Experimento concluido: el modernismo está acabado

Siento no haber podido participar en el blog estos últimos días, pero, como no hay mal que por bien no venga, eso ha permitido realizar un experimento muy interesante. Como recordarán, el último artículo trataba sobre la postura de un lector orgullosamente modernista, que comenta con varios seudónimos, pero últimamente suele utilizar el de Hugo Z. Hazkenbush. Por supuesto, su postura no es interesante porque sea su postura personal, sino porque, como decía, tiene una especial habilidad para asumir todos los presupuestos del modernismo “católico” y, en ese sentido, resulta un estupendo atajo para entender a este.
Durante los pasados días, D. Hugo, que se confiesa “modernista hasta las trancas”, ha podido exponer su postura con toda la libertad del mundo y el resultado ha sido muy revelador, mostrando que el modernismo “católico” lleva inevitablemente a su propio fracaso y disolución, porque en realidad no es otra cosa que una etapa intermedia antes de llegar al escepticismo y el agnosticismo más profundos. No es que nosotros lo digamos, es lo que se deduce de las propias palabras de los modernistas. Veámoslo.
D. Hugo empezó como católico, pero, cuando se hizo modernista, siguió dando catequesis en la Iglesia como si nada, durante años. Así nos lo ha contado y no encuentro dificultad alguna en creerlo, porque he conocido a otros muchos modernistas que continuaban siendo párrocos, catequistas, religiosos, profesores de teología e incluso obispos. Curiosamente, cuanto menos creían, más se empeñaban en difundir sus creencias entre los fieles. Morir matando, dice la expresión española, y eso es lo que hacía su (falta de) fe, morir matando. Tantísimos religiosos y sacerdotes han perdido la fe, pero no se han ido hasta hacer un daño tremendo en la Iglesia, con la connivencia de autoridades que, es de suponer, andaban tan poco sobradas de fe como ellos.
Lo cierto, sin embargo, es que resulta evidente que el modernismo es incompatible con el catolicismo y con cualquier religión revelada. Así lo dice con total claridad D. Hugo al mostrar su aversión a “la religión que se basa en dogmas indemostrables que tanto mal le han hecho a la Humanidad a través de los tiempos”. Los modernistas “católicos” solo son modernistas que aún no saben que han abandonado del todo el catolicismo, o no quieren saberlo, ya sea porque están muy cómodos en su cátedra en una universidad católica, su puesto en el arzobispado o su comunidad religiosa o por meras razones sentimentales, pero lo cierto es que no creen nada que sea ni remotamente católico.
Abrazar el modernismo implica, por su propia naturaleza, abandonar el catolicismo. Así lo dice expresamente D. Hugo: “Por supuesto que sigo una religión: La mía”. El modernismo siempre, siempre, siempre, inevitablemente abandona el catolicismo y el simple cristianismo. No es cristianismo, sino hugonismo, pepeperecismo o fulanismo, según corresponda. Sus propios presupuestos lo exigen. A fin de cuentas, nada hay menos moderno que el propio Cristo. El Concilio de Trento, que parece ser el colmo del atraso, tiene menos de cinco siglos de antigüedad y Jesucristo va ya para los veinte.
En efecto, el modernismo niega la esencia misma de la Revelación divina, que es inmutable. Dice D. Hugo: “Yo tengo fe en que se revela por medio de Cristo, pero también en que se revela a cada hombre y mujer y por eso nadie tiene la Verdad y todos tienen algo de verdad”. Que, hablando en plata, es lo mismo que creer que Dios no se ha revelado, porque en el mismo sentido podríamos decir que nuestro vecino o las marmotas malayas se ha revelado, ya que podemos encontrar alguna verdad sobre ambos en Internet.
Eso les impide creer en Cristo, aunque sigan utilizando su nombre por costumbre (y porque, gracias a Dios, es muy difícil sustraerse a la fascinación que suscita el Hijo de Dios, incluso en los que lo rechazan). A fin de cuentas, quien no cree en la Revelación, ni en la Escritura, ni en la Tradición, ni en el Magisterio, tiene que reconocer que no sabe nada de Jesucristo, más allá de que existió y tres datos más, que no pueden sustentar ningún tipo de fe. Por supuesto, los modernistas “católicos” se engañan durante un tiempo, porque les parece que van abandonando la fe poco a poco, empezando por los dogmas más incómodos en el mundo de hoy (D. Hugo menciona la existencia del alma, los milagros, la muerte redentora de Cristo, etc.). No se dan cuenta de que la fe es un todo y, cuando uno abandona parte de ella, en realidad ya la ha abandonado por completo, convirtiéndola en una opinión más.
Al final, el modernista no cree en nada. También aquí D. Hugo nos hace el favor de resumir su fe: “Dios. si es que es, será como sea y ni tú ni yo tenemos evidencias de lo que sea que es y como sea que es”. Eso es lo mismo que nada: si es que es, será como sea. Por mucho que intente vestirse de otra cosa, creer eso es la ausencia de fe, porque lo puede decir cualquiera de cualquier cosa que desconoce por completo. Parece que a D. Hugo no le gusta la etiqueta de “agnóstico”, pero desgraciadamente para él, es lo que es.
El modernismo solo puede desembocar en el relativismo: “yo no creo estar en posesión de la Verdad, solo de mi verdad, pero vosotros tampoco”. Una frase que no significa nada, claro, porque el relativismo es intrínsecamente contradictorio consigo mismo. Por supuesto, los modernistas pueden tener opiniones (como el propio D. Hugo, que no deja de exponerlas a tiempo y a destiempo con gran seguridad en sí mismo), pero no son más que eso, opiniones perpetuamente cambiantes y, por alguna casualidad, alineadas casi siempre con lo que piensa el mundo a su alrededor.
Nada de eso es fe, porque el modernista está condenado a no poder salir de sí mismo y de su subjetividad, por lo que su “dios” es siempre un espejo más o menos agrandado de sí mismo. Es decir, justo de lo que acusaba Feuerbach equivocadamente a los cristianos, aunque se cumpliera a la letra en los modernistas.
No digo todo esto por denigrar al pobre Hugo, que bastante tiene con la tragedia de haber cambiado su primogenitura por un plato de lentejas, sino para que entendamos lo grave que es el veneno modernista. D. Hugo no ha llegado a todas estas conclusiones por ser incoherente, sino por ser coherente… con los principios del modernismo, que son evidentemente incompatibles con los del catolicismo.
Deberíamos aprender algo de esto, porque estamos muy necesitados de ello. Las autoridades eclesiales han hecho la vista gorda ante ese veneno durante décadas y décadas y el resultado ha sido el inevitable: la apostasía y el agnosticismo en todos los antiguos países católicos. Lo más grave, sin embargo, es que esas mismas autoridades siguen empeñadas en contemporizar con el modernismo y el resultado continúa siendo el mismo. No hace falta ser médico: si no dejamos de vomitar, nos fallan las fuerzas y estamos prácticamente agonizantes, quizá sea hora de dejar de beber veneno.
En cuanto al propio D. Hugo… Le gusta la poesía y tiene un cierto buen humor, así que no pierdo la esperanza de que llegue un día a salir de sí mismo y a encontrarse con Cristo. Recemos por él, sabiendo que, aunque él no lo crea, Dios sigue haciendo milagros en el mundo.
139 comentarios
Y no me refiero a la "no fe" de los modernistas, si no a la falta de fe dentro de la Iglesia donde hay una especie de vergüenza a ser antiguos que trata de compatibilizar la Iglesia con el mundo actual, lo que es imposible.
Tibieza, creo que lo llaman en algún sitio ¿No?
Y lo tibio no atrae a nadie.
Pues yo estoy lo afirmo
Un vecino que se considera ateo, en los años 80, me decía que cómo podía creer en un Dios "personal" que conoce a todos sus hijos y los atiende con los miles de millones de humanos que habitamos el planeta; con la informática, un hombre poderoso mundial podrá en breve saber la hora en la que nos levantamos de la cama. Por supuesto, ahora, ha cambiado el discurso y me cuenta que, si fuese un Padre que da libertad a sus hijos, no permitiría que sucediesen los desastres naturales que matan a la gente....
A esto es a lo que llegan, más temprano que tarde, los modernistas.
¿Y dónde está la solidez? En el católico tradicional aferrado a la Verdad, que es Jesucristo.
Cuando las naciones eran cristianas, uno de los delitos más graves era atentar contra la salud espiritual de sus gentes. Por eso la herejía era combatida y reprimida. Al fin y al cabo San Pablo propone usar la ley para esos casos (1Tim 1,8-10) y recuerda que el poder civil puede ser instrumento de Dios para castigar al malvado (Rom 13,3-4).
Sin embargo en la Iglesia Católica llevamos más de medio siglo en el que a los asesinos de almas no sólo no se les ha combatido, no solo se les ha dejado campar a sus anchas, sino que se les ha entregado puestos de responsabilidad en todos los órdenes. Catequistas, sacerdotes, religiosos, obispos, cardenales y, como no podía ser otra cosa, el crimen espiritual ha llegado a la cúspide.
Es una situación muy similar a la descrita por el profeta Hoseas:
Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos. Conforme a su grandeza, así pecaron contra mí; también yo cambiaré su honra en afrenta. Del pecado de mi pueblo comen, y en su maldad levantan su alma. Y será el pueblo como el sacerdote; le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras.
Hoseas 4, 6-9
A esa gentuza que asesina almas inocentes el Señor les ha dicho que les sería mejor que les aten una piedra de molino al cuello y les arrojen al mar. Por tanto, cuanto más chulos, cuanto más prepotente y cuanto más satánicamente saquen pecho por sus herejías y su capacidad de difundirlas, especialmente entre los niños, mayor será su castigo en el infierno durante toda la eternidad. Que por cierto, dura "mucho".
Da igual que no crean en el infierno. Es su destino seguro salvo que se arrepientan. Pero a veces si pecado es tan horroroso que Dios les castiga sin la posibilidad de arrepentirse. Al contrario, les endurece el corazón, como a faraón.
Cierto que las tradiciones apostólicas son las únicas que integran la Tradición en sentido propio, ya que, como definió el Concilio de Trento en 1546, la Revelación “se contiene en los libros escritos y las tradiciones no escritas que, transmitidas como de mano en mano, han llegado a nosotros desde los Apóstoles, quienes las recibieron o bien de labios del mismo Cristo, o bien por inspiración del Espíritu Santo”. La Revelación concluyó con la muerte del último de los Apóstoles.
Pero junto a las tradiciones apostólicas se encuentran asimismo las eclesiásticas: creencias, ritos, usos, devociones etc., surgidos después de la era apostólica.
Contra los iconoclastas, que impugnaban el culto debido a las sagradas imágenes, el Segundo Concilio de Nicea estableció en el año 787: “Si alguno rechaza toda tradición eclesiástica, escrita o no escrita, sea anatema”.
Aunque no gozan de igual autoridad que las apostólicas, las tradiciones eclesiásticas no son, sin embargo, meramente humanas, ya que la Iglesia siguió asistida por el Espíritu Santo después de la muerte del último de los Apóstoles, aunque terminase la Revelación. Son por ello el patrimonio acumulado por muchos siglos de piedad y doctrina.
Es impío y temerario suprimirlas o cambiarlas sin una razón proporcionada.
Impiedad y temeridad que han predominado en la Iglesia en los últimos tiempos, abandonando trincheras de siglos (como se debatió aquí hace meses con ocasión de otra columna del autor).
Trincheras abandonadas que, muy precisamente, la defendían de la invasión modernista.
Por ejemplo, mucho de lo conservado en los inmemoriales ritos litúrgicos como el romano y otros latinos u orientales. Y el celibato o continencia de los clérigos, siempre aborrecido por los herejes y hoy tan atacado en la Iglesia que se llama conciliar y ahora sinodal.
Como escribió Pascal: “Si la Iglesia antigua hubiese estado en el error, la Iglesia habría dejado de ser. Si lo estuviera hoy, no ocurriría lo mismo: ya que tiene siempre la máxima superior de la tradición, del crédito de la Iglesia antigua; y así esta sumisión y esta conformidad a la Iglesia antigua prevalecen y todo lo corrigen.”
Cuando la Profesión de fe fue modificada en 1967 se suprimió esta obligación de adherir a las tradiciones de la Iglesia. Y en una nueva reforma de 1988 (aunque a veces se la cite por el año de publicación en 1989) se añadió en cambio la obligación de adherir al magisterio meramente auténtico (inferior al infalible).
Prueba de un cambio de acento manifiesto: de las tradiciones eclesiásticas, ahora olvidadas o degradadas, al magisterio presente, ahora ensalzado; “solum Magisterium”, parecería pretenderse.
Las tradiciones devoradas por un sedicente magisterio que, por falta de constancia o continuidad objetiva con el de siglos, no es verdaderamente Magisterio.
Bien lo saben los modernistas, que tanto aborrecen las tradiciones católicas (tanto apostólicas como eclesiásticas) y, en cambio, no tienen empacho en sacar partido del sedicente magisterio presente.
Lamentablemente, estos son como los que hablaba Jesucristo en la parábola de lo sucedido al hombre rico y al pobre Lázaro tras su muerte, cuando el rico, en medio de los tormentos, ve a Lázaro en el seno de Abraham, y le dice a este último: "'Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento". Abraham respondió: "Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen". "No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán". Abraham respondió: "Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán'" (Lc. 16, 27-31).
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Que está muy bien dado el doctorado.
San Agustín también en una época de su vida dijo muchas pavadas, y ahí está el hombre proclamado como doctor de la iglesia.
Teniendo en cuenta que estamos hablando de una filósofa no veo por qué no ha de ser Doctora de la Iglesia. ¡Pues no hay pocos eruditos conversos en la Iglesia Católica!
A Edith Stein ya le hizo una buena faena Husserl, que la retuvo como mera secretaria cuando valía mucho más (fue un caso de desprecio hacia la mujer más que notable); después murió como judía siendo católica conversa y ahora ¿vamos nosotros a negarle sus méritos más que probados?
Yo no soy sospechosa de feminismo, pero es evidente que cuando la misoginia asoma hay que verla.
"Y si te lo hiciera, no es un Dios de quien me interese recibir gracia ninguna"
No decir "de este agua no beberé" suele ser un buen consejo. Especialmente cuando se habla de Dios, que no está sometido a nuestro juicio, nosotros estamos sometidos al suyo.
P.S. Siento que no me haya dado la vida para intervenir en los comentarios del artículo anterior.
"Primero en Comentar"
Y primero de la clase, matrícula de honor y lo que se tercie.
"si no a la falta de fe dentro de la Iglesia donde hay una especie de vergüenza a ser antiguos que trata de compatibilizar la Iglesia con el mundo actual, lo que es imposible"
Esto explica, en pocas palabras, todo el posconcilio y sus despropósitos: complejo de inferioridad frente al mundo.
"Y lo tibio no atrae a nadie"
Podría ser el epitafio de numerosas órdenes y congregaciones religiosas, desgraciadamente.
Por asociación de ideas, recuerdo ese libro cada vez que leo a un renegado/modernista -valga la redundancia- escribiendo sus desvaríos no siendo conscientes de que en su cabeza les parecerá muy bonitos, pero que la realidad se les escapa.
Ambos caso me generan un doble sentimiento: De asco y de misericordia por esas almas errantes.
Yo prefiero a las rabizas.
[...]
Y me conformo con tu asco.
Tu misericordia me trae sin cuidado.
Vale para lo mismo que el papel higiénico (Eso si de triple capa)
Asi que combinemos tu desprecio con mi desdén y vayamos juntos a ningun sitio.
El caso es que tengo amigos y familiares que están en esa posición que tu llamas modernismo, la de Hugo, la posición entre Pinto y Valdemoro, ni chicha ni limoná. Yo les digo que ya han dejado de ser cristianos pero no lo reconocen. Probablemente les da miedo reconocerlo.
Con lo que no estoy de acuerdo es con el análisis que soléis hacer de los motivos de esta situación, echándole la culpa al tipo de enseñanza que se imparte en la Iglesia. A mí me lo enseñaron todo bien, créeme. Lo que ocurre es que también me enseñaron a pensar por mí mismo y cuando me hice adulto me parecieron increíbles todas las enseñanzas del cristianismo. Primero unas, luego otras y luego todas.
"Deja que sea yo quien escoja de que agua beber"
Cuando uno responde así, suele ser señal de que se engaña a sí mismo, porque yo en ningún momento he pretendido obligarle a beber un agua u otra. Si tiene que fingirlo, es mala señal.
"Fíjate. Hay por ahí veganos. Debe ser asqueroso alimentarse así y a ellos les gusta. Con lo rico que está el jamón serrano."
Claro, en cuestiones de gustos, cada uno que haga lo que quiera. Pero la verdad no es cuestión de gustos, es la que es. De nuevo, tener que confundir la cuestión en lugar de aclararla para defender la propia postura es mala señal. No se lo digo para "ganar" una discusión, que es algo que lógicamente me trae al fresco, sino por genuino deseo de que vea los grandes defectos de su postura, por si eso le ayuda. En este blog, se da cortésmente por supuesto que los que participan quieren conocer la verdad.
"Suena a orgulloso, sí; pero por que lo es. Ante un dios (con minúscula) indigno, prefiero libremente mantener mi dignidad"
A lo que suena es a lo mismo que dijo Lucifer, creyendo que sabía mejor que Dios lo que era bueno. Yo, sinceramente, me buscaría a otro a quien parecerme.
"Cuando me di cuenta que lo que yo creía no era lo que predicaba la iglesia..."
Bueno.... Pues eso, ni me molesto más. Podemos dar vueltas y vueltas y seguir hablando y cuadrando círculos. O podemos seguir llamando a la decadencia progreso.
Pero va a ser que no.
Dios les bendiga.
"Bruno, por fin un artículo tuyo con el que estoy totalmente de acuerdo. Cuestionar una parte, cualquier parte, de la fe católica es cuestionarla toda"
Me alegro de que estemos de acuerdo, como no podía ser de otra manera, porque se trata de un hecho objetivo.
"Lo sé porque yo mismo recorrí ese camino. Por supuesto, yo no lo veo como algo negativo, sino como una liberación"
Claro, también los que adulteran, se drogan o se hurgan la nariz y eructan en público lo ven como una liberación. La cuestión es si lo es o no.
"Con lo que no estoy de acuerdo es con el análisis que soléis hacer de los motivos de esta situación, echándole la culpa al tipo de enseñanza que se imparte en la Iglesia. A mí me lo enseñaron todo bien, créeme"
Bueno, sin ánimo de ofender, mi experiencia y las cosas que ha dicho una y otra vez en este mismo blog me dicen que no es así. Evidentemente, para distinguir entre saber y no saber hay que saber, así que a menudo el que no sabe tampoco sabe que no sabe. Sucede en todo y no solo en temas de fe.
"cuando me hice adulto me parecieron increíbles todas las enseñanzas del cristianismo. Primero unas, luego otras y luego todas"
Solo esto ya indica, me temo, que no se lo "enseñaron todo bien". Que algo parezca o no parezca increíble es una sensación, que no es criterio de verdad, igual que el enamoramiento no es lo mismo que el amor o que estar enfadado no es lo mismo que tener razón. Es una distinción básica y, si uno no la hace, queda incapacitado para razonar bien en estos temas.
Sí, el pensar por si mismo es una trampa mortal para la Fe porque se ataca a la Revelación y, negándola se niega todo lo demás. Sin embargo tampoco ganan nada con eso porque tendría que notarse la potencia que supone pensar por uno mismo sin ningún tipo de anclaje, en relación con aquellos que piensan según unos principios fijos, y no se nota, para efectos discursivos, de entendimiento y de comprensión del mundo el perder la Fe no añade nada. Le coloca a uno en otra posición, pero no le hace ni más inteligente, ni más capaz, ni mejor y tampoco más libre. Una vez de perder la Fe no les queda más remedio que tirar para adelante según la capacidad y las barreras morales que cada cual tenga.
La Fe no promete el aumento del CI, en cambio cuando uno la pierde puede hacerse ilusiones con respecto a eso.
La mayor parte de los ateos encuentran tan infantiles las creencias de los demás que se creen más maduros, por otra parte muchos de ellos tampoco distinguen unas creencias de otras, de manera que les parece igual ser católico que santero.
Un católico no se pregunta cómo se siente sino lo que es y juega con esas cartas, por eso San Francisco Javier no intentó ser San Francisco de Asís, ni San Maximilian Kolbe Santo Tomás Moro.
Tal vez no sería mala idea dar parte a la Guardia Civil y a los Servicios Sociales de los datos de ese rabioso desequilibrado potencialmente peligroso que se ha venido p'a arriba desde que lo nombraste.
Más que nada para que esté controlado.
"¿Pero no se dan cuenta que les están trolleando?"
Je, je. Le dijo la sartén al cazo: apártate, que me tiznas.
Breve síntesis de la historia de la Iglesia en las últimas décadas.
San Pio X, ora pro nobis.
Saludos cordiales.
"Lo que me extraña es que Bruno lo permita"
Porque este blog no es sobre las personas, sino sobre temas interesantes para discutir y conocer mejor la verdad. Y basta echar una ojeada para ver que en este post se han planteado una docena de cuestiones sumamente interesantes. Por supuesto, Hugo se equivoca prácticamente siempre en lo que dice o quizá sea una especie de Higinio que quiere desacreditar con despropósitos intencionados al progresismo/modernismo o simplemente desee reírse de nosotros como apunta juvenal, pero lo cierto es que son temas que merece la pena discutir. Al menos a mí me parece evidente que multitud de sacerdotes, religiosos y obispos no los tienen claros.
La calidad moral o las intenciones de los que intervienen importan muy poco. Si alguien se sale de madre o emplea tácticas que estropeen la conversación, le borramos y ya está.
Al propio Hazquenbush le he borrado un montón de veces y no ha pasado nada. De hecho, si puedo decir algo en su favor aparte de su gusto por la poesía y cierto buen humor, es que no se queja cuando le borran. Solo eso hace que sea mucho más soportable que otros trolls (sí, el listón está muy bajo).
"lo que es una sensación es la fe. Es una sensación de tener razón que impide llegar al auténtico conocimiento. La duda, por el contrario, es un camino que permite llegar a saber, realmente saber, algunas cosas y a conocer los límites del propio conocimiento"
¿Ve? Lo que a usted le enseñaron no tiene nada que ver con el auténtico cristianismo. La fe no tiene nada de sensación de tener razón, porque a menudo la sensación es la contraria. Las sensaciones son realidades superficiales y cambiantes. La fe es un conocimiento racional que, precisamente, reconoce los límites del propio conocimiento y se abre a la revelación de Dios, que es superior a la propia razón, aunque no contraria a ella.
Quien no conoce los límites del propio conocimiento es el que pretende que lo que puede abarcar su conocimiento limitado es lo único que es verdad.
Ramontxu: La duda no permite llegar al auténtico conocimiento más de lo que permite estar en posesión de la verdad porque eso no hizo dormirse en los laureles al mundo mientras existió la Cristiandad. Puede que se lo haya impedido a los musulmanes, que cerraron la filosofía y la ciencia a cal canto, pero no a los cristianos. ¿O es que para hacer experimentos con guisantes el agustino Mendel tenía que perder la fe? ¿O no has visto las colecciones del botánico Mutis, que también era sacerdote, en el Real Jardín Botánico de Madrid? ¿Y qué me dices del Códex Martínez Compañón, obispo, que ha dado lugar al estudio de la pintura, la música y la antropología en Trujillo del Perú en el S. XVIII? ¿O la obra del franciscano Fray Bernardino de Sahagún, que inventó la antropología cultural, cuando aún no existía, con su monumental "Historia General de las Cosas de la Nueva España" y el método de los informantes ?
Suponte que hubieran sido ateos ¿qué ventaja les hubiera proporcionado?
Como ya decía Luis Fernando, no conviene escribir comentarios que sean más largos que el propio post, porque dificultan la lectura de los comentarios, es imposible responder a ellos y, además, inevitablemente se apartan del tema discutido. Si uno tiene tanto que decir, es mejor que se cree su propio blog.
Una cosa que me parece interesante, es que se obcecan en que son cristianos porque "creen en Cristo". Pero lo cierto es que creen en Cristo a su manera, cogiendo la parte que les mola y la que no mola pues adiós. Como ya dije en otro comentario, en los Evangelios no solamente hablan de la divinidad de Jesús. Sino que este Jesús escogió un colegio apostólico con capacidad para perdonar pecados, autoridad para enseñar en su nombre y para celebrar la Eucaristía. A parte de esto, se puede ver una doctrina. Las cartas apostólicas enfatizan constantemente la importancia de guardar esa doctrina que Cristo enseñó y que ellos nos transmiten. Es decir, la única conexión que hay con Cristo y lo que enseñó es la Iglesia. Estos tipos, lo que hacen es romper esa conexión y meter conexiones que a ellos les parecen bien 2000 años después de los hechos que se narran. Cosa curiosa. Es como si yo empiezo a negar lo que hizo Augusto porque no me parece bien lo que escribió Suetonio. Y decido reescribir la historia según lo que a mí me parece sin tener en cuenta a los testigos más cercanos a los hechos.
Aun así, tan modernista es el que niega la resurrección como el que niega que la fornicación sea pecado mortal. Al final es quedarse con lo que a uno le interesa y hacerse un diosecillo a nuestra medida. Hay dos frases de dos santos al respecto que dan al caso:
"Si crees lo que te gusta en los evangelios y rechazas lo que no te gusta, no crees en el evangelio, sino en ti mismo" (S. Agustín)
"Incluso los herejes parecen tener a Cristo, porque ninguno de ellos niega el nombre de Cristo. Sin embargo, cualquier persona que no confiesa todo lo que pertenece a Cristo, de hecho niega a Cristo".
Ej qe yo kreo que los que ban a misa son faxistas tontos y ay que matarlos a todos.
Independientemente de mi persona ¿Esta le parece una idea interesante para debatir?
¿Merece la pena dedicarle un segundo?
Si alguien pensara honestamente y fuera una persona más o menos capacitada se podría discutir, pero el caso de Culo Z. Hartodelbustz es diferente. Él viene aquí a reírse y a ofender.
Usted está en su casa y puede hacer lo que quiera, pero yo
me encargaría de quitarle este último gustirrinín que les queda a los fracasados: El intentar molestar a los demás.
"San Pio X, ora pro nobis"
Amén.
Los listillos de la época se reían de San Pío X, diciendo que era un cura de aldea, y resulta que fue capaz de ver mucho más lejos y más profundo que todos ellos.
"¿Esta le parece una idea interesante para debatir? ¿Merece la pena dedicarle un segundo?"
Es que las cosas que dice Hackenbush son, a grandes rasgos y de forma más o menos caótica e incoherente, las que dicen Arregi, Pagola, Queiruga, Masiá, Ariel Domínguez, James Martin, centenares de obispos, numerosísimos profesores de seminarios y universidades católicas e innumerables párrocos, profesores de religión y religiosos. Eso hace que sea interesante conocerlas, diseccionarlas, comprenderlas y rebatirlas. Independientemente de que al propio interesado le beneficie/interese seriamente la discusión o no. Sus opiniones no se han traído al blog en cuanto que suyas o en cuanto que profundas y elevadas, sino en cuanto que son un veneno extendidísimo en la Iglesia y que nos está matando.
Todo eso es muy triste, pero vivimos tiempos recios.
"Si crees lo que te gusta en los evangelios y rechazas lo que no te gusta, no crees en el evangelio, sino en ti mismo" (S. Agustín)
Siempre me da la impresión de que todo lo que pueda decir, lo han dicho de forma más sucinta, mejor y con más profundidad San Agustín, Santo Tomás o Chesterton. O, a menudo, los tres.
"El tal Hugo parece por ahora bien lejos del escepticismo y del agnosticismo, si es que cree en lo que escribe"
Si lee este artículo y el anterior con detenimiento, verá que se explica que 1) creer cosas sobre Cristo pero sin creer en la Escritura, la Tradición y el Magisterio es no creer en Cristo, sino en uno mismo, y 2) creer en uno mismo es lo mismo que creer un montón de cosas (y no creer otras) sin razón ninguna, porque sí, movido por los propios afectos e instintos, que es exactamente lo mismo que hace el agnóstico. Agnósticos no son los que no creen en nada, porque el ser humano no puede no creer en nada, sino los que creen lo que creen porque sí, porque les apetece o sin saber lo que creen o por qué lo creen.
D. Hugo es un claro caso de todo esto.
Monólogo final del replicante de Bladde Runner.
¡Joé Patxi! Este no sería vasco o así. Igual marica.
Yo he sobrevivido a una conferencia de Pagola, a las ocurrencias de Joxe Arregui, a las lecturas de González Faus, Queiruga, Küng, Castillo etc, y aquí me tienes oyes, dispuesto a comer una cazuelita de kokotxas con vino apropiado.
Como me dijo mi maestro Sabino Arana, hay que cuidar la pureza de nuestra raza, pues.
Je, je. Me ha recordado al Josemari Txapelarraro aquel, de La Caverna.
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Parece que en ciertos ambientes sedicentes "tradicionales" se tiende a pensar, de modo erróneo, que "tradición apostólica" equivale sin más a "Tradición divina". Véase aquí una breve y correcta caracterización del asunto: https://www.academia.edu/105863562/Sobre_el_llamado_argumento_de_Tradici%C3%B3n_en_sagrada_Teolog%C3%ADa.
Al Pascal jansenista le faltó, ciertamente, la sumisión a la Iglesia. Fue sin embargo grande por muchos de sus Pensamientos y por no poco de sus Provinciales ("Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"). Sin embargo, de poco o nada sirve declararse fiel a la Tradición si se rechaza a la Iglesia en su Magisterio y se cae en la herejía o en el cisma. Pues la que interpreta auténticamente la "máxima superior de la Tradición" es la Santa Iglesia, no Pascal ni M. Lefebvre.
"Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, en cuanto por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer.
Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas" (Const. dogm. Dei Verbum, n. 10).
“San Ignacio de Loyola invita a sostener que es negro lo que nosotros vemos blanco si la Iglesia jerárquica así lo determina. Pero San Ignacio no nos invita a creer, fiados en el Magisterio, que es blanco lo que el Magisterio mismo nos dijo antes, y de forma definitiva, que era negro”.
Esa traducción no es muy correcta. Es más apropiada "más allá de los márgenes de Orión" o "más allá de los límites de Orión"
Pero, con independencia de la terminología elegida o acuñada, no creo que en sustancia haya contradicción con la distinción bimembre entre Tradición como fuente de la Revelación y tradiciones eclesiásticas.
Se llame Tradición divina o divino-apostólica o sencillamente apostólica, la primera es la Tradición recibida por los Apóstoles de los labios de Cristo (que el gran dominico llama también "domínica") o inspirada a los Apóstoles por el Espíritu Santo.
Mientras que las tradiciones eclesiásticas no forman parte de la Revelación. Interesante el matiz advertido por el autor: no todas necesariamente nacidas con posterioridad a los tiempos apostólicos.
Queda en pie:
1 - Que las tradiciones eclesiásticas son el patrimonio acumulado por muchos siglos de piedad y doctrina. Es impío y temerario suprimirlas o cambiarlas sin una razón proporcionada.
2 - Que no siempre es fácil determinar cuándo una tradición católica es puramente eclesiástica. En muchas ocasiones lo que a primera vista pudiera parecer tal es, en realidad, la declaración o explicitación de una verdad o costumbre de origen apostólico (llámese divino-apostólico) y pertenece, por lo tanto, a la Tradición en sentido estricto.
3 - Y que la Profesión tridentina de fe (1564) obliga a admitir y abrazar "firmísimamente las tradiciones de los Apóstoles y de la Iglesia y las restantes observancias y constituciones de la misma Iglesia”. Adviértase que la terminología bimembre aquí retenida es "tradiciones de los Apóstoles y de la Iglesia".
Santa Mónica y la eficacia de la oración, sacramentos, sacrificio... Pero claro, para #los casados con el mundo viejo# eso es locura o necedad. San Pablo (y demás columnas) y la eficacia de la predicación. Pero claro, hay que llevar el fuego dentro y transmitirlo. En definitiva, hay que dejar hacer a Él. Nosotros solos nada bueno podemos. Aceptando que Iscariotes hay desde siempre. El misterio del trigo y la cizaña.
Respecto al título de doctora, pienso como Doña África.
Tras el experimento concluido, solo queda extirpar el tumor.
Creo que el católico occidental que va al ateísmo, modernismo, protestantismo, sectarismo... le da todavia un valor brutal al hecho religioso. Animo Hugo Z., aun eres recuperable si te arrepientes de tus errores, frustraciones, resentimientos, egolatría...
"los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. Porque la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne" (Gal. 5, 16-17).
"Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres" (Jn. 8, 31-32).
"Esa traducción no es muy correcta. Es más apropiada "más allá de los márgenes de Orión" o "más allá de los límites de Orión""
Hasta donde puedo ver, eso no es cierto. La constelación de Orión se llama así porque tiene más o menos la forma de un gigante (el gigante Orión), con su "cinturón", sus hombros, etc. Por lo tanto, el original se refiere a una de las estrellas que forman esos hombros (probablemente Betelgeuse).
A eso se suma que Orión no tiene límites ni márgenes, porque las constelaciones solo lo son por perspectiva, en el sentido de que, desde la tierra, algunas estrellas se ven cerca de otras. Lo cierto es que, en el espacio tridimensional, no forman grupos.
En efecto, el q lo dice es un modernista pero nadie lo considera como tal. No se puede decir el nombre.
El progresista cristiano no es más que un progresista de. grado menor, que tiende inevitablemente al grado cero. Cuando era joven, los progresistas cristianos rechazaban el aborto o la homosexualidad, por ejemplo. Hoy lo aceptan. Son hermanos de los progresistas ateos.
El progresismo es el mal, el progresismo es la muerte.
En este tipo de comentarios eso no se puede hacer y nadie está de acuerdo con nadie, excepto de los que parten de un mismo punto.
Heidegger se mofó del libro de Theodor Haecker titulado "¿Qué es el hombre?" haciendo el comentario jocoso: "Si ya lo sabe ¿para qué se lo pregunta?", pero acabó con un funeral católico y un entierro católico lo mismo que Haecker. Sin embargo ese acto, con el cual cerró su vida, no invalida su filosofía aunque sus caminos lo llevaran por otro lado, lo cual quiere decir que, después de tanto embarrullar, se aferró al punto sólido del que el converso Haecker había partido para escribir su libro. ¿Quién rió el último?
"Ciertos textos de devoción parecen sugerir que la fe cristiana en la cruz se representa un Dios cuya justicia inexorable ha reclamado un sacrificio humano, el sacrificio de su propio Hijo. Y nos apartamos con horror de una justicia cuya sombría cólera priva de cualquier credibilidad al mensaje del amor."
"Es impío y cruel entregar un hombre inocente a la pasión y a la muerte contra su voluntad.
Pero Dios Padre no entregó a Cristo de ese modo, sino inspirándole la voluntad de padecer por nosotros.
En lo cual se manifiesta no sólo la severidad de Dios, que no quiso perdonar el pecado sin castigo, como lo da a conocer el Apóstol cuando dice: No perdonó a su propio Hijo (Rom 8,32);
sino también su bondad, porque, no pudiendo el hombre satisfacer suficientemente mediante cualquier pena que sufriese, le dio uno que satisficiese (por él), como lo indicó el Apóstol al decir: Le entregó por todos nosotros (Rom 8,32).
Y en Rom 3,25 dice: A quien, esto es, Cristo, propuso Dios como sacrificio de propiciación por la fe en su sangre."
Suma Teológica, III, q. 47, a. 3, ad 1.
En primer lugar, las "adaptaciones" o citas de memoria de Uno son gravemente injustas y traicionan el original de Ratzinger, haciéndole decir lo contrario de lo que dice, de modo que están completamente fuera de lugar.
En segundo lugar, incluso cuando se da una cita correcta, como ha hecho Urbel, es completamente injusto citar una frase de lo que son páginas y páginas de explicación sobre un tema amplísimo, profundísimo, complejísimo y que por su propia naturaleza nos supera.
En tercer lugar, es injusto y malicioso pretender que Ratzinger cambia la fe sobre la Redención, cuando lo que pretende hacer es explicar, a su manera y con su habilidad o falta de ella, la misma fe que tenía San Anselmo. Igual que hacen el propio San Anselmo o Santo Tomás.
En cuarto lugar, cuando alguien se somete obedientemente al criterio de la Iglesia en todo, incluso si en algún tema errase, no conviene llamarle hereje modernista, sino simplemente, señalar que en ese algo no ha estado acertado. Esa es, y no otra, la aplicación correcta del criterio ignaciano sobre salvar la posición del prójimo.
En resumen, no toleraré ataques burdos, injustos y que, ¡además!, no vienen a cuento.
Pero yo la he tomado de un libro dedicado precisamente a la teología del autor, donde se transcriben y analizan muchos más pasajes en igual sentido y que yo podría traer aquí.
Sin embargo, me someto a la severa advertencia del dueño de estas páginas y no seguiré con el asunto.
En todo caso, la doctrina de la satisfacción vicaria de Cristo no es una opinión teológica de San Anselmo, aunque fuese quien más profundizó en su estudio. No es cuestión de énfasis cultural o devocional.
Es doctrina próxima a la fe que el Concilio Vaticano I tuvo intención de elevar a dogma formal (Ludwig Ott, Manual de Teología Dogmática, Herder, 1997, p. 296).
Sinceramente, me hace gracia oír llamar trasnochado a el magisterio basado en la tradición y la Fé de la iglesia.
Lo que defiendes no es nuevo, es ya viejo, huele a naftalina en pantalón de campana, a revolución sexual del 68, a mundanidad, a desde el hombre para el hombre. Se le llama modernismo por ponerle un nombre pero ya estamos en el postmodernismo.
La modernidad va cambiando y supongo que tú con ella.
Tal vez algún día, Dios lo quiera, entiendas que la Verdad es eterna, que no siguió al mundo cuando fue revelada. Lo moderno sería lo romano imagino y dentro de las costumbres judías nuestro Señor se enfrentó por ejemplo al repudio de la mujer que era aceptado y moderno en la epoca. Nunca fue del mundo ni con él . Lo dejó bien claro también en su palabra. Y la unica iglesia fundada por nuestro Señor no va a seguir al mundo hoy ni mañana.
Auto justifica lo que quieras basado en ideas de hombre para el hombre aquí en la Tierra. Me parece legítimo en el error, pero la iglesia de Cristo no se porqué me da que no va por ahí.
No vamos a hacer una iglesia a nuestro antojo, a ver qué iglesia queremos. Error tras error.
Un saludo.
Dios les bendiga.
Hoy en día esto se agudiza porque la modernidad anticristiana niega de raíz el pecado, lo mas que habría sería er fagcismo.
(Del tratado de san Isidoro de Sevilla, obispo, sobre los oficios eclesiástico)
Tampoco faltan los listillos, tipo Pérez Reverte, que creen que si no hubiera nacionalismos ni religión serían balsas de aceite los pueblos y las naciones.
Eso es lo que decía también una antigua copla con respecto a las mujeres:
Si las mujeres mandasen,
en vez de mandar los hombres,
serían balsas de aceite
los pueblos y las naciones.
Es decir, no hacemos más que lanzar utopías de todo tipo, ninguna de las cuales tiene mayor soporte que el Pecado Original-la rebelión contra Dios-que tratan de explicar lo que nosotros sabemos sin que sus planteamientos tengan mayor racionalidad.
Unos, como Pérez Reverte creen que la gran tentación de poder se neutralizaría sin nacionalismos y sin religión, sin tener prueba ninguna de lo que está diciendo; otras piensan que esto lo arreglan las mujeres, con la misma falta de pruebas; los de más allá achacan a una naturaleza torcida los malos comportamientos, a pesar de que hay múltiples casos de lo contrario, pero todos ellos presentan sus argumentaciones no demostradas como si el Pecado Original fuera, de todas, la más absurda.
Cierto que el Pecado Original es indemostrable, pero no más que la naturaleza torcida, el planteamiento feminista o la idea de la irresponsabilidad humana.
Por cierto esta última es la más cool y la que está más en boga. Desgraciadamente hasta la Iglesia se ha apuntado últimamente.
Y lo que no entienden es que el pecado rompe la amistad con Dios, la hace imposible. ¿De verdad alguien puede creer que Dios perdonará a un pueblo homicida que mata a sus hijos por nacer? Por poner un ejemplo. Incluso el pecador termina amando el pecado y aborreciendo a Dios. Solo se termina renegando del pecado cuando éste nos acarrea males visibles (porque el pecado está en contra de la Naturaleza, al fin y al cabo)
Todo esto, por supuesto, es promovido por los poderes del mundo, que son quienes se encargan de dirigir la ira y la insatisfacción de la plebe hacia a donde a ellos les conviene. Eso, después de alabarles, rascarles el lomo y robarles la cartera.
Cronológicamente primero desapareció la virtud, décadas después, como no podía ser de otro modo, el pecado.
En sustitución del pecado ahora lo que se aborrecen son los defectos, porque los defectos son los que no podemos aguantar: personas aburridas, lentas, pesadas, desordenadas...
¿Quién se divorcia porque su marido sea un corrupto? Nadie, pero se puede divorciar si es aburrido.
La tolerancia a los defectos ha disminuido extraordinariamente por lo que yo puedo comprobar, y, como es imposible nacer en una familia en la que todos sean perfectos, todas las familias tienen propensión a romperse y, últimamente, previendo esa posibilidad, ni siquiera se llegan a formar.
El Decálogo de hoy sería bien distinto, no incluiría pecados sino únicamente defectos, y áquel que fuera lento, casado con una hiperactiva; la aburrida casada con un superdivertido; la despistada casada con un tiquismiquis; el puntual casado con una que siempre llega tarde; etc...tienen más razones para divorciarse que si se trata de criminales, corruptos, mentirosos compulsivos e, incluso, infieles. Llama la atención que, si una va a confesarse, y dice que es pesada, lenta o despistada el sacerdote le diga que haga todo lo posible para corregir esos defectos, pero que eso no es pecado.
¿Dónde se ha visto a un cónyuge que le diga al otro: "como sospecho que estas entradas de dinero a carros no pueden estar originadas por los emolumentos de tu profesión, no puedo vivir con alguien que me haga cómplice de extraños negocios"? Pero en cambio puede decirle: "Cuando nos casamos eras muy divertido y ahora eres un muermo, yo necesito libertad". El robo y la estafa son pecados, ser un muermo no.
El día que la nieta de mi hermano le dijo a su abuelo: "¡Diviérteme!" vi claramente por dónde iba el mundo.
Hay un tal Cristo que tiene que decir algo al respecto:
"Si yo testimoniase de mí mismo, mi testimonio no sería verdadero."
Juan 5, 31
Se conoce su profundo conocimiento de la "Pascendi" pero entre grietas revela que es usted un pecadol de la pladera, un coballde y un finstró sexuá.
¿Para qué esforzarse en argumentar de otra manera?
En particular "Iota unum" de Romano Amerio es una obra magistral (versión original en italiano de 1985, hay traducción al español por Carmelo López-Arias publicada en 1994). Amerio completó su gran libro con un apéndice dedicado, bajo el título de "Stat veritas", a algunos errores de Juan Pablo II.
Por mi parte recomiendo también "Cien años de modernismo" de Dominique Bourmaud, que se remonta a los fundamentos filosóficos del modernismo (en particular Kant) y lo estudia en sus tres fases: primer modernismo condenado por San Pío X, segundo modernismo condenado por Pío XII y modernismo triunfante tras el Vaticano II.
Feliz domingo cuarto de Pascua.
Hay q ser fanático de la verdad, no del líder, pq la autoridad no es la verdad, la verdad es la autoridad.
Primer paso: Solamente creyendo en la evolucion del dogma se puede creer en esto. ¿Como tapan la evolucion del dogma para que no se vea? Pues muy facil:
Segundo paso: te dicen q evoluciona la doctrina pero no el dogma. Esto casi cuela, pq la premisa "Todo se puede cambiar excepto el dogma" es falsa puesto q los dogmas van saliendo de la doctrina. Llegados a este punto se pasa a lo siguiente:
Tercer paso: te dicen q en realidad lo q evoluciona es la interpretacion de la doctrina y el dogma, q es lo q dice el cvii. Pero esto es exactamente la evolución del dogma.
En realidad ninguna autoridad eclesiástica ha hecho la vista gorda sino q simplemente no ven que el veneno sea veneno. ¿Cual vista gorda si creen q el veneno ya es la doctrina? Cuando se cree en la falsa doctrina de la libertad religiosa cualquier tontada doctrinal venenosa es legítima excepto permanecer en la Tradición, q pasa a ser un acto cismático motivo de falsa excomunión.
2 Timoteo 3,12:
"Como ya decía Luis Fernando, no conviene escribir comentarios que sean más largos que el propio post, porque dificultan la lectura de los comentarios, es imposible responder a ellos y, además, inevitablemente se apartan del tema discutido. Si uno tiene tanto que decir, es mejor que se cree su propio blog".
Toda regla tiene una excepción (incluida ésta). Creo que bien podría dispensarse a 2 Timoteo3,12 la extensión de su inventario de "barrabasadas" (como decimos en México a este tipo de tonterías) neocatequéticas, para que todos podamos identificar alguna(s) que escuchamos en nuestro entorno, tristemente cada día y con mayor normalidad.
Soy Ing. Químico y, al igual que cualquier ciencia exacta, la solución de un problema parte del correcto enunciado del mismo. Así pues, le agradezco a 2 Timoteo 3,12 que se haya tomado la molestia de enumerar los detalles del problema que los católicos debemos reconocer, para enfrentar.
Excelente par de posts, Bruno, sobre la postura del buen Hugo Z. Hazquenbush.
Que "tradición apostólica" no equivale sin más a "Tradición divina".
Que distinguir "Tradición" de "tradición" (o "tradiciones") corresponde, autoritativamente, al Magisterio de la Iglesia.
"Declara además, que en la administración de los Sacramentos ha tenido siempre la Iglesia potestad para establecer o mudar, salva siempre la esencia de ellos, cuanto ha juzgado ser más conducente, según las circunstancias de las cosas, tiempos y lugares, a la utilidad de los que reciben los Sacramentos o a la veneración de estos".
Además del lugar ya citado de la Profesión tridentina de fe (1564), asimismo en la Profesión de fe prescrita por Benedicto XIV a los maronitas (1743):
"igualmente [profeso] que las tradiciones apostólicas y eclesiásticas deben ser recibidas y veneradas".
- Cierto que corresponde al Magisterio distinguir Tradición de tradiciones. No separarlas.
Sin decir blanco donde antes dijo negro (remito a las recientes palabras del cardenal Müller ya citadas más arriba en este hilo de comentarios).
Y venerando las tradiciones como unidas al mantenimiento de la Tradición. En contra:
"Hermanos, hermanas, volvamos al Concilio, que ha redescubierto el río vivo de la Tradición sin estancarse en las tradiciones".
(Homilía del papa Francisco el 11 de octubre de 2022, memoria de San Juan XXIII y conmemoración de los 60 años de la apertura del Concilio Vaticano II).
Pero no arbitrariamente, diciendo hoy negro donde antes dijo blanco, sino "llevada de graves y justas causas" (lugar citado de Trento).
Precisamente en este lugar se afirman por Trento las "graves y justas causas" que llevaron a la Iglesia a prohibir la antigua costumbre de la comunión de los fieles bajo las dos especies.
Ahora restablecida, merced a la revolución litúrgica, contra aquellas graves y justas causas.
Echo de menos el condimento imprescindible de los grandes exegetas católicos, en los que se les nota que su fe no es un plano con el que se conectan a veces, sino algo que impregna su vida y su pensar, que se vería en frases que en este caso serían como:
-El diablo ha llevado a Hugo a rechazar la fe católica poco a poco sin que se de cuenta, a la vez que con ello justificaba sus faltas y posibles vicios....
-Debemos rogar para que Dios le de a Hugo gracias especiales para que vuelva a la Fe....
No se si me explico
El que a uno le parezca alguien especialmente interesante no signfica que sea relevante. Y, desde luego, si alguien piensa que yo razono como Hugo podría también suponer que el P. McNaab hace lo mismo con el cuervo posado en la rama o con la abubilla en su nido. Tu aportación nos pone a todos en el mismo plano, razón por la cual el título de este post no es cierto porque el experimento ha resultado fallido debido a que usía no sabe inglés y el traductor no atiende a sus peticiones y sin el P. McNaab estamos perdidos.
La cuestión es que es el Magisterio el que debe distinguir si hay causas o no hay causas en un momento dado.
Puro positivismo.
He decidido hacerlo a través de un sacerdote amigo, él la considerará y decidirá al respecto.
Creo conveniente que antes de adentrarme en la cuestión, sea oportuno reflexionar brevemente sobre el misterio del hombre, tesoro inaudito puesto por Dios en potes o vasijas de barro.
Todo el cosmos en su conjunto vale menos que un solo hombre.
Puede resultar irracional para un mundo vacíado sobre el crisol de la materia.
Consideramos la relevancia de una nación por su poder material, de igual modo procedemos cuando estimamos las personas.
Cómo aceptar que un hombre represente un valor mayor que uno de los mundos espaciales que nos rodean?
Es evidente que carece de títulos jurídicos para invocar derechos sobre tal inmenso cuerpo, planeta o estrella.
Sin embargo, sabemos que un astro carece de la inteligencia racional del hombre, por lo cual su condición es de orden esencial inferior.
El cosmos ha sido creado a imagen de Dios, el hombre lo ha sido a imagen y semejanza del Creador.
Por lo cual aventaja en medida inconmensurable a la totalidad de las galaxias de los espacios siderales.
Dicho esto, es decir, afirmada la trascendencia de cada hombre, que llevó a Cristo a ofrecer su Vida al Padre por todos y por cada uno de nosotros, que no la hubiera ofrecido por todo el cosmos, guardo para otro comentario avanzar en la exposición de la cuestión a tratar por la autoridad de la Iglesia.
En todo caso, el positivismo jurídico estaría más bien expresado en la continuación de la frase de Juvenal citada: "sit pro ratione voluntas". Pues querer y preceptuar algo, así sin más, en sí mismo no tiene nada de reprensible ni de jurídicamente positivista. Para poner un ejemplo, lo que Jesucristo nos ha mandado quiso mandarlo, lógicamente, y quiso que lo cumpliéramos. Es bastante obvio.
Cabe intentar definir o al menos describir el principio rector del solum Magisterium, llamado positivismo eclesiástico por el cardenal Avery Dulles, como la falsa pretensión de que basta la voluntad de la jerarquía para, sin más argumento de fe, tradición o razón, afirmarla absolutamente fundada.
Me parece que, en la visión de CP, si la autoridad ha reintroducido la comunión de los fieles bajo las dos especies, contra lo establecido por Trento en el lugar citado, es necesariamente, sin más argumento, por graves y justas causas.
Ocurre en lo ritual como con la comunión en la mano: bien está si la autoridad ha pasado a tolerarla. Y bien estaría si pasase a tolerar comulgar sentados o en cualquier otra postura.
Valga la humorada, como si en lo dogmático las personas divinas pasaran a ser cinco en lugar de tres. Creo que el ejemplo es de Dulles.
Todo eso sigue igual.
Por supuesto creo que lo harían por causas graves y justas y también creo que en circunstancias en las que no existan esas causas la Iglesia sigue teniendo el poder de permitir que se comulgue bajo las dos especies. Ese poder para mudar en la administración de sacramentos, salvo la sustancia de ellos, que se reconoce en Trento.
Y es que las circunstancias no son siempre las mismas, por lo que las causas no siempre están presentes.
No veo el problema en que se pueda permitir ocasionalmente comulgar bajo las dos especies y desde luego ni es lo más generalizado, ni nadie te obliga a comulgar bajo las dos especies, incluso cuando se pueda, ni se niega que en determinadas circunstancias puedan existir causas que hagan más recomendable que se comulgue solo bajo una especie.
No veo que haya cambiado nada sustancial. Y desde luego es el Magisterio el que analiza en cada circunstancia si se dan o no determinadas causas, tal como dice Trento.
Pero el análisis de la objetividad de la existencia de circunstancias diferentes y de la existencia o no de causas no es ninguna arbitrariedad del Magisterio, sino que responde a la realidad de las cosas y a su misión magisterial.
ataques contra la Eucaristía Católica, los Padres del Vaticano II “hablaban en una época en la historia del mundo profundamente diferente. Razón por la cual estaban en posición de adelantarse hacia la esfera pastoral propuestas y directivas que cuatro siglos atrás difícilmente podrían haberse imaginado”.
Hay dos falacias aquí: la primera es la presunción de que el Novus Ordo Missae representa la voluntad de los Padres del Vaticano II, cuando, como dijo el Padre Bouyer y tantos otros, representa una contradicción con lo que los Padres del Vaticano II y las grandes figuras del Movimiento Litúrgico habían deseado.
Segundo: los mismos errores que propagaron los Reformadores Protestantes desde fuera de la
Iglesia en el siglo XVI son de nuevo propagados ahora
dentro de la Iglesia en una escala tal que en 1965 que el mismo Papa Pablo VI se vio obligado a promulgar la Encíclica Mysterium Fidei para apoyar las enseñanzas de Trento.
El único problema que a fin de cuentas tiene este Prefacio es que no se sabe si su autor vive en un mundo de fantasía, o si deliberadamente trata de engañar a los fieles.
El párrafo 14 tiene otra aserción totalmente falsa y gratuita en el mismo tema:
“Movido por el mismo espíritu e interés pastoral, el
Concilio Vaticano II pudo examinar, con una nueva
consideración, lo establecido por el Tridentino acerca de la Comunión que se recibe bajo las dos especies.
Puesto que hoy nadie pone en duda los principios doctrinales del valor pleno de la Comunión en la que se recibe la Eucaristía bajo la única especie del pan, permitió algunas veces la Comunión bajo las dos especies, cuando, de hecho, por la forma más clara del signo sacramental se ofrezca a los fieles una oportunidad especial para captar más profundamente el misterio en el que participan”.
La segunda sentencia del párrafo 14 es falsa. Desafío a
cualquiera que piense lo contrario a que pruebe si las sectas Protestantes que sostienen que la comunión bajo una especie es contraria al precepto divino (ver capítulo XXI) han modificado al menos una jota o un ápice su herejía."
Michael Davies, "Pope Paul´s New Mass (Part three of Liturgical Revolution)", primera edición en inglés 1980, capítulo XIII, págs. 321-322 de la traducción al español por Gustavo Nózica.
Sectas habrá para todos los gustos en el mundo de hoy, pero desde luego en la Iglesia católica ni se duda de la validez de la comunión bajo una sola especie ni ha cambiado la práctica generalizada. Ni hay ningún inconveniente en que se pueda comulgar bajo las dos especies en los momentos que la Iglesia lo considere oportuno.
Eso, respetando totalmente lo dicho en Trento y sin contradecirlo en nada.
No veo el problema.
Por ello Michael Davies no entrecomilla esa parte del texto.
Pero tampoco traiciona su sentido, que es igual y manifiesto en la siguiente transcripción literal:
"En los momentos difíciles, en los que ciertamente se ponía en crisis la fe católica acerca de la naturaleza sacrificial de la Misa, acerca del sacerdocio ministerial y de la presencia real y permanente de Cristo bajo las especies eucarísticas, San Pío V se vio obligado ante todo a salvaguardar la tradición más reciente, atacada sin verdadera razón y, por este motivo, sólo se introdujeron cambios mínimos en el rito sagrado."
Cambios mínimos, rígido conservadurismo.
Claro está, ni en los gloriosos años 60 del pasado siglo ni desde entonces ni hoy mismo, hay crisis alguna entre los católicos acerca de la naturaleza sacrificial de la Misa, el sacerdocio ministerial y la presencia real y permanente de Cristo bajo las especies eucarísticas.
Nuestros tiempos son primaverales, mucho menos difíciles que los de Trento .... En fin.
Muchos creemos, al contrario, que la espantosa hecatombe posconciliar es únicamente comparable a la crisis arriana. Pero somos profetas de calamidades.
Basta leer el comentario de CP para darse cuenta de que no implica nada de eso en la letra: tan sólo sostiene que "pueden darse otras causas distintas para hacer otras modificaciones", y que es al Magisterio a quien compete distinguir "si hay causas o no hay causas en un momento dado". Con esto mismo se está excluyendo ese supuesto principio del positivismo jurídico, ya que se reconoce que hay que distinguir si hay o no causas, lo cual implica que las mismas no se reducen a la mera y sola voluntad de determinar lo que fuere, como si "bastara la voluntad de la jerarquía".
Sería bueno, en orden a un diálogo y disputa fructíferos, y a no dar motivo de desconfiar de su honestidad intelectual, no ir más allá de los textos...
"Michael Davies (1936-2004), gran promotor de la Misa tradicional, autor de numerosos libros en defensa de la Tradición católica y de una Apologia Pro Marcel Lefebvre en tres volúmenes, se alejó definitivamente de Mons. Lefebvre cuando éste realizó «el acto cismático» de la consagración de cuatro Obispos (1988). Fue después presidente internacional, casi hasta su muerte, de la organización católica Una Voce (1995-2003). Y advirtió en términos muy fuertes de los gravísimos peligros del tradicionalismo radical extremo, pensando sobre todo, al hacerlo, en muchos que eran o habían sido compañeros y amigos suyos:
«Podríamos parafrasear al Papa Pablo VI y lamentar que “el humo de Satanás” haya entrado en el movimiento tradicionalista para estrangular su defensa de la ortodoxia. Cuando recordamos que estamos lidiando con un enemigo sobrenatural de una astucia e inteligencia enormes, debemos estar seguros de que está dispuesto a hacer todo lo posible para dividir y destruir los grupos que han sido más eficaces en oponerse a su destrucción de la Iglesia. ¿Qué medios más eficaces podría emplear que intentar llevarlos a caer en el cisma? Fuera de la Iglesia, su defensa de la Tradición se volvería ineficaz. Una vez que estas personas han abandonado la Iglesia, aunque al igual que todos los herejes y cismáticos proclamen que ellos son la verdadera Iglesia, es evidente que solo un milagro podría hacer que comprendieran su verdadera situación. El orgullo que ocasionó la ruina de Satanás es evidente en esto. Hay mucha satisfacción ligada a formar parte de los elegidos» (Introd. a 1ª ed. de su libro "I am with you always", The Neumann Press, Longprairie, Minnesota, pg. 13)".
Desde luego que la Iglesia anterior al Vaticano II no era el paraíso en la tierra, ni Jauja ni Camelot.
Tampoco las monarquías cristianas anteriores a la gran Revolución francesa de 1789 eran el paraíso en la tierra, ni Jauja ni Camelot.
En el libro clásico de Paul Hazard "La crisis de la conciencia europea" (1935) se explica que todo lo que estalló en la Revolución francesa estaba ya actuante en tiempos de Luis XIV.
Igual que todo lo que estalló en el Vaticano II estaba ya actuante en tiempos de Pío XII e incluso antes.
Ambos acontecimientos enormes, detonantes de un cambio trágico, respectivamente en la sociedad (desde 1789) y en la Iglesia (desde 1962), pero con raíces muy anteriores.
Satanás sabe hacer muy bien su trabajo como ángel de luz. Y, como con todo acierto recuerda Davies, «hay mucha satisfacción [soberbia] ligada a formar parte de los elegidos». Mucha muchísima.
Autor de muchos libros, le recomiendo en particular:
- "El Concilio del Papa Juan".
- "La Nueva Misa del Papa Pablo".
Ruego que se evite la participación de troles que no tienen interés en el tema que ocupa Infocatólica. Sólo molestan con cantinelas antiguas y de escaso nivel, y nos hacen perder el tiempo
En cambio el cardenal Suenens, si no me equivoco,
tambien protagonista del mismo acontecimiento, prefirió compararlo con 1917: "La Iglesia ha hecho su revolución de Octubre ".
En los archivos de Infocatólica (9 de noviembre de 2012) se encuentra un artículo títulado "El Concilio y la tentación revolucionaria", de Rodolfo Vargas Rubio, que comienza como sigue:
"El concilio Vaticano II fue definido como “1789 para la Iglesia” por el cardenal belga Leo Jozef Suenens (1904-1996), arzobispo de Malinas-Bruselas.
La comparación no era antojadiza, pues ya el cardenal jesuita Louis Billot (1846-1931) la había empleado —aunque con una connotación bien distinta— al advertir a Pío XI, cuando se habló en 1923 de la eventualidad de un concilio, que éste podría ser manipulado por “los peores enemigos de la Iglesia, los modernistas, quienes ya se están preparando, como ciertas indicaciones muestran, a producir la revolución en la Iglesia, un nuevo 1789”.
Esto es tanto como decir que el concilio era una revolución: la Revolución Francesa."
Buenas Noches (aunque al momento de escribir esto ya es de madrugada allá en España)
"Paradójicamente, las interpretaciones del Concilio Vaticano II hechas por los modernistas coinciden con frecuencia con las realizadas por la FSSPX".
Vale la pena leerlo todo: www.infocatolica.com/blog/reforma.php/1202090415-la-fraternidadlstrongg-de-san
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