InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Desde los bancos

30.03.26

Tradiciones de Semana Santa

No hay nada como las tradiciones ancestrales del pueblo cristiano. Ayer, Domingo de Ramos, me tocó presenciar una de las tradiciones entrañables vinculadas a esa fiesta, que probablemente se repitió casi palabra por palabra en todas las parroquias del mundo.

El párroco estaba intentando terminar apresuradamente a tiempo los preparativos para la procesión de ramos, cuando llegó una señora y se dirigió a él, iniciando el tradicional y cuasilitúrgico diálogo de esta festividad:

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27.02.26

El gran mal de la Iglesia

El gran mal de la Iglesia de nuestro tiempo es una especie de locura suicida, que ha destruido en décadas lo que se tardó milenios en construir en el Occidente cristiano.

Movidos por esa locura, gran cantidad de católicos, especialmente clérigos y prelados, se afanan en trabajar y luchar por todo lo que es innecesario, irrelevante o incluso pernicioso para la Iglesia y para la fe. Desde la democracia hasta la ecología y del feminismo al marxismo, pasando por eutanasias, nacionalismos, indigenismos, sinodalidades, innumerables documentos que nadie lee y las más cansadas y disparatadas herejías refutadas hace siglos.

Al mismo tiempo, se sienten incómodos ante lo que huela a católico y rehúyen como el diablo la misión propia y particular de la Iglesia, encomendada por el mismo Cristo resucitado: id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a hacer todo lo que yo os he mandado.

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2.02.26

Como en el mundo, así en la Iglesia

“Quizá es lo más destacado que ve en el Occidente actual una mirada extraña. El mundo occidental ha perdido el valor colectivo, tanto en su conjunto como, incluso, país por país, gobierno por gobierno, partido por partido, y ya, desde luego, en la Organización de las Naciones Unidas.

Esta mengua del valor es especialmente manifiesta en las capas gobernantes e intelectualmente rectoras, que es lo que causa la impresión de que ha perdido el valor la sociedad entera. Naturalmente, sigue habiendo multitud de personas individualmente valerosas, pero no son ellas las que dirigen la vida de la sociedad. Los funcionarios intelectuales y políticos manifiestan esta disminución, esta molicie, esta pusilanimidad en sus actos, sus discursos, y, más aún, en las obsequiosas justificaciones teóricas de por qué esta manera de actuar, que pone la cobardía y la servilidad por fundamento de la política del Estado, es pragmática, sensata y se justifica a cualquier nivel intelectual e incluso moral.

Esta caída del valor, que, según dónde, hasta parece llegar a la ausencia total del elemento masculino, adquiere, además, un tinte especialmente irónico con ocasión de unos repentinos estallidos de bizarría e intransigencia en esos mismos funcionarios: contra gobiernos débiles o países inofensivos sin apoyo de nadie, tendencias condenadas, de las que, a ciencia cierta, se sabe que no se podrán defender. Pero se Ies seca la lengua y se les paralizan los brazos ante gobiernos poderosos, fuerzas amenazadoras, contra los agresores y contra la Internacional del Terror. ¿Es preciso recordar que la caída del valor, desde antiguo, se ha considerado como la primera señal del fin?”

A. Solzhenitsyn, Discurso en la Asamblea de Graduados de la Universidad de Harvard,1978

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27.01.26

La falta de valentía explica muchas cosas

La valentía es parte de la virtud cardinal de la fortaleza y una parte esencial. Decía San Juan Enrique Newman que, sin el valor, el resto de las virtudes no pueden subsistir por mucho tiempo. Para ser prudente, casto, justo, magnánimo o sobrio y para practicar cualquier otra virtud es necesaria una dosis abundante (a veces, sobreabundante) de valentía.

Durante milenios, la valentía ha sido admirada en prácticamente todas las culturas y civilizaciones. Desgraciadamente, la nuestra parece ser una excepción, en la que los héroes han sido sustituidos por antihéroes, el bien por buenismo, las virtudes recias por valores light y el valor por la blandurronería o, directamente, por la cobardía.

Por desgracia, la Iglesia, que es la encargada de mantener las verdades que el mundo va olvidando, en este caso parece haberse contagiado del mismo mal. Y eso explica muchas cosas.

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9.01.26

Sabiduría femenina

Mi esposa es muy aficionada a las novelas de Jane Austen y las relee periódicamente. No me extraña, la verdad, porque Austen era una gran novelista, con un excelente manejo de la ironía y una aguda capacidad de analizar a las personas y sus relaciones. Incluso yo disfruto de sus novelas, a pesar de que mis intereses suelen discurrir por otras sendas literarias y de que Mr. Darcy y los diversos coroneles y reverendos que pueblan el universo austeniano no me dan ni frío ni calor.

Además de leer y releer las novelas, mi esposa también ha visto prácticamente todas las versiones cinematográficas o en formato serie que existen. Le gustan mucho las antiguas versiones de la BBC, que reflejan muy bien los libros, con las adaptaciones necesarias para un medio audiovisual. Las versiones más recientes, sin embargo, le suelen producir hastío y rechazo.

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