La guerrilla del lenguaje

De vez en cuando, se habla de la guerra por el lenguaje o la batalla por el lenguaje, como una parte fundamental de las guerras culturales que sacuden a nuestra sociedad desde hace tiempo. Es un tema importante, porque quien domina el lenguaje, tiene la partida casi ganada, ya que priva al adversario de las herramientas necesarias para argumentar e incluso expresar su postura.
De vez en cuando, se producen auténticas batallas en este sentido, que intentan acallar directamente al adversario (como el reciente ejemplo de las amenazas del Congreso español contra la organización Hazte Oír por atreverse a decir lo mismo que enseña la biología). Siempre me ha parecido, sin embargo, que lo verdaderamente grave es la guerrilla del lenguaje, que se produce de forma encubierta y que, más que acallar, lo que hace es pervertir el lenguaje del oponente.
Leyendo esta mañana un blog norteamericano, me ha gustado el clarividente comentario de una lectora del mismo sobre este tema.
“…una táctica estándar de la Izquierda: apropiarse de una palabra o concepto asociados a la tradición que uno quiere destruir y, después, redefinirla repetidas veces. Así se matan dos pájaros con la misma piedra: se socava esa tradición y se consigue dar impresión de mayor legitimidad para las posturas propias”.
Por desgracia, no me ha hecho falta pensar mucho para encontrar multitud de ejemplos relacionados con el catolicismo.



Hace un par de días, asistimos a una nueva edición de los grotescos episodios políticos de opereta que periódicamente se repiten en España. Mostrando una completa falta del sentido del ridículo, el Partido Socialista reclamó que se cancelara una Misa que se iba a celebrar en la catedral de Valencia, por la peregrina razón de que iba a ser ofrecida por el eterno descanso de Francisco Franco.
La verdad es que, si no fuera por la gravedad del cisma, la herejía y todo eso, daría gracias a Dios todas las semanas por el anglicanismo. Yo diría que, entre los innumerables grupos engendrados por las obsesiones de Lutero, es la confesión más curiosa y que mayor entretenimiento me ha proporcionado durante años.









