InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Liturgia

2.11.09

No cerréis las puertas

El otro día, por cuestiones burocráticas, tuve que pasar la mañana en el centro de Madrid. Mientras esperaba, aproveché para dar una vuelta por algunas de esas iglesias antiguas tan bonitas que hay por la zona, como la iglesia de las Calatravas, en la calle Alcalá, o la parroquia de San José.

También pasé por el Oratorio de Caballero de Gracia, junto a la Gran Vía. Como aún era pronto, estaba cerrado. Sin embargo, me di cuenta con alegría de que, cuando está cerrado el templo, los encargados tienen el detalle con los fieles de cerrar la verja exterior, pero dejar entreabierta la puerta de madera. Así se mantiene la seguridad y se evitan robos, a la vez que se permite que quien lo quiera pueda rezar un rato ante el Sagrario, como hice yo. Un señor que pasaba por allí me miró como si fuera un bicho raro al hacer la genuflexión en medio de la calle, cuando ya me iba, pero eso era de esperar. Después de aquel rato rezando, me resultó mucho más fácil no enfadarme por la habitual lentitud burocrática que me hizo perder dos mañanas enteras para un trámite de dos minutos.

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22.10.09

Viene del norte

No sabría expresar la alegría que ha sido para mí leer la noticia del brazo tendido de la Santa Sede a los anglocatólicos, que siempre me recuerdan a Newman, Froude, Baring, Knox y a la esposa de Chesterton.

Durante mucho tiempo, leí el blog de un pastor anglocatólico que terminó por convertirse individualmente al catolicismo, junto con su familia, hace unos meses. Una cosa que siempre me conmovía de este anglocatólico era su angustia al pensar que, si se convertía, tendría que abandonar a sus fieles parroquianos.

La creación de una estructura que permita a los anglocatólicos volver a la Iglesia sin por ello perder su identidad y sus comunidades ya formadas es, a mi juicio, una muestra del amor cariñoso de madre que tiene la Iglesia por sus hijos y que es un fiel reflejo de la misericordia de Dios Padre. Así ha sido la Iglesia siempre conmigo: paciente, cariñosa y acogedora, a pesar de mis debilidades y pecados. Así que no me extraña nada que también lo sea con los anglocatólicos.

Para celebrar esta ocasión, he escrito un pobre soneto sobre la Traditional Anglican Communion y los demás anglocatólicos a los que, Dios mediante, pronto podremos recibir con los brazos abiertos, porque están ya a las puertas de casa:

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10.10.09

Lingua latina facebookiensis

Ayer me enteré de que facebook puede configurarse para que todos los títulos, avisos e instrucciones aparezcan en latín. Enseguida he latinizado el mío y resulta muy divertido leer, por ejemplo, “Mihi placet”, en lugar de “Me gusta” o “Epistulae” en lugar de “Mensajes”. Es una forma fácil y simpática de refrescar esta lengua.

Todo lo que se haga para promocionar el latín me parece, en principio, estupendo. No se trata, simplemente, de que sea una lengua preciosa. Que, en efecto, lo es. Tampoco me refiero al placer que puede suponer leer a los clásicos latinos en su lengua. Que es enorme. Hablo de algo que nos toca más de cerca a los católicos. Estoy convencido de que los problemas de identidad que sufren la Iglesia y los católicos en la actualidad provienen en parte del abandono del latín.

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9.10.09

El día del nacimiento de Santa Inés

Santa Inés de Domenichino

Como ya sabrán algunos lectores, el martes pasado nació mi hija Inés. Para señalar tan fausto acontecimiento, he traducido los versos que compuso San Ambrosio, en el siglo IV, en honor del martirio de Santa Inés. Aunque mi rápida traducción no les haga justicia, son unos versos preciosos y harán estremecerse a cualquiera que tenga sangre en las venas.

Conviene recordar que, para la Iglesia, el día del verdadero nacimiento de los mártires, su dies natalis, era el día en que sufrían el martirio y, así, eran engendrados a la Vida que no tiene fin. Generalmente, la fiesta de un santo se celebra en el aniversario de ese día en que se abrieron para él las puertas del cielo.

Inés, una adolescente, casi una niña, estaba consagrada a Cristo como virgen cuando llegó la terrible persecución de Diocleciano. Quisieron obligarla a sacrificar a los ídolos y, después, a que renunciara a su virginidad, forzándola a vivir con prostitutas. Ella, sin embargo, a pesar de sus pocos años, se mantuvo firme en la fe, como una auténtica virgen cristiana y fue ejecutada en lo que hoy es la Piazza Navona.

Es enternecedor ver cómo San Ambrosio, obispo de Milán y Doctor de la Iglesia, canta humildemente con estos versos la fortaleza en la fe de una chiquilla romana que, con su martirio, mostró que su debilidad podía más que la fuerza de los hombres. Espero tener algún día tiempo para escribir una traducción en verso, que ayude a vislumbrar la belleza del original.

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Es el día del nacimiento de Santa Inés,
que, consagrada con su piadosa sangre,
devolvió al cielo el espíritu
que había recibido en préstamo.

Ella, que aún no tenía edad para el matrimonio,
tuvo edad suficiente para el martirio,
mientras vacilaba la fe de los varones
y se rendían los fatigados ancianos.

Por el miedo, sus padres, aterrados,
quisieron mantenerla oculta,
pero la fe incontenible
rompió las puertas que la encerraban.

Por la alegría de su rostro
parecía que fuera a su boda,
llevando nuevas riquezas a su Esposo,
pues era su dote su propia sangre.

Pensaron que sacrificaría con antorchas
en el altar de la abominable deidad,
pero respondió: “Las vírgenes de Cristo
no tocan con sus manos esas antorchas”.

“Este fuego apaga la fe;
estas llamas se llevan la luz.
Heridme aquí y el torrente de mi sangre
apagará los fuegos”.

La golpearon, pero no perdió su dignidad,
se cubría con su vestido,
conservando así su modestia,
para que no la observaran.

Aun en la muerte mantenía el pudor,
cubriendo el rostro con las manos,
y, así, modestamente,
cayó a tierra de rodillas.

25.09.09

Ordo Virginum

Hace algunos días, se hizo referencia en el blog al Orden de las Vírgenes. Como la mayoría de los católicos no sabe qué es el Ordo Virginum, me ha parecido una buena idea hablar de él. He pedido a una lectora que me envíe algo de información sobre el tema.

Todos estamos acostumbrados a la existencia de congregaciones religiosas, que forman parte de la vida cotidiana de la Iglesia. Sin embargo, en los orígenes del cristianismo no existían estas congregaciones, lo que existía era el Orden de las Vírgenes (y el de las Viudas). Eran mujeres consagradas totalmente a Dios en virginidad, que ya se mencionan en los Hechos de los Apóstoles y en las cartas de San Pablo. En lugar de estar organizadas en congregaciones, como las religiosas actuales, dependían directamente del obispo y la diócesis y prestaron durante siglos servicios valiosísimos a la Iglesia.

Esta institución, sin embargo, terminó por caer en desuso y, a partir del siglo XIV, son muy pocos los casos de vírgenes consagradas de esta forma. El Concilio Vaticano II decidió recuperar el Ordo Virginum y, desde entonces, poco a poco, cada vez más mujeres van entrando en él. Actualmente, en España hay más de ciento cincuenta vírgenes consagradas.

Quizás lo que más me ha gustado de lo que cuenta esta lectora es que las vírgenes consagradas son un signo escatológico. Es decir, son signo para nosotros de lo que será la vida del cielo, de que Dios basta para hacernos felices. Nos recuerdan (yo diría, incluso, nos demuestran) que Cristo se ha desposado con la Iglesia y nos quiere a cada uno inmensamente. No está mal, ¿verdad?

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