(391) "La cuestión central respecto a la F.S.S.P.X" Por Mons. A. Schneider

Sin el menor ánimo de atizar polémicas, sino a fin de dar espacio en un sitio católico a un obispo católico que vuelve a interceder sobre esta cuestión que llevaría una nueva herida al Corazón de Cristo, publicamos la reciente reflexión de Mons. Schneider sobre la amenaza de excomunión por las próximas ordenaciones de la FSSPX, cuya fuente puede verse aquí.
Porque debemos admitir que muchos se apresuran a señalar el riesgo del cisma, pero sin duda éste no constituiría una posibilidad si no existiera de parte de Roma la amenaza de excomunión, que no existe ni remotamente para organizaciones francamente heréticas que campean a sus anchas por todo el orbe católico, y esta contradicción es insoportablemente lacerante para muchos hijos fieles de la Iglesia.
Por nuestra parte, rogamos sinceramente por la unidad de la Iglesia, suplicando Caridad en la verdad íntegra de la Fe revelada.
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LA CUESTIÓN CENTRAL RESPECTO A LA FRATERNIDAD SACERDOTAL SAN PÍO X
Por el Obispo Athanasius Schneider
Las preguntas y problemas relacionados con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) han sido objeto de un debate, en gran medida infructuoso, durante más de cincuenta años y ahora han culminado en las consagraciones episcopales anunciadas, que aún no han sido aprobadas por la Santa Sede. La discusión ha sido alimentada por la emoción —a menudo, literalmente cum ira et studio, y es frecuentemente llevada a cabo por personas que carecen de familiaridad directa con los documentos relevantes o de experiencia personal con la FSSPX. En muchos casos, su conocimiento es superficial y está moldeado por juicios preconcebidos. Como resultado, el debate a menudo se asemeja a un diálogo de sordos, en el que los mismos argumentos se repiten sin fin y sin ningún progreso significativo.
Además, el debate elude en gran medida el problema central planteado por la FSSPX.
Este fracaso se deriva de un error metodológico fundamental y de una falta de justificación basada en hechos, con respecto a las ambigüedades doctrinales y litúrgicas objetivas que se encuentran en el corazón de la controversia.
En su núcleo, el conflicto gira en torno a la cuestión de la verdad.
1. El Vaticano II en el contexto de los otros veinte Concilios Ecuménicos:
El primer error consiste en tratar un concilio pastoral —en este caso, el Concilio Vaticano II— como si fuera enteramente dogmático, y presuponer que todas sus declaraciones deben ser consideradas como propuestas de manera definitiva y vinculantes para todos los católicos.
Quienes lo hacen, pasan por alto que el propio Pablo VI afirmó: “Hay quienes se preguntan qué autoridad, qué calificación teológica quiso dar el Concilio a sus enseñanzas, sabiendo que evitó emitir definiciones dogmáticas solemnes que comprometieran la infalibilidad del Magisterio eclesiástico. La respuesta es conocida por quien recuerde la declaración conciliar del 6 de marzo de 1964, repetida el 16 de noviembre de 1964: dado el carácter pastoral del Concilio, evitó pronunciar, de manera extraordinaria, dogmas dotados de la nota de infalibilidad.” (Audiencia General, 12 de enero de 1966).
Esto se aplica también a las dos constituciones “dogmáticas” del Concilio, Dei Verbum y Lumen gentium, ya que el adjetivo “dogmático” posee un significado más amplio y no se limita a dogmas entendidos como enseñanzas dotadas de infalibilidad.
Entre los otros veinte concilios ecuménicos, uno encuentra numerosas declaraciones y documentos pastorales o disciplinarios que ya no son aplicables hoy en día (p. ej., el decreto del Cuarto Concilio de Letrán que establece: “Si un señor temporal descuida limpiar su territorio de la inmundicia herética, será atado con el vínculo de la excomunión”), así como declaraciones doctrinales no definitivas (p. ej., sobre la materia y forma del sacramento del Orden Sagrado del Concilio de Florencia) que fueron posteriormente corregidas por el Magisterio de la Iglesia.
No se puede absolutizar toda forma histórica concreta de liderazgo eclesiástico, porque hacerlo eliminaría la distinción necesaria entre, por un lado, las verdades de fe inmutables y perdurables (Depositum Fidei) y, por otro, los diversos modos en que esas verdades son transmitidas (p. ej., una declaración pastoral, una declaración doctrinal no definitiva o una definición ex cathedra), cada uno de los cuales conlleva un grado diferente de autoridad y fuerza vinculante.
Hoy, sin embargo, para estar en plena comunión con la Santa Sede, uno debe aceptar aquellas afirmaciones y enseñanzas del Vaticano II que son pastorales y ciertamente no definitivas en términos de su naturaleza magisterial.
Esto plantea una pregunta importante:
¿Por qué la aceptación incondicional de los textos del Vaticano II se presenta como una conditio sine qua non para la plena comunión con la Santa Sede, mientras que no existe un requisito comparable con respecto a las enseñanzas pastorales, disciplinarias o no definitivas de los veinte Concilios Ecuménicos precedentes?
Entre las enseñanzas no definitivas del Vaticano II hay varias —particularmente aquellas relativas a la libertad religiosa, el ecumenismo, el diálogo interreligioso y la colegialidad— cuyas formulaciones son ambiguas y difíciles de reconciliar con las doctrinas enseñadas consistentemente por el Magisterio desde la era de los Padres de la Iglesia hasta el período inmediatamente anterior al Concilio. También está la cuestión de las deficiencias rituales y doctrinales del Novus Ordo Missae. Tales preocupaciones ya no pueden ser descartadas de plano, como lo demuestra, por ejemplo, el testimonio del Arquimandrita Boniface Luykx, en su libro A Wider View of Vatican II: Memories and Analysis of a Council Consultor (Angelico Press, Brooklyn, NY, 2025). Los defectos del Novus Ordo Missae siguen siendo un asunto de seria discusión y no pueden simplemente ser ignorados. Sin embargo, la Santa Sede está pidiendo a la FSSPX que acepte no solo la validez sino también la legitimidad y la bondad de la reforma litúrgica en el Novus Ordo Missae.
2. Dos excesos modernos en la vida de la Iglesia: legalismo y papocentrismo.
La resolución de la cuestión de la FSSPX se ve obstaculizada no solo por la reticencia a confrontar, con honestidad intelectual, las cuestiones doctrinales subyacentes y a reconocer la existencia de ambigüedades doctrinales que requieren corrección, sino también por una mentalidad insalubre que se ha desarrollado dentro de la Iglesia durante los últimos siglos: a saber, la primacía del legalismo o positivismo jurídico, junto con un papocentrismo excesivo que se aproxima a una cuasidivinización tanto del oficio como de la persona del Papa. Estas exageraciones modernas distorsionan y limitan la vida de la Iglesia al subordinar la primacía de la pureza y claridad de la fe y la liturgia a las demandas del legalismo y el papocentrismo, un fenómeno ajeno a los Padres de la Iglesia y a la gran tradición.
En esta forma exagerada de papocentrismo, el Papa y su magisterio, incluso cuando no son estrictamente dogmáticos o definitivos, tienden a ser tratados como si poseyeran un carácter absoluto y cuas-idivino. El clima eclesial ha sido moldeado a menudo, al menos implícitamente, por suposiciones que se aproximan a tales actitudes. La mayoría de los comentaristas de la controversia actual en torno a las consagraciones episcopales de la FSSPX siguen, a menudo sin saberlo, influenciados por los excesos del legalismo y el papocentrismo exagerado que caracterizan gran parte de la vida eclesial contemporánea.
La ley de que las consagraciones episcopales llevadas a cabo sin autorización papal —o en contra de la voluntad expresa del Papa— constituyen un acto cismático, era ajena a la era de los Padres de la Iglesia. De hecho, esta ley solo entró en vigor en el segundo milenio. El canon 1387 del Código de Derecho Canónico de 1983, que prohíbe la consagración de un obispo sin mandato pontificio, está clasificado entre los “Delitos contra los Sacramentos”, en lugar de entre los “Delitos contra la Fe y la Unidad de la Iglesia”, donde se penaliza el cisma (can. 1364). Si la consagración episcopal sin mandato pontificio fuera intrínsecamente cismática, estaría ubicada entre los delitos “contra la Unidad de la Iglesia”. El canon correspondiente en el Código de 1917 fue igualmente incluido entre los “Delitos en la Administración y Recepción de Órdenes y otros Sacramentos” (Título XVI), y no entre los “Delitos contra la Fe y la Unidad de la Iglesia” (Título XI).
3. El estado extraordinario de crisis, e incluso emergencia, en la Iglesia
Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica ha estado experimentando un clima de ambigüedad general, vaguedad e incertidumbre con respecto a doctrinas importantes como la unicidad de Cristo Redentor, la unicidad de la Iglesia Católica, la estructura monárquica de la Iglesia divinamente establecida (a nivel universal y local), y el carácter sacrificial de la Santa Misa.
Es inequívocamente evidente que quienes han ostentado el poder administrativo en la Santa Sede durante las últimas décadas, y aún lo ostentan hoy, exigen a la FSSPX como una conditio sine qua non para la plena comunión con la Santa Sede la aceptación del clima de facto de ambigüedad y relativismo doctrinal y litúrgico, el cual ha alcanzado su punto máximo con el actual, y extremadamente confuso, proceso sinodal en toda la Iglesia.
Desde el Concilio, con algunas de las enseñanzas ambiguas mencionadas, ha estado en marcha un proceso para establecer, con la autoridad del Romano Pontífice, una supuesta “Iglesia del Vaticano II” o la “Iglesia Conciliar”. Esta tendencia, en nuestros días bajo el nuevo nombre de “Iglesia Sinodal”, pretende ser básicamente una religión relativista adaptada al mundo. Los intentos de disimular esta nueva tendencia hacia una forma ambigua, relativista y mundana de la Iglesia Católica mediante una hermenéutica de la continuidad son deshonestos y poco convincentes.
4. El dilema de conciencia de la FSSPX
La Santa Sede exige a la FSSPX que acepte doctrinas formuladas de manera ambigua y no definitivas como una conditio sine qua non para la plena comunión con la Santa Sede y para recibir la regularización canónica. Estas incluyen enseñanzas concernientes a la libertad religiosa, el ecumenismo, el diálogo interreligioso (incluyendo, p. ej., la declaración de Lumen Gentium 16 de que los musulmanes, junto con los católicos, “adoran al Dios único y misericordioso”), la colegialidad episcopal (entendida de una manera que disminuye la estructura monárquica divinamente instituida de la Iglesia) y las reformas litúrgicas asociadas con el Novus Ordo Missae.
La Santa Sede también exige a la FSSPX que reconozca formalmente las declaraciones y enseñanzas de los Papas posconciliares que pertenecen al llamado magisterio auténtico y diario. Estas incluyen, por ejemplo, ciertas afirmaciones en Amoris Laetitia que socavan gravemente e incluso contradicen la Revelación Divina; el permiso formal del Papa Francisco para que las personas divorciadas y vueltas a casar reciban la Sagrada Comunión; y la Declaración sobre las bendiciones para parejas del mismo sexo, Fiducia Supplicans.
Si se examina con honestidad intelectual la extraordinaria crisis que ha afligido a la Iglesia desde el Concilio —junto con las ambigüedades y el relativismo doctrinal, litúrgico y pastoral que la han acompañado— entonces la existencia y actividad de la FSSPX puede ser vista, desde una perspectiva a largo plazo y a la luz de los dos mil años de historia de la Iglesia, como una obra de la divina providencia y como una fuente de ayuda a la Iglesia durante una crisis de magnitud sin precedentes.
Al leer los recientes documentos emitidos por el Superior General de la FSSPX, el Padre Davide Pagliarani, en particular la Declaración de Fe Católica y su Mensaje a la Hermandad y sus fieles (adjuntos a continuación), uno no puede dejar de notar un espíritu profundamente católico, imbuido de una verdadera fe en el primado papal y de una devoción filial hacia la persona del Sumo Pontífice.
El problema que enfrenta la FSSPX no es difícil de entender. La Santa Sede exige que la FSSPX acepte, sin objeción sustancial, ciertas enseñanzas del Concilio Vaticano II objetivamente ambiguas y no definitivas, declaraciones ambiguas del magisterio papal posconciliar y fallas doctrinales y rituales objetivas en el Novus Ordo. Sin embargo, Dios nunca ha exigido la aceptación de doctrinas que son poco claras o están formuladas de manera ambigua, y a lo largo de su historia la Iglesia siempre ha actuado en consecuencia.
La FSSPX considera como una de sus razones esenciales de existencia hacer un llamado, con parresía, a un retorno a la absoluta claridad y pureza de la doctrina que la Iglesia siempre ha buscado preservar a lo largo de los siglos. En el pasado, los Romanos Pontífices soportaron persecución, martirio e incluso cismas antes que tolerar la más mínima ambigüedad en la expresión de la fe. Entre los ejemplos más notables se encuentran el rechazo del término ambiguo homoiousios; el rechazo del Henotikon, que, aunque no era formalmente herético, socavaba la claridad de la doctrina cristológica y facilitaba la propagación del monofisismo; y el rechazo de las ambiguas formulaciones cristológicas del Papa Honorio I (+638). Varios Papas condenaron a Honorio I póstumamente, no por herejía, sino por ambigüedad doctrinal y por haber ayudado a la propagación de la misma.
La unidad no es, en sí misma, el criterio último de la verdad. La historia de la Iglesia conoce numerosas situaciones en las que existieron tensiones entre la tradición y el ejercicio real de la autoridad eclesiástica. El mero hecho de que ciertas enseñanzas del Concilio Vaticano II, junto con la reforma litúrgica, hayan dado lugar —y sigan dando lugar, tanto en la teoría como en la práctica— a un debilitamiento de la claridad doctrinal obliga al Papa, siguiendo el ejemplo de muchos de sus heroicos predecesores, a aclarar y, donde sea necesario, enmendar estas enseñanzas. Esto debería hacerse con una precisión y claridad doctrinal renovadas de tal modo que no quede espacio para interpretaciones ambiguas o erróneas. A este respecto, el siguiente principio, que ha guiado durante mucho tiempo a los Romanos Pontífices, sigue siendo más relevante que nunca:
“La ambigüedad nunca puede ser tolerada en un Sínodo (Concilio), cuya principal gloria consiste sobre todo en enseñar la verdad con claridad y excluir todo peligro de error” (Pío VI, Auctorem fidei).
La tragedia de la situación actual es que la Santa Sede exige a la FSSPX que acepte el estado existente de ambigüedad doctrinal y litúrgica como una conditio sine qua non para la plena comunión y la regularización canónica.
Durante la controversia monotelita, cuando el Papa Honorio I adoptó una postura ambigua, el santo Patriarca Sofronio de Jerusalén envió a su sufragáneo, Esteban, Obispo de Dor, a Roma, instruyéndolo para que fuera a la Sede Apostólica, donde se encuentran los fundamentos de la doctrina ortodoxa, y que no cesara de rezar y pedir hasta que las autoridades examinaran y condenaran el novedoso error. El obispo Esteban permaneció en Roma durante diez años, perseverando en esta misión hasta que presenció la condena de la herejía por el Papa Martín I en el Concilio de Letrán del 649.
En cierto sentido, la FSSPX está cumpliendo un papel similar hoy, instando incesantemente a la Santa Sede a poner fin a la situación de ambigüedad e incertidumbre doctrinal y litúrgica. La FSSPX ha declarado en repetidas ocasiones que no tiene otra intención que formar a las almas encomendadas a su cuidado pastoral como buenos cristianos y verdaderos hijos e hijas de la Iglesia Romana. En última instancia, uno debería estar agradecido a la FSSPX por este papel; los futuros Papas ciertamente lo estarán.
5. La solución pastoral del Papa al problema de la FSSPX
La Santa Sede debería dar la debida consideración a la Declaración de Fe Católica y al Mensaje a los Fieles emitidos por el Superior General de la FSSPX, y debería reconocer estos documentos y actos como suficientes, y que satisfacen las condiciones mínimas, para la comunión eclesial. Una excomunión en el momento actual abriría una nueva herida, innecesaria y evitable, en el Cuerpo Místico de Cristo. A la luz de estos documentos y actos de la FSSPX, el Papa, con su corazón paterno, podría hacer una excepción y permitir las consagraciones episcopales a través de un gesto pastoral verdaderamente generoso. Al imponer una excomunión a los obispos consagrantes y consagrados, el Supremo Pontífice estaría castigando implícitamente también a los fieles de la FSSPX —una porción de su rebaño— que lo aman y reconocen sinceramente, pero que, a causa de lo que perciben como un genuino dilema de conciencia, no ven otra alternativa que seguir siendo asistidos pastoralmente por la FSSPX, para cuya existencia el episcopado sigue siendo indispensable, particularmente para la administración de los sacramentos del Orden Sagrado y la Confirmación.
Por lo tanto, únicamente por el bien de las almas y el bien de la Iglesia, la FSSPX está pidiendo que el Supremo Pontífice muestre comprensión, bajo las presentes circunstancias, por su necesidad de tener obispos y permita las consagraciones episcopales. Lamentablemente, a pesar de lo que esta considera un dilema de conciencia objetivo, la FSSPX es, en su mayor parte, caracterizada como cismática y orgullosa. Con espíritu de magnanimidad, el Supremo Pontífice, como verdadero padre, podría tender un puente hacia la FSSPX, esta porción de su rebaño, y permitir las consagraciones episcopales de forma excepcional con el fin de fomentar un clima en el que, mediante una mayor confianza mutua, pueda encontrarse paciente y gradualmente una solución a las cuestiones doctrinales y a los correspondientes arreglos jurídicos. La Iglesia sinodal de nuestros días debería ser capaz de tal amplitud y generosidad pastoral. A la luz de las muchas y generosas declaraciones e iniciativas ecuménicas de las últimas décadas, debería asimismo demostrar su capacidad para abordar un grave problema eclesial mediante el diálogo, la paciencia y la comprensión dentro de la Iglesia Católica.
Recientemente, el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, afirmó que, con respecto a las desviaciones de los obispos alemanes, la Santa Sede no desea que las divisiones escalen a medidas punitivas, enfatizando que los problemas dentro de la Iglesia deben, siempre que sea posible, resolverse pacíficamente. ¿Por qué este enfoque no habría de aplicarse también a la FSSPX, que no niega ningún dogma, reconoce la primacía del Papa, reza por él y le profesa devoción filial, mientras preserva únicamente lo que la Iglesia creyó y celebró universalmente hasta el Concilio? Al mismo tiempo, el Camino Sinodal alemán ha avanzado en claras desviaciones doctrinales que promueven herejías de facto e incluso posiciones blasfemas. ¿Por qué, entonces, deberían enfatizarse la reconciliación y el diálogo paciente en un caso, pero no en el otro?
Si, este año, el Papa pronunciara una excomunión, un nuevo anatema, sobre los obispos consagrantes y consagrados, pasaría a la historia de la Iglesia como un error de excesiva severidad pastoral. Las generaciones futuras y los futuros Papas llegarían a lamentarlo. ¿Por qué debería hacer el Papa hoy lo que las generaciones futuras podrían lamentar mañana? ¿Acaso no deberíamos aprender de la historia? ¿No está el Papa, como Supremo Pontífice, llamado por sobre todo a ser un constructor de puentes?
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Archivos adjuntos: 1) Entrevista con el Superior General de la Hermandad Sacerdotal San Pío X del 5 de febrero de 2026; https://fsspx.news/en/news/interview-superior-general-priestly-society-saint-pius-x-57064 2) Un Mensaje a los Fieles y Amigos de la Hermandad Sacerdotal San Pío X del 7 de marzo de 2026: https://fsspx.org/en/news/episcopal-consecrations-what-fr-pagliarani-told-members-society-saint-pius-x-59250 3) Declaración de Fe Católica dirigida a Su Santidad el Papa León XIV por el P. Davide Pagliarani Superior General de la Hermandad Sacerdotal San Pío X del 14 de mayo de 2026: https://sspx.org/sites/default/files/documents/2026-05-14_declaration_of_catholic_faith_en.pdf
40 comentarios
Lo curioso es que, mientras Sarah, Zen o Müller suelen mantener la tensión entre la crítica y la comunión eclesial, Schneider parece cada vez más interesado en estirar la cuerda hasta comprobar cuánto aguanta. Y cuando uno dedica más tiempo a señalar las supuestas desviaciones de Roma que a subrayar el principio de unidad, inevitablemente empiezan a sonar determinadas músicas de fondo.
No digo que haya comprado el carné del lefebvrismo; sería una afirmación excesiva. Pero tampoco hace falta ponerse una boina para que empiecen a preguntarte si vienes de la misma fiesta. Hay momentos en los que las afinidades se perciben menos por lo que se proclama y más por la dirección en la que se camina.
Y, sinceramente, si uno compara sus planteamientos con los de Sarah, Zen o Müller, la diferencia no parece de matiz sino de trayectoria: unos critican desde dentro mirando al centro; Schneider da la sensación de criticar desde dentro, sí, pero con una mirada cada vez más orientada hacia la periferia filolefebvrista. Esa es, al menos, la impresión que me deja.
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V.G.: Y por qué no se puede "pensar bien", y tratar de ver su interés en el bien de las almas que desean ser fieles a la Fe verdadera, de corazón? ¿Por qué tanto pedido de benignidad con los obispos infieles, y tanta prevención con él? No me parece justo, en conciencia.
PD: muchas gracias Virginia.
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Pero el Papa calla. Y ya sabemos que "el que calla, otorga", como bien dice el refrán.
Hay que seguir rezando a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y pidiendo la intercesión, como siempre, de Nuestra Santísima Madre la Virgen María.
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Lamento Ma. Virginia que haya dado paso a esta publicación, que abunda en errores y flagrantes mentiras.
Usted es una hija fiel de la Iglesia y estoy moralmente convencido de su celo y amor a Dios.
Ya no hay tiempo para caminar en la cornisa.
O se está dentro de la barca, o nos lanzamos fuera de ella, y ahí no hay nada; solo el abismo de frio y oscuridad.
La tengo siempre en mis oraciones en adoración eucarística.
Dios le bendiga.
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V.G.: Le agradezco su cordialidad, y sobre todo, de corazón, sus oraciones.
Le ruego que me diga claramente cuáles son las mentiras, y la prueba de ellas, Oscar. Y si es posible, acláreme las líneas que he suprimido, porque no tengo pruebas de ello.
"...muchos se apresuran a señalar el riesgo del cisma, pero sin duda éste no constituiría una posibilidad si no existiera de parte de Roma la amenaza de excomunión."
Debo señalarte que cometes un error en eso.
El cisma no se produce porque "Roma" amenaza con la excomunión. Es al revés. La excomunión se anuncia (no se amenaza) como consecuencia del acto cismático que la FSSPX ha decidido realizar. Lo cual es conforme a derecho, al derecho divino no meramente eclesiástico, pues toca la constitución divina de la Iglesia.
Los causales de excomunión latae sententiae siguen siendo los mismos de siempre, entre ellos el cisma, la herejía, etc. Que desde el Vaticano no se anuncie la excomunión de los herejes causa escándalo, es verdad, pero no significa que esas excomuniones no sean una realidad, pues operan latae sententiae.
Mons. Schneider, con dolor lo digo, se está equivocando grandemente al hacerle el juego al lefebvrismo. Sus dichos sobre este tema lo están dejando en ridículo, y además los lefebvristas lo desprecian en realidad, aunque ahora lo usen porque los apoya.
Estoy de acuerdo en que existen contradicciones lacerantes, casi insoportables (sólo podemos soportarlas con ayuda de la Gracia), pero todo eso no hace buena la posición de sedevacantismo práctico de la FSSPX, ni su hipocresía, ni su soberbia, ni su sectarismo, ni su fariseísmo. Y esto lo digo con conocimiento de causa, porque vengo leyendo más de 100 textos, algunos bastante extensos, con las posiciones a favor y en contra, y conversando con algunos lefebvristas. Los frutos del anuncio de la consagraciones episcopales (ilícitas y cismáticas) no vienen siendo frutos del Espíritu Santo.
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V.G.: Andrés, le agradezco su respetuoso comentario, y en lo personal, suspendo el juicio ante la actitud de la Fraternidad y no soy miembro de ella, pero creo que hay miles de almas que están corriendo un riesgo gravísimo sin culpa, por el caos demoníaco que se pretende que soporten (yo puedo exigirme a mí mismo soportar lo que sea, pero no puedo juzgar la capacidad de las demás almas para eso).
La pregunta "del millón" es: si de hecho hay tantas "tolerancias" TAN excesivas (empezando por las reverencias episcopales a la señora DISFRAZADA de obispa en el propio Vaticano, y mil etcéteras de apostasías explícitas de amancebamiento con el mundo y el demonio), por qué resultaría tan descabellado pedir un poco de tolerancia "para este lado", al Pastor Supremo?
Es lo que se preguntan miles de católicos sencillos, fieles, y que un obispo católico considera atendibles. Pura paternidad y misericordia, con los "leprosos" oficiales, sin más. ¿No le parece que vale la pena tenerlo en cuenta al menos por "razones pastorales"?
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No dudo de que monseñor Schneider busque el bien de las almas. De hecho, parto de esa premisa. Lo que me cuesta más entender es por qué, si precisamente le preocupa tanto el bien de las almas, considera prudente lanzar en público críticas a la Santa Sede sobre cuestiones disciplinarias y de gobierno que no le competen directamente, mientras dedica una notable cantidad de comprensión y benevolencia a posiciones que llevan décadas situadas en una relación anómala con Roma.
Porque una cosa es defender a las almas, y otra bastante distinta es provocar perplejidad en las almas.
A veces tengo la impresión de que algunos olvidan que el escándalo no consiste solamente en relativizar la doctrina. También puede producirse cuando se transmite a los fieles la idea de que la autoridad de la Iglesia merece una confianza limitada, una obediencia condicional y una sospecha permanente.
Lo curioso es que, cuando Roma actúa con prudencia, se le acusa de debilidad; cuando actúa con firmeza, de injusticia; cuando dialoga, de ingenuidad; y cuando corrige, de persecución. No debe de ser fácil gobernar la Iglesia cuando algunos parecen haber descubierto que la Santa Sede siempre se equivoca, salvo cuando coincide con ellos.
Y respecto a los lefebvristas, tampoco deja de llamarme la atención el argumento. Se nos pide una infinita capacidad para "pensar bien" de quienes llevan décadas cuestionando decisiones legítimas de los Papas, resistiendo disposiciones de la autoridad eclesial y alimentando una desconfianza sistemática hacia Roma. Pero si alguien señala que ciertos discursos empiezan a parecerse demasiado a ese ecosistema mental, entonces el problema ya no es el parecido, sino quien lo observa.
No sé. A mí me parece que Sarah, Zen o Müller han demostrado que se puede ser muy crítico sin transmitir la sensación de que la principal amenaza para la Iglesia está sentada en Roma. Schneider, en cambio, da la impresión de regresar una y otra vez al mismo punto, como quien encuentra siempre la aguja de la brújula orientada en la misma dirección.
Y ahí es donde me surge la duda. No sobre sus intenciones, que no juzgo. Las intenciones pertenecen a Dios. Pero los efectos públicos de determinados discursos pertenecen a la historia. Y cuando un discurso acaba generando más desconfianza hacia la autoridad legítima que hacia quienes viven en tensión permanente con ella, quizá convenga preguntarse si el problema está únicamente en cómo se interpreta el mensaje o también, en alguna medida, en el mensaje mismo.
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V.G.: Eclesiam, comprendo su argumento, pero no es mi intención (ni está en mis posibilidades, por circunstancias personales, por lo que desde ya me disculpo) generar una polémica interminable.
Ud. se refiere a "posiciones que llevan décadas situadas en una relación anómala con Roma", y entonces debemos reconocer que el origen de la cuestión no es un capricho de un grupo de rebeldes contra la autoridad, sino al contrario, la reacción de un gran número de perplejos ante cambios inusitados en una dirección francamente opuesta (que no es lo mismo que distinta) a la sostenida por la Iglesia durante siglos.
La infiltración del Mundo y sobre todo de la Revolución en el seno de la Iglesia fue ya reconocida por Pablo VI y está archi-probada y documentada. ¿Es justo entonces demonizar sistemáticamente a los fieles que no están dispuestos a "naturalizar" esta situación, y que últimamente ha ido en un vertiginoso in crescendo?.
Es legítimo preguntarse entonces quién ha provocado el escándalo, permitiéndoseme el ejemplo de una pequeña comunidad parroquial: ¿el sacerdote que se presenta a celebrar la Misa disfrazado de payaso, o el señor que, indignado, reacciona ante ello con gritos destemplados? ¿En serio me dirá que el escándalo mayor es el del señor enojado?..
¿No ha habido gestos claros de tolerancia (aunque admito que se puedan considerar insuficientes, pues yo mismo querría otro ritmo para estas cosas)? No sólo hacia la FSSPX (la oferta de diálogo propuesta por el Card. Fernández, obviamente por orden de León XIV, es sumamente generosa, y va en línea con el Protocolo de 1988 que Mons. Lefebvre firmó y al otro día, sabe Dios realmente por qué, rechazó), sino hacia el "mundo tradicionalista" en general (por ejemplo, la llamada a los obispos franceses a tratar amablemente a los fieles tradicionalistas, o la jugada reciente para evitar que Roche exponga sus furias litúrgicas en el consistorio, las llamadas al cuidado en la liturgia...).
Yo lo que veo (y no soy el único que lo ve) es que la posición lefebvriana toma fuerza en la desesperanza, canalizada en la desconfianza sistemática hacia el Papa. Y no niego que haya razones, qué duda cabe, en esto digo lo mismo que el abad De Bligniéres y otros, no cabe duda que hay culpa y graves del otro lado.
Pero, sencillamente, nada justifica el cisma. Esto ya lo vivió la Iglesia muchas veces, grupos que pretenden "salvar la Iglesia" de esta manera.
Por eso lamento que Mons. Schneider esté tomando el papel de "idiota útil" de la FSSPX. Me consta el desprecio de los lefebvristas por él, casualmente hasta el momento en que decidió apoyarlos al 100%. Hipocresía se llama eso.
Ahora, si hay Obispos como Schneider y Strickland, que comparten tanto la posición de la FSSPX, ¿qué necesidad imperiosa tiene la FSSPX de consagrar nuevos Obispos? Ahí nomás tiene 2 (y seguramente hay otros) que tranquilamente pueden ordenar a los sacerdotes de la FSSPX (que por otro lado siguen suspendidos a divinis por defecto) e impartir las Confirmaciones, etc.
Yo tengo una respuesta para eso, al menos un aspecto que sin duda existe: la FSSPX no confía en Obispos ordenados bajo el Novus Ordo, y saben que no accederían a una de sus ordenaciones sub conditione como hacen con los sacerdotes que "se convierten a la Tradición".
Precisamente porque hay almas en riesgo, es que esto no debe ser admitido. Y me indigna sobremanera la forma en que los lefebvristas se están tomando la cosa, burlándose de las excomuniones (por cierto, actitud anatematizada mucho antes del Concilio Vaticano II). Un cisma, una excomunión, lo pone a uno literalmente fuera de la Iglesia. Y ya se sabe, extra Ecclesiam nulla salus. Esto no es para la joda. Por eso digo que los frutos que se ven, no parecen del Espíritu Santo.
PD: sobre la "obispa", las reverencias episcopales, pues, no fueron generales, y los culpables responderán por eso. Pero el Vaticano, así oficialmente, aprovechó la ocasión para reiterar que la Iglesia sigue considerando inválidas las ordenaciones anglicanas. Es decir, les pintó la cara. No es como si León XIV le hubiera dispensado el mismo trato que, por el caso, un Patriarca Ortodoxo. El amancebamiento existe en el Vaticano desde hace siglos, por otro lado, no vamos a descubrir la pólvora. Ante esto, hacen falta un San Francisco de Asís y un Santo Domingo de Guzmán, no un Lucifer de Calgari (obispo cismático que había apoyado a San Atanasio).
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V.G: Andrés, comparto gran parte de su posición, pero aún así, sigo creyendo que el pedido de Mons.A.S. no debería ser descartado de plano, mirando sobre todo el bien de las almas. Creo que si Roma mostrase una mayor condescendencia permitiendo las ordenaciones, se seguiría un bien mucho mayor a la corta y a la larga. Y eso no constituye sospecha ni animadversión, sino por el contrario, una apelación filial y confiada.
Mire, las razones particulares del Papa no las conozco, no han sido declaradas que yo sepa. Y no importan, pues su decisión en esta materia no está sujeta a un juicio sobre sus intenciones particulares. Lo que sí le puedo decir, es que la FSSPX no cumple las normas de la Iglesia: han montado una estructura jerárquica paralela, por ejemplo los tribunales canónicos propios, y los exorcismos, y eso es grave. También sus sacerdotes están suspendidos a divinis desde el momento de su ordenación, pues esa sanción no fue levantada por Benedicto XVI cuando, generosamente motu proprio, levantó las excomuniones a los Obispos vivos de la FSSPX (no a Mons. Lefebvre, por cierto, quien lamentablemente murió excomulgado). De hecho la FSSPX no tiene existencia canónica en la Iglesia Católica, no es como si fuera una Orden u otro Instituto religioso... literalmente no es nada más que un grupo de gente que se autodenomina "Fraternidad Sacerdotal San Pío X".
Virginia: el pedido de Mons. Schneider cae en el absurdo, porque literalmente le está pidiendo al Papa que ceda ante los reclamos de un grupo cismático, que además tiene la hybris de imponerle al Papa las condiciones. Eso abriría la puerta a un desorden aun mayor del ya existente, que ya es enorme. Eso es lo que me llama la atención, que Mons. no caiga en la cuenta que su pedido introduce más escándalo, aunque no sea de signo modernista sino tradicionalista. Distinto fuera si la FSSPX aceptara de buena fe la propuesta romana, que incluye, de hecho, la posibilidad de consagrar Obispos con mandatum. Más allá no puede ir el Papa sin introducir un (¡otro más!) principio de disolución de la estructura visible de la Iglesia. La FSSPX dice que no puede confiar en "Roma", y que "Roma" quiere dar largas al asunto hasta que mueran los Obispos lefebvrianos y la FSSPX se acabe por inanición... pero están obviando lo que dije antes: hoy existen Obispos Católicos, con mandatum, perfectamente dispuestos a sostener a la FSSPX. O lo están obviando o lo descartan por lo que dije antes. De cualquier manera, es desleal de parte de la FSSPX, y encima victimizarse de ser perseguidos "por ser católicos". No es forma de actuar con el Papa. No es lo que hicieron los Santos.
Y en estas páginas digitales se han publicado muchos artículos contrarios a ellas.
Cuando se han publicado los documentos de la FSSPX o artículos favorables, ha sido siempre glosándolos y criticándolos, a veces incluso ridiculizándolos.
Es muy de agradecer que por una vez se haya dado aquí voz propia, sin glosas ni distorsiones, a argumentos favorables como los del obispo Atanasio (un nombre muy apropiado) Schneider.
Para la gloria de Dios y el bien de las almas, para el fortalecimiento del sacerdocio católico y de la predicación íntegra de la fe católica.
Prefiero llamarla sociedad, o SSPX, que es la sigla que usan en inglés, porque fraternidad me parece una palabra que remite a los masones que es una fuerza destructora de la iglesia y que está infiltrada en la iglesia sinodal. Aunque quizá la palabra fraternidad no sea mala.
En cuanto a esto: " La FSSPX dice que no puede confiar en "Roma", y que "Roma" quiere dar largas al asunto hasta que mueran los Obispos lefebvrianos y la FSSPX se acabe por inanición... pero están obviando lo que dije antes: hoy existen Obispos Católicos, con mandatum, perfectamente dispuestos a sostener a la FSSPX". Vamos Andrés, sea serio, por favor!!!
Primero, por cuanto monseñor, temiendo que se yerre aplicando una norma excesivamente severa contra la FSSPX, que a la postre se convirtiese más en norma de "justeza" que de "justicia", rechaza expresamente esta última en favor de una petición de gracia que, SUPONIENDO LA LEY, la supera por lo alto.
Y, segundo, esa petición de gracia se dirige al papa, al que tanto él como quienes lo critican reconocen finalmente autoridad suficiente para hacer cumplir la ley o bien para eximir de su cumplimiento, por lo que aquí uno y otros no solo coinciden sino que se identifican plenamente.
Si el papa llegase a aprobar las consagraciones in extremis (algo extremadamente difícil pero aún técnicamente posible) todos los argumentos en contra de monseñor y de la FSSPX quedarían desmontados de raíz.
Pero el nuevo problema sería el de que, debido al largo silencio del pontífice (que ha llevado a tantos laicos de buena voluntad a querer defenderlo a capa y espada) muchos quedarían profundamente descolocados.
La pregunta que surge es la de si entonces estos serían capaces de aceptar y secundar de buena fe una tal decisión del papa (lo que no es fácil, como nos recuerda Mt. 20, 15).
Estoy de acuerdo con la Sociedad San Pío X. Sus miembros son de los pocos fieles que guardan la totalidad del depósito de la Fe.
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Manifestar esa blasfemia, ese insulto a Dios es lo mismo que afirmar que ellos son la verdadera Iglesia y que la Iglesia Católica actual estaría desviada moral y doctrinalmente, vamos que seria una herejía.
Creo que ya va siendo hora de afirmar que YA ESTÁ BIEN!
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V.G.: No es una blasfemia, pero es una afirmación gravemente injusta con una buena cantidad de laicos y consagrados que siguen resistiendo con absoluta fidelidad al depósito de la Fe, sin estar ni pertenecer a la FSSPX. Y sobre ese mismo espíritu se ha pronunciado oportunamente también Mons. Schneider, señalando que debe combatirse, porque sencillamente no es un pensamiento católico.
No entiendo cuál es la "seriedad" que me pide. ¿Acaso Schneider y Strickland no han salido a hacer un defensa cerrada de la FSSPX? Tanto que prácticamente han asumido la totalidad del discurso lefebvrista. Pero, como ya había advertido, eso a ustedes no les basta, no confían en ellos tampoco, y secretamente los desprecian por provenir de "la Iglesia conciliar". Bueno, tendrían que hacérselo ver, como dicen los españoles... a ver qué "trasfondo" hay en eso.
PD: por cierto, ¿de dónde ha sacado mi apellido si yo firmo como "Andrés B."?
En vos confío.
El Papa no va a aprobar las consagraciones in extremis. Eso es ridículo. Sería tanto como pegarse un tiro en el pie. Luego de eso, ¿con qué cara intentaría, si lo hace, frenar cualquier bravuconada de cualquier otro grupo, por ejemplo de los heréticos alemanes? Él mismo habría dinamitado su propia autoridad.
Por otra parte, es sumamente injusto que diga que Mons. Schneider es el único importante que ha salido a defender a la FSSPX. ¿Dónde queda Mons. Strickland? ¿qué hay del difunto Mons. Vitus Hounder? ¿y por qué la única defensa posible de la FSSPX es estar de acuerdo en todo con la FSSPX?
Maximiliam, lamentablemente esa actitud que bien denuncias proviene del mismo Lefebvre, quien llegó a decir "nosotros (la FSSPX) somos lo que resta de la Iglesia Católica". No por nada muchos de sus seguidores terminaron en el sedevacantismo abierto y confeso, y por eso algunos exponentes de la FSSP acusan a la FSSPX de "sedevacantismo práctico".
Es importante mirar la historia de todo esto, porque ahí se ve de dónde vienen las cosas. Lamentablemente hay desesperación detrás, falta de confianza en la Divina Providencia.
https://www.newliturgicalmovement.org/2026/06/timely-for-republication-interview-with.html
Esa entrevista a Dom Calvet, fundador de Le Barroux, quien fue cercano a Mons. Lefevbre, permite vislumbrar estas cosas.
Dios nos ayude a todos.
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El ejemplo no es exacto. Permítame reformularlo:
"Es legítimo preguntarse entonces quién ha provocado el escándalo: ¿el sacerdote que se presenta a celebrar la Misa disfrazado de payaso, el señor que, indignado, reacciona ante ello con gritos destemplados, o el otro señor que reacciona con gritos destemplados diciendo que se va de la iglesia católica y que va a montar una iglesia por su cuenta en alguna localidad suiza del cantón de Valais?"
- El sacerdote vestido de payaso es, por ejemplo, el sacerdote de Rio Cuarto citado por Wanderer en su post de 29 de mayo.
- El señor que reacciona con gritos destemplados es cualquier católico dolido, que se expresa en su círculo o en los medios, refunfuña o eleva denuncia, pero sigue en comunión con la Iglesia. Yo mismo, por ejemplo. Y espero que usted también.
- El señor que decide que se va a montar una iglesia por su cuenta ¿Quién puede ser?
¿En serio me dirá que el escándalo mayor no es el del señor enojado que se va a montar una iglesia por su cuenta?
Algo me está dando vueltas en la cabeza, y sería interesante que alguna persona que siente afinidad por la FSSPX respondiera:
Si las consagraciones episcopales que el Superior General de la Fraternidad ha anunciado para el próximo mes de julio y que no solo carecen del mandato pontificio, sino que incluso las realizarán contra la prohibición expresa de la Sede Apostólica, serán lícitas, tal y como lo fueron —dicen— las que monseñor Lefebvre realizó en 1988, debido al invocado Estado de Necesidad, previsto por el Derecho Canónico (cf. can 1323-1324), que invalida la imputabilidad de la violación del canon 1013 sobre la ilicitud de esas consagraciones y que anula los efectos de la censura eclesiástica prevista de manera automática de la que habla el canon 1387, entonces ¿cuándo y en qué momento los aludidos cánones (1013 y 1387) pueden ser aplicados lícitamente en la época actual? Porque si como dicen los lefebvristas, en la época actual hay una crisis grave y universal que atenúa la imputabilidad personal al realizar consagraciones episcopales sin mandato pontificio, ya que su finalidad es preservar a la Iglesia entera en la integridad católica que exige el ya mencionado Estado de Necesidad, eso significa que no solamente Lefebvre en el pasado y los obispos lefebvristas en el presente, sino que cualquier obispo no solamente podría, sino que incluso debería proceder a realizar consagraciones episcopales sin mandato pontificio, ¿cierto? Dicho en otras palabras: si la necesidad es universal y por ello queda justificada la violación material del canon 1013, ¿también el resto de los obispos del mundo podrían proceder a consagrar obispos sin mandato pontificio debido a la crisis actual, o solamente los de la FSSPX quedarían justificados si actúan así? ¿No quedarían igualmente justificados los obispos diocesanos en plena comunión con el Papa si optaran por proceder como los lefebvristas han decidido proceder? En el supuesto de que la respuesta sea positiva y de que el resto de los obispos también quedaran justificados, ¿entonces cuándo se aplican lícitamente los cánones 1013 y 1387 si actualmente a nadie pueden serles imputados? ¿Será entonces que, al menos en el presente, el papel de esos cánones es meramente decorativo porque no hay manera que justifique su actual aplicación? Y en caso de que la respuesta sea negativa y de que el resto de los obispos no quedaran justificados si deciden proceder como los lefebvristas, sino que al consagrar obispos sin mandato pontificio quedarían automáticamente excomulgados por atentar contra el Derecho y contra la unidad de la Iglesia en materia gravísima, ¿por qué a ellos se les imputaría lo que ni a Lefebvre ni a los lefebvristas se les puede imputar hoy? ¿Que es aquello que justifica a la FSSPX y que no puede justificar al resto de los obispos del mundo si la crisis por la cual la FSSPX se ve obligada a actuar es objetiva y universal? ¿Acaso ese escenario no justificaría a todos los obispos del mundo por actuar invocando el susodicho Estado de Necesidad?
Lo mismo ocurre generalmente, en una consideración más amplia, en la Iglesia universal en su conjunto. No hay escasez de obispos heretizantes.
No, en la realidad de las cosas únicamente sufren esta necesidad y por ello la invocan legítimamente los católicos que quieren perseverar en lo que la Iglesia hizo y enseñó siempre.
Para la gloria de Dios y el bien de las almas. Para el fortalecimiento del sacerdocio católico y la predicación íntegra de la fe católica.
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No se sigue. ¿Por qué ordenarían obispos sin mandato si no ven la necesidad? Se trata de lo que en conciencia se ve, no de invocar un estado de necesidad mentiroso e inventado para armar una Iglesia a mi gusto. En todo caso habría que preguntarle a Roma por qué los obispos de China nombrados sin mandato no son sancionados. Qué justifica el accionar de Roma. ¿Quizá apliquen el canon 1323 de CIC? Quién sabe.
Por Dios!! Rezo por sus misiones padre Federico.
No fue en sentido exclusivo en absoluto.
Ahí está el problema, ¿no? Si las palabras significan algo (ya sé que hoy dia no es así) eso quiere decir que en la Iglesia Católica, fuera de lo que es la FSSPX, no se guarda la totalidad del depósito de la fe.
A ver ¿es de extrañar que Roma no pueda aceptar eso? Ante cosas así ¿se trata simplemente de excesiva severidad de parte de Roma? ¿No hay ahí un problema real, que no es, esta vez, de Roma?
Saludos cordiales.
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V.G.: Ya el que dijo eso se disculpó más arriba, diciendo que era un modo (sin duda desafortunado) de expresión, que no debía tomarse literalmente.
¿Porque el Papa no recibe a la Fraternidad y como "buenos cristianos católicos", que dicen ser ambas partes, llegan a un entendimiento mínimo? Faltan sacerdotes y quieren darse el lujo de perder más dividiendo la Iglesia. (ej: tengo que pedir turno para el sacramento del los Confesión, para nuestra basta un botón)
Sobre todo el Papa como autoridad debería recibirlos sin condiciones. Debe seguir el ejemplo de Nuestro Señor. Hacerse pequeño para ser el más grande.
Que recuerde el Santo Padre que los que estamos en el medio de esta disputa, "casi infantil", son los fieles.
Defender la Fe exponiendo razones y no siendo tibios es lo que pide el Señor.
Pero en el caso que nos ocupa, peor aún si aceptasen esa solución. Se demostraría que al Vaticano le doblas la mano si te mantienes firme en tu posición y supondría una merma en la autoridad tremenda. Además, visto su recorrido histórico, no habría garantía alguna de que la FSSPX se aviniese a cualquier orden por parte de los dicasterios vaticanos en materias disciplinares o doctrinales, por ejemplo.
En lo solamente doctrinal, Pagliarani y el resto de la FSSPX rechazaron continuar con el camino de diálogo puramente teológico que el Vaticano les había indicado. Se lo pusieron a huevo al Papa para que hubiesen elaborado los teólogos un documento explicando por qué no tienen razón los lefebvristas en su protesta contra los tres puntos de controversia del CVII que no aceptan.
la invito a leer la opinión de un docto y prudente teólogo dominico, de extensa experiencia en estas cuestiones, para sacarla de sus errores acerca de las expresiones del obispo Schneider.
Las versiones, en italiano y español de los extensos comentarios (al menos en su primera parte -la segunda parte será publicada hoy o mañana seguramente) del padre Giovanni Cavalcoli OP a las declaraciones de Schneider las encuentra en:
https://cuestiones-disputadas.blogspot.com/2026/06/el-padre-morselli-comenta-mons.html#more
y
https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/don-morselli-commenta-mons-schneider-un.html
Espero con esto haber hecho todo lo posible por liberarla de sus errores.
Con mi estima en Cristo Jesús.
Los que están hundiendo la barca de Pedro, están muy ciegos. Zacarías ya profetizó que Dios enviaría un pastor necio. Y este es el momento.
Si bien yo no pertenezco a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, reconozco la diferencia entre ellos y la iglesia sinodal, valorando lo que dicen, porque desde hacía muchísimo tiempo, no oía hablar en católico a ningún sacerdote.
Muchos sacerdotes saben muy bien lo que sucede, y prefieren callar para no romper la comunión con el papa. Pero Con quien no debe romperse la comunión es con Nuestro Señor. Los papas se van, pero la Iglesia queda.
Existen ciertos sacerdotes que no oyen argumentos objetivos cuando se les explica por qué hay estado de necesidad.
Yo no recurriría jamás al no-cardenal García-Cuerva o a Marcelo Colombo, porque no son de Dios.
Si uno se confiesa con ellos, estoy muy seguro que le diría al pecador: "No te preocupés, che, porque Dios te perdona todo. Jamás castiga a nadie, porque te ama con locura".
En cambio, los de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, son verdaderos católicos, que en la confesión van a reprender al pecador si consideran que su pecado es grave.
Y lamentablemente los pocos sacerdotes de sana doctrina, se siguen quedando en esta iglesia sinodal, defendiendo lo indefendible.
Todo comenzó durante el conciliábulo, pero en tiempos de bergoglio se agravó mucho más todo esto.
Y otra cosa que me gustaría expresar, es que estos sacerdotes que defienden lo idefendible, son muchísimo más severos con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, llegando incluso a descalificar a quienes piensan de manera diversa a como piensa él, que con la iglesia sinodal.
Y hay otro que anda dando vueltas por acá, que escribió cosas calumniosas sobre la Fraternidad, pero nunca habla de cómo el pecado nefando entró en la Iglesia, ni sobre la deriva del camino sinodal alemán.
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V.G.: Le agradezco su opinión, y espero que comprenda que no puedo publicar opiniones sobre otros miembros de este portal.
Sigamos rezando unos por otros, por favor.
La Iglesia debe estudiar la cuestión doctrinal antes de preocuparse por el legalismo que solo aplican para quienes piden claridad.
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V.G.: Gracias de corazón, Martín, por su equilibrado comentario.
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Martín, el CVII no fue meramente pastoral.
Ya, sí, sé que han dicho hasta el hartazgo que lo era.
Pero no lo fue.
El CVII fue superdogmático. Por eso se ha convertido en artículo de fe.
Caso contrario, no se lo podría invocar como el "sine que non" de la pertenencia a la Iglesia como repetidamente se lo ha invocado.
¿Qué cuál es el dogma que ha impuesto, defendido y consagrado el CVII?
Un Supergodma: el Relativismo.
Que no obstante Benedicto XVI, hombre del CVII, instó a combatir apenas asumido.
El Superdogma no niega ningún dogma, pero los reformula a todos, al igualar la dignidad del Error y de la Verdad. Entonces aparece el fantasma de la "tolerancia" y en consecuencia los dogmas devienen opiniones, muy "respetables", eso sí, pero no más.
Algunos de allá arriba dicen que quien no acepta el Superdogma no es católico. Yo no lo acepto y sin embargo no veo que haya dejado se ser católico. Al menos y hasta ahora, mi párroco ni siquiera me lo ha insinuado.
Se dice que el problema de la Fraternidad es que no acepta el CVII.
Yo en cambio creo que su grave problema es que han hecho comunidad aparte, separándose del sufriente rebaño católico al crean lazos de obediencia y jurisdicciones autónomas. Los lefebristas que conozco se han evaporado de las parroquias que los formaron y que frecuentaban, y donde colaboraban.
Eso es un cisma de hecho que no se puede defender.
Las ordenaciones ilícitas que se propone hacer la FSSPX sólo brindarán un marco legal a lo que ya se da fácticamente.
En medio de tanta disertación canónica, artículos litúrgicos, exposiciones dogmáticas... Lo que dice tiene mucho sentido.
Una imagen vale más que mil palabras. Aquí tenemos un obispo en Plena Comunión con Roma. No va a recibir ninguna corrección, exhortación, motu propio, excomunión... ni nada de nada:
https://youtube.com/shorts/E4oaBjwmEC0?feature=share
Saludos.
"El primer error consiste en tratar un concilio pastoral —en este caso, el Concilio Vaticano II— como si fuera enteramente dogmático, y presuponer que todas sus declaraciones deben ser consideradas como propuestas de manera definitiva y vinculantes para todos los católicos."
Eso es una distorsión muy gruesa de la posición de la Santa Sede. Lo que esta exige es que se acepte que el Concilio Vaticano II fue un concilio católico, no herético, y que se acepten sus enseñanzas y disposiciones de un modo genérico, según la calificación teológica que le corresponde a cada una. Esto no implica tomar cada enseñanza del CVII como un dogma de fe, ni impide plantear las dudas o críticas que algunas de ellas puedan suscitar o merecer. Se trata de aplicar a los documentos del CVII las reglas normales de la discusión teológica católica, una de las cuales (y no de las menos importantes) es que esas discusiones pueden ser dirimidas por el Magisterio vivo de la Iglesia.
Entre los documentos del Magisterio posconciliar, hay incluso uno muy bueno (creo que es de la CDF y de los años 80) sobre el rol de los teólogos en la Iglesia, que explica también cuál debe ser la actitud de quienes, tras un estudio suficiente, siguen disintiendo en conciencia de la doctrina enseñada por el Magisterio. No se trata de una condena total de toda disidencia, ni de una licencia general para el disenso público ilimitado.
El intento de restarle peso vinculante al Concilio Vaticano II bajo el pretexto de su carácter "pastoral" confunde el "modo" de autoridad de los textos con el "deber de docilidad real" que se le debe al Magisterio auténtico.
La verdad completa de Pablo VI: Monseñor Schneider utiliza de forma selectiva la alocución pontificia del 12 de enero de 1966 para sugerir que la falta de definiciones dogmáticas solemnes exime al Concilio de obediencia. Sin embargo, en ese mismo discurso, Pablo VI aclaró que el Concilio "revistió sus enseñanzas con la autoridad del supremo Magisterio ordinario".
Acogida dócil y sincera: El Papa sentenció de forma inequívoca que este magisterio ordinario "debe ser acogido dócilmente y con sinceridad por todos los fieles" según la naturaleza y los fines de los documentos. No se trata de un menú "opinable" o de libre elección.
El error de "congelar" la fe: Como bien recordó el Papa Benedicto XVI, la autoridad de la enseñanza de la Iglesia no puede quedar congelada en el año 1962. Quien quiera ser obediente a la Tradición debe aceptar la fe profesada a lo largo de los siglos, sin cortar las raíces de las que el árbol eclesial vive.
Atentado contra la Indefectibilidad: Calificar el rito oficial universal ("Novus Ordo") como "intrínsecamente malo", "venenoso" o "una ofensa a Dios" ataca directamente la "indefectibilidad de la Iglesia". El Concilio de Trento sentenció con el anatema a quien afirme que las ceremonias y signos externos de la Iglesia son incentivos a la impiedad en lugar de oficios de piedad.
2. La Falacia de las Rubricas: Por qué el Canon 1387 sí implica Cisma
Schneider argumenta que la consagración de obispos sin autorización papal no es un acto cismático por el hecho de que el canon 1387 (Código de 1983) esté ubicado entre los "Delitos contra los Sacramentos" y no bajo el canon 1364 ("Delitos contra la Unidad de la Iglesia"). Este reduccionismo canónico confunde la "rúbrica externa" del acto con su "sustancia eclesial":
Tipificación vs. Contenido: La Iglesia puede sancionar externamente un acto bajo la rúbrica sacramental por la naturaleza de la acción litúrgica ejecutada , sin que por ello se niegue que, en su contenido eclesial profundo, el acto implica un "rechazo práctico del primado romano y una quiebra de la unidad visible".
El juicio expreso del Magisterio: La calificación de "acto cismático" no depende de la ubicación del canon, sino del juicio definitivo dado por la Suprema Autoridad de la Iglesia. El Papa San Juan Pablo II determinó de manera absoluta en el Motu Proprio "Ecclesia Dei" que la ordenación episcopal sin mandato "constituye en sí misma un acto cismático", ya que conlleva una desobediencia en materia de suprema importancia para la unidad.
La vigencia del Derecho Divino: El derecho de seleccionar, consagrar y enviar obispos pertenece exclusivamente a la Sede Apostólica por "derecho divino" conferido directamente por Cristo a San Pedro. Ninguna crisis faculta a un obispo particular para usurpar esta prerrogativa. El Papa Pío XII ("Ad Apostolorum Principis") reafirmó que las ordenaciones episcopales que desafían las órdenes expresas del Romano Pontífice son "criminales y sacrílegas", privando a los consagrados de todo poder de enseñanza o jurisdicción.
Advertencia definitiva para 2026: El Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe reiteró formalmente ante los anuncios de la FSSPX que realizar estas ordenaciones "constituirá una ruptura decisiva de la comunión eclesial (cisma)", acarreando la pena de excomunión establecida por el derecho.
3. Desmontando los "Dilemas de Conciencia": "Amoris Laetitia" y "Fiducia Supplicans"
Monseñor Schneider alega que la FSSPX vive un dilema de conciencia legítimo debido a que la Santa Sede exige la aceptación de documentos modernos que, según su postura, "contradiccen la Revelación Divina" o promueven un "relativismo mundano". Al examinar los textos y contextos con honestidad intelectual, la acusación de heterodoxia se desmorona por completo:
A. Amoris Laetitia: Discernimiento Pastoral con Límites Claros
La exhortación apostólica no cambia la doctrina ni establece excepciones generales en el orden de la ley canónica:
El documento afirma explícitamente que no se debe esperar del Sínodo ni de la exhortación una nueva regla general de naturaleza canónica aplicable a todos los casos.
Lo que propone es un discernimiento personal y pastoral responsable para situaciones particulares, señalando explícitamente que este proceso "jamás puede prescindir de las exigencias de verdad y caridad del Evangelio propuestas por la Iglesia".
El texto exige de manera formal "humildad, discreción y amor a la Iglesia y a su enseñanza", advirtiendo contra el grave peligro de malentender el proceso pensando que cualquier sacerdote puede conceder "excepciones rápidas" o privilegios sacramentales.
B. Fiducia Supplicans: Firmeza Doctrinal e Inmunidad al Error
La declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe cierra explícitamente cualquier espacio a la ambigüedad moral o herética:
El texto establece desde su presentación que "permanece firme en la doctrina tradicional de la Iglesia sobre el matrimonio", aclarando explícitamente que las bendiciones pastorales no validan oficialmente ninguna situación irregular ni cambian en lo más mínimo la enseñanza perenne.
Prohibición de confusión: El documento prohíbe de manera tajante cualquier tipo de rito litúrgico o bendición similar a un rito que pueda prestarse a equívocos, declarando inadmisibles los rezos que confundan el matrimonio con lo que lo contradice.
Nota del Dicasterio: La propia aclaración oficial de la Santa Sede determinó de forma categórica que en la declaración "no hay espacio para distanciarse doctrinalmente ni para considerarla herética o blasfema", definiendo el gesto como una bendición pastoral, breve y simple, que no se encuentra ritualizada ni justifica la situación de pecado.
Por tanto, calificar estos documentos de "herejías" o "apostasías" es un juicio privado, temerario y falto de formación eclesial que la FSSPX utiliza como escudo para justificar su insubordinación.
4. El pretexto del "Estado de Necesidad" y la "Iglesia Paralela"
Frente a la afirmación de que la FSSPX actúa movida por la Providencia divina como un "auxilio necesario" en tiempos de emergencia, la eclesiología y la historia demuestran la edificación objetiva de una estructura autónoma y sectaria:
Leyes y tribunales propios: Mediante sus ordenanzas ("Ordonnances"), la FSSPX ha construido un código legislativo propio. Han constituido tribunales canónicos falsos que usurpan la potestad judicial eclesiástica, arrogándose el derecho de declarar nulidades matrimoniales en tercera instancia y afirmando que sus veredictos "sustituyen las sentencias de la Rota Romana".
Juramentos e imposiciones: Obligan a los laicos, bajo juramento sobre los Santos Evangelios, a acatar las decisiones de su Comisión interna y "les prohíben taxativamente acudir a los legítimos tribunales de la Iglesia Católica".
Inexistencia de suplencia habitual: El derecho canónico tradicional jamás ha contemplado que una crisis confiera una potestad de régimen o una "misión" de forma universal e indeterminada. Sin envío canónico regular (missio), otorgado únicamente por el Papa y los obispos en comunión con él, cualquier clérigo que ejerza funciones por su propia voluntad actúa como un intruso acéfalo. El propio Benedicto XVI sentenció que, al carecer de estatus canónico, "sus ministros no ejercen legítimamente ningún ministerio en la Iglesia".
5. El Diálogo Pastoral y las Condiciones Objetivas de Comunión
Monseñor Schneider apela a la magnanimidad de la Santa Sede y a la flexibilidad mostrada hacia los obispos del Camino Sinodal alemán para exigir que el Papa "tienda un puente" y autorice de forma excepcional las consagraciones del 1 de julio de 2026. Sin embargo, la paciencia y el diálogo eclesial no anulan las condiciones objetivas de la comunión:
Misericordia, no validación: El Papa Francisco ha demostrado una enorme generosidad pastoral al otorgar (y extender de forma indefinida en Misericordia et Misera) la facultad para que los sacerdotes de la FSSPX confiesen de forma lícita y válida, buscando el beneficio espiritual de los laicos. No obstante, este auxilio sacramental de la Santa Sede se dirige a los fieles, pero de ninguna manera convalida la rebelión institucional de la Fraternidad.
Los mínimos doctrinales no se negocian: La Iglesia Católica es una sociedad divinamente constituida que exige, por derecho divino, la unidad de fe, culto y gobierno. No se puede negociar una comunión "a la carta" donde se reconoce al Romano Pontífice en teoría pero se rechaza de manera pertinaz su sumisión práctica, legislativa y disciplinar.
La respuesta definitiva al planteamiento de Monseñor Schneider es que la unidad visible y el asentimiento al Magisterio auténtico de la Iglesia no pueden subordinarse al juicio privado de una institución particular. Si la FSSPX efectúa nuevas consagraciones episcopales desafiando el veto explícito de Roma , no estará protegiendo la Tradición, sino consumando un nuevo acto de desobediencia cismática que la aparta de la comunión eclesial y pone en grave riesgo la salvación de las almas encomendadas a su cuidado.
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