Pagola lo tiene fácil. De felinos nocturnos y diurnos.
A lo largo de la Historia de la Iglesia, se han presentado multitud de cuestiones difíciles y de complicada solución. En algún caso, como en la controversia llamada De auxiliis, el propio Papa tuvo que decidir que se dejara de polemizar sobre el asunto, porque los ánimos se airaban sin ningún resultado positivo. Otras cuestiones, sin embargo, tienen una solución muy sencilla. En mi opinión, la polémica suscitada desde ayer en torno al libro de Pagola y la es de estas últimas.

En su mensaje con ocasión del Ángelus, el Papa ha querido decir unas palabras a los participantes en la celebración en defensa de la familia cristiana que se ha celebrado hoy en Madrid. Entre otras cosas, el Papa ha dicho que las familias cristianas tienen una misión profética: manifestar ante el mundo el amor de Dios.
Ya he dicho más de una vez que, a mi juicio, los comentarios en Religión Digital son, en ocasiones, mejores que los propios artículos. En cambio, otras veces, a lo que llevan es a que se pueda uno reír con ganas, que también es algo bueno. De este último tipo fueron unos comentarios de hace un par de semanas, relacionados con el autor de la Cigüeña de la Torre que, como él mismo nos ha dicho, actúa de vez en cuando como ministro extraordinario de la comunión en su parroquia de Pozuelo. Aunque algo antiguos, no quiero dejarlos pasar sin añadir mi propia opinión.
Este mes, ha aparecido en la revista Chesterton una entrevista al Cardenal de Madrid, Monseñor Rouco. Les recomiendo que la lean entera, porque es muy interesante. Trata diversos aspectos de la vida eclesial y política española, sobre los cuales ofrece su visión el Cardenal.
Por alguna razón que no acabo de entender, uno de los lectores incluía el Testamento de la Reina Isabel la Católica en su comentario como un ejemplo de fundamentalismo religioso. He decidido incluir en este artículo los párrafos de dicho testamento que versan sobre los nuevos territorios americanos, para que los lectores puedan juzgar por sí mismos (y, de paso, disfruten del hermoso lenguaje castellano de principios del siglo XVI).



