11.05.20

Otra historia

Releyendo una edición norteamericana de Beowulf me encuentro con esta frase demoledora: “Solo un manuscrito sobrevivió a la disolución de los monasterios realizada por Enrique VIII y a la destrucción de sus grandes bibliotecas”. El arrasamiento cultural perpetrado por el primer Rey “cabeza” del anglicanismo tan solo dejó un único manuscrito de esta obra fundamental en inglés.

Para hacernos una idea de la importancia de Beowulf en la literatura inglesa, podría decirse que es similar al Cantar del Mío Cid en España o a la Chanson de Roland en Francia. Y por pura casualidad, se conservó un manuscrito cuando se suprimieron violentamente los monasterios en Inglaterra. ¿Quién sabe las innumerables obras que se perderían al mismo tiempo, durante aquella barbarie motivada por el odio a la Iglesia y la codicia?

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7.05.20

Lo demás carece de importancia

El otro día, rezando el rosario en familia al caer la tarde, mientras la dorada luz vespertina se iba apagando y escuchaba a mis hijos dirigir los misterios, vislumbré cómo será el cielo y me di cuenta de lo bien que hace Dios las cosas. ¿También la epidemia y la cuarentena y el Papa que ha dicho no sé qué o el obispo que ha dicho no sé cuántos? También.

Todo sucede para bien de los que aman a Dios. Y ese todo incluye también los desastres naturales, las epidemias, el desempleo, las crisis económicas, las torpezas de unos y de otros e incluso los pecados que se sufren. A pesar de la histeria de los periodistas, hambrientos de basura y sensacionalismo, y de los aires de importancia de los políticos, las riendas de la historia sigue llevándolas Jesucristo. Se rebelan los reyes de la tierra, y, unidos, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías. El que habita en el cielo sonríe; el Señor se burla de ellos.

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12.04.20

8.04.20

Vive peligrosamente

Para celebrar la absolución del Cardenal Pell de los cargos que pesaban contra él y su liberación, vuelvo a traer al blog un artículo que escribí hace más de diez años y que, visto lo visto, no dejaba de tener un cierto tono profético:

Me ha encantado leer que el Cardenal Pell, de Sydney, va a participar en el Primer Festival de Ideas Peligrosas en Australia. Me ha parecido extrañamente apropiado, porque no hay nada más peligroso que el cristianismo. La fe católica puede ser odiada, despreciada, rechazada, amada o admirada, pero quien la considere algo aburrido, intrascendente o rutinario no tiene ni la más mínima idea de lo que es el cristianismo o sólo se ha encontrado con cristianos de pega. Será como el que dice que una víbora es muy mona o que un león es hogareño: o habla por hablar o lo que él llama víbora y león son, en realidad, muñecos de peluche.

No hay idea más peligrosa que la Encarnación, porque coloca al mundo cabeza abajo. En lugar de un Dios o, más bien, una Fuerza absoluta e impersonal en lo alto, que lo fundamenta todo pero a la que no le importa nada, y unos insignificantes seres humanos en la tierra, que hoy están vivos y mañana vuelven al polvo, en lugar de un universo que evoluciona sin saber muy bien hacia dónde o de un eterno retorno por el que todo es siempre lo mismo, los cristianos nos encontramos con un universo trastocado. Dios se hace pequeño, lo inmortal se hace mortal, lo Abstracto resulta ser Alguien. Y, de la misma forma, los insignificantes seres humanos están llamados a ser hijos de Dios, los mortales reciben la inmortalidad, los hombres falibles se atreven a decir que conocen la Verdad y el sinsentido de la vida se desvela como parte del Plan de Dios. Hasta el más mínimo aspecto de la vida queda transformado.

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25.03.20

Olvido cotidiano

Como sabrán algunos lectores, a principios de este mes publiqué un libro titulado Oraciones cotidianas que vuelven el mundo del revés. Se trata de una serie de reflexiones sobre oraciones tradicionales de todos los días, como el padrenuestro, el ángelus, el rosario, el gloria al Padre, las jaculatorias o el sencillo amén, entre otras, que intenta ayudar a hacer oración con ellas y a descubrir su inmensa profundidad.

A fin de cuentas, son las oraciones que más rezamos y, por lo tanto, merece la pena aprender a rezarlas bien. Es un desperdicio pasar por ellas sin pensar y aprovechar lo que se está diciendo. Como sagazmente señalaba una lectora, la idea es aprender a recitar estas oraciones con “la humildad de una niña tomada de la mano de su Padre”. Hasta ahora, a los lectores parece haberles gustado bastante.

Digo todo esto porque me he dado cuenta de que había olvidado repetir algo que es especialmente relevante en estos tiempos de epidemia y cuarentena: si alguno tiene interés en leer el libro, pero por cualquier razón no puede comprarlo, que me lo diga y estaré encantado de pedir a la editorial que se lo envíe en formato electrónico pdf, epub o mobi. A fin de cuentas, el libro se escribió para ser leído, no para algo tan poco importante como ganar dinero con él. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis (o, si a alguien no le gusta recibir cosas gratis, puede pagarlo con una oración y así seré yo el que quede en deuda con él).

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