La clarividencia del cardenal Baldisseri

Tengo que confesar que, cuando leí que el Papa había elegido al cardenal Schönborn y al cardenal Baldisseri para presentar públicamente su Exhortación Postsinodal, me preocupé un poco. Los antecedentes de ambos cardenales durante las discusiones sinodales no me ofrecían mucha confianza, la verdad, y temí que su presentación fuera un poco sesgada.
Como era de esperar, sin embargo, me equivoqué por completo. Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? La elección del cardenal Baldisseri en particular fue magnífica, porque el cardenal se mostró clarividente en su presentación del documento y nos ofreció una clave interpretativa de toda la Exhortación sencillamente magistral. Sin duda, como deseaba el propio Papa.

Hace muchos años, viajé a Loretto con ocasión de un encuentro de jóvenes con el Papa Juan Pablo II que se celebró allí. Al visitar la basílica, me impresionó mucho un mosaico con una escena de la vida de Cristo que nunca había visto antes: la aparición de Cristo resucitado a Nuestra Señora, en la mañana de Pascua.
Una de las cosas que más me fascinan de la Sagrada Familia de Barcelona es el profundo simbolismo de cada detalle del templo expiatorio. Cada pequeño adorno parece estar pensado y tener su sentido especial.
El sábado pasado murió D. Antonin Scalia, juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, hijo de inmigrantes sicilianos, católico y padre de nueve hijos, uno de ellos sacerdote. La noticia ha pasado sin pena ni gloria por la mayoría de los medios de lengua española, pero tiene una gran relevancia. A diferencia de lo que sucede en España, en Norteamérica, el puesto de miembro del Tribunal Supremo (equivalente a grandes rasgos a nuestro Tribunal Constitucional) es importantísimo, porque es vitalicio. En ese sentido, los jueces del Tribunal Supremo estadounidense pueden constituir un verdadero tercer poder judicial estable, que haga de contrapeso al ejecutivo y al legislativo.
Participante invitado: El P. Robert Longshanks es un antiguo anglo-católico que cruzó el Tíber hace cincuenta años. Conocido (a sus espaldas) por sus compañeros sacerdotes como Father “Battleaxe” Bob, se comenta que su propio obispo le tiene algo de miedo desde que le dijo que “el problema de Inglaterra ha sido siempre que sus obispos no están dispuestos a morir mártires”.









