El buen gusto y la fe católica
He leído un estupendo articulito del P. Longenecker que me ha hecho pensar bastante. Así que lo he traducido y lo pongo en el blog, para que los lectores piensen conmigo.
Trata sobre el buen y mal gusto y su relación con el catolicismo. La idea fundamental es, creo yo, muy acertada: en la Iglesia hay lugar para el buen y el mal gusto, para una estética culta y una popular, para lo elaborado y lo sencillo precisamente porque la Iglesia es Católica, universal. De hecho, esta amplitud de la Iglesia (cuyo interior, contra toda ley física, es mucho mayor que el exterior) es un poderoso argumento en favor de la veracidad de sus pretensiones.
Hay algo, sin embargo, en el artículo que chirría en mis oídos y que no acabo de identificar. Quizá los lectores puedan ayudarme a descubrir el matiz que no es totalmente correcto o a comprender mejor la cuestión y descubrir que no hay nada que corregir.

Quaestio Quodlibetalis XXVI. Un comentarista procedente de Chile, Gonzalo, ha hecho una serie de comentarios muy curiosos, buscando defender la siguiente postura: se puede ser católico y no aceptar algunos dogmas de fe de la Iglesia. Dice Gonzalo: “Por si no lo sabes, este código permite estar en desacuerdo con dogmas de la Iglesia y seguir perteneciendo a ella”. Para justificarlo, presenta una larga exposición teológica y canónica, de la que extraeré algunos puntos.
Me encantan los comentarios de los lectores ateos o agnósticos. También me gustan, por supuesto, los de los lectores católicos, pero cuando el autor no cree en Dios, sus comentarios tienen generalmente un je-ne-sais-quoi de sugerente que siempre me resulta muy interesante. Cuando los leo, suelen proporcionarme materia para reflexionar y me gustaría aprovechar esta oportunidad para dar las gracias por ello.
Acabo de ver la película Centurión. No esperaba mucho de ella y ha respondido de forma bastante fiel a mis expectativas. Tiene mucha sangre, pero poco interés. Muchas luchas, pero generalmente inverosímiles y con un desconocimiento casi total de lo que es la guerra. Un argumento bastante malo, multitud de incoherencias, los consabidos dogmas feministas, inexactitudes históricas por doquier (¿cuándo aprenderán en Hollywood que los romanos luchaban siempre con la punta de la espada y no dando tajos como los bárbaros?) y de faltas de sentido común. En fin, lo previsible.



