InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Desde los bancos

19.09.25

¿En un futuro próximo?

Si algo nos enseñó el pontificado anterior es que lo que es verdad sigue siéndolo, lo niegue quien lo niegue, y lo que es falso sigue siendo falso, lo defienda quien lo defienda. Aunque sea un sacerdote. Aunque sea un obispo. Aunque sea un papa. No podemos dejarnos arrastrar de nuevo al error de pensar que, si un papa dice algo contra la doctrina de la Iglesia, de algún modo lo que dice está bien porque es el papa. Ese tipo de razonamiento sectario no tiene nada de católico. De hecho, lo católico es lo contrario: el papa tiene el deber de preservar y defender la fe que ha recibido y que proviene de Cristo a través de los apóstoles y no tiene ningún poder para cambiarla.

El presente pontificado ha despertado grandes esperanzas en muchos católicos que habían observado con creciente preocupación las innovaciones ajenas a la fe de la Iglesia del pontificado del Papa Francisco. No cabe duda de que el Papa León XIV tiene un estilo diferente, menos polémico y más conciliador, que, por contraste, ha sido como un bálsamo para los que estábamos cansados de los continuos sobresaltos de la etapa precedente.

El estilo, sin embargo, es lo de menos. Lo que importa es la sustancia y, poco a poco, el Papa León XIV parece estar mostrando que, en cuanto a la sustancia, coincide en buena parte con su predecesor (dentro de la dificultad de coincidir con alguien que era capaz de afirmar una cosa y al día siguiente la contraria sin ningún problema).

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9.09.25

¿Y si volviéramos a las primeras comuniones individuales?

Nuestra época está obsesionada con el absurdo dogma de que lo nuevo siempre es mejor y eso dificulta mucho que se corrijan sus errores, tanto los más graves como los más pequeños. Muchas de las cosas que hoy nos destruyen o simplemente nos irritan, desde el “matrimonio” del mismo sexo hasta los taponcitos atados a las botellas de plástico, se originaron como la “brillante” idea que tuvo alguien de cambiar alguna cosa u otra porque sí, porque tocaba hacer algo nuevo.

Aunque en muchos casos pronto se hizo evidente que las supuestas ideas brillantes eran despropósitos absolutos con consecuencias nefastas, nadie se atrevió a volver a la situación anterior, porque, si lo nuevo es siempre mejor que lo antiguo, volver atrás resulta inconcebible por mucho que la realidad lo pida a gritos.

Veamos un ejemplo sencillo y sin grandes complejidades: la primera comunión de los niños. Antiguamente, era frecuente que la primera comunión se realizara de forma individual. Cada niño se preparaba para recibir su primera comunión siendo instruido en el Catecismo, instrucción que era más bien corta, porque se entendía que el niño ya había sido educado como cristiano en su familia y lo seguiría siendo después.

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5.09.25

Aprendamos del cardenal Cupich

A los católicos, a menudo la fe católica nos salva de decir tonterías. Cuando no es así, porque no se trata de temas de fe, la prudencia es una virtud muy útil en el mismo sentido. Si somos poco virtuosos, aún podemos acudir al sentido común para no decir muchas tonterías. En última instancia, si nuestra fe está en horas bajas, nuestra virtud es más bien tibia y nuestro sentido común no aventaja al de un pepino de mar poco brillante, el deseo instintivo de no ser el hazmerreír de los hombres y los coros angélicos también puede ayudarnos a no meter innecesariamente la pata.

Veamos un ejemplo. El cardenal Cupich, arzobispo de Chicago es, indiscutiblemente, uno de los peores obispos de los Estados Unidos. A fin de cuentas, es pupilo del tristemente famoso cardenal McCarrick y ha destacado por ser el mayor opositor de la excomunión de los políticos “católicos” abortistas, prohibir a sus sacerdotes rezar ante las clínicas abortistas, promover la adopción por las parejas del mismo sexo y la aprobación de estas por la Iglesia, defender la ordenación de mujeres, destruir su propio seminario, desear el cambio “radical de la enseñanza de la Iglesia” y el “abandono de las creencias más preciadas”, apoyar al gran partido abortista estadounidense y tener la dudosa distinción de ser el único obispo que ha sido abucheado en una marcha por la vida, entre otras cosas. A pesar de todo esto, o quizá por ello, el Papa Francisco le nombró primero arzobispo y después cardenal.

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29.08.25

Sencilla propuesta para celebrar Nicea en las parroquias

Este año celebramos el milésimo septingentésimo aniversario (¡ahí es nada!) del Concilio de Nicea. En estos tiempos de fe más bien floja, apostasía creciente y confusión rampante, convendría remachar y aprovechar todo lo posible el aniversario de este concilio fundamental.

Aunque habrá actos protocolarios y congresos varios en la Iglesia, quizá convendría que las parroquias lo celebraran concretamente, para que no se quede en actos de prelados y discusiones de teólogos, sino que los beneficios lleguen a los fieles, que, por su bautismo, han recibido la misión de conservar y practicar la fe católica que defendió Nicea.

Esa celebración parroquial se puede hacer de muchas formas, pero quizá la más sencilla sea utilizar durante todo lo que queda de este año el credo Niceno-constantinopolitano en la liturgia, es decir, el llamado “credo largo”. Así los fieles se lo aprenderán de memoria, porque en algunas parroquias se usa con mucha frecuencia, pero en otras no se recita apenas o incluso nunca. Varios lectores se han quejado de ello en este mismo blog.

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25.08.25

¿Me estás timando?

“La irreligión que prevalece en nuestra época ejerce una presión inconsciente y continua sobre el púlpito, induciendo a los predicadores a retraerse, en puntos doctrinales, de hacer afirmaciones que serían impopulares. El problema es que una doctrina que deja de afirmarse está condenada, como un órgano que no se usa, a la atrofia.

[…] Así, se ha tirado por la borda cada punto doctrinal que parecía cuestionable y, por lo tanto, no esencial; el infierno se ha abolido y el pecado prácticamente también; solo se menciona el Antiguo Testamento con un alud de matizaciones y los milagros con una mueca vergonzante […].

Sin embargo, al hombre común, que no va a la Iglesia, no le impresiona esta forma de actuar. A sus ojos, el cristianismo no gana nada cuando se esfuerza por no ser dogmático. No es que ese hombre común critique de forma expresa estas tentativas de acercamiento: simplemente las ignora […] Los dogmas salen por la ventana, pero los fieles no entran por la puerta. […] ¿De verdad se trata de una buena inversión (se pregunta el hombre común, con su estilo comercial), si los que la ofrecen están tan deseosos de colocar el producto a cualquier precio?”.

Ronald A. Knox, La fe de los católicos, 1927

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