InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Liturgia

18.03.12

Un domingo de rosas de oro y casullas (Domingo Laetare)

Benedicto XVI, Domingo Laetare, 11 marzo 2018

Hoy domingo, sólo quiero hacer una rápida encuesta sobre el color de la casulla utilizada en la Misas de hoy. Como sabrán, estamos en el IV domingo de cuaresma. Es el domingo que, en latín, se denominaba domingo Laetare (es decir, alégrate). Se llama así por las primeras palabras del introito: Alégrate Jerusalén (cf. Is 66).

Según una antigua tradición medieval con origen en Oriente, en Roma se celebra este día una ofrenda floral a la Cruz. El propio Papa bendecía una rosa de oro , la ungía con el Santo Crisma, la incensaba y luego la llevaba en procesión, con todos los cardenales y fieles, hasta la basílica de la Santa Cruz, donde se guardaban reliquias de la Vera Crux. Posteriormente, esa rosa de oro se regalaba a alguna reina cristiana o a otras personalidades católicas. En tiempos recientes, los papas las han llevado como ofrenda a santuarios marianos como los de Luján, Aparecida, Fátima, Czestokowa, Loreto o Guadalupe.

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16.03.12

Un día triste

lutoLeo en InfoCatólica que la Santa Sede ha considerado insuficiente la respuesta de la SSPX “para superar los problemas doctrinales que subyacen a la fractura entre la Santa Sede y la Fraternidad". Es decir, hablando en plata y más allá del lenguaje diplomático, los lefebvrianos no han aceptado la profesión de doctrina católica que les pedía la Iglesia.

Supongo que habrá quien se alegre de esto, por las razones más diversas (y contradictorias entre sí). Yo no. En absoluto. He rezado por la reconciliación con la Iglesia de la SSPX y seguiré haciéndolo, aun cuando humanamente parezca algo cada vez más improbable. Para Dios, nada es imposible.

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23.02.12

Un libro para esta cuaresma: La Cristiada

Portada Cristiada pequeñaMe voy a permitir recomendar a los lectores un buen libro para leer esta Cuaresma, que acabamos de editar en Vita Brevis: La Cristiada, de Fray Diego de Hojeda, un dominico nacido en Sevilla en 1570. Es un libro estupendo, que todo católico hispanohablante debería conocer y releer periódicamente, tanto por su gran calidad poética como por su carácter de obra católica monumental. Podría considerarse la Divina Comedia de la literatura española y del Barroco. Inspirándose en epopeyas clásicas como la Ilíada o la Eneida, Hojeda describió en verso la mayor gesta heroica de todos los tiempos: la encarnación del Hijo de Dios.

Aunque, por supuesto, se puede leer en cualquier momento, resulta especialmente adecuado para la Cuaresma, porque describe, contempla y desmenuza en verso la pasión, muerte y resurrección de Cristo. En ese sentido, nos puede ayudar a identificarnos con los sentimientos de Jesús, a meditar los diversos aspectos de su pasión, a acompañarlo en sus sufrimientos y su muerte y a alegrarnos con la Virgen de su resurrección. En cierto modo, es una versión poética de la contemplación que aconseja San Ignacio, colocándonos dentro de las escenas evangélicas y meditándolas desde dentro. O, por decirlo de forma más moderna, es como la película de La Pasión de Mel Gibson, pero en verso.

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22.02.12

Una cuaresma maravillosa

Ceniza cuaresmaHace mucho tiempo, un sacerdote muy sabio me dijo que una de las cosas que más facilitan la vida cristiana es aprovechar las ayudas que la Iglesia da en la liturgia. Es decir, por ejemplo, para tener una buena Cuaresma, nada ayuda más que fijarse en la liturgia de estos días, en las lecturas de conversión que prepara la Iglesia, en los signos cuaresmales (el sacramental de la ceniza, vestiduras moradas, ausencia de flores, cantos más sobrios, se deja el aleluya y el gloria para la Pascua…) o en las oraciones litúrgicas, que destilan la sabiduría sobrenatural de la Iglesia.

Hoy me he acordado de ello al leer la lectura breve que la Iglesia pone para el rezo de Laudes del primer día de Cuaresma. La he leído, me he quedado asombrado y he tenido que dar gracias a Dios:

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15.02.12

Iglesia de alta velocidad

Alta VelocidadA pesar de los raudos trenes de alta velocidad, el viaje hasta París se hace largo. Tomé el tren el domingo a las ocho y media de la mañana y llegué a las ocho y media de la noche, de la salida del sol hasta el ocaso.

Un trayecto tan largo es cansado, pero tiene una cosa muy agradable: la posibilidad de rezar tranquilamente la Liturgia de las Horas, a medida que va transcurriendo el día. Es bonito recorrer kilómetros y kilómetros mientras uno va rezando laudes, alabando a Dios. El tren se convierte en una especie de iglesia en movimiento, que atraviesa los campos a doscientos cincuenta kilómetros por hora.

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