El Sajón Testarudo
Leído en el blog De Lapsis: “Obispo anglicano deja mitra y báculo a los pies de Ntra. Sra antes de dar el paso a Roma. Parece de El Señor de los Anillos”
…………………………………………………………………………………………
Hoy canta mi pluma la gesta de Burnham el Anglocatólico, el Sajón Testarudo, que en la lejana Albión gastó sus fuerzas, en lucha infatigable contra el fiero dragón que a sus gentes tiene esclavizadas.
Luengo y tremendo sería el relato de sus hazañas y diez largos días con sus diez largas noches no bastasen si recordar quisiéramos cuanto ha hecho este hijo de Inglaterra. Vino de aquel refugio del saber antiguo, Oxford la bella, madre de Santos, y, como ellos, guerreó sin descanso, a tiempo y a destiempo, para recuperar la Dote de María, que tiempo ha que hombres impíos arrebataron con engaños y traiciones. Se enfrentó a la Bestia de mil nombres, que se llama No-hay-verdad y Haz-lo-que-quieras y que hace siglos aherrojó a los ingleses, fingiendo liberarlos con engaños, mentira y sinrazones. Mucho sufrió de amigos y enemigos, mas nadie consiguió que abandonara el buen combate de la fe, la gran carrera, que sólo con la muerte ha de acabarse.

Quiero animar a los lectores del blog a que tengan algo muy en cuenta en su oración de hoy: Mañana hay una reunión parroquial en la iglesia del Monte Calvario (Mount Calvary Church), en Baltimore, Estados Unidos.
Acabo de ver la película Centurión. No esperaba mucho de ella y ha respondido de forma bastante fiel a mis expectativas. Tiene mucha sangre, pero poco interés. Muchas luchas, pero generalmente inverosímiles y con un desconocimiento casi total de lo que es la guerra. Un argumento bastante malo, multitud de incoherencias, los consabidos dogmas feministas, inexactitudes históricas por doquier (¿cuándo aprenderán en Hollywood que los romanos luchaban siempre con la punta de la espada y no dando tajos como los bárbaros?) y de faltas de sentido común. En fin, lo previsible.
Este domingo a media tarde, caminaba por la acera con los niños hacia nuestro coche aparcado, cuando vi que iba por delante de nosotros una monja anciana. Entre que yo llevaba un carrito de niño y que la acera era estrecha, no era posible adelantar, así que fuimos un buen trecho detrás de ella.
Muy poco a poco, las cosas van cambiando en las relaciones entre católicos y ortodoxos. Por supuesto, siempre hemos tenido una esperanza teologal de que Dios podía hacer milagros y conseguir la reconciliación de la Ortodoxia con la Iglesia Católica. En las últimas décadas, sin embargo, los avances en este campo han hecho que, además de la esencial esperanza teologal, empiece a apuntar también una cierta esperanza humana de que la unidad con los ortodoxos esté más cerca.









