Se admiten apuestas
La Confesión Anglicana en Australia ha intentado adaptarse a los nuevos tiempos nombrando su primera mujer “obispo”. Se separa así de una gran parte de las provincias anglicanas del mundo, que, teniendo en cuenta la tradición eclesial, no aceptan la ordenación de mujeres.
No deja de resultar curioso que una gran parte de las confesiones cristianas surgidas de la Reforma con la finalidad de poner la Escritura por encima de todo, hayan terminado por prescindir del testimonio bíblico y de los primeros siglos de la Iglesia en asuntos como la ordenación de la mujer, el divorcio o la homosexualidad. Curiosamente, estos puntos son los mismos que propugna sin descanso la sociedad no cristiana.
También en Australia, la Iglesia Católica ha decidido adaptarse a los nuevos tiempos, pero de una forma muy distinta.

Quien conozca bien Madrid, probablemente habrá oído hablar de la pastelería Hontanares, en Avenida de América. No voy a hablar hoy de esta pastelería, aunque sus dulces tradicionales bien merecerían una oda, sino de un mendigo que suele colocarse ante su puerta.
Leo en el blog del P. Masiá sus opiniones sobre la resurrección de Cristo y, para ser sincero, no reconozco en ellas mi fe ni la fe de la Iglesia. Todo su afán es afirmar que las apariciones del Resucitado son una experiencia interna de los discípulos, que Cristo no se les aparecía, sino que por la fe veían que siempre estaba presente entre ellos. Por lo tanto, tampoco tendría sentido hablar de que resucitó al tercer día, ya que, en cuanto murió, ya estaba presente espiritualmente dentro de ellos.
Un lector me envía la referencia de unos sacerdotes, seminaristas y laicos de Alcalá que, con el apoyo de su obispo, han creado un grupo musical de música moderna llamado “La voz del desierto”. Me decía que tiene curiosidad por conocer la opinión de los lectores sobre este grupo. Yo también tengo curiosidad, así que aquí tienen una de sus canciones, para que puedan juzgar por ustedes mismos:
La semana pasada me llamó mucho la atención una noticia ofrecida por La Dos. La locutora, de forma lapidaria, afirmaba que a una señora francesa, “la ley no le permitía morir con dignidad”.



