Un desafío y un soneto
Pocas cosas hay más divertidas que responder a un desafío. Hace un par de días, una lectora (RNA-Yolanda) leyó unas pobres cuartetas que añadí al artículo y me desafió a escribir un soneto. Como ella decía, es un tipo de poema más difícil: rima consonante, endecasílabos y una estructura rígida de 14 versos. Había, además, precedentes históricos para el encargo, porque ya una imaginaria Yolanda (nombre que, en la época, a menudo se escribía Violante) pidió a Lope de Vega que le escribiera un soneto.
Es evidente que yo no soy Lope de Vega y que, en efecto, el soneto es una rima más difícil que unas simples cuartetas o un romance. Así he tenido que sufrirlo en estos días, exprimiéndome las meninges, algo oxidadas por falta de práctica. Y es que escribir con prisa es como un parto.
El fin de semana he estado de convivencia, en una casa en la que hacía un frío horrible. Además de pedir por los lectores, he aprovechado alguna charla algo más aburrida (mea culpa!) para escribir un par de sonetos, con los dedos ligeramente entumecidos por el frío. Aquí está el primero.

El otro día, nos preguntaban en el magnífico blog
A pesar de su timbre marcial, el título de este blog, que comenzó su andadura en otro lugar, es una cita bíblica de Heb 4,12: La Palabra de Dios es viva y eficaz, más afilada que espada de doble filo.
Ayer por la mañana, este blog superó la cifra de cien mil visitas, acumuladas a lo largo de sus ocho meses y medio de vida. En ese tiempo ha recibido, además, unos 2.500 comentarios de los lectores, más otros tantos que suponen mis respuestas a los mismos.
En los comentarios de otro blog, cuyo nombre no mencionaremos, me llamaron ayer algo que no oía desde que era pequeño: cardo borriquero. Me hizo sonreír, porque tengo un vivo recuerdo de los cardos borriqueros: plantas llenas de espinas, incomibles a (a diferencia de los cardos que se usan en la cocina) y con las que más de una vez me pinché cuando era niño y tenía que tocarlo todo.



