InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Liturgia

18.02.26

¿Por qué ayunamos?

Ayunamos para cumplir las palabras de nuestro Señor Jesucristo: llegarán días en que el novio ya no estará con ellos y, entonces, ayunarán.

Ayunamos por pura supervivencia, para librarnos de los demonios que nos oprimen, porque algunos de ellos solo pueden expulsarse con oración y ayuno.

Ayunamos porque así lo hizo el mismo Cristo en el desierto durante cuarenta días.

Ayunamos porque así lo hicieron Moisés, los apóstoles y los santos de todas las épocas.

Ayunamos recordando que Adán nuestro padre, por comer del fruto prohibido, perdió el paraíso para toda su descendencia.

Ayunamos para proclamar que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

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1.12.25

¿Banquete o sacrificio?

Una de las polémicas que siempre me han parecido más extrañas es la de si la Eucaristía es un banquete o un sacrificio. Aparentemente, a algunos lo primero les parece una modernez y a otros lo segundo ni siquiera les suena ya.

Lo cierto es que, a cualquier antiguo israelita, y también a cualquier pagano de la época, le habría costado sobremanera entender siquiera donde estaba el problema. En cierto modo es como si les hubieran preguntado si el fuego quemaba o alumbraba.

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16.11.25

Interesante presentación: Biblia y Liturgia

Mañana domingo 16 de noviembre se presentará en Madrid una nueva edición del libro Biblia y Liturgia, del cardenal Jean Danielou. Se trata de un clásico sobre el tema, escrito en 1951, cuyo título original era más largo y descriptivo: Biblia y liturgia, la teología bíblica de los sacramentos y de las fiestas.

El cardenal Danielou era patrólogo, es decir, un experto en los Padres de la Iglesia, lo que le daba una visión antiquísima y, a la vez, muy fresca sobre los temas que trataba. En este libro se esforzó en mostrar el profundo vínculo que hay entre la Biblia y la liturgia de la Iglesia, como no podía ser menos, porque Escritura y Tradición van siempre de la mano. En ese aspecto, los Padres de la Iglesia tienen muchísimo que aportar, por su especial cercanía a la Tradición apostólica.

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5.11.25

La nota doctrinal y el magisterio confuso

La publicación ayer de la nota doctrinal Mater Populi fidelis levantó un gran revuelo y supongo que es bueno que lo hiciera. Los católicos amamos profundamente a nuestra Madre, así que somos muy sensibles ante cualquier cosa que tenga relación con ella, especialmente si puede dar la impresión de que se pretende recortar los honores que se le deben. Como mínimo, la reacción muestra que, en este tema y a favor o en contra, hay muchos que no han caído en la tibieza general.

Hace unos años, escribí un artículo titulado “¿En qué sentido nuestra Señora es Corredentora? y, por lo que leo de la nota doctrinal, lo que dije sigue siendo válido. No cabe duda de que el contenido o sentido de ese título es verdadero y parte de nuestra fe católica. En cambio, la conveniencia o no de utilizarlo o proclamarlo solemnemente como título formal es una cuestión prudencial, que yo no soy competente para decidir y que, gracias a Dios, corresponde a la Iglesia.

Así pues, a grandes rasgos, que la nota doctrinal considere inoportuno utilizar el título de Corredentora no me preocupa especialmente, ya que se refiere precisamente a esa cuestión para la que yo no soy competente. En cambio, otras cosas del documento me resultan más inquietantes, porque, con todo el respeto, tengo la impresión de que se trata de la continuación de una línea que lleva varios años en vigor y que podríamos llamar, en conjunto, el magisterio confuso. Esta forma de ejercer el magisterio, que se está consolidando ya en un segundo pontificado consecutivo, podría distinguirse por varias características que, al menos a mi entender, resultan del todo indeseables.

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9.09.25

¿Y si volviéramos a las primeras comuniones individuales?

Nuestra época está obsesionada con el absurdo dogma de que lo nuevo siempre es mejor y eso dificulta mucho que se corrijan sus errores, tanto los más graves como los más pequeños. Muchas de las cosas que hoy nos destruyen o simplemente nos irritan, desde el “matrimonio” del mismo sexo hasta los taponcitos atados a las botellas de plástico, se originaron como la “brillante” idea que tuvo alguien de cambiar alguna cosa u otra porque sí, porque tocaba hacer algo nuevo.

Aunque en muchos casos pronto se hizo evidente que las supuestas ideas brillantes eran despropósitos absolutos con consecuencias nefastas, nadie se atrevió a volver a la situación anterior, porque, si lo nuevo es siempre mejor que lo antiguo, volver atrás resulta inconcebible por mucho que la realidad lo pida a gritos.

Veamos un ejemplo sencillo y sin grandes complejidades: la primera comunión de los niños. Antiguamente, era frecuente que la primera comunión se realizara de forma individual. Cada niño se preparaba para recibir su primera comunión siendo instruido en el Catecismo, instrucción que era más bien corta, porque se entendía que el niño ya había sido educado como cristiano en su familia y lo seguiría siendo después.

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