InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: General

18.08.25

No le quites la gloria a Dios

A menudo, los pecados que más cometemos son aquellos de los que ni siquiera somos conscientes. Absuélveme de lo que se me oculta, dice por ello el Salmista. Uno de esos pecados, en mi opinión, es quitarle la gloria a Dios.

A fin de cuentas, constantemente se repite en la Escritura y la liturgia que todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos le pertenece a Dios. Cada domingo (excepto en Cuaresma y Adviento) cantamos un precioso himno dedicado precisamente a eso, a la gloria de Dios. Una de las primeras oraciones que aprendemos y una de las que más recitamos es una pequeña jaculatoria de glorificación a Dios: gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por lo siglos de los siglos, amén.

Estamos hechos para dar gloria a Dios y por lo tanto, quitarle la gloria a Dios es exactamente lo contrario de nuestra vocación, de nuestra misma razón para existir. Por supuesto, a Dios nadie puede quitarle la gloria que tiene en sí mismo, pero sí podemos quitarle extrínsecamente la gloria en nosotros, es decir, la gloria que debemos darle como criaturas e hijos suyos.

Leer más... »

13.08.25

¿Somos capaces de decir lo mismo?

Aunque a los hispanohablantes nos queda algo lejos, a los lectores probablemente les sonará que Utah es el estado mormón por excelencia. Su capital, Salt Lake City, fue fundada por Brigham Young, el segundo presidente de los mormones tras el linchamiento de Joseph Smith. Más de la mitad de la población del estado es mormona y el centro mundial de la religión está en Salt Lake City, donde se reúnen la “Primera Presidencia” y el “Quórum de los Doce Apóstoles”.

Se pueden decir muchas cosas del mormonismo, al que podríamos dedicar varios artículos, pero lo principal es que se trata de una religión seudocristiana y ocultamente politeísta basada en las supuestas revelaciones a Joseph Smith del “ángel Moroni”, en forma de planchas de oro que contenían el Libro de Mormón. Por eso, en lo alto de los templos mormones (se puede ver uno en el madrileño barrio de Moratalaz) hay una estatua dorada de Moroni, tocando una gran trompeta.

Cuento esto porque es necesario para entender un significativo y curioso detalle de la catedral católica de Salt Lake City, dedicada a Santa María Magdalena. Los católicos son una minoría en el estado y solo constituyen en torno al 10% de la población, cifra que era mucho menor cuando se construyó la catedral, a principios del siglo XX. El estilo del templo es una mezcla de neoclásico y neogótico, pero bonito y piadoso, como era la norma hasta mediados del siglo pasado, y las paredes están cubiertas de frescos y frases de la Escritura.

Leer más... »

31.07.25

Newman y la crisis de la Iglesia

“El episcopado, cuya acción fue tan pronta y concordante en Nicea ante el auge del arrianismo, no desempeñó, como clase u orden, un buen papel en los problemas posteriores al Concilio; mientras que los laicos sí lo hicieron. El pueblo católico, a lo largo y ancho de la cristiandad, fue el defensor obstinado de la verdad católica, y no los obispos. Por supuesto, hubo grandes e ilustres excepciones […] pero, en general, considerando la historia en su conjunto, nos vemos obligados a decir que el cuerpo gobernante de la Iglesia no estuvo a la altura, mientras que los gobernados fueron preeminentes en fe, celo, valentía y constancia.

Es un hecho muy notable, pero tiene una moraleja. Quizás se permitió para inculcar en la Iglesia, en el mismo momento en que pasaba de sufrir persecución a su larga ascensión temporal, la gran lección evangélica de que no son los sabios y poderosos, sino los desconocidos, los ignorantes y los débiles quienes constituyen su verdadera fuerza. Fue principalmente gracias al pueblo fiel que el paganismo fue derrocado; fue gracias al pueblo fiel, bajo la dirección de Atanasio y los obispos egipcios y, en algunos lugares, con el apoyo de sus obispos o sacerdotes, que la peor de las herejías fue resistida y erradicada”.

John Henry Newman, Los arrianos del siglo cuarto (1833)

Leer más... »

17.07.25

¿Dueños de la verdad?

Uno de los reproches que más frecuentemente se nos hace a los católicos es que nos creemos que somos dueños de la verdad, poseedores de la verdad o cosas semejantes. Cuando alguien nos lo echa en cara, suelo reprimir una sonrisa. ¡Mira que hay cosas que se nos pueden reprochar y eligen esa! Es como si acusaran a Goliat de ser un taponcete o al hombre más gordo del mundo de estar desnutrido.

Los católicos somos hombres como los demás, débiles y pecadores, ciertamente, pero hay cosas que, por definición, tenemos mucho más claras que los que no han recibido la gracia de la fe. Una de ellas es que no somos dueños de la verdad, sino justo lo contrario. ¡Somos los únicos que, literalmente, nos arrodillamos ante ella!

Se creen dueños de la verdad el político que la retuerce para sus propios fines, el relativista que piensa que tiene “su” verdad o el cínico que presume de estar por encima de lo verdadero y de lo falso. Los cristianos, por el contrario, por muchos que sean nuestros defectos y pecados personales, tenemos como centro de nuestra fe la adoración de la Verdad, porque Cristo mismo es la Verdad.

Leer más... »

12.07.25

Alfa y Omega: promocionando el sincretismo de Pablo d’Ors

A pesar de que no es Cuaresma, me he puesto a leer los numerosos artículos de Pablo d’Ors o elogiosos sobre Pablo d’Ors que hay en los archivos de Alfa y Omega. Esta amplia presencia es muy significativa, teniendo en cuenta que don Pablo es conocido por su sincretismo, su relativización de la única mediación de Cristo o su rechazo de la doctrina de la Iglesia sobre la Eucaristía, el sacerdocio y los demás sacramentos, entre otros muchos disparates.

Al asomarme a lo que difunde Alfa y Omega de Pablo d’Ors quería despejar una incógnita. ¿Habrá seleccionado el semanario algunas partes de lo que dice don Pablo que sean más compatibles con el catolicismo y así no destruyan la fe de sus lectores? Desgraciadamente, la respuesta es que no, en absoluto. Se trata de textos que rezuman un sincretismo elevado a la enésima potencia, para el que todo da igual. Al parecer, la Verdad no es Cristo, ni se encuentra en la revelación del Hijo de Dios, porque, según se nos dice, “la verdad es gestación, fruto del diálogo y del encuentro”. En efecto, don Pablo nos asegura que “no se puede ser religioso sin ser interreligioso en el mundo de hoy”, de manera que cada religión contribuya con su perspectiva, presumiblemente válida.

Leer más... »