Un libro para esta cuaresma: La Cristiada
Me voy a permitir recomendar a los lectores un buen libro para leer esta Cuaresma, que acabamos de editar en Vita Brevis: La Cristiada, de Fray Diego de Hojeda, un dominico nacido en Sevilla en 1570. Es un libro estupendo, que todo católico hispanohablante debería conocer y releer periódicamente, tanto por su gran calidad poética como por su carácter de obra católica monumental. Podría considerarse la Divina Comedia de la literatura española y del Barroco. Inspirándose en epopeyas clásicas como la Ilíada o la Eneida, Hojeda describió en verso la mayor gesta heroica de todos los tiempos: la encarnación del Hijo de Dios.
Aunque, por supuesto, se puede leer en cualquier momento, resulta especialmente adecuado para la Cuaresma, porque describe, contempla y desmenuza en verso la pasión, muerte y resurrección de Cristo. En ese sentido, nos puede ayudar a identificarnos con los sentimientos de Jesús, a meditar los diversos aspectos de su pasión, a acompañarlo en sus sufrimientos y su muerte y a alegrarnos con la Virgen de su resurrección. En cierto modo, es una versión poética de la contemplación que aconseja San Ignacio, colocándonos dentro de las escenas evangélicas y meditándolas desde dentro. O, por decirlo de forma más moderna, es como la película de La Pasión de Mel Gibson, pero en verso.



Una pregunta, por curiosidad, a los lectores que hayan ido hoy a Misa: ¿Se ha hecho la bendición de las candelas en la parroquia a la que hayan ido? Lo pregunto porque es una bonita tradición pero me da la impresión de que se está perdiendo, a pesar de formar parte de los ritos litúrgicos previstos por la Iglesia para hoy. De hecho, muchos niños y jóvenes ya no asocian la idea de la Virgen de la Candelaria con el nombre oficial de la fiesta de hoy: La Presentación del Señor (es decir, la presentación de Jesús en el Templo, contada en Lc 2). Es una fiesta antiquísima, que se celebraba ya en los primeros siglos de la Iglesia. En el Misal anterior al Concilio Vaticano II, la fiesta se denominaba la Purificación de nuestra Señora y estaba muy centrada en la Virgen María (de ahí la advocación de Virgen de la Candelaria, relacionada además con una aparición en Tenerife en el siglo XIV), pero actualmente se resalta más en la liturgia la figura de Cristo, presentado en el Templo por ser el cumplimiento y la plenitud de la Antigua Ley (aunque esto no excluya, por supuesto, el papel de la Virgen en la celebración). Se celebra el día 2 de febrero por ser cuarenta días después del nacimiento de Cristo, el plazo que marcaba la ley de Moisés para la purificación de las mujeres que habían dado a luz (Lv 12,1-8), ocasión que la Sagrada Familia aprovechó para cumplir otro precepto: la presentación de los primogénitos en el Templo.









