La Asunción: el secreto para que el hombre sea grande
Hoy, día de la Asunción de la Virgen, quiero ofrecerles estas palabras que pronunció Benedicto XVI como parte de la homilía en esta fiesta hace dos años. Aparentemente, fue una homilía improvisada, con lo que el Papa mostró su calidad como predicador excepcional y su conocimiento de la Palabra de Dios.
Así tenían que ser todas las homilías: sustanciosa, concreta, sencilla y a la vez profunda. Contempla los Misterios de la fe y de ellos recibe luz para nuestra vida. Si en la parroquia a la que vayan hoy la homilía es comparable, feliciten al sacerdote que se lo merece.
No se la pierdan. Léanla. Utilícenla para su oración de hoy. Merece verdaderamente la pena.
Si quieren el texto completo, pueden encontrarlo .

Me ha llamado la atención un documental en el que se mostraba la cadena de montaje de no recuerdo qué máquina, dentro de una fábrica. Era algo terriblemente eficiente: los obreros realizaban siempre los mismos movimientos, sin necesidad de pensar, y, gracias a la costumbre, lo hacían gran velocidad. No se perdía ni un segundo. Las máquinas iban saliendo rápidamente de la cadena de montaje, perfectas, resplandecientes… eso sí, todas exactamente iguales.
En el , hablábamos de la riqueza que suponen para la Iglesia las diversas tradiciones litúrgicas que existen en su seno y que se manifiestan en los distintos ritos: romano, mozárabe, bizantino, caldeo, siro-malabar…
Estos días causa cierto revuelo el motu proprio de Benedicto XVI que regulariza el uso de la misa tradicional romana como uso “extraordinario” dentro del rito romano. Como muestra, la ristra de comentarios y un número de visitas bastante por encima de lo habitual que recibió el en este blog, que sólo trataba de forma indirecta la liturgia tradicional. Se afirma, en muchos casos, que la existencia de una forma ordinaria y otra extraordinaria del rito romano causará problemas y división en las parroquias.
En algunos artículos aquí, en Religión Digital, se criticaba hace unos días la liturgia romana tradicional que el Papa ha restaurado como forma extraordinaria de celebración, porque “pone al sacerdote de espaldas a los fieles”.



