InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Iglesia en España

11.05.26

¿Quién puede querer esa clase de religión?

Veo en Alfa y Omega un artículo titulado “Los obispos dan razones a los padres para que apunten a sus hijos a Religión”. Estupendo —pienso—, me encantan las razones. Todo queda mucho más claro con ellas.

Empiezo a leer y se me cae el alma a los pies al leer esas razones que se dan en favor de la clase de religión. A veces, la claridad tiene ese efecto.

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6.03.26

Un libro providencial

Hay libros buenos y libros providenciales. Estos últimos son los que no solo son buenos, provechosos y agradables de leer, sino que además tratan un tema crucial para un determinado momento histórico. El libro que acaba de publicar D. Jorge González Guadalix es de estos últimos.

No pretende ofrecer un refinado estilo literario, sino que está escrito con el tono afable y campechano típico de D. Jorge, que mágicamente consigue que uno tenga la impresión de estar charlando con él en su casa parroquial de La Serna. Tampoco ofrece erudición y citas a porrillo, aunque sí abundantes vivencias reales y concretas de su experiencia sacerdotal. Es, ante todo, un libro providencial.

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17.09.25

Las polémicas jumillanas y lo esencial

Ahora que ya han pasado un par de semanas desde la polémica sobre Jumilla y la decisión de prohibir allí la celebración musulmana de la fiesta del cordero en un polideportivo municipal, creo que se puede hablar del tema más tranquilamente. De otro modo, en lugar de hablar todo suele quedarse en gritar e insultar, lo que no lleva a nada bueno.

La política partidista me aburre soberanamente, así que lo que me llamó más la atención de este tema fue la polémica propiamente católica, entre católicos con posturas enfrentadas. Todas esas posturas se defendían ardientemente y con dureza, alegando principios pertenecientes a la doctrina o al sentido común, que, al parecer, llevaban a conclusiones incompatibles entre sí.

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12.07.25

Alfa y Omega: promocionando el sincretismo de Pablo d’Ors

A pesar de que no es Cuaresma, me he puesto a leer los numerosos artículos de Pablo d’Ors o elogiosos sobre Pablo d’Ors que hay en los archivos de Alfa y Omega. Esta amplia presencia es muy significativa, teniendo en cuenta que don Pablo es conocido por su sincretismo, su relativización de la única mediación de Cristo o su rechazo de la doctrina de la Iglesia sobre la Eucaristía, el sacerdocio y los demás sacramentos, entre otros muchos disparates.

Al asomarme a lo que difunde Alfa y Omega de Pablo d’Ors quería despejar una incógnita. ¿Habrá seleccionado el semanario algunas partes de lo que dice don Pablo que sean más compatibles con el catolicismo y así no destruyan la fe de sus lectores? Desgraciadamente, la respuesta es que no, en absoluto. Se trata de textos que rezuman un sincretismo elevado a la enésima potencia, para el que todo da igual. Al parecer, la Verdad no es Cristo, ni se encuentra en la revelación del Hijo de Dios, porque, según se nos dice, “la verdad es gestación, fruto del diálogo y del encuentro”. En efecto, don Pablo nos asegura que “no se puede ser religioso sin ser interreligioso en el mundo de hoy”, de manera que cada religión contribuya con su perspectiva, presumiblemente válida.

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4.07.25

¿Por qué amas a la Iglesia?

Los seres humanos somos una obra maravillosa de Dios. Somos seres racionales, pero no nos quedamos en la mera razón, como si fuésemos un ordenador. Si a uno le preguntasen por qué quiere a su mujer, sin duda recordaría razones y momentos importantes: la entrega mutua, el haber permanecido juntos en momentos difíciles, la generosidad al dar la vida por los hijos… Pero, si uno es sincero, también hablaría de cosas pequeñas o incluso insignificantes que están unidas indisolublemente a ese amor por su mujer: el color de sus mejillas a la luz de la tarde, el vestido que llevaba en aquella ocasión, el placer de que ella tenga razón y uno esté equivocado, las pequeñas bromas compartidas…

Lo mismo sucede, a mi juicio, con la Iglesia. Sus hijos la amamos ante todo porque es la verdadera Iglesia que fundó Jesucristo, pero también por mil detalles que despiertan nuestra admiración, nuestro asombro o nuestra ternura. Creo que de vez en cuando conviene recordar por qué queremos a la Iglesia. Invito a los lectores a que escriban unas cuantas razones por las que aman a la Iglesia y le tienen cariño, sin orden ni concierto y sin preocuparse de si son cosas importantes o detalles insignificantes. No importa repetir ni dejarse muchas cosas en el tintero. Simplemente, cumpliendo las palabras del salmista: “Me brota del corazón un poema bello”. Empezaré yo:

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