Vetus en comunión con el papa, entiéndase aquellos que de ningún modo comulgan o justifican la lista de aberraciones, TAMPOCO pueden alcanzar la seguridad de proporcionar a los fieles católicos los sacramentos válidos.
¿Por qué, si ellos particularmente no caen en ninguna de las aberraciones? Buena pregunta, porque la FSPPX los incluye en el lote general de la Iglesia católica "insegura" (un eufemismo para decir filohereje o colaboradora pasiva con herejes).
Por someterse a Pedro. No "orar por él", "citarlo en el credo" o "desear fervientemente la unón", que es lo que hacen los miembros de la FSSPX para no caer en el sedevacantismo lato. Se someten al papa legítimo, y por tanto son "inseguros". Si eso no es prueba de criptosedevacantismo, no sé qué será.
Pues aquí tiene usted el cisma material. Poco importa si se declara factual o no. Es cisma cuando no se reconoce a la Iglesia católica (a bulto, en bloque) la capacidad de alcanzar a sus fieles los medios de salvación prometidos por el Señor. Los veterocatólicos no dijeron cosa diferente cuando se separaron. Ellos "eran la Iglesia auténtica" (siglo y medio después son una secta hereje liberal más).
Espero que se comprenda la enormidad de ese razonamiento.
Porque uno se pregunta ¿no podría monseñor Atanasius, que claramente simpatiza con aquello que defiende la Fraternidad, ordenar los sacerdotes que hiciese falta a la Fraternidad para que pudiesen "alcanzar los medios de salvación para sus fieles"? Como tantos otros obispos abiertamente simpatizantes con la FSPPX, que hay varios.
No, no vale, pese a su inquebrantable pureza doctrinal, porque entonces ya no existiría el "estado de necesidad", que es el artificio con el que escudan su cisma sin declarar el cisma, y ofendiéndose de que les llamen cismáticos. Porque solo los obispos de la fraternidad pueden ordenar sacerdotes puros. No, no es una broma, es una conclusión lógica del argumento del "estado de necesidad" con el que sacan a bailar a san Atanasio en pleno 2026.
Por cierto, ¿qué estado de necesidad es ese que se activa de un año para otro? ¿Acaso Francisco no tuvo declaraciones mucho más ambiguas o, doloroso es decirlo, directamente simpatizantes de aberraciones teológicas que no se pueden calificar sino de herejías que León XIV, un prelado prudente que, con los defectos que se quiera, jamás saca los pies del tiesto, y pone siempre a Cristo en el centro de todas sus declaraciones? ¿Cómo es que durante el más que turbulento pontificado de Francisco, cuando la cabeza de la Iglesia a veces parecía que había perdido la cabeza, los obispos de la Frater no envejecían ni necesitaban recambio, y menos de un año tras su fallecimiento, de repente es urgente nombrarles compañeros porque igual mañana se nos mueren y "se acaba la Iglesia legítima (no oficial, empleando sus propios términos)" por falta de relevo? ¿Nadie se hace esa pregunta? Porque el ataque modernista en la Iglesia lleva más de un siglo, pero esta urgencia de afrontar directamente un canon del CDC ganándose la excomunión y pleiteando con el Santo Padre les ha venido con un papa mucho menos agresivo con la doctrina tradicional de la Iglesia. Qué curioso, ¿verdad?
Estimada Virginia, mi convencimiento de que la FSPPX no es trigo limpio, pese a que defienda cosas sublimes y muy defendibles, es el modo en el que trata a las llamadas "comunidades ecclesia Dei" (FSSP, Instituto Buen Pastor, Instituto Cristo Rey, Fraternidad san Vicente Ferrer) , aquellas que defienden lo mismo que la Fraternidad, que critican dentro de la Iglesia lo mismo que critica la fraternidad, que llevan a cabo con el mismo cuidado y amor el rito Vetus Ordo con que lo hace la Fraternidad. ¿Cómo tratan y consideran a los que deberían ser, a sus ojos, los únicos fiables y simpáticos dentro de la Iglesia católica? Pase usted por sus foros y lo sabrá: como traidores. Las víctimas en las redes se convierten en victimarios de aquellos que decidieron defender lo mismo pero manteniendo la obediencia al Santo Padre y dentro de las estructuras eclesiásticas. Han sido perseguidos en algunos o muchos lugares, han sufrido dificultades. Pero ahí siguen, Y dan frutos.
Me temo que es de ellos de quienes habla san Agustín en la cita de monseñor Schneider "Cuando, por el bien de la paz de la Iglesia, soportan pacientemente ese insulto o daño, y no intentan ninguna novedad en el camino de la herejía o el cisma, enseñarán a los hombres cómo se debe servir a Dios con verdadera disposición y con gran y sincera caridad." Mientras que son los miembros de la Fraternidad los que "forman conventículos separados propios".
Hace un año, querida Virginia, hubiese estado de acuerdo contigo. Tras lo visto en Econe, cada día albergo menos dudas de que la FSSPX se desliza por la vía de convertirse en una secta sedevacantista más, que se permite juzgar el grado de corrupción herética que anida dentro de la Iglesia católica, y decidir su obediencia o no al Santo Padre (y en un asunto como la ordenación canónica de obispos, que no admite interpretación alguna, ni media herejía alguna de por medio, pues la autoridad plena del papa fue establecida por la "Pastor Aeternus" del CVI).
Como dicen los anglosajones, no way.
Es a los grupos fieles a la Tradición en comunión con el papa a quienes hay que apoyar, y dejar de dar pábulo a los "conventículos separados propios".
2. El simple fiel confundido hay que instruirlo, corregirlo y atraerlo de nuevo a la Verdad, porque no todo el que cae en error es un perverso. Pues, muchos siguen hoy engañados por la propaganda Modernista o por presión política (aborto, eutanasia, divorcio, ecologismo, ideología género y LGTB, etc.).
3. El propagador obstinado del error hay que refutarlo públicamente y apartarlo de la enseñanza. Pues, cuando alguien enseña error doctrinal y arrastra almas, ya no basta una corrección privada.
4. El hereje infiltrado con apariencia católica es el más peligroso, porque habla como católico, pero vacía la Fe por dentro. El peligro mayor no siempre viene de fuera, sino de quienes conservan cargos, templos y lenguaje cristiano mientras niegan la Verdad.
5. ¿Obedecer a obispos herejes? Muchos obispos han cedido, callado o han firmado fórmulas ambiguas. La obediencia al obispo no es absoluta si éste corrompe la Fe católica. Pues, la Verdad revelada está por encima de la dignidad del cargo. Un obispo tiene autoridad para custodiar la Fe, no para reinventarla. Si enseña contra la fe apostólica, no debe ser seguido en ese error. Si el obispo enseña la fe católica, obediencia legítima. Si vacila por debilidad, corrección y oración. Si impone herejía, resistencia doctrinal.
6. La resistencia a autoridades corrompidas es legítima, no por rebeldía personal, sino porque la autoridad pierde legitimidad moral cuando exige traicionar la Fe católica. No es tiene razón quien manda, sino tiene autoridad quien guarda la Verdad recibida.
7. La crisis en la Iglesia es visible porque vemos Magisterio ambiguo y heterodoxo (AL, FS, TC) y muchos cargos eclesiásticos ocupados por hombres ambiguos o erróneos. Por ello, hay que distinguir entre institución visible herida y Fe católica indefectible. La Iglesia no desaparece, pero puede sufrir una gran corrupción humana en sus miembros y pastores. Unidad sí, pero en la Verdad. Obediencia sí, pero no al error. Caridad sí, pero sin cobardía. San Atanasio diría hoy que no sigamos novedades contrarias a la Tradición; que no confundamos cargo con Verdad; que examinemos doctrinas según la Fe constante; que resistamos errores sin romper la Iglesia, sin actos cismáticos; y que mantengamos firmeza aunque se quede uno solo.
No puedo aceptar afirmaciones como "la FSPPX no es trigo limpio", ni en general la avalancha de descalificaciones que se lanzan contra ella. ¿Desde qué posición? ¿En defensa de qué? ¿De qué autoridad y de qué obediencia estamos hablando?
Otra cosa son las críticas a la Hermandad. Yo mismo, que asisto a sus misas trece o catorce veces al año, y que no soy miembro ni seguidor de la misma, considero que tiene varios aspectos susceptibles de crítica.
Para mí hay dos hechos incontrovertibles en este asunto:
1) Las autoridades de la Hermandad han perpetrado formalmente una falta canónica que les ha hecho acreedores de la correspondiente sanción. Y es cierto que, aparentemente, aunque no pretenden establecer una jerarquía territorial paralela (en casi 40 años ha quedado claro), sí que pretenden mantenerse indefinidamente en la separación de la jerarquía de la la Iglesia, sin ajustarse a ninguna obediencia por encima de ellos mismos. En teoría todo esto es muy incorrecto.
2) La autoridad de la propia Iglesia está en lo que un comentarista ha llamado acertadamente "unidad sin verdad". Es la autoridad, sí. ¿Pero puede decirme alguien para qué sirve? Si no enseñan la recta doctrina ni santifican, de acuerdo, son autoridad, todos la reconocemos y acatamos. Pero no entiendo de verdad éste énfasis en el acatamiento a una autoridad que se niega a guardar y transmitir la Fe en su integridad.
Yo soy español y acato y obedezco a la autoridad civil representada por Felipe VI y Pedro Sánchez en lo que no va contra mi conciencia espero que mínimamente formada. Pero ni se me ocurre exaltar a estas figuras ni hacer permanentes manifestaciones de adhesión a una autoridad cuya inspiración es absolutamente contraria a la ley de Dios.
De igual modo, en la esfera eclesiástica, el papa es León XIV y mi obispo es José Cobo. Tienen mi acatamiento. Pero sé perfectamente cuál es su línea. Tengo clarísimo que, por una adhesión a sus figuras, sabiendo exactamente la total falta de compromiso que han evidenciado con la Verdad, no voy a descalificar a quienes, con mayor o menor acierto, sí llevan décadas defendiendo esa misma Verdad.
Y, más concretamente, en el punto 2 de mi anterior comentario, es necesario hacer una precisión.
La Hermandad no considera que solamente ella sea la Iglesia. Pero sí hace una afirmación difícil de rebatir. Y es que solamente desde la rebeldía (porque lo es, es cierto) se puede defender en público la integridad de la Fe, condenando igualmente en público los errores que van contra esa misma Fe.
Éste es el verdadero punto de la Hermandad. Los que podríamos llamar "tradicionalistas legales" (a cuyas misas yo asisto normalmente, y que tienen todo mi apoyo y mi respeto) es cierto que pagan un precio por su sujeción a la autoridad: hay aspectos de la Verdad que no pueden decir en público.
Por ejemplo: la condena de los errores contra la doctrina social y política de la Iglesia, errores que la autoridad de la Iglesia lleva haciendo suyos desde hace décadas. Y que han llevado a la práctica erradicación de esa doctrina social y política de la Iglesia.
Un saludo.
Procure usted seguir a la misma Palabra de Dios, que Nuestro mismo Señor le esta pidiendo "Descargad sobre Él todas vuestras preocupaciones, porque Él mismo se preocupa de vosotros". Ore por usted misma para la unión y repare por lo que haya que reparar, que Dios hace mejor que uno las cosas cuando se le piden.
Ahí se encuentra la solución y respuesta a todas sus preocupaciones, incluso las liturgicas, pero procure unirse a Dios primero. Mire como hicieron Santa Catalina y Santa Teresa sus obras a punta de oración.
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V.G.: Le agradezco el consejo, Antonio. Lo tomaré en cuenta, desde ya.
Mi pregunta es la siguiente: qué diferencia hay entre las consagraciones de obispos sin permiso del Papa y las consagraciones de sacerdotes como las que realizó San Juan Pablo II sin permiso de Pablo VI.
No asisto a misas de la FSSPX ni pertenezco a la fraternidad, pero, por lo que he visto y leído, creo que tienen toda la razón. Basta asistir a una misa nouus ordo para convencerse. Hoy, por ejemplo, en Suesa, Cantabria.
Y la razón es el catecismo de la Iglesia católica. Porque el Magisterio de la Iglesia está ahí. Se le han hecho críticas al estilo, a que no es tan claro como el anterior, a mil cuestiones estilísticas. Pero no se puede afirmar que proponga ninguna herejía plana.
Es el catecismo el "manual" para la vida cristiana. Sígase y punto. No hay más. No necesitamos hacer "reset" cada vez que un obispo, un cura o incluso el papa abre la boca.
La realidad es que hay algunos prelados (básicamente en Occidente) que contradicen o ignoran el catecismo en algunos puntos que son políticamente incorrectos, y bastantes más que no lo nombran. Es algo terrible, es una herida, un cáncer, un dolor muy profundo en el alma de la Iglesia. Y más doloroso aún que la autoridad correspondiente (el obispo en el caso de los curas, y el papa en el de los obispos) no reaccione o lo haga con tibieza muchas veces. No hay nada que negar al respecto. No, no es esta la Iglesia que debe confirmar en la fe (insisto, en Occidente, donde cada vez pinta menos la Iglesia). Es terrible, y probablemente aleja a los sencillos de la fe. No le quito ni un ápice de importancia a ello.
Pero lo realmente importante es que el Catecismo no ha sido modiciado. Ni siquiera en las terribles instrucciones papales de las encíclicas Amoris Laetitia al respecto de la comunión de recasados sin arrepentimiento ni regularización, o la de Fiducia supplicans al respecto de bendiciones de parejas en situación irregular por no decir abominable. Esas dos son heridas al magisterio ordinario del papa, pero no han sido trasladadas al
Catecismo. Es decir, que el católico recto sigue defendiendo lo mismo que defendió la Iglesia siempre al respecto, y no falta al magisterio de la Iglesia.
Esa ambigüedad y confusión es terrible. Lo es. El magisterio papal siempre fue algo muy serio, y Francisco lo puso en entredicho (y no citamos las numerosas "charlas de café" donde cuestionaba muchas verdades de la Religión católica pero que afortunadamente pueden desecharse por el medio empleado). Afortunadamente León XIV es infinitamente más responsable y serio.
Alguien dirá que lo que yo afirmo es "whisful thinking" y que aunque el catecismo no cambie, se está preparando al rebaño de Dios para el siguiente cambio. Estoy de acuerdo y así lo creo. Y por eso mi actitud es de lucha. No es de acatamiento, no es de papolatría, no es de mirar hacia otro lado. Es de lucha contra el modernismo, el posmodernismo y todas las blasfemias teológicas que se están instalando en la Iglesia.
Pero desde dentro. Desde dentro. No creando el rebañito de los puros. Porque la historia nos dice que eso siempre acaba mal. Necesitamos todas las manos para luchar contra el modernismo dentro de la Iglesia y la Fraternidad mina esa lucha de varias maneras. Creen que hacen un bien, pero están dispersando fuerzas y debilitando el movimiento tradicionalista. Un movimiento al que las jóvenes generaciones de católicos en occidente ven con más simpatía que sus mayores. No es el momento de encastillarse en el club de los puros. Es el momento de evangelizar desde dentro. Y si hay curas u obispos que intentar hacernos callar, ejercer nuestros derechos, no cejar. Ignorar incluso las prohibiciones injustas.
Pero desde dentro, sin desobediencia. Se puede. Se debe.
Por cierto, hay misas Vetus en los institutos de Ecclesia Dei y en muchas diócesis por curas diocesanos formados Muy bien dichas y muy devotas. A pesar de TC, de los obispos obtusos, de Roche. Se hace, y cada vez más. El futuro va en esa dirección, y cada vez habrá menos obispos que intenten frenarlo. No tiene sentido. Hay que tener paciencia y perseverancia. Y confiar en Dios.
Jugar a "oh, la Iglesia está corrompida, vamos a crear la Iglesia pura" es muy tentador, (y consolador para los que sufren) pero es catarismo y está condenado a la esterilidad, como toda rama separada del tronco. Véanse como están acabando todos los grupos del cosmos sedevacantista.
Por cierto, aunque se hace muy poco (por desgracia), existe la forma Novus Ordo en latín, que de forma automática impide abusos de cualquier tipo (y no necesita permiso alguno). No, no tiene la riqueza y profundidad de la Vetus, pero ahí se palpa el Misterio de forma mucho más evidente. Basta con que muchos curas jóvenes vean que la Tradición es belleza y recuperación sacramental de la conexión con Cristo, y se interesarán por decir la misa en latín y aprender la Vetus.
Con la Fraternidad, todo son noticias de desobediencias y divisiones.
¿qué diferencia hay entre las consagraciones de obispos sin permiso del Papa y las consagraciones de sacerdotes como las que realizó San Juan Pablo II sin permiso de Pablo VI?
La diferencia es esencial. Primero, los presbíteros no tiene sucesión apostólica. Segundo, un Obispo no necesita autorización de Roma para ordenar presbíteros en su diócesis, salvio que estè suspendido de su ministerio. Tercero, los obispos de la fraternidad fueron ordenados contra mandato expreso de no hacerlo. En su tiempo Roma le ordenó a Lefebre no ordenar sacerdotes en su seminario, y al no obedecer una orden expresa, fue suspendido ad divinis por Pablo VI.
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