Feliz cumpleaños
Hoy, 8 de septiembre, la Iglesia conmemora la Natividad (el nacimiento) de la Virgen. Es una fiesta muy antigua, que se celebra desde el siglo VI.
Multitud de santuarios marianos aprovechan para celebrar hoy la fiesta de sus advocaciones de la Virgen: Ntra. Sra. de Covadonga, de Guadalupe, de la Encina, de Regla, de Alta Gracia y otras muchas. Distintos piropos para la que es, al fin, Madre de todos por serlo del Hijo de Dios.

Estos días de agosto, en los que hay muy poca gente en Madrid, las misas parecen a veces algo tristes, con las iglesias casi vacías. En algunos casos, el sacerdote no se molesta siquiera en pronunciar una homilía, porque “para cuatro gatos que hay…”
Hoy, día de la Asunción de la Virgen, quiero ofrecerles estas palabras que pronunció Benedicto XVI como parte de la homilía en esta fiesta hace dos años. Aparentemente, fue una homilía improvisada, con lo que el Papa mostró su calidad como predicador excepcional y su conocimiento de la Palabra de Dios.
Me ha llamado la atención un documental en el que se mostraba la cadena de montaje de no recuerdo qué máquina, dentro de una fábrica. Era algo terriblemente eficiente: los obreros realizaban siempre los mismos movimientos, sin necesidad de pensar, y, gracias a la costumbre, lo hacían gran velocidad. No se perdía ni un segundo. Las máquinas iban saliendo rápidamente de la cadena de montaje, perfectas, resplandecientes… eso sí, todas exactamente iguales.









