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9.05.18

Cuando tenía jardín escribía poesía…

Una lectora bien conocida por sus interesantes comentarios, Palas Atenea, ha tenido la gentileza de enviarme dos de sus poesías para publicarlas en el blog. Hace dos o tres artículos, Palas despertó nuestra curiosidad con estas líneas tan evocadoras:

“Yo tuve un jardín escondido en mi vieja casa (ahora tengo una nueva pero sin jardín y nadie entiende mi nostalgia porque la casa es mucho mejor). Cuando tenía jardín escribía poesía…”

Entiendo a la perfección lo que dice Palas, porque yo también tengo un jardín, que es una gran fuente de pequeños momentos de felicidad. Confieso que me hace ilusión que mis lectores lean y, sobre todo, escriban poesía. Estoy firmemente convencido de que la poesía es una de las cosas que más acercan a Dios, tanto natural como sobrenaturalmente. Como dijo Aristóteles, el principio de la filosofía es la admiración. Y, sin que haya ninguna casualidad en ello, la admiración también es esencial para la poesía y para la fe. Para comprender el Ser, cantar la Belleza o adorar a Dios, valga la redundancia, primero hay que admirarse ante su misma existencia, que se recibe como un don inmerecido.

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12.12.17

7.12.17

Dios no manda imposibles

«Ninguna dificultad puede presentarse que valga para derogar la obligación impuesta por los mandamientos de Dios, los cuales prohíben todas las acciones que son malas por su íntima naturaleza; cualesquiera que sean las circunstancias, pueden siempre los esposos, robustecidos por la gracia divina, desempeñar sus deberes con fidelidad y conservar la castidad limpia de mancha tan vergonzosa, pues está firme la verdad de la doctrina cristiana, expresada por el magisterio del Concilio Tridentino: “Nadie debe emplear aquella frase temeraria y por los Padres anatematizada de que los preceptos de Dios son imposibles de cumplir al hombre redimido. Dios no manda imposibles, sino que con sus preceptos te amonesta a que hagas cuanto puedas y pidas lo que no puedas, y Él te dará su ayuda para que puedas" [50].

La misma doctrina ha sido solemnemente reiterada y confirmada por la Iglesia al condenar la herejía jansenista, que contra la bondad de Dios osó blasfemar de esta manera: “Hay algunos preceptos de Dios que los hombres justos, aun queriendo y poniendo empeño, no los pueden cumplir, atendidas las fuerzas de que actualmente disponen: fáltales asimismo la gracia con cuyo medio lo puedan hacer" [51]».

Pío XI, encíclica Casti connubii de 31 de diciembre de 1930

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21.11.17

San Bernardo y la gracia

“No es cierto que la gracia haga una parte de la obra y la libertad haga la otra parte; cada una de las dos lo hace todo. La libertad hace la totalidad de la obra y lo mismo hace la gracia. Todo se hace en la libertad y todo se hace por la gracia".

San Bernardo de Claraval, De gratia et libero arbitrio XIV.

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16.11.17

Nostalgia del cielo

Leyendo el salmo 23, me ha llamado la atención un verso en el que nunca me había detenido: habitaré en la casa del Señor por años sin término. En los salmos, como decía Santo Tomás, está contenida la Escritura entera, y al leer la frase he tenido que detenerme para rumiarla tranquilamente cual estólido buey.

Obviamente, el salmo hace alusión a la vida eterna en el cielo. En ese sentido es casi trivial, porque no hace más que repetir algo que todo cristiano sabe al menos desde que tiene uso de razón: que nuestro fin es la vida eterna en el cielo. Me ha parecido especialmente llamativo, sin embargo, que el salmo hable del cielo como la Casa del Señor. El cielo es un Reino, un banquete, una patria, una Ciudad… pero también, y quizá ante todo, es una casa, un hogar.

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