El sobrenombre sobre todo sobrenombre

Creo que el estudio de la historia en los colegios cada vez versa más sobre economía, sociología y otras materias abstractas por el estilo. Es una pena, porque, con el tiempo, lo único que se sigue recordando es lo concreto. De niño, una de las cosas que más me gustaban del estudio de la historia eran los sobrenombres de reyes, papas, guerreros o teólogos, que hacían volar mi imaginación.

Había algunos gloriosos (D. Jaime el Conquistador, Alfonso el Batallador, el Cid Campeador, Gregorio Magno o el caballero sin miedo y sin tacha) y otros enigmáticos (Pedro el Ceremonioso, Carlos II el Hechizado o Pipino el Breve). También los había patéticos (Boabdil el Desdichado, Manuel el Desafortunado y el caballero de la triste figura), temibles (Pedro I el Cruel) y envidiables (Alfonso X el Sabio, Isabel la Católica, Guzmán el Bueno o Eduardo el Confesor).

Los grandes teólogos tenían los suyos propios, muy doctorales y con olor a viejos libros de pergamino. En latín, claro: Santo Tomás el Doctor Angelicus, San Buenaventura el Doctor Seraphicus, Duns Scoto el Doctor Subtilis y San Agustín el Doctor Gratiae, por ejemplo.

Si me hubieran pedido que eligiera entre ellos, no habría sabido hacerlo. Todos aquellos sobrenombres eran maravillosos o al menos extraños e intrigantes para mí, como si me dijeran: he aquí alguien que dejó huella en la historia, alguien cuya vida merece la pena conocer.

Esta mañana, sin embargo, me he quedado mundo al leer el mejor de los sobrenombres. El más envidiable de todos. El sobrenombre que está sobre todo sobrenombre. Aparece en la segunda lectura del Oficio de Lecturas de hoy y se lo aplicó un gigante, San Basilio (él mismo apodado el Magno), a otro gigante mayor aún, San Pablo.

En efecto, Basilio llama a San Pablo “el imitador de Cristo”. Ante ese sobrenombre, callan todos los demás, verdes de envidia. No puede haber otro mejor.

Quien quiera ser verdaderamente sabio o católico o bueno, que imite a Cristo, que es la sabiduría y la bondad mismas. Para conquistar, batallar o luchar sin miedo y sin tacha en la guerra que verdaderamente importa, hay que imitar a Cristo, que venció a la misma muerte. ¿Quién será caballero de más triste figura que aquel que imita al Varón de Dolores? ¿Cómo se consigue ser doctor angélico, sutil o de la gracia, si no es imitando al único Maestro?

Dios nos conceda a todos ese sobrenombre algún día, aunque solo sea en letras pequeñitas y con mucha manga ancha, porque no hay otra manera de ir al cielo que siendo también imitadores de Cristo.

13 comentarios

  
Francisco Martinez
Bruno, seguí purgando tus pecados, muy bueno el artículo, te felicito.
01/04/26 12:08 AM
  
Pablo
Ser "otro Cristo", en eso consiste ser cristiano. O al menos intentarlo.
Todo lo demás, sobra.
01/04/26 12:10 AM
  
Católico.
"Chapeau por este post". D.Bruno.

En verdad que S. Basilio estuvo sembrado con el sobrenombre de S. Pablo. No hay converso en la Historia que haya conseguido igualar lo que S. Pablo consiguió: Hacer comprender al Papa reinante que la prédica de La Buena Nueva era universal. Y hacerla llegar a todos los rincones del Imperio Romano (el mundo conocido de la época).

También querría citar otro gran sobrenombre correspondiente con un gran rey: S. Fernando. Fernando III, el santo. Es un gran sobrenombre para un católico seglar. ¿No les parece?

¡Qué tengan un provechoso y aprovechado miércoles santo!
01/04/26 12:50 AM
  
anawim
La única forma de llegar al Cielo es elevarse, y elevarse no es fácil. Santa Teresa del Niño Jesús siendo monja carmelita le pedía a Jesús un ascensor para elevarse; yo le tendría que pedir un teleférico. Ser santo no es fácil. Lo primero que tienes que hacer, es aprender a hacer muy bien es el ridículo, ¿y quién de nosotros sabe hacer muy bien el ridículo? No contesten por favor. No sé quién fue el que dijo: "para ser un buen cristiano, no hay que tener un buen currículo, hay que hacer muy bien el ridículo". Claro, la Cruz del Señor no es cualquier cruz, y nosotros estamos acostumbrados a la cruz con dos palillos, el día que nos ponen un trocito de madera, nos hunden.
01/04/26 1:41 AM
  
Jose
Pues sí, excelente post. y el mejor sobrenombre.
Que con ayuda de Nuestra Santísima Madre la Virgen María alcancemos la gracia de ser buenos imitadores de Jesús, aunque nos atraviesen el corazón las espadas que sean necesarias para nuestra salvación.
01/04/26 2:43 AM
  
Juanjo
Gracias.
01/04/26 7:44 AM
  
Hugo Z. Hazckenbush
anawin,

yo llevo más de 30 años haciendo ascensores y si es para ti, me pongo a diseñarte ya mismo un ascensor que te eleve al cielo.
Los chicos de OTIS llevan más de 10 años preparando un proyecto de un ascensor para llegar a la Estación Espacial (Puedes ver reportes en la web) y aunque son competencia, tengo buenos amigos allí que seguro me echan un cable (Nunca mejor dicho)
Llegar al cielo de los justos no se si llegarás. Lo dudo mucho.
Pero estarás unos meses sin aparecer por aquí, lo cual nos dejará a todos en un estado de inquietud profunda.
01/04/26 9:36 AM
  
Mister Jinks
En el cielo lo único que hay es una sopa de gases: nitrógeno, oxígeno, argón CO2 ...

Y más allá de la línea de Kárman lo único que hay es el vacío.
01/04/26 2:54 PM
  
Católico.
En verdad que psra vacío el suyo.
01/04/26 4:52 PM
  
Andrés Éfeso
La Iglesia hoy está llena de gente que quiere coger un ascensor para llegar a la santidad, cuando ni siquiera ha sido capaz de salir del metro bajo tierra. Imagino que para ser santo primero hay que ser buena persona normal y corriente, sin ínfulas ni pretensiones.
02/04/26 12:19 PM
  
Hugo Z. Hazquenbush
Católico

Efectivas mentes, más allá de la linea de Karman es el vacío más absoluto. Es cierto que es un vacío cuántico lleno de cosas que no entiendes, ni creerías de entenderlas, pero es lo más parecido al vacío que hay que en el Universo.
Llegar al cielo, resucitar, trascender, es otra cosa muy distinta. Es acabar aquí. Es abandonar la dependencia espacio/temporal, es entrar en una existencia que no podemos describir pero que no está condicionada por lo que en nuestro mundo, condiciona la materia.
Nadie puede explicarnos lo qué es o cómo es, pero lo que NO ES es un palco más allá de la estratosfera donde cotillear con un telescopio a quienes quedan aquí, los ratitos en los que no estamos babeando en la contemplación divina.
Sólo te queda CONfiar en Dios y creer que será mucho mejor que una fiesta en la pradera de San Isidro con tu vecina del tercero o eliminar al Barsa de Champions.
Pero te falta fe. Por eso no eres del Atleti.
03/04/26 9:27 AM
  
Hugo Z. Hazquenbush
Andrés

Yo recuerdo un obispo de mi tierra, ya muy mayor, D. Inocencio, que cuando, de niño (entonces se hacía así) me confirmó, en la charleta que nos dió unos días antes preguntó, ¿Que queréis ser de mayores? Uno de los niños, que era un poco meapilas, levantó la mano como un resorte y dijo (obviamente producto de aprendizaje condicionado) ¡¡Yo santo!! A lo que D. Inocencio contestó, "vale, vale, puedes empezar por ser bueno y luego seguimos hablando".
El niño meapilas es ahora concejal por VOX, por lo que deduzco que no logró su propósito infantil.
03/04/26 9:36 AM
  
Andrés Éfeso
Hugo,
Puro sentido común el de ese obispo. Hoy falta sentido común y sobran palabrería e impostura.
Un saludo
03/04/26 10:39 AM

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