Que no se nos olvide

Uno de los títulos más hermosos de San José es el de patrono de la buena muerte. En efecto, es difícil imaginar una muerte mejor que la suya: acompañado por el cariño y la intercesión de nuestra Señora y de Cristo, después de toda una vida al servicio de los designios de Dios para la salvación del mundo. No hay mejor imagen del cumplimiento de esa oración que rezamos todos los días a la Virgen: ruega por nosotros en la hora de nuestra muerte.
Qué cosa tan bella es una buena muerte, una muerte santa y en el Señor. Morir así no solo abre las puertas del cielo y es la coronación de las fatigas de toda una vida, sino que además edifica y evangeliza a cuantos son testigos de ella. Quien muere bien, escuchará sin duda las palabras de su amo: siervo bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor.
No se nos olvide. Hoy, día de San José (y todos los días), pidamos la intercesión de “nuestro glorioso padre y señor San Joseph”, como le gustaba llamarle a Santa Teresa. Que él nos alcance una muerte como la suya, de la mano de María y con los ojos puestos en Jesús. Pidamos esa buena muerte para nuestros familiares y seres queridos y, sobre todo, para nosotros.

28 comentarios
Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Cuando estaba muriéndose y no tenía fuerzas para rezar más, repetía esas jaculatorias.
Pienso muchas veces en la antigua invocación que decía «De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor». Hoy en día suena a disparate para muchos que, en el fondo, piensan como Epicuro: no hay que temer la muerte porque cuando nos morimos, desaparecemos. Sin embargo, que mejor forma de morir que sabiendo que uno se muere, confortado con los Santos Sacramentos, acompañado de los nuestros y encomendado a la misericordia divina, con la esperanza de saciarnos del rostro de Dios al despertar.
Pienso también en mi abuela que, en sus últimos tiempos insistía en que le gustaría morir acompañada de una sacerdote. El Señor le concedió esta gracia: morir confortada con los Santos Sacramentos, la compañía de todos sus hijos, yernos y casi todos sus nietos, incluido uno sacerdote.
Y, mientras la acompañábamos en el hospital en sus últimas horas, cuando sus momentos de lucidez eran muy breves, mientras rezábamos el oficio divino, la Iglesia que es madre nos tenía preparado esta lectura de S. Cipriano:
Deseemos con ardor aquel día en que se nos asignará nuestro propio domicilio, en que se nos restituirá al paraíso y al reino [...]. Para nosotros, nuestra patria es el paraíso; allí nos espera un gran número de seres queridos, allí nos aguarda el numeroso grupo de nuestros padres, hermanos e hijos [...]; la felicidad plena y sin término la hallaremos en el reino celestial, donde no existirá ya el temor a la muerte, sino la vida sin fin.
Escribí sobre ese tema en el blog un artículo titulado "La muerte súbita" y otro titulado "¿Cómo quieres morirte?".
"El Señor le concedió esta gracia: morir confortada con los Santos Sacramentos, la compañía de todos sus hijos, yernos y casi todos sus nietos, incluido uno sacerdote"
Laus Deo.
_____________
No exactamente. En el Cielo ya no hay padres, hijos, ... En el Cielo todos somos hermanos. Sólo Dios es nuestro Padre y sólo María Santísima es nuestra Madre.
Saludos, Bruno, y felicidades por padre.
San José no es solo patrono de la buena muerte. También es "terror de demonios". Aún con eso, no entiendo por qué se le suele representar como un hombre mayor.
Sta. Teresa de Jesús tenía gran devoción por el Santo. Decía que por intercesión del santo había recibido tantas gracias como le había pedido.
El primer convento que fundó la Sta. fue el de S. José en Ávila.
AJ. comenta sobre el porqué de que la iconografía clásica católica representa al Santo como un hombre mayor.
Basándonos en El Evangelio no podemos afirmar ni negar nada sobre la edad del Santo durante su tiempo en esta vida. Todo son suposiciones.
Se estima que Ntra. Sra. era una joven sobre los 16 años (También es hipótesis con base en El Evangelio) cuando se desposó con S. José. Hombre hecho y derecho. Justo entre los justos y mayor que ella.
Existe un motivo práctico por el que la Iglesia permitió la representación de S. José como hombre ya muy mayor respecto de la Virgen María: Reforzar la idea entre los fieles sencillos de que Ambos no tuvieron relaciones íntimas.
También la desaparición temprana de cualquier cita sobre S. José en los Evangelios canónicos parece apoyar la teoría de que S. José ya fuera hombre mayor en sus desposorios con La Siempre Virgen.
A mí el sentido común me dice que efectivamente S. José era hombre hecho y derecho, aunque no anciano, ni mucho menos; cuando se produjo la Natividad de Ntro. Señor. Porque:
1) Dios preferiría como Custodio del Niño Jesús y de la Sta. Virgen María un hombre Justo, pero ni joven (inexperto sobre las cuestiones del día a día).
Ni rozando la vejez. (Porque S. José era carpintero en activo.Así lo indica el Evangelio).
2) Todos los viajes y exilios que hubo de hacer por ritual, mandatos romanos, etc. Hubieran supuesto una dificultad muy grande para un hombre ya muy mayor.
3) Ntro. Señor (en su naruraleza humana) necesitaba como referente la figura de un padre y no la de un abuelo.
En mi opinión S. José tendría entre 30 y 40 años en la Natividad del Señor. Siendo hombre Justo, Casto y Recio durante toda su vida.
Por último: Recuerdo que en la Palestina de la época de Ntro. Señor la esperanza de vida era muy baja. Las personas morían con.50 años, ahora la mayoría vivimos hasta los 80. Así que un hombre con 40 años en el siglo I ya era un hombre mayor.
Muchas gracias por este post, Bruno.
Difícilmente llegaremos a una buena muerte si queremos hacer la gran Dimas, de salvarnos en el último instante, no hay que tentar al Señor. Si damos nuestro corazon a las cosas de este mundo, cada vez apreciarmos menos la gracia de Dios, y entonces pasa lo que pasa. Por eso San Pablo nos exhorta: "aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios." "Porque muchos viven, según os dije tantas veces –y ahora os lo repito con lágrimas–, como enemigos de la cruz de Cristo, cuyo final es la perdición. Para éstos, su dios es el vientre; su gloria, lo vergonzoso; y su apetecía, lo terreno."
Que Dios nos conserve en gracia a la hora de nuestra muerte, sea repentina o sea preparada. Al final es Dios el que realiza la obra de la salvación, la verdad que, por muy tradicional que sea, lo de líbranos de la muerte súbita, induce a pensar que morir en gracia depende de que uno tenga la preparación para hacerlo, y no, por mucha preparación que se haga, si Dios retira su gracia, en un instante cometemos le peor de los pecados mortales y vienen los demonios a recoger nuestra alma. Lo importante, me parece, es amar cada vez más la vida de gracia y pedir a Dios que nos conserve en ella, especialisimamente en la hora de nuestra muerte.
«No exactamente. En el Cielo ya no hay padres, hijos, ... En el Cielo todos somos hermanos. Sólo Dios es nuestro Padre y sólo María Santísima es nuestra Madre.»
___
Yo estaba citando textualmente a S. Cipriano de Cartago. Puedes buscar este texto en la liturgia de las horas: Oficio de Lectura, Lectura patrística del Viernes XXXIV del Tiempo Ordinario.
Creo que no hay que ser excesivamente puntilloso, cuando se entiende perfectamente lo que se quiere decir.
Al desposarse, María no tendría menos de 20 y San José no más de 25 años de edad. Dios todo lo hace bello y eso supone armonía y proporcionalidad, dentro de lo ordinario.
Una suposición perfectamente aceptable como todas las hipótesis que se han formulado a lo largo de los siglos.
Sólo que no imagino los desposorios de Ntra. Sra. con 20 años o más. Creo, sin base histórica contrastable, que rondaba los 16 años. Sabemos que estando embarazada de seis meses visitó a su prima Isabel; madre de S. Juan Bautista. Un viaje que requería un esfuerzo importante y más en su estado.
En cuanto a la posibilidad de que S.José tuviera 25 años como máximo, no puedo oponer nada.
En el siglo I la armonía en la edad,desde nuestra perspectiva, no era la tónica habitual. Los hombres mayores se casaban con mujeres muy jóvenes. Y los matrimonios resultaban armoniosos cara a los demás.
Pero ocurre que en Este Santo Matrimonio la armonía ya les había sido dada por Dios. Esto es sobrenatural, evidentemente, pero es que lo sobrenatural influye en lo natural u ordinario. Así que el Matrimonio debía ser armonioso y no sólo por santidad, también por edad ante los hombres que les conocieron en vida aunque entre Ambos pudiese haber entre 15 y 20 años de diferencia de edad.
Sagrada Familia, imploramos vuestra protección.
Saludos cordiales Vladimir.
Hay una tercera invocación que añadir a las que tú apuntas (en boca de tu abuela), que es "Jesús, José y María, con vos 'descanse en paz' el alma mía".
Siempre he descartado la suposición de que la Virgen fuera una adolescente, al momento de su embarazo, por cuanto, a esa edad, todavía la naturaleza no ha dotado a la mujer de la condición físico-emocional idónea. El hecho de que fuera Inmaculada no suple, porque la Gracia no ofusca la naturaleza.
Atribuirle a la Virgen unos 15 o 16 años, para ese entonces, es la hipótesis que, a lo largo del tiempo, ha contado con más adeptos; sin embargo, desconozco razones de peso que la avalen. He escuchado dos, pero una se basa en la suposición de un hecho no comprobado y la otra es de carácter especulativo a partir de una verdad dogmática.
La primera se refiere a que, dado el supuesto de que María fue presentada al Templo, siendo niña, y ahí quedó hasta que pudiera contraer nupcias, era necesario desposarla antes de que le viniera la primera regla, para evitar que ese Santo recinto incurriera en impureza legal.
La segunda parte de que, aunque María concibió a Cristo, de su misma carne, el no hacerlo a partir de la ovulación, manifiesta mejor la Obra de Dios en el Milagro de esa Concepción.
Pienso que una argumentación de peso, en este tema, sería aquella que partiera de datos fiables e incontestables sobre lo que se acostumbraba en la cultura judía, EN LOS TIEMPOS DE JESUS y DE MANERA GENERALIZADA.
Fuente: Consulta IA.
Edad de los matrimonios en el siglo I en Palestina
En la Palestina del siglo I, las edades para contraer matrimonio eran notablemente tempranas, especialmente para las mujeres, respondiendo a normas sociales y religiosas enfocadas en la procreación y la pureza ritual.
Mujeres: Se casaban poco después de la pubertad, generalmente entre los 12 y 14 años. Una niña era considerada mayor de edad y apta para el matrimonio a los 12 años y un día.
Hombres: Solían casarse más tarde que las mujeres, a menudo en su adolescencia tardía o principios de los veinte (aprox. 18-20 años), aunque no era raro que se casaran alrededor de los 30 años.
Diferencia de edad: A menudo existía una brecha de edad significativa, con hombres mayores casándose con adolescentes, aunque los rabinos aconsejaban contra las diferencias extremas.
Compromiso/Desposorio: El desposorio legal (que ya implicaba un vínculo vinculante) solía tener lugar poco antes o inmediatamente después de la pubertad de la mujer.
Contexto Cultural y Legal
La "Ketannah": Una niña entre los 3 y 12 años (ketannah) podía ser casada por su padre, aunque ella debía dar su consentimiento al alcanzar la madurez física.
Importancia del matrimonio: El matrimonio se consideraba un deber religioso para cumplir con la procreación, y se presionaba para casarse pronto.
Elite vs. Población General: Aunque las fuentes rabínicas a veces mencionan los 18 años como edad ideal para el hombre, las evidencias sugieren que las prácticas variaban y, a menudo, la necesidad económica o social dictaba la edad.
No exactamente. En el Cielo ya no hay padres, hijos, ... En el Cielo todos somos hermanos. Sólo Dios es nuestro Padre y sólo María Santísima es nuestra Madre.»
.........................
Anawin, lo que afirmas suena muy piadoso… pero también bastante simplificado, por no decir recortado. Porque eso de que “en el cielo ya no hay padres, hijos…” dicho así, a brochazo gordo, parece más una amnesia celestial que la plenitud de la que habla el Evangelio. Vamos, que uno casi llega a pensar que al cruzar la puerta del cielo le hacen un borrado de disco duro y aquí no ha pasado nada.
Y no. Cristo en el Evangelio de Mateo dice que no hay matrimonio como institución terrena, pero no dice en ningún sitio que dejemos de reconocer a quienes hemos amado, ni que nuestra historia quede archivada en el olvido eterno. Más bien al contrario: si algo enseña la fe es que Dios no destruye lo humano, lo lleva a su plenitud. Y eso incluye, claro, los vínculos reales vividos en la tierra.
Porque, vamos a ver, ¿qué clase de cielo sería ese donde amas “más” pero curiosamente ya no sabes a quién has amado? ¿Un amor genérico, sin rostro, sin historia? Suena más a idea abstracta que a comunión de personas. Y la comunión, por definición, es entre alguien y alguien, no entre entes intercambiables.
Que sí, que en el cielo todos somos hermanos en Dios, perfecto. Pero eso no borra que esa persona concreta haya sido tu esposa, o tu hijo, o tu madre. Lo que cambia no es el “quién”, sino el “cómo”: sin posesión, sin límite, sin necesidad… pero con más verdad, no con menos.
Así que no, no pasamos de la tierra al cielo como quien cambia de expediente y empieza de cero. Más bien llegamos con toda nuestra historia redimida, reconocida y llevada a su forma más alta. Porque si el amor vivido aquí —con todas sus heridas— no tiene continuidad allá, entonces habría que explicar por qué Dios se tomó tantas molestias en enseñarnos a amar aquí abajo.
Eres de una petulancia infinita.
Pues ¿Sabes? No solo hay padres, madres, hijos, cuñados (Si tu cuñado de Murcia también) sino que también los perretes gatetes y canarios (Incluso las tortugas y peces de colores)
Yo desde luego no pienso quedarme en un cielo sin mis perritos y no son mis hermanos, somos compañeros de manada
Hay otro que tuvo una muerte “parecida”, mutatis mutandis, el buen ladrón, que obtuvo la gracia de morir al lado de Jesús y en presencia de la Santísima Virgen; y además con la promesa de la indulgencia plenaria.
Dejar un comentario










