Federico, conocer a Cristo en la sobremesa

Una lectora, Eulalia, que nos regaló ya la , me envía esta otra pequeña historia real de evangelización.

Me ha llamado especialmente la atención de este relato el hecho de que, a diferencia del anterior, transcurre en un ambiente social privilegiado y entre copas de champán. A veces tenemos la idea de que misionero sólo es quien se va a vivir con los más pobres, pero personas necesitadas de Dios existen en todas las clases sociales.

Los cristianos, para evangelizar, debemos tomar ejemplo de Don Juan Tenorio en los versos de Zorrilla:

yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.

Lo que él hacía para el mal, hagámoslo nosotros para el bien. Ya es hora de que vayamos a todas partes a evangelizar. Dejemos un recuerdo de Cristo en las cabañas y también en los palacios, porque, ante Dios, todos somos pobres necesitados de su misericordia.

…………………………………………………………

A Federico le conocí algún tiempo después de venirme a vivir a este país. Nos encontramos en la ajetreada vida social de esta ciudad. Alguien nos presento en alguna cena a la que asistíamos ambos y nuestro conocimiento se redujo, durante bastante tiempo, a saludarnos amablemente cuando nos encontrábamos en estas ocasiones.

En cierto momento, algunas personas pidieron a mi marido que se hiciera socio de los dos clubs privados más importantes de la ciudad, lo que así hizo. Federico era socio de uno de ellos y con este motivo nuestros encuentros se hicieron mas frecuentes. Sucedía también que muchas de las personas que nosotros conocíamos eran, a su vez, amigos suyos y esto ayudó bastante, a pesar de la diferencia de edad (él era mucho mayor que nosotros), para comenzar a tener una cierta amistad. No pasó mucho tiempo y, por razones que ahora no vienen al caso, mi marido fue nombrado presidente de uno de los dos clubs, justo del que era socio Federico. Naturalmente, nuestra asistencia a ese club aumentó, así como nuestra amistad con Federico.

Era un hombre de una cierta edad, nunca supe exactamente sus años, alegre y extrovertido. Tenía un gusto refinado, como podía verse en la decoración de su casa, que tenia una bellísima vista sobre el río, y en los objetos de los que se rodeaba.

En aquel club, algunos días eran imposibles, como, por ejemplo, cuando asistían personalidades importantes de la política, de la economía, etc. de este país. Mi marido y yo, como anfitriones, teníamos que estar con ellos. En cambio, en los días normales, antes o después de una cena más o menos aburrida, Federico venia a sentarse a mi lado y a charlar conmigo.

Por aquel entonces, yo estudiaba en una universidad católica de la ciudad y alguien debió contárselo. Pienso que él debía considerarlo un poco extravagante y, en nuestras conversaciones, me preguntaba por mis estudios y porqué estudiaba lo que estudiaba. Así fue como empezamos a hablar de Dios.

Me dijo que había sido bautizado, pero que su madre había muerto cuando era muy pequeño y su padre poco mas tarde, con lo que su relación con la iglesia acabo allí. No había recibido la primera Comunión, ni la Confirmación y no supe nunca si se había confesado alguna vez. Así, entre copa y copa de champán, seguimos hablando, cuando coincidíamos, a lo largo de todo un año.

Un día, después de unas vacaciones, nos encontramos de nuevo y charlamos una vez más. Después de nuestra charla, se quedo pensativo y, cuando volvimos a vernos, me dijo: Bien Eulalia, si me buscas un sacerdote, iré a verlo. Lo buscaré, le contesté.

Me vino a la mente de inmediato un sacerdote de una iglesia cercana a casa, donde iba con frecuencia a oír misa. Era más o menos de su misma edad, bien preparado (había tenido un cargo de responsabilidad), extrovertido y amante de Dios. Fui a verle enseguida, le explique la situación y le pregunté cuando podía recibirnos. Me dijo el día y la hora.

Acompañé a Federico a encontrarse con él y, después, les dejé solos. El encuentro fue un éxito rotundo: se hicieron muy amigos y le preparó para recibir los Sacramentos. El sacerdote quiso que su primera Comunión y Confirmación fueran públicas, en la iglesia y con todos los fieles, como un ejemplo para todos, y contó su historia en la homilía. Nuestro amigo estaba feliz.

Pasado un año, recibí un día una llamada de Federico, preguntándome si le podía acompañar a comprar unos regalos para sus sobrinos. Le acompañé encantada y, mientras caminábamos, me dijo: Sabes, Eulalia, no estoy bien. Debo hacerme unos análisis. Los resultados no fueron positivos. Fui a verle muchas veces durante su enfermedad. Cuando estuvo muy mal, ya no pudo recibirme. Federico murió asistido en sus últimos momentos por el sacerdote que, un año antes, le había ayudado a volver a Dios y a su Iglesia. Fue él también quien celebró su funeral.

Un día, en nuestras charlas, Federico me había contado que, cuando era joven, había conocido al Padre Pió. Había ido a verle con un amigo suyo que le conocía bien y, una vez en su presencia, dirigiéndose a el, le dijo: Eres un buen muchacho. Creo que el Padre Pío veló siempre por esta alma desde el Cielo, para que no se perdiera para Dios.

Gloria in excelsis Deo

4 comentarios

  
Juan Antonio
Bruno, el Padre es Pío, no Pió. Ese teclado...

La historia es bonita aunque da un poco de pena que Federico sólo pudiese ser cristiano un año antes de morir. Tu comentario del principio me ha recordado lo que leí hace algún tiempo sobre la conversión de Eduardo Verástegui, actor mexicano de telenovelas. Cuando se convirtió, quiso ir de misionero a Brasil (creo). Un sacerdote le dijo entonces que en Brasil tenían ya muchos misioneros, que eran más necesarios en Hollywood.

Una entrevista donde habla de su conversión y sobre el aborto se puede leer aquí

http://www.mscperu.org/testimonios/verastegui.htm

También es una historia bonita.
08/01/08 3:28 PM
  
ciudadano
Verdaderamente es una bonita historia. Algo que puede llamar la atención es esa amistad hombre-mujer, que se suele entender malamente.
Vivo en una ciudad pequeña, parecida a la que refleja el relato, por coincidencias de dedicación religiosa, apoyo a grupos de personas deficientes y tambien afinidades artísticas tengo amistad con una mujer bastante más joven que yo, la amistad no va más allá de eso, y sin embargo a veces hay que soportar comentarios de gente que no acaba de entender que es posible mantener la pureza cuando los sentimientos son puros.
Por otro lado se demuestra que el apostolado no se ejerce solamente con los pobres, en la catequesis, con los más jóvenes, tambien es posible hacer apostolado con nuestros colegas, nuestros amigos, nuestros iguales, con los que están "de vuelta de todo" .
¡Ojala todos tuvieramos un poco del espíritu misionero de esa mujer!
08/01/08 7:46 PM
  
ciudadano
Verdaderamente es una bonita historia. Algo que puede llamar la atención es esa amistad hombre-mujer, que se suele entender malamente.
Vivo en una ciudad pequeña, parecida a la que refleja el relato, por coincidencias de dedicación religiosa, apoyo a grupos de personas deficientes y tambien afinidades artísticas tengo amistad con una mujer bastante más joven que yo, la amistad no va más allá de eso, y sin embargo a veces hay que soportar comentarios de gente que no acaba de entender que es posible mantener la pureza cuando los sentimientos son puros.
Por otro lado se demuestra que el apostolado no se ejerce solamente con los pobres, en la catequesis, con los más jóvenes, tambien es posible hacer apostolado con nuestros colegas, nuestros amigos, nuestros iguales, con los que están "de vuelta de todo" .
¡Ojala todos tuvieramos un poco del espíritu misionero de esa mujer!
08/01/08 7:46 PM
  
Bruno
Juan Antonio:

Muy bueno el vínculo. Es impresionante la cantidad de gente que ha sido "empujada" hacia Dios por las oraciones de sus madres. Lo cierto es que todo el sitio de www.mscperu.org me ha parecido muy interesante. Seguro que lo utilizaré para algún post.

En cuanto a Federico, yo diría que tiene toda la eternidad para disfrutar de Dios.

Ciudadano:

A menudo me he dado cuenta que la gente que parece que está "de vuelta de todo" realmente lo que le sucede es que tiene dentro un sufrimiento grande y están esperando una palabra de misericordia de Dios.
08/01/08 9:16 PM

Los comentarios están cerrados para esta publicación.