Familia en misión en Japón (I)
Este artículo fue publicado originalmente aquí. Después de leer un artículo de este blog sobre la evangelización de Japón, un lector me envió un testimonio de su propia experiencia, que me pareció interesantísimo.
Fernando, su mujer Kuki y sus hijos pertenecen a una comunidad del Camino Neocatecumenal y fueron enviados por Benedicto XVI a Japón, como misioneros, para anunciar el Evangelio con su palabra y con sus vidas. Me parece significativo que el Papa les animó a proclamar con su “acción misionera que solamente en Jesucristo, muerto y resucitado, hay salvación”.
En el Camino, además de sacerdotes y laicos solteros, se envían también a veces familias enteras a la misión, para que, con su vida cristiana normal, en su trabajo, en los colegios, entre sus vecinos y amigos, sean un signo en medio de sociedades que no conocen a Cristo.

El otro día, cayó en mis manos un ejemplar de La Voz de Asturias. Me picó la curiosidad por conocer este periódico, porque no lo había leído nunca pero, como recordarán, se trata de uno de los que incluí en la
La Confesión Anglicana en Australia ha intentado adaptarse a los nuevos tiempos nombrando su primera mujer “obispo”. Se separa así de una gran parte de las provincias anglicanas del mundo, que, teniendo en cuenta la tradición eclesial, no aceptan la ordenación de mujeres.
El domingo pasado, por razones de horario, fui a la Eucaristía en una iglesia a la que no suelo asistir. Fue una Misa rapidísima para ser un domingo, apenas duró veinticinco minutos. Eso sí, de esos veinticinco minutos, unos quince correspondieron a la homilía.
Quien conozca bien Madrid, probablemente habrá oído hablar de la pastelería Hontanares, en Avenida de América. No voy a hablar hoy de esta pastelería, aunque sus dulces tradicionales bien merecerían una oda, sino de un mendigo que suele colocarse ante su puerta.



