Juan Pablo II y su pontificado
El pontificado de Juan Pablo II fue el tercero más largo de la Historia de la Iglesia. A lo largo de tantos años, el último Papa dejó una huella imborrable en la Iglesia y en muchísimos católicos.
Me ha parecido interesante hablar hoy de ese pontificado, reconociendo las muchas cosas buenas que Dios regaló a su Iglesia gracias a la fe, el amor por la Iglesia y el entusiasmo misionero del primer Papa polaco. Por supuesto, junto con todas esas cosas buenas, el pontificado de Juan Pablo II, como toda obra humana, tuvo también carencias, dificultades y fracasos de los que debemos aprender. Incluso la deseable canonización de este gran Papa no implicaría la ausencia de fallos o carencias en su pontificado.
Quiero empezar con un acto de sana humildad, que aconsejo también realizar a los lectores. Reconozco que no estoy capacitado en absoluto para formarme una opinión global del pontificado del último Papa, ni mucho menos para atreverme a valorarlo. Por lo tanto, me voy a limitar a señalar, de forma casi telegráfica, algunos de los muchos puntos positivos del mismo y, también, algunos aspectos que, a mi juicio, fueron mejorables. Desearía que quede muy claro que estos aspectos positivos y negativos no son necesariamente atribuibles de forma directa y en todos los casos al propio Juan Pablo II, sino que, en algunos casos, pueden deberse a colaboradores, al momento histórico, al ambiente mundial a las acciones de otros, etc. Creo que es evidente que varios aspectos negativos fueron sufridos por el Papa, más que ser responsabilidad suya.

Durante los últimos días se ha estado hablando, en el blog
Hoy quiero invitar a los lectores a pensar un poco. Pero no como respuesta a razonamientos rigurosos y profundos, porque eso, por desgracia, se lleva muy poco actualmente (con honrosas excepciones, claro, como los lectores de este blog). Pasaron ya los tiempos, más sabios que los nuestros, en los que una disputa entre Arrio y Atanasio, San Bernardo y Abelardo, Newman y Kingsley o Chesterton y Shaw electrizaba a la opinión pública y era seguida con tanto o más interés que una guerra o una crisis económica.
Me ha encantado leer que el Cardenal Pell, de Sydney, va a participar en el
Al volver de Francia este verano, escribí un artículo titulado “









