InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Iglesia en España

7.08.26

Una tormenta en un vaso de agua mal gestionada

El sacramento del orden no convierte al que lo recibe en un ser de perfección inmaculada ni en una especie de robot inhumano y sin sentimientos u opiniones propias. Los sacerdotes se equivocan, exageran, bromean, fanfarronean e incluso disparatan como los demás, como resulta evidente ya en las páginas del mismo Nuevo Testamento.

Los enemigos de la Iglesia, sin embargo, gustan de usar esos rasgos simplemente humanos de los sacerdotes para atacar a la Iglesia. Así sucedió cuando D. Javier Aizpún, párroco de Huarte (Navarra), escribió unos mensajes algo exaltados en la red social X, en un momento de gran tensión: la invasión de Ceuta por una tromba de decenas de miles de marroquíes.

El sacerdote escribió cosas como “Nuestra Señora de África, patrona de Ceuta, impulse la reconquista de Marruecos y su conversión al cristianismo. Lo que la reina Isabel la Católica dejó sin hacer, lo sepamos terminar". Es decir, un deseo llamativo, pero no desprovisto de razón. A fin de cuentas, todo el norte de Marruecos era parte de la Hispania romana cristiana que fue invadida y conquistada a sangre y fuego por el islam. De hecho, estaba previsto que la reconquista continuase al sur del estrecho, pero los ataques de los Turcos al este y la evangelización americana al oeste lo impidieron.

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25.05.26

Oh feliz culpa

Cuando era niño, me fascinaba escuchar a mis abuelos hablar de mártires que ellos habían conocido.  No en el tiempo de los romanos ni en tierras exóticas de misión, sino ¡en tiempos de mis abuelos y en España! Incluso tenemos en la familia una reliquia de uno de aquellos mártires: un trocito de hueso de un sacerdote ejemplar, que fue a la muerte mansamente, como cordero llevado al matadero.

Eran historias de combate abierto entre la luz y las tinieblas, entre la fe y el mundo, entre la esperanza y la desesperación. Casi como un apocalipsis antes de tiempo. Tiempos de horror y muerte, pero también de fidelidad, heroísmo y gloria.

No me entiendan mal. Soy muy consciente de que el campo de la luz y el de las tinieblas no pueden identificarse por completo con ningún bando en guerra en ningún conflicto humano. Uno de los bandos puede ser muy preferible a otro, como en este caso, pero, aun así, las trincheras de la lucha espiritual recorren el corazón de cada ser humano, sea cual sea su bandera. Hasta el último aliento, la salvación (o la condenación) no están aseguradas para nadie.

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21.05.26

Si el viaje del Papa fuera esto, sería mejor que no viniera

Acabo de ver un vídeo hecho por la Conferencia Episcopal para promover la visita de León XIV a España que me ha enviado un lector. A pesar de haber visto de todo ya en mi vida, me ha invadido una abrumadora vergüenza ajena. Qué bajo hemos caído. Qué bajísimo.

Francamente, si el viaje del Papa tuviera algo que ver con este penoso vídeo, sería mejor que no viniera a España. Para traernos la misma banalidad sentimentaloide que encontramos por doquier en la sociedad poscristiana y apóstata, no merecería la pena. Estaría dedicando su tiempo y sus esfuerzos a llevar nieve al polo norte. Por fortuna, si Dios quiere, el viaje del Papa será mucho más que lo que refleja esa publicidad tontorrona, acomplejada y completamente desprovista de fe.

¿Creen que exagero? Véanlo ustedes mismos:

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11.05.26

¿Quién puede querer esa clase de religión?

Veo en Alfa y Omega un artículo titulado “Los obispos dan razones a los padres para que apunten a sus hijos a Religión”. Estupendo —pienso—, me encantan las razones. Todo queda mucho más claro con ellas.

Empiezo a leer y se me cae el alma a los pies al leer esas razones que se dan en favor de la clase de religión. A veces, la claridad tiene ese efecto.

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6.03.26

Un libro providencial

Hay libros buenos y libros providenciales. Estos últimos son los que no solo son buenos, provechosos y agradables de leer, sino que además tratan un tema crucial para un determinado momento histórico. El libro que acaba de publicar D. Jorge González Guadalix es de estos últimos.

No pretende ofrecer un refinado estilo literario, sino que está escrito con el tono afable y campechano típico de D. Jorge, que mágicamente consigue que uno tenga la impresión de estar charlando con él en su casa parroquial de La Serna. Tampoco ofrece erudición y citas a porrillo, aunque sí abundantes vivencias reales y concretas de su experiencia sacerdotal. Es, ante todo, un libro providencial.

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