Hace 32 años encontré un tesoro
Una lectora, Victoria, me ha enviado este relato de su conversión y vuelta a la Iglesia.
Lo que más me ha gustado es su experiencia de que Dios no exige, para querernos, que seamos perfectos y “buenos", sino que nos ama como somos y es su misericordia y su presencia en nuestras vidas lo que nos cambia, para librarnos de la esclavitud del pecado.
También me ha llamado la atención la acción del Espíritu Santo que, como a San Pablo en el camino de Damasco, hizo que la vida de Victoria diese un giro completo.
Espero que les guste.










