El buen gusto y la fe católica
He leído un estupendo articulito del P. Longenecker que me ha hecho pensar bastante. Así que lo he traducido y lo pongo en el blog, para que los lectores piensen conmigo.
Trata sobre el buen y mal gusto y su relación con el catolicismo. La idea fundamental es, creo yo, muy acertada: en la Iglesia hay lugar para el buen y el mal gusto, para una estética culta y una popular, para lo elaborado y lo sencillo precisamente porque la Iglesia es Católica, universal. De hecho, esta amplitud de la Iglesia (cuyo interior, contra toda ley física, es mucho mayor que el exterior) es un poderoso argumento en favor de la veracidad de sus pretensiones.
Hay algo, sin embargo, en el artículo que chirría en mis oídos y que no acabo de identificar. Quizá los lectores puedan ayudarme a descubrir el matiz que no es totalmente correcto o a comprender mejor la cuestión y descubrir que no hay nada que corregir.

1. El Adviento lo inventamos los españoles. Para que luego digan que no inventamos nada. El primer dato histórico relativo a un periodo de preparación para la Navidad se puede encontrar en las actas del Concilio de Zaragoza, en el año 380. Durante los días 17 a 25 de diciembre, los cristianos debían asistir a la iglesia todos los días, preparándose para la celebración del Nacimiento del Señor. No es una mala costumbre, podríamos aprovecharla nosotros.
Leído en el blog
Participante invitado: El P. Robert Longshanks es un antiguo anglo-católico que cruzó el Tíber hace cincuenta años. Conocido (a sus espaldas) por sus compañeros sacerdotes como Father “Battleaxe” Bob, se comenta que su propio obispo le tiene algo de miedo desde que le dijo que “el problema de Inglaterra ha sido siempre que sus obispos no están dispuestos a morir mártires”. Actualmente ejerce la cura de almas en una pequeña parroquia de Sussex.
Quaestio Quodlibetalis XXVI. Un comentarista procedente de Chile, Gonzalo, ha hecho una serie de comentarios muy curiosos, buscando defender la siguiente postura: se puede ser católico y no aceptar algunos dogmas de fe de la Iglesia. Dice Gonzalo: “Por si no lo sabes, este código permite estar en desacuerdo con dogmas de la Iglesia y seguir perteneciendo a ella”. Para justificarlo, presenta una larga exposición teológica y canónica, de la que extraeré algunos puntos.



