(155) Defensa del pudor y pedagogía del corazón (Antonio Caponnetto)
Gracias a la generosa disponibilidad de algunos colaboradores del C.F. San Bernardo de Claraval -en este caso, de mi querida ahijada Manuela Pinzón-, estamos tratando de digitalizar algunas de las muchas conferencias que integran los ya 19 Encuentros de Formación Católica de Bs.As., y que hasta ahora sólo disponíamos en archivos de audio (* al pie el temario completo).
Dado que en Buenos Aires estamos en pleno verano, en que campea la impudicia en modas y costumbres, parece oportuno que sea ésta la primera que publiquemos, correspondiente al Encuentro de diciembre 2016.
De paso, a quienes conociéndolo poco, creen que Antonio Caponnetto sólo se ocupa de temas históricos y polémicos, valga esta muestra de una temática moral y espiritual para profunda edificación y regocijo de nuestros lectores.

Recientemente hemos reeditado -Ediciones del Alcázar- “El Calvario y la Misa", una obrita de Mons. Fulton Sheen que viene muy bien en esta época para meditar sobre el misterio de la Santa Misa, centro, fuente y culmen de nuestra vida cristiana.
En el segundo post sobre este tema presentamos algunos testimonios más -que revelan su pensamiento y actitudes- de este personaje, al que hoy se pretende reconocer como “testigo del Evangelio”, acoplándose así a la pérdida de sentido común del mundo, que hoy impone el absurdo como norma de pensamiento universal. En defensa no sólo de la fe, pues, sino del principio lógico de no contradicción (algo no puede ser blanco y negro al mismo tiempo, y por tanto, no se puede odiar lo católico siendo a su vez “modelo” para los católicos), esperamos contribuir sencillamente a la Verdad, que es Una.
Entre los “Materiales para la SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS y para el resto del año 2017″ que la Santa Sede
El Nuevo Año viene siempre preñado de expectativas, pero sobre todo cumpliéndose en unos meses el Centenario de las apariciones de Ntra. Sra. de Fátima, y precipitándose una serie de acontecimientos eclesiales más que significativos.
Parecería que en medio de la tormenta, como no se ve el sol, no hay manera de detenerse a dar gracias por él, ni por la luz, porque sólo se siente el salpicar del agua sobre el rostro, la barca que amenaza naufragar, y a lo único que se atina en estos momentos es a asirse de los mástiles que aún no se han quebrado, o de cualquier viga que parezca firme para soportar el embate de las olas… Por eso tal vez, leíamos hoy en un medio pretendidamente católico: “Me considero un pesimista. Quizás la razón sea que estoy informado de lo que está ocurriendo en el mundo. Si es cierto lo que dicen, que el ignorante es feliz, su corolario también debe de serlo: el que sabe mucho es infeliz…” Y me he indignado.





