4.07.22

28.06.22

¿Dónde estaba Dios?

Una buena pregunta es como el empujón que te obliga a dejarte de poquitoapocos y a zambullirte en el océano inmenso, inacabable y liberador de la verdad. Veamos la interesantísima pregunta que hizo una lectora, Ada (anteriormente Sonia S), en el artículo anterior, en relación con la noticia del golpe sufrido por el aborto en Estados Unidos el día de la solemnidad del Sagrado Corazón:

“todos los que amamos la vida tenemos que alegrarnos de una noticia así […] pero yo pienso que esta victoria tiene que ver más, mucho más, con las convicciones de los jueces que de Dios. Para mí Dios ha estado totalmente ausente de esta decisión.

Si no, cómo se explica que por las mismas fechas se cometa una aberración tal como lo recoge esta misma noticia de IC [sobre una niña maltratada y asesinada]. Incluso el comentarista final de esta entrada dice que el aborto es similar a esa atrocidad. Acaso si el horripilante asesinato se hubiera caído en una fecha señalada no se hubiera cometido?

No me satisface nada ser “abogada del diablo". Nada”.

Estupendo. Una pregunta sustanciosa, con su parte de terreno común que permite una discusión fructífera, su paradoja e intriga que exigen un desenlace satisfactorio y su pizca de explicación personal que explica de dónde parte subjetivamente quien hace la pregunta y permite empezar allí el camino. Es decir, una pregunta que ofrece material de sobra para una buena conversación, tanto que merecería que escribiera un libro sobre ella, más que un artículo (y pido disculpas de antemano, porque inevitablemente me voy a alargar). Ojalá todas las preguntas fueran así.

Empecemos por el final. No hay nada de malo en ser “abogado del diablo” en este sentido. Au contraire, es muy bueno serlo, siempre que haya buena intención, porque se trata de una expresión del deseo de conocer auténticamente la verdad y no conformarse con imitaciones o medias verdades. Conviene tener en cuenta que los abogados del diablo no fueron un invento del diablo, sino una creación de la propia Iglesia para los procesos de canonización. Se trataba de una persona, generalmente un sacerdote, elegida para presentar objeciones a la canonización de un posible candidato a ser declarado santo, de manera que se examinara la cuestión de sus virtudes bajo todos los ángulos posibles y no se cayera en la tentación de pasar por alto nada que fuera importante, especialmente las cuestiones que podrían resultar inconvenientes para el defensor de la causa de canonización. De ese modo, si finalmente se llegaba a canonizar a ese santo, todo el mundo podía estar seguro de que la decisión tomada se basaba en la verdad de su vida y no en el mero deseo de algunas personas.

Algo similar se puede decir de nuestra pregunta. Es una cuestión seria, que afecta a otra más seria todavía, que es la existencia de Dios y cómo es Dios. Por lo tanto, resulta muy importante considerarla con seriedad, bajo todos los ángulos posibles y sin pasar nada por alto. Dicho de otra forma, es conveniente que el diablo sea derrotado con todas las de la ley, para que no haya duda de su derrota, y eso se consigue tomando en serio las objeciones y respondiéndolas. Como ya hemos dicho alguna vez, incluso las objeciones contra la existencia de Dios, una vez que se entienden bien, llevan inevitablemente a mostrar esa existencia. Más aún, en las cuestiones referidas a Dios, aunque sea indirectamente, siempre descubrimos, al reflexionar sobre ellas, que no las entendíamos bien del todo y que, una vez que avanzamos en esa comprensión, resultan ser mucho más maravillosas de lo que pensábamos.

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24.06.22

Cor Iesu vicit et vincet

En honor del Sagrado Corazón y de esta gran victoria de consecuencias mundiales contra el aborto que nos ha regalado en su fiesta, traigo al blog un sonetillo que escribí hace años. A veces, viendo nuestra debilidad y las derrotas que sufrimos una y otra vez, tenemos la tentación de desesperar. Y humanamente, esa desesperanza es lo más lógico que hay. Con la gracia, sin embargo, lo podemos todo, porque el Corazón traspasado de Cristo lo puede todo.

Lo que nos falta no es poder político, sino fe. Lo que cambia el mundo no son nuestras fuerzas, sino la caridad sobrenatural que brota del corazón divino. Lo propio del cristiano no son el pesimismo ni el optimismo, sino la esperanza que no defrauda. Cor Iesu vicit et vincet. El Corazón de Jesús ha vencido y vencerá.

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15.06.22

Poner nombres de santos a los niños

“Demos a nuestros hijos, desde el primer momento, un incentivo para el bien, por medio del nombre que les ponemos. Ninguno de nosotros se apresure a poner a sus hijos el nombre de sus antepasados, su padre, su madre, su abuelo o bisabuelo, sino el nombre de los justos, los mártires, los obispos y los apóstoles. Que esto sea un incentivo para los niños. Que uno se llame Pedro, otro Juan y un tercero lleve el nombre de algún otro santo. […] Que los nombres de los santos entren en nuestros hogares al poner nombre a los niños y así no solo aprenderá el niño, sino también el padre cada vez que piense que es el padre de un Juan, de un Elías o de un Santiago. Porque, si el nombre se da a sabiendas para honrar a los que ya murieron y nos acordamos de nuestro parentesco con los justos más que del parentesco con nuestros ancestros, esto será una gran ayuda para nosotros y para nuestros hijos. Aunque sea algo pequeño, no lo consideréis una nimiedad, porque su fin es ayudarnos”.

San Juan Crisóstomo (siglo IV), Tratado sobre la vanagloria o cómo deben educar los padres.

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La costumbre de poner nombres de santos a los niños, como se puede ver por el texto de San Juan Crisóstomo, proviene de los orígenes del cristianismo. Una época, además, en la que la Iglesia tuvo que crear esta costumbre de la nada, luchando contra la natural tendencia de los conversos del paganismo a poner a sus hijos los nombres de sus abuelos o familiares paganos. Es decir, una tendencia pagana que sufrimos también ahora, pero a la inversa, con la creciente predilección por nombres inventados, sobre todo en Hispanoamérica.

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9.06.22

¿Dónde va el Sínodo sobre la Sinodalidad? (2)

En el anterior artículo de esta serie, hablamos acerca de un rasgo específico del Sínodo, que era, paradójicamente, la falta de especificidad. En un Sínodo sobre la Sinodalidad cabe todo, porque, pese a los esfuerzos de la propaganda piadosilla, nadie ignora que la sinodalidad es poco más que reuniones, más reuniones, confusión y lío. Todo ello, como ya dijimos, dando por supuesta la buena fe de tanta gente que pueda participar en las reuniones sinodales.

Hoy, en cambio, vamos a hablar de una característica de este Sínodo que, desgraciadamente, es común a los sínodos anteriores celebrados durante este pontificado (aunque desconocida anteriormente). Me refiero al hecho de que, en el Sínodo, se aceptan todas las “aportaciones”, incluidas las abiertamente heterodoxas.

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