Cristo me esperaba en la soledad
Como anunció hace unos días, Oscar, un lector del blog, me ha enviado el relato de su conversión, para que lo publique.
Una cosa que me ha gustado en particular es que es una historia muy simple, sin grandes cosas, pero que manifiesta igual que las “grandes conversiones” que Dios es fiel y que hace milagros en la vida de los que se ponen en sus manos. Como dice el propio Óscar, el Señor le buscó en cada acontecimiento de su vida.
También quiero subrayar la importancia de la fe que transmiten los padres. Es posible que un joven que ha recibido la fe de su familia se aleje de la Iglesia, pero siempre sabrá que puede volver y que Dios le está esperando.
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Desde que tengo recuerdo, mi familia ha estado siempre vinculada a la Iglesia. Ya cuando era muy pequeño, mis padres acudían a misa regularmente los domingos y nosotros, mi hermano mayor y yo, les acompañábamos. En la época en la que mi hermano mayor debía hacer la primera comunión, mis padres atravesaban por una época de enfriamiento progresivo de su Fe. Un día, mi hermano, a la vista de los preparativos del ya próximo sacramento, preguntó a mis padres algo tan sencillo como “¿por qué venimos a la Iglesia?”. Esto les hizo reaccionar y, al no hallar respuesta, se pusieron en manos del párroco, que les invitó a realizar las catequesis de inicio del Camino Neocatecumenal.



Un lector de este blog, Cristhian, me ha enviado este relato de su conversión al cristianismo, después de haber sido testigo de Jehová, de haber caído en la desesperación y de haber intentado suicidarse.
Mi hermano se casó el lunes pasado, en Madrid. De entre las muchas cosas que me gustaron de la ceremonia, quiero compartir con los lectores la bendición sobre los esposos que contempla la liturgia del matrimonio (como una de tres opciones posibles). Es, en mi opinión, una de las oraciones más hermosas de la liturgia actual de la Iglesia, muy bíblica y llena de belleza y profundo espíritu cristiano.



