Japón, bien dispuesto para la fe
Estos días, se ha discutido mucho el tema de la evangelización, a raíz de la elección del nuevo Padre General de los jesuitas, que ha trabajado durante años en Japón. He leído ya muchos comentarios y artículos que defienden que la evangelizacion, entendida como anunciar el Evangelio a los que no lo conozcan para que, con la gracia de Dios, se conviertan al cristianismo, ya no tiene sentido y debería ser sustituida por el diálogo en pie de igualdad entre las distintas religiones.
En este contexto, me ha parecido oportuno tratar brevísimamente el tema de la evangelización de Japón, ofreciendo algunos datos de la admirable historia del cristianismo en ese país. Quizá, si superamos el estúpido complejo de superioridad de nuestra época, podamos aprender algo de los que nos han precedido.

He leído que, en la Congregación General de los jesuitas que se está celebrando estos días se leyó un texto del P. Ellacuría, que incluía las siguientes frases: “Y ante este pueblo crucificado, preguntarse: ¿qué he hecho yo para crucificarlo?, ¿qué hago para que lo descrucifiquen?, ¿qué debo hacer para que este pueblo resucite?”. Estas frases me han sugerido algunas reflexiones, a vuelapluma y sin ningún orden sistemático, que quizá puedan tener algún interés.
Hace poco escribí un artículo, “", en el que criticaba, con afecto, una opinión de Juan Carlos Rodríguez, misionero español en Uganda. Este misionero comboniano afirmaba que, teniendo en cuenta la situación particular de África, había que permitir comulgar en la Eucaristía a las parejas que conviven sin casarse o a divorciados vueltos a casar por lo civil. Como ya dije, en mi opinión, eso equivaldría a considerar equivocadamente a los africanos “cristianos de segunda”, incapaces de vivir la moral evangélica.
Una lectora me envía esta carta del hermano de su marido, un misionero español que es actualmente obispo de Gokwe, en Zimbawe. Monseñor Ángel Floro lleva 42 años trabajando por los demás en Zimbawe. Fue enviado por el Instituto Español de Misiones Extranjeras, que agrupa a sacerdotes diocesanos españoles que sienten la llamada a dejarlo todo y marchar a la misión, como “heraldos del Evangelio”.



