Otra caída del caballo
Al leer la experiencia de Victoria, otro lector, Cruz, ha querido enviar su propia experiencia de conversión.
No deja de maravillarme los caminos humanamente tan extraños que Dios usa para conducirnos a él: una asociación gnóstica, las cartas de San Pablo leídas a palo seco, las exigencias de un cura, un pobre catequista primerizo que hablaba fatal…
El que quiera seguir siendo ateo o agnóstico no puede bajar la guardia ni un segundo. Dios se sirve de absolutamente todo.
Escuchando estas dos experiencias no puedo evitar alegrarme al pensar que, pase lo que pase, al final la Victoria será siempre de la Cruz de Cristo.
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Una lectora, Victoria, me ha enviado este relato de su conversión y vuelta a la Iglesia.



