Bendición del belén en familia

La colocación del nacimiento en los hogares es una de esas preciosas tradiciones de las que podemos disfrutar gracias a haber nacido en un país cristiano. Con los belenes navideños, los niños pueden familiarizarse con la historia de la infancia de Jesús, contemplándola y fijándola en sus mentes para toda la vida (además de divertirse mucho colocando las figuras, que también es algo bueno). En mi opinión, la costumbre de colocar nacimientos en las casas es, dentro de su sencillez, una de las cosas que han impedido hasta ahora que la Navidad se convierta en algo únicamente comercial o en unas simples “fiestas de invierno”.

Como ya dijimos otro día, el Adviento es el tiempo litúrgico dedicado a Nuestra Señora, recordando cómo ella esperó más que nadie el nacimiento de su hijo, anunciado por el Ángel que la visitó en Nazaret. Para introducirnos más en este tiempo de espera, traigo al blog un bello poema a la Virgen muy poco conocido, escrito por Erasmo de Rotterdam, el humanista del Renacimiento.
1. El Adviento lo inventamos los españoles. Para que luego digan que no inventamos nada. El primer dato histórico relativo a un periodo de preparación para la Navidad se puede encontrar en las actas del Concilio de Zaragoza, en el año 380. Durante los días 17 a 25 de diciembre, los cristianos debían asistir a la iglesia todos los días, preparándose para la celebración del Nacimiento del Señor. No es una mala costumbre, podríamos aprovecharla nosotros.
Acaba de concluir la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Oriente Medio. Como es habitual en estos casos, los obispos han presentado una serie de
Hoy quiero traer al blog un brevísimo post que he leído en el



