(202) Meses de batalla encarnizada...que no es política, sino ante todo sobrenatural.
Mayo es, en parte del mundo, el Mes de María. En Argentina es el mes de la Patrona de nuestra nación, la Santísima Virgen de Luján, cuya fiesta celebramos el 8 de mayo. Hoy, 13, resuenan nuevamente las profecías de Fátima, cada vez más claras en su cumplimiento, y el 24 exclamamos con toda el alma, “¡Auxilium Christianorum, ora pro nobis!”, escuchando a San Juan Bosco, que nos instaba a invocarla confiadamente, si queríamos saber qué son los milagros…
Las huestes infernales están encarnizadas como nunca en nuestro suelo americano, tratando de imponer como ley uno de los crímenes más abominables que conoció la historia, que ni ellos mismos se atreven a llamar por su nombre, aludiéndolo hipócritamente como “interrupción del embarazo”.


Entre las obras de misericordia espirituales, hay una que se refiere al consuelo. “Consolar al triste” es algo de lo cual ningún cristiano puede creerse eximido, sobre todo teniendo en cuenta que transitamos por un valle de lágrimas, y que por exitosa que parezca una vida, siempre se alza en algún tramo del camino una gloriosa Cruz, que deja huella indeleble, y que requiere asimismo de Cirineos. Ahora bien, resulta que cuando uno sufre algún quebranto, es bastante previsible –y sano- que éste se traduzca en lágrimas, lamentos y por qué no, quejas. El justo y el pecador pueden legítimamente lamentarse…
“…nada puede ser más útil y glorioso a los príncipes y reyes del mundo, que el dejar a la Iglesia católica regirse por sus leyes, y no permitir a nadie que se oponga a su libertad...»(Pío VII, Epístola Encíclica Diu satis)
Llama la atención que muchos que se dicen hijos de la Iglesia, estén prontos para ofrecer incienso a los dictados del mundo, pero sean tan reacios a prestar sus oídos a la Madre de Dios, figura y modelo de la Iglesia.





