El libro y las películas de El Hobbit
Estas navidades, fui a ver con mi hijo mediano la segunda película de la trilogía de El Hobbit. Lógicamente, es inevitable comparar estas películas con el libro de Tolkien en el que, más o menos, se basan. ¿Son fieles al libro? ¿Están a su altura?
Por su propia naturaleza, una película podrá ser buena o incluso una obra maestra en su género, pero nunca podrá estar verdaderamente a la altura de un gran libro, por el simple hecho de que los mejores efectos especiales y las caracterizaciones más cuidadosas de los actores no alcanzan siquiera a empezar a compararse con la imaginación humana, tanto la del autor del libro como la de sus lectores. Sin embargo, una cosa es que el libro sea casi inevitablemente mejor que la película y otra muy diferente que un director no entienda absolutamente nada de un libro y, aun así, persista con tozudez en el empeño de plasmar esa incomprensión en nueve horas de torturas películas banales, casi sin argumento y artificialmente hinchadas.
En resumen, la última película de Jackson sobre El Hobbit, a mi juicio, es llamativa, injustificada y ramplonamente mala, al menos en comparación con el libro en que se basa. Creo que es significativo que, dos semanas después de ver la película, apenas recuerdo nada de la misma.
Iba a extenderme más sobre este tema, pero he descubierto que Joseph Pearce, el biógrafo de Tolkien, Chesterton, Belloc y muchos otros escritores católicos, ha concedido una entrevista en la que toca este tema de forma divertida, incisiva y muy breve. Así pues, he traducido para el blog un par de preguntas de la entrevista. Quien quiera leer el resto (en inglés), puede hacerlo aquí.

Participante invitado: Higinio Fernández, licenciado en Teología Pastoral Buenista por la Universidad Koinonía de Teología a Distancia y profesor en el Instituto de Ciencias Sociorreligiosas de Parla (Madrid). Está casado y mantiene el blog Todos somos hijos de Dios en Multirreligión Digital.
Como corresponde al blog de un físico, hoy vamos a enunciar una ley cuasi-matemática. Yo la llamo la Hipótesis del Disenso Universal. Su enunciado puede ser algo así como: “El disenso teológico es un estado inestable y tiende espontáneamente a crecer exponencialmente hasta llegar a la ruptura total o a disminuir también exponencialmente hasta su desaparición”. Es sólo una hipótesis porque aún no se han hecho suficientes experimentos como para demostrarla con rigor científico, pero las observaciones realizadas hasta el momento la apoyan al cien por cien.









