InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: General

18.02.19

Pequeñas medallas y grandes milagros

—Me habría gustado poder despedirme de Tony —dijo el Sr. Crouchback—. No sabía que se iría tan pronto. El otro día busqué una cosa para él y quería dársela. Sé que le habría gustado tenerla: la medalla de Nuestra Señora de Lourdes que llevaba Gervase. La compró estando de vacaciones en Francia el año que estalló la guerra y siempre la llevaba. Me la enviaron después de que muriera [en la guerra], con su reloj y otras cosas. Tony debería tenerla ahora.

—No creo que haya tiempo ya para hacérsela llegar.

—Me gustaría haber podido dársela en persona. Enviarla por correo no es lo mismo. Es más difícil explicar.

—Bueno, a Gervase no le protegió mucho, ¿no?

—Claro que sí —respondió el Sr. Crouchback—, mucho más de lo que podría parecer. Me lo contó al venir a despedirse, antes de marchar otra vez al frente. El ejército está lleno de tentaciones para un muchacho. Una vez, en Londres, en la época en la que todavía estaba haciendo la instrucción, se emborrachó con algunos compañeros de su regimiento y, al final, terminó solo con una chica que habían encontrado en algún sitio. Ella empezó a tontear, le quitó la corbata y entonces encontró la medalla. En un instante, los dos se serenaron y ella empezó a hablar del convento donde había ido al colegio y después se marcharon cada uno por su lado, como amigos y sin que pasara nada. Yo diría que eso es estar protegido. He llevado una medalla toda mi vida. ¿Y tú?

—A veces. En este momento no tengo ninguna.

—Pues deberías, ahora que están cayendo bombas y todas esas cosas. Si te hieren y te llevan a un hospital, sabrán que eres católico y llamarán a un sacerdote. Me lo dijo una enfermera. ¿Te gustaría llevar la medalla de Gervase si Tony no puede hacerlo?

Evelyn Waugh, Hombres en armas, 1952

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3.01.19

La iglesia Costadoatiana, cada día más mundana

Tengo un gran cariño por Chile, donde viví un tiempo. Por eso me ha entristecido especialmente leer un nuevo artículo de un jesuita chileno, el P. Jorge Costadoat, SJ, lleno de afirmaciones absurdas y tonterías varias sobre los anticonceptivos, la moral sexual y, en general, la naturaleza del cristianismo y de la Iglesia. Este jesuita es tristemente célebre porque, después de no sé cuántos años de enseñanza en la Pontificia Universidad Católica de Chile, el cardenal Ezzati se hartó y no le renovó la misión canónica necesaria para dar clase. Por supuesto, con grandes protestas de multitud de sacerdotes y “teólogos” tan desorientados como el propio jesuita.

Lo más triste, claro está, es que alguien que (como se puede ver más abajo) no cree en nada ni siquiera ligeramente católico haya deformado durante años las mentes de los estudiantes de la Universidad Católica y siga siendo jesuita con el beneplácito de sus superiores. Como otras veces, el artículo del P. Costadoat va en negro y mis comentarios en rojo.

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14.12.18

Cajas de seguridad

El otro día, vi una película en la que uno de los personajes abría su caja de seguridad del banco, porque había guardado en ella algunas joyas y otras cosas valiosas que tenían que ver con la trama de la película. Cuando pasó la escena, me quedé pensando en la caja de seguridad. Nunca he tenido una caja de ese tipo, pero ¿qué metería en ella si la tuviera?

Después de pensarlo un rato, llegué a la desalentadora conclusión de que no tengo absolutamente nada que pueda guardar en una caja de seguridad. Es curioso darse cuenta de que, después de años y años, uno no ha acumulado nada valioso. Paradójicamente, sin embargo, mi sensación principal fue de alivio y libertad.

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19.11.18

Resultados del concurso: nuevos poetas laureados

Es un placer anunciar, con las fanfarrias y fastos oportunos (que quedan a la imaginación del lector por falta de presupuesto), los ganadores del Segundo Gran Concurso de Poesía Espada de Doble Filo: los justamente famosos, coronados de argénteos laureles y merecidamente envidiados diez nuevos poetas laureados del blog. Sean sus nombres escritos con letras de oro en los anales del arte, su gloria nunca se extinga y bríndese a su salud con bebidas generosas de Roma a Vladivostok y desde Nuuk hasta la Patagonia austral.

Reconociendo humildemente mi incapacidad para elogiar debidamente tal derroche de genialidad, cedo la palabra al jurado unipersonal, también conocido en ocasiones como Yolanda Obregón, para que describa los poemas premiados.

¡Enhorabuena a todos!

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5.11.18

Segundo Gran Concurso de Poesía Espada de doble filo

En la Iglesia estamos en tiempo de crisis, de problemas y de lucha. Como diría San Esteban, cuando las cosas se ponen difíciles, hay que mirar al cielo. Ante todo para rezar, como es lógico, pero también para contemplar la Verdad, el Bien, la Belleza que reconfortan el corazón y reavivan la esperanza. Creo pues, que el momento oportuno para convocar el Segundo Gran Concurso de Poesía Espada de Doble Filo. El anterior se celebró hace nueve años y, como es sabido, solo los grandes acontecimientos de fama transcontinental tienen una periodicidad novenaria.

El tema del concurso será amplio, como corresponde a los variados talentos de los lectores de este blog: la poesía católica, en toda su inmensa amplitud. El tipo de estrofa y rima queda a elección del poeta (se permite incluso el verso libre, que, a mí personalmente, me gusta poco). Por lo tanto, nadie tiene excusa para no participar, porque admitiremos hasta pareados.

La única condición es que se trate de poemas originales de los lectores que los presentan. Algunas sugerencias concretas de temas: la creación, la gracia, la fe, pasajes del Antiguo Testamento, Jesucristo, la oración, el amor cristiano, la Eucaristía, nuestra Señora, el pecado y la conversión, la vida cristiana, los santos, la Pasión de Cristo y su Resurrección, la muerte, etc. A veces pienso que los católicos no tenemos excusa para no escribir poesía, porque no hay nada más bello, asombroso y poético que los misterios de nuestra fe.

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