Como en el mundo, así en la Iglesia

“Quizá es lo más destacado que ve en el Occidente actual una mirada extraña. El mundo occidental ha perdido el valor colectivo, tanto en su conjunto como, incluso, país por país, gobierno por gobierno, partido por partido, y ya, desde luego, en la Organización de las Naciones Unidas.
Esta mengua del valor es especialmente manifiesta en las capas gobernantes e intelectualmente rectoras, que es lo que causa la impresión de que ha perdido el valor la sociedad entera. Naturalmente, sigue habiendo multitud de personas individualmente valerosas, pero no son ellas las que dirigen la vida de la sociedad. Los funcionarios intelectuales y políticos manifiestan esta disminución, esta molicie, esta pusilanimidad en sus actos, sus discursos, y, más aún, en las obsequiosas justificaciones teóricas de por qué esta manera de actuar, que pone la cobardía y la servilidad por fundamento de la política del Estado, es pragmática, sensata y se justifica a cualquier nivel intelectual e incluso moral.
Esta caída del valor, que, según dónde, hasta parece llegar a la ausencia total del elemento masculino, adquiere, además, un tinte especialmente irónico con ocasión de unos repentinos estallidos de bizarría e intransigencia en esos mismos funcionarios: contra gobiernos débiles o países inofensivos sin apoyo de nadie, tendencias condenadas, de las que, a ciencia cierta, se sabe que no se podrán defender. Pero se Ies seca la lengua y se les paralizan los brazos ante gobiernos poderosos, fuerzas amenazadoras, contra los agresores y contra la Internacional del Terror. ¿Es preciso recordar que la caída del valor, desde antiguo, se ha considerado como la primera señal del fin?”
A. Solzhenitsyn, Discurso en la Asamblea de Graduados de la Universidad de Harvard,1978
……………..
En el último artículo de este blog, titulado La falta de valentía explica muchas cosas, un amable lector puso este clarividente texto de Solzhenitsyn. Me ha parecido oportuno dedicarle un artículo porque resulta perturbador darse cuenta de que lo que dice sobre los gobernantes del mundo se cumple en la Iglesia hoy, punto por punto.
La falta de valor colectivo o institucional y la aversión al riesgo y al peligro es patente en la generalidad de documentos y declaraciones eclesiales, que si se caracterizan por algo es por su falta de sustancia, su obsesión por no ofender a nadie y su patética defensa de lo políticamente correcto. Esta “mengua del valor”, como dice Solzhenitsyn, es “especialmente manifiesta en las capas gobernantes e intelectualmente rectoras” en la Iglesia, o al menos en buena parte de ellas, que parecen dedicar la mayor parte de su tiempo y esfuerzos a encontrar nuevas justificaciones para que los hombres puedan seguir en su pecado sin convertirse, pero sintiéndose bien al hacerlo. Del mismo modo, castigan frecuentemente a los débiles y a las ovejas, mientras que se muestran obsecuentes con los lobos.
Es cierto que “sigue habiendo multitud de personas individualmente valerosas”, mártires y santos y hombres de Dios, porque el Señor no abandona a su pueblo, pero lo cierto es que, mirado el catolicismo en conjunto y especialmente en Occidente, se podría sentenciar que la sal se ha vuelto sosa y no sería muy injusto decirlo.
Incluso cuando los enemigos de la fe nos odian, lo hacen por costumbre, porque colectivamente ya no somos dignos de ese odio, sino más bien de desprecio. La fe de los católicos se ha aguado tanto que los católicos mismos ya no ven las diferencias entre ella y el paganismo más supersticioso y desesperanzado. Hemos olvidado el dichosos vosotros cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa, para cambiarlo por un dichosos nosotros si nos llevamos bien con el mundo y dialogamos mucho y vivimos con todas las comodidades y no nos diferenciamos en nada de los paganos.
La Iglesia es, por su propia naturaleza, la muralla o el baluarte (lo que en griego llamaríamos katejon) contra el tipo de locura suicida que aqueja al mundo desde hace más de medio siglo, pero observamos consternados que se ha contagiado de esa locura. El mismo suicidio progresivo y cerril que experimenta el mundo moderno se puede ver en la Iglesia, donde las apostasías masivas o, peor, las deformaciones de la fe conservando su cáscara se han hecho tan cotidianas que ya no son noticia.
Todo esto nos lleva a la pregunta final y escalofriante de Solzhenitsyn: “¿Es preciso recordar que la caída del valor, desde antiguo, se ha considerado como la primera señal del fin?”.
Y, sin embargo, las puertas del infierno no prevalecerán contra la Esposa de Cristo.
12 comentarios
"Está caída del valor... adquiere, además, un tinte especialmente irónico con ocasión de unos repentinos estallidos de bizarría e intransigencia en esos mismos funcionarios: contra gobiernos débiles o países inofensivos sin apoyo de nadie, tendencias condenadas, de las que, a ciencia cierta, se sabe que no se podrán defender. Pero se Ies seca la lengua y se les paralizan los brazos ante gobiernos poderosos, fuerzas amenazadoras, contra los agresores y contra la Internacional del Terror."
Eso fue exactamente lo que sufrimos con Francisco (en menor medida, creo, con Pablo VI y mucho menor con Juan Pablo II y Benedicto XVI). La falta de valor lleva a una tendencia de abusar de los débiles y arrugarse ante los fuertes. Para eso está justamente el Derecho, en la Iglesia Derecho Canónico, para defender a los débiles de los abusos de poder. Tristemente Francisco violó olímpicamente el derecho canónico en varias ocasiones, especialmente para deponer a obispos y sacerdotes que no le gustaban... por ser demasiado católicos!
Por cierto, buena noticia nos das con ese anuncio de que estás preparando un artículo sobre el extra Ecclesia...
Lamentablemente la Iglesia no ha querido diferenciarse del Mundo y, por lo tanto, no sala.
Hay en Youtube un video de Julio Loredo que habla de lo mismo. Mirar nuestra cobardía se está volviendo insufrible.
Muy interesante e interpelador. Siempre he admirado la obra de Dios en los santos. Pero leyéndola cómodamente desde mi casa. Ahora Dios quizá nos esté diciendo que nos levantemos. Quizá nos esté volviendo a decir, *vosotros sois la sal de la tierra*.
¿Lo que hemos vivido pudiera ser el/un silencio de Dios? ¿Necesitábamos comprobar que sin Dios nada bueno podemos? Pienso también en la oscuridad de ese silencio vivido en santas actuales como Madre Teresa de Calcuta. Pregunto desde la más absoluta ignorancia. Dios nos guíe, nos proteja.
Y lo que describió Bruno en su artículo anterior y en este, son los signos claros de la Pasión. Isaias en 52:14, en su profecía mesiánica, nos dice que el siervo sufriente (Cristo) estaba tan desfigurado que no parecía hombre. Y asi está pasando con la Iglesia; está tan desfigurada que cuesta reconocerla. Y como a Cristo lo despojaron de sus vestiduras, también a la Iglesia la están despojando de su vestido de "sol". Es triste, pero como dice San Pablo en 2 Tes 2, la segunda venida del Señor no se producirá sino después de la gran apostasía. Si uno tiene que juzgar por lo que ve, más que en el "Monte de los Olivos" (el "sueño de los apostoles") estamos ya en el mismo Viernes Santo con la "flagelación del Señor"..
Al hilo de la iglesia de los últimos tiempos, mi meditación es sobre cómo se organizarán la iglesia y la anti-iglesia, ya que no tiene porqué haber necesariamente un cisma explícito.
Sin duda ésta jerarquía es ya un signo, pero evidentemente, en un futuro próximo eso podría cambiar y haber apóstoles dignos de su autoridad.
Quizá esa "falta de coraje" para alzar la voz ante las injusticias e iniquidades del mundo estriba en que no hay muchos deseos de martirio ... no todos podemos ser Solzhenitsyn o el Padre Kolbe.
En eso es en lo que estamos, los países, los gobiernos, las sociedades, las familias, las personas... Y la Iglesia "institucional".
¿Acaso alguien recuerda un enfrentamiento claro, cara a cara con un político?. Yo no. Yo veo que reciben e incluso dan la comunión s todo tipo de personajes. Solo hay dureza con los curas con sotana.
Lo que Solzhenitsyn apreció fue que se puede reblandecer y demoler el espíritu por otros métodos, si hubiera encontrado en Occidente lo mismo que dejó en las tierras heladas su discurso habría sido diferente.
Una buena biografía de este autor es la de Joseph Pearce, el cual fue elegido por el mismo Solzhenitsyn para que la escribiera.
Parece oportuno recordar este texto, por cuanto el temor de que una revolución perjudique los propios intereses de una clase dirigente, no suele ser nunca estímulo eficaz para movilizar a sus hombres al servicio del orden natural y cristiano. El egoísmo y la atención al propio interés inducen por lo contrario a la búsqueda del pacto y de la transigencia con los enemigos de la religión y de la patria. Tal vez sea el amor a las riquezas y el deseo de mantenerse en la cima social, el móvil más frecuente de la adopción de las «tácticas moderadas», y del consiguiente debilitamiento de la resistencia a las fuerzas destructoras.
Mi maestro el P. Orlandis decía que los «católicos liberales», y por tales tenía los «mal-minoristas», elegían en lo político al modo como en los Ejercicios de San Ignacio de Loyola eligen aquellos que se sitúan en el «segundo binario». Es decir, se pretende escoger la táctica moderada para mejor conseguir el «bien posible» y evitar «males mayores», se invoca el «realismo» y el «posibilismo», pero en el fondo se evita el riesgo y el sufrimiento, con frecuencia heroico, del esfuerzo sincero y real por el imperio práctico de la verdad política frente a la apostasía anticristiana revolucionaria.
FRANCISCO CANALS (artículo "Balance de las tácticas moderadas en España" en revista Verbo)
Dejar un comentario




