El odium plebis y el cardenal Fernández

Los distintos cánones jurídicos que ha aprobado la Iglesia a lo largo de la historia muestran a menudo una gran sabiduría, que maravilla al lector interesado. Es una sabiduría cimentada tanto en la fe como en la experiencia de siglos y milenios, en criterios a la vez teológicos, jurídicos y de un apabullante sentido común. Un ejemplo podría ser el concepto de odium plebis en lo relativo a los motivos de remoción de un párroco.
Antiguamente, era mucho más difícil que ahora retirar a un párroco de su parroquia. Un buen número de los párrocos, de hecho, tenían la parroquia “en propiedad”, lo que no significaba que fuera literalmente de su propiedad, sino que habían accedido por oposición al cargo de párroco de esa parroquia en particular. En esos casos, el obispo no podía cambiarles sin más de parroquia, como en la práctica sucede ahora, sino que tenía que poner en marcha un arduo proceso canónico de remoción. Como todo tiene sus pros y sus contras, con ello los obispos de entonces tenían menos libertad de acción, pero a cambio los sacerdotes ganaban en seguridad jurídica.
Sea como fuere, uno de los motivos de remoción existentes según el antiguo Código de 1917 era el de odium plebis, es decir, odio del pueblo: el hecho de que el rebaño que debía pastorear el párroco aborreciese al sacerdote en cuestión. Era un criterio practico, porque, si ese aborrecimiento fuera “tal que impidiese el ministerio parroquial útil y no se previese que fuera a cesar en breve” (c. 2147), la labor del párroco se haría imposible y no tendría sentido que continuase al frente de la parroquia.
No se trataba de un castigo al párroco, sino de una cuestión de sentido común. De hecho, se admitía como motivo el odio del pueblo “quamvis iniustum et non universale”, aunque fuera injusto y no afectase a todo el rebaño. Si, por la razón que fuese, una gran parte de los fieles no podían tragar al párroco, probablemente lo mejor fuera buscar a otro que desempeñara el cargo. A fin de cuentas, la ley suprema en la Iglesia es la salvación de las almas, como sigue señalando el nuevo Código de Derecho Canónico, precisamente en relación con la remoción de los párrocos (c. 1752).
En el Código actual ya no se usa el término odium plebis, que ha sido sustituido por la expresión algo más suave de aversio in parochum, “aversión contra el párroco”, junto con la “pérdida de la buena fama a los ojos de los feligreses honrados y prudentes” (can. 1741), pero la sustancia es la misma, incluida la posibilidad de que el motivo de remoción se dé “sin culpa grave del interesado” (can. 1740).
Llevo un tiempo pensando en todo esto en relación con el actual Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Por supuesto, los cánones citados no son directamente aplicables, ya que no se trata de un párroco y, además, los cargos de la curia Romana son de libre disposición del Papa, que puede nombrar y retirar a sus colaboradores a voluntad. Sin embargo, tiendo a pensar que, por analogía al menos, el criterio de odium plebis puede darnos algo de luz en este caso.
Escribo en un medio de comunicación católico y tengo que encargarme periódicamente de la moderación de los comentarios de los lectores, una labor bastante pesada, pero que proporciona una visión privilegiada de cómo está y cómo va cambiando la opinión pública en la Iglesia o, al menos, entre los católicos hispanohablantes. Pues bien, esos comentarios, unidos a lecturas y conversaciones con multitud de clérigos y laicos de diversos países, me indican que existe algo bastante parecido al odium plebis en relación con la figura del actual Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
En InfoCatólica hace bastante que sabemos que, si en una noticia aparece el cardenal Víctor Manuel Fernández, aunque sea porque ha dicho o hecho algo bueno y sensato, los comentarios serán en su gran mayoría fuertemente negativos y, en una buena proporción, insultantes y necesitados de moderación. Algo parecido sucede en las conversaciones privadas con seglares, sacerdotes e incluso obispos. Multitud de artículos en otros medios de comunicación lo corroboran (mencionemos, por ejemplo, al Catholic Herald, al Wanderer o a la Bussola Quotidiana). El hecho es que una buena proporción de los fieles y los clérigos simplemente no acepta nada que venga del cardenal.
Me estoy refiriendo, por supuesto, al auténtico pueblo de Dios, no a aquellos que se dicen católicos, pero se han apartado de la fe de la Iglesia y opinan lo mismo que el mundo. Estos últimos parecen encontrarse a gusto con el cardenal Fernández, creyendo al parecer que introducirá cosas como el divorcio, las relaciones del mismo sexo e inmoralidades similares en la Iglesia, pero su opinión es irrelevante, porque no son católicos más que de nombre. Entre los que tienen fe, en cambio, se observa que cuanto más serios, piadosos y formados son los fieles, más marcado resulta ese odium plebis.
Al margen de cualquier otra consideración, se trata de una situación lamentable, que perjudica significativamente al pueblo de Dios. Precisamente aquellos que son obedientes y a los que les importa lo que diga el Dicasterio para la Doctrina de la Fe desconfían de lo que pueda decir el Dicasterio y ya no se fían de que vaya a ser acorde con la fe de la Iglesia. Esto es la definición de una situación que impide “el ministerio útil” de un Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
Las razones para haber llegado a esta situación son muy numerosas. El cardenal, a fin de cuentas, fue protagonista de las páginas menos brillantes del pontificado anterior. Por ejemplo, es sabido que fue uno de los asesores que estaban detrás del texto de Amoris Laetitia que no solo negaba el dogma de fe de que Dios siempre da la gracia necesaria para no pecar, afirmaba asombrosamente que Dios a veces quiere que pequemos y negaba la doctrina moral básica de que el fin no justifica los medios y la existencia de actos intrínsecamente malos, sino que de hecho introducía el divorcio en la Iglesia. Asimismo, tiene en su haber un documento, Fiducia supplicans, que permitía lo que el mismo Dicasterio había prohibido dos años antes, tuvo que ser “aclarado” solo dos semanas después y fue rechazado públicamente por una gran cantidad de obispos por introducir la ambigüedad en un tema, las relaciones del mismo sexo, en que la Iglesia debe ser clarísima. No podemos olvidar que es responsable de que el Papa firmara un texto en el que se corregía a la misma Palabra de Dios, afirmando que “algunas consideraciones del Nuevo Testamento sobre las mujeres” y “otros textos de las Escrituras […] hoy no pueden ser repetidos materialmente”. Su último documento sobre los títulos marianos de Corredentora y Medianera de todas las gracias han recibido, merecidamente, fuertes críticas por su confusión y escaso nivel teológico y argumentativo, además de por silenciar las enseñanzas de papas y doctores anteriores en contra de su tesis personal. Como prefecto y como obispo ha manifestado en varias ocasiones opiniones claramente erróneas y ofensivas a oídos piadosos. Ya antes de ser obispo tenía fama de heterodoxia, que fue investigada por la antigua Congregación para la Doctrina de la Fe y obstaculizó su nombramiento como rector de la Universidad Católica Argentina, una dificultad que solo se salvó por el empeño personal del cardenal Bergoglio. Es, además, autor de textos (¡y libros enteros!) decididamente impropios para un alto prelado de la Iglesia, con una fuerte carga erótica. Todo esto es lo contrario de lo que conviene para un Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
Es decir, no faltan razones que expliquen esta situación. De todas formas, como hemos visto en el caso de los párrocos, no es necesario meterse en consideraciones de culpabilidad o inocencia del interesado, de que merezca o no merezca lo que sucede. Solo el hecho de la aversión entre el pueblo fiel basta para que convenga que el Papa considere la posibilidad de solucionar este problema, quizá retirando al cardenal de su cargo.
A fin de cuentas, ¿de qué sirve un Dicasterio para la Doctrina de la Fe del que los fieles católicos desconfían? En la Iglesia, si por la razón que sea se pierde la auctoritas, toda la potestas del mundo no hará posible desempeñar un cargo para “la salvación de las almas”, que es la ley suprema. Por desgracia, parece que don Víctor Manuel se ha granjeado el odium plebis, ha perdido “la buena fama a los ojos de los feligreses honrados y prudentes” y ya no tiene la auctoritas necesaria, algo que, lamentablemente y al margen de su responsabilidad personal, le incapacita para ejercer su misión.
91 comentarios
Sin embargo, Veritatis Splendor recuerda que existen actos intrínsecamente malos, que no pueden quedar relativizados por discernimientos subjetivos (VS 79–83).
Cuando la praxis sacramental se separa de la moral objetiva, la doctrina queda debilitada en la práctica, aunque se afirme en teoría.
La Iglesia Madre no puede separarse de la Iglesia Maestra.
La intención es claramente pastoral y acogedora, pero el texto adolece de una antropología insuficientemente integrada (persona, cuerpo, sexualidad y verdad moral), lo que genera confusión práctica y ruptura de la unidad episcopal.
El problema no es la misericordia, sino una pastoral desvinculada de una antropología moral sólida.
Es una pena que hayan metido en un cajón la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II, que tanto puede iluminar en estos momentos.
"El problema de Amoris Laetitia no es una negación doctrinal, sino ambigüedades pastorales"
Ojalá fuera así, pero no lo es. En Amoris Laetitia se dice expresamente que Dios a veces quiere que pequemos (y gravemente, porque el contexto es el del adulterio), que Dios no siempre da la gracia necesaria para no pecar y que el fin justifica los medios y que no existen actos intrínsecamente malos. Son cuatro negaciones frontales de principios doctrinales y morales fundamentales, infalibles e irreformables. A lo que hay que añadir la aprobación práctica, expresa y solemne del divorcio, algo que, si no hubiera sucedido y siguiera sucediendo, resultaría inconcebible.
Es lamentable, pero no ganamos nada con cerrar los ojos a la realidad.
"aunque se afirme en teoría"
Es que no se afirma en teoría, se niega.
"Fiducia supplicans no contiene un error doctrinal formal, pero sí una ambigüedad pastoral grave en un ámbito donde la Iglesia debe ser inequívoca"
Me temo que las ambigüedades intencionadas en materia grave (y son intencionadas, porque sin ellas Fiducia supplicans y las bendiciones que permite no podrían existir) equivalen a errores doctrinales. Cuando uno no se atreve a negar la doctrina, pero de hecho hace como si no existiese y parte de presupuestos contrarios a ella, todos entendemos que está negando la doctrina. Empeñarse en lo contrario es hacerle el juego a una ficción maliciosa.
"Es una pena que hayan metido en un cajón la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II, que tanto puede iluminar en estos momentos"
La teología de Juan Pablo II y toda la moral y la doctrina de los últimos dos milenios, por desgracia.
Lumen Gentium nº 61 (lo escribiré en el original latino porque, aunque no sé hablar latín, como catolico lo entiendo perfectamente en la liturgia y en materia de fe).
"Filioque suo in cruce morienti compatiens, operi Salvatoris singulari prorsus modo cooperata est, oboedientia, fide, spe et flagrante caritate, ad vitam animarum supernaturalem restaurandam".
En fin, él mismo se ha buscado la antipatía de los católicos..
Siempre me alegra que haya comentarios en verso, pero me veo obligado a censurarlo por no guardar el respeto debido, lo siento.
Y la madre Iglesia muchas veces madrastra, regaña al fiel y pasa la mamo por el lomo al díscolo. Y este es el caso. No el único pero completamente sintomático.
A día de hoy un odium plebis al párroco es casi garantía de ortodoxia. Recuerdo hace tiempo el párroco predicó un poco sobre el pecado y las fuerzas vivas de la parroquia se le alzaron en armas, le duró un domingo. En alguna ocasión me dijeron que no se puede estar a toda hora hablando sobre el pecado, cuando no se hablaba nunca.
Para mí que muchos sectores de la Iglesia se regodean ante las quejas del pueblo fiel. Ciertamente el feligrés medio no sabe ni quién es el Tucho
Mejor dicho, niego las 2 mayores.
En primer lugar, sólo los de uno de los 2 bandos, que se han producido en la Iglesia, odia al Cardenal Fernández y además, ni siquiera todos. Muchos ni le conocen. Son sólo esos que le llaman "pornófago" sin haber leído una letra de sus libros.
Son solo los habituales odiadores públicos e inquisidores de la Sta. Pepis que pueblan vuestra caja de comentarios.
Pero te permites, Bruno, afirmar que esos inquisidores aficionados son "el auténtico pueblo de Dios". Esta afirmación es provocativa e insultante, además de falsa de toda falsedad.
Sería ese dios (Así en minúsculas, no sea que uno de tus talibanes de guardia se rasgue las vestiduras, gritando "¡¡Blasfemiaaa!! ¡¡Crucifícalo!!) un dios de fariseos si su pueblo fueran solo los pretendidamente justos y perfectos (Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra).
Si ese dios existiera, que me apunten a su infierno, donde, seguro, me encontraré muy bien acompañado.
Pero volviendo al tema, no lo va a echar. Para gozo de muchos y muchas
NOTA: Veo con placer indescriptible como ninguna de las dos "infos" tradis católicas os hacéis eco de la defenestración en Nueva York del Card. Dolan (El amigo de Trump) y su sustitución por Roland Hicks, probablemente uno de los más aperturistas de USA y con verdadero olor a oveja (Ya tú sabes). Una verdadera patada en la boca al lobby gringo ultra conservador.
Ni siquiera ha abierto la boca la Cigüeña y eso que se apresura a comentar el más mínimo cambio en la diócesis de Colliguilla (Cuenca).
Prevost empieza a ser vuestra pesadilla, Dolan se va, Hicks llega y el Tucho se queda. Buena forma de comenzar la mañana.
Dicho eso, me preocupa Hugo y su obsesión con este blog, y por lo visto con otros también.
Ver la paja del fariseísmo mosaico y no ver la viga del fariseísmo adámico actual, mucho más poderoso y sangrante hoy por hoy, es no ver con claridad.
Mentar el olor a oveja y no mentar el pestazo a apostasía es no oler con nitidez. Eso independientemente de las elecciones que tome el Papa. Él en su responsabilidad y cada uno a la suya.
Dios nos envíe los dones del Espíritu, pues estamos muy faltos de ellos.
De cualquier manera, si ante tales barrabasadas citadas el tipo sigue ahí, esto del odium plebis (interesante, razonable y que aplica), pues no creo que cambie nada.
Dado que es un odium plebis fundado, como lo muestra la entrada, el final es demasiado suave: "conviene", "considere la posibilidad", "quizá". En cualquier empresa seria, a un empleado tan desencajado lo hubieran mandado a paseo hace tiempo.
¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen Corredentora!
"lo indignante, escandaloso"
En efecto, cuanto más alto es el cargo, mayor es la responsabilidad y mayor la gravedad de tolerar lo que no se debe tolerar.
"Si es merecido, no es "por desgracia" que se lo ha granjeado"
Es una desgracia que estemos en una situación en que los católicos tengan que desconfiar del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Creo que se entiende.
"el final es demasiado suave: "conviene", "considere la posibilidad", "quizá". En cualquier empresa seria, a un empleado tan desencajado lo hubieran mandado a paseo hace tiempo"
En cualquier empresa seria, también sabe todo el mundo que es contraproducente decirle al jefe lo que tiene que hacer y lo que conviene es sugerirle cortésmente lo que se considere conveniente.
A lo segundo: "señor jefe, el empleado de nuestra institución educativa para niños y jóvenes, Juanito el buenito, ha violado a tres niñas y a otros tantos niños. Ha matado a cinco alumnos, a uno de los cuales se lo ha luego comido, ha puesto una bomba en el metro, ha robado algunos millones y los fines de semana se toma hasta el agua de los floreros y se fuma hasta la hierba del césped". "Señor jefe, conviene que considere la posibilidad de solucionar este problema, quizá retirando a Juanito el buenito de su cargo".
¿La alteración de la sana doctrina es menos nociva que las aberraciones de Juanito el buenito?
Mejor: "señor jefe, junte fuerza, respire hondo y dele una buena patada a Juanito el buenito, de modo que lo despida bien lejos de su cargo, destituyéndolo del mismo con todos los deshonores habidos y por haber".
Coincidencia, tanto el Tucho como castillo eran protegudos de Bergoglio.
"es de juzgado de guardia"
Lamentablemente, es el magisterio confuso que se popularizó en el pontificado anterior.
"No sé qué será más grave, si odiar a este presunto Cardenal o simplemente no tenerle en consideración y no hacer el más mínimo caso a lo que diga, escriba o promulgue"
Si lo entiendo bien, el odium plebis incluye eso: el desprecio de sus enseñanzas. Aunque fuera inmerecido, pero especialmente si es merecido.
Hasta entonces confiaba en esa Congregación.
También desconfío de todo lo que sale del Vaticano.
Ni soy teólogo ni tengo tiempo para estar analizando palabra a palabra todas las frases de cualquier documento que publique el Vaticano, ni estar analizando todas las notas a pie de página de ese documento para evitar que me la cuelen.
En conclusión, que del Vaticano no me fío.
Es una pena, pero es la triste realidad a la que me ha conducido la jerarquía de la Iglesia Católica, con la excepción de unos pocos obispos.
Hoy, por casualidad, he reparado en la información que se da del autor del texto. Y mi sorpresa ha sido leer: “A pesar de su escasa habilidad literaria, se empeña en (…)”.
Desconozco quién ha tenido el atrevimiento de insertar eso, pero, la decencia, frente a la evidente habilidad literaria del autor, invita a que se elimine esa aserción peyorativa. Este hombre despliega una habilidad literaria de la que carecen “otros” que van de literatos.
Atentamente,
"Ese mismo sentir del pueblo contra un pastor, se da en Lima con Castillo"
Por el pecado original, siempre ha habido pastores que no daban la talla, pero la experiencia me dice que, en las últimas décadas, este problema se ha hecho mucho más frecuente, por la desistencia de tantas autoridades eclesiásticas, que han tolerado lo intolerable y a veces incluso lo han promovido.
"¿La alteración de la sana doctrina es menos nociva que las aberraciones de Juanito el buenito?"
Claro que no. Pero cuando se hace algo para conseguir otra cosa, hay que plantearse no solo lo que se desea conseguir, sino también qué medios conviene poner para lograr ese fin.
Ninguna autoridad (ni esposa, ahora que lo pienso) reacciona bien cuando un donnadie sometido a ella (o un marido) viene con exigencias. Conviene proceder de forma respetuosa y cortés si se quiere conseguir algo. Es de cajón.
"Mejor: "señor jefe, junte fuerza, respire hondo y dele una buena patada a Juanito el buenito, de modo que lo despida bien lejos de su cargo, destituyéndolo del mismo con todos los deshonores habidos y por haber"
Pues eso es, a grandes rasgos, lo mismo que he dicho, pero expresado de forma cortés y respetuosa, creo yo.
"No entiendo: Todo lo que publica este cardenal va firmado por el Papa. Luego todo ataque al cardenal va contra el Papa. Seamos claros"
No hay ningún ataque contra nadie. Solo la constatación de una situación lamentable y la necesidad de solucionarla.
Como la responsabilidad última, en efecto, es del Papa, se sugiere que es el Papa quien tiene que solucionar el problema.
Como dice Alejandro en otro comentario, si el responsable último no actúa, corre el riesgo de que los que desconfían del cardenal terminen por desconfiar también de él. Es parte de la misma situación lamentable.
"Niego la mayor. Mejor dicho, niego las 2 mayores"
No, lo que niega es la fe católica. En ese sentido, sus opiniones sobre el funcionamiento interno de una Iglesia que usted rechaza y cuya fe no comparte resultan irrelevantes, como sin duda comprenderá.
"sólo los de uno de los 2 bandos"
Los que tienen la fe católica y los que no la tienen no forman dos bandos en la Iglesia, porque los segundos, por definición, no están en ella, aunque lo pretendan, lo parezcan o por pereza y rutina no hagan oficial su apostasía. De nuevo, es algo evidente por sí mismo.
"Son solo los habituales odiadores..."
Insultar a los demás comentaristas, como ya sabe, está de más. A lo que se suma que lo de "odiadores", como lo de "negacionistas", "loqueseáfobos" y palabras similares no tienen sentido racional y son solo descalificaciones propagandísticas. Usted, que no es tonto, lo sabe perfectamente. No se rebaje.
"que me apunten a su infierno, donde, seguro, me encontraré muy bien acompañado"
Deus avertat.
"no lo va a echar"
No lo sabemos, pero eso no es asunto nuestro. Cada uno hace lo que debe hacer, que en mi caso supone denunciar una situación lamentable, que hace un gran daño a los fieles. Lo demás, lo dejo gustosamente en manos de Dios.
"Veo con placer indescriptible como ninguna de las dos "infos" tradis católicas os hacéis eco de la defenestración en Nueva York del Card. Dolan"
Se equivoca usted de "info". Nosotros no damos rumores. Cuando se acepte su jubilación lo diremos. Aunque, como el cardenal Dolan fue mi obispo durante varios años, me permito señalarle que, por lo que dice, resulta obvio que no sabe usted nada de él.
"Bien, gracias a Dios 😀 Una reconstrucción completa de mi pie derecho. Ahora a recuperar el pie y en 6 meses a jugar al frontenis, que uno está ya mayor para el padel"
Se me olvidó ponerlo en el post en cuestión. Me alegro mucho de que todo fuera bien y de que su pie esté flamante y funcional. El pádel, en efecto, es entretenido, pero machaca los tobillos. Llega un momento en que hay que cambiarlo por otros modos de ejercicio.
Se entiede así resumidamente???
Eso significa que, si él defiende al Cardenal Fernández, no tiene la menor importancia para la Iglesia Católica. O sí, pero para recordar el refrán: "Dime con quién andas y te diré quién eres".
Por cierto, señor Hugo, andese con ojo.
La obsesión es característica de alguna que otra patología psiquiatrica
Si se dice algo ortodoxo, asumirán es "relleno" para hacer colar lo otro.
Se entiende. Ha habido una acumulación insólita de despropósitos.
Hasta para la propia salvación de Fernández sería mejor que se dedique a otra cosa.
La motivación es que el "sesus fidei", del que tanto se habla en estos tiempos de sinodalidad, percibe que no es el idoneo para ocupar el puesto de Prefecto de Doctrina de la Fe, que sus documentos de antes de ser Prefecto como los que ha escrito después son heterodoxos y muchos de ellos llevan a escandalo y confusión.
En relación a esto, en el programa de Youtube "Tekton" se leyo un escrito de un tal Carlos Wait a proposito de esto y el conductor del programa sugería que los fieles escribiesen, al Nuncio de su respectivo pais, para pedir el cese del Sr Fernandez de la Prefectura de este Dicasterio.
Pero no veo que esta propuesta en España halla sido seguida publicamente por ningún medio mas.
Al menos a algunos se les ha ido cayendo su papolatria demencial, pero queda mucho
Ninguna falta ajena justifica el odio, porque, a fin de cuentas, todos somos pecadores y si algo bueno hay en alguno, es por la infinita Misericordia de Dios.
Para mí fue un punto de inflexión y desde entonces no puedo ver a la Iglesia con los mismos ojos.
Muy triste todo.
Me vienen a la mente estas palabras: "puedes ser ultraortodoxo, pero si no tienes amor, de nada te servirá".
La grey de Bruno, los 99 justos de San Lucas 15 7.
¡ Qué pureza Bruno! Ni Port Royale sacó alguna vez tanto brillo.
Los escogidos de la menta y del comino.
Bruno. La Firma del Documento es la de Papa Leon XIV. Aprenda a leer. No es un dibujito de Mickey Mouse. Los Papas no Plantan sus firmas en algo tan importante como si estuvieran dejando una hoja de menta en un vaso de limón con jengibre.
¡ Qué alma de Jansenistas tienen!
"terrible daño que hizo y continúa haciendo"
Así es, por desgracia. Pero conviene entender que los presupuestos morales (o, más bien, inmorales) se pusieron mucho antes, en Amoris Laetitia, que defendió que el fin justifica los medios, que no hay actos intrínsecamente malos, que Dios quiere que pequemos a veces, que Dios no siempre da la gracia necesaria para no pecar, etc. Una vez admitidos esos presupuestos, todo es aceptable, desde el divorcio a la eutanasia, desde las relaciones del mismo sexo al aborto. La moral entera se derrumba.
"Desde entonces, en la cátedra de Taxonomía de Besos de la UCA se habla del ¨ósculo vítreo¨en su honor"
Doctor osculosus declarandus est. Dottore subito!
"Espero haber entendido mal"
Así es. No ha entendido nada de nada. En primer lugar, porque la causa de remoción de la que hablaba el código es simplemente algo objetivo: que de hecho buena parte de los fieles aborrezcan al párroco. Eso es un hecho, al margen de la calificación moral subjetiva de la actitud de cada persona incluida en ese grupo, y es lo único que importa a los efectos del artículo. Por eso el código hablaba de odium plebis "aunque fuera injusto".
Dicho eso, como enseña Santo Tomás, no se debe odiar al prójimo, pero se puede y se debe odiar lo malo que hay en él. Si mi párroco es un hereje, por ejemplo, puedo y debo odiar las herejías que enseña y el hecho de que enseñe herejías y el daño que hace a muchos enseñándolas. Ese odio, que es bueno, está incluido en la categoría de odium plebis, como es evidente por la precisión de "aunque fuera injusto", que necesariamente contempla la posibilidad de que sea un odio justo.
No hay nada de raro en esto. La misma Biblia habla de que Dios odia al pecador, en el sentido de que odia lo malo que hay en él y el daño que hace.
Preferible leer lo que teclee un mono.
Saludos cordiales.
Que Francisco le ofreciera el cargo que ocupa ya fue sorprendente y escandaloso pero lo que no entiendo es que el Papa León lo siga manteniendo en dicho puesto en la actualidad. No tiene en cuenta el malestar y el rechazo que este sujeto produce en los fieles católicos??. Es incomprensible la actitud papal.
No es mi caso, gracias a Dios. De hecho, ya hace algún tiempo que tengo para mi que los ataques ad hominem, a veces durísimos, que recibe el cardenal Fernández por parte de ciertos católicos son una forma de purificación de toda forma de error y/o pecado que pueda tener en su haber (pero, ¿quién no los tiene?). A mayor autoridad, más fuertes los ataques.
El Señor sabe lo que permite y por qué lo permite.
"No es mi caso, gracias a Dios"
Sin ánimo de ofender y teniendo en cuenta sus comentarios en muchos artículos, puede que eso se deba en buena parte a que su formación es bastante imperfecta (y no pasa nada, porque no todo el mundo puede saber de todo). De modo que su caso, a mi entender, sí cumpliría lo que dice el artículo (otros no lo cumplirán, claro, porque solo es una tendencia a grandes rasgos).
"son una forma de purificación de toda forma de error y/o pecado que pueda tener en su haber"
La purificación de los propios pecados es algo que solo Dios conoce y que, en general, es asunto principalmente del interesado. En ningún caso justifica el hecho de que un alto prelado de la Iglesia, encargado específicamente de mantener la ortodoxia doctrinal, se aparte de esa ortodoxia y dé gato por liebre a los fieles. Eso es algo tan gravísimo que requiere siempre medidas inmediatas. Además, en general, cuando uno sufre por hacer el mal y no se arrepiente de ello, ese sufrimiento no purifica de nada. Como mucho y en el mejor de los casos puede servir de toque de atención para que el interesado se dé cuenta de que tiene que arrepentirse y convertirse.
"A mayor autoridad, más fuertes los ataques"
Hay que distinguir dos tipos de ataques. Hay ataques que se sufren por causa de Cristo, que son a la vez inmerecidos y un mérito y que generalmente aumentan con la responsabilidad del atacado.
Hay otros ataques que se sufren porque uno hace barbaridades, deforma la fe de la Iglesia, actúa mal y escandaliza. Estos ataques no se pueden achacar a la autoridad, sino a esas barbaridades, que se hacen más graves precisamente por esa autoridad.
"El Señor sabe lo que permite y por qué lo permite"
Así es, pero eso no quiere decir que la Iglesia o nosotros debamos permitirlo o justificarlo.
Ya es tiempo de que estos personajes desaparezcan del vaticano. O tendremos que empezar a sospechar del nuevo Papa, y sería muy doloroso tras el largo pontificado anterior.
Lo explico en mi libro de autoayuda "Cómo autopercibirse otra cosa y seguir contento", Edit Transformix,, Alcira Gigena, 1968.
Dos comentarios: (1) Merece discusión esta frase: "se observa que cuanto más serios, piadosos y formados son los fieles, más marcado resulta ese odium plebis". Yo he observado algo distinto. Cuanto más formados son los fieles más logran distinguir a la persona de sus argumentos. Nadie duda que hay muchos y muy serios interrogantes sobre la persona, el pasado y el ministerio mismo del Card. Fernández. Pero lo común es que una persona formada es capaz de valorar (y criticar con razones) lo que una persona aporta, independientemente de los factores más propiamente personales. Lo ve uno claramente en Santo Tomás de Aquino, que conocía bien de las creencias y de las vidas de paganos, como Aristóteles, de musulmanes, como Avicena, o de judíos, como Maimónides. Ello no le impidió encontrar auténticas joyas en sus escritos.
(2) Es un arma de doble filo este argumento del odium plebis. Si uno lo mira con cierta distancia, ve que se puede aplicar de distintos modos. Un obispo de irreprochable doctrina puede ser intensamente detestado precisamente por su rectitud. Y si alguien dijera: "A este nadie lo quiere aquí", y se empezara a usar ese tipo de "argumento" para deshacerse del que estorba, muy flaco favor le estaríamos haciendo a la Iglesia.
Amoris Laetitia y Fiducia supplicans no niegan formalmente la doctrina católica, pero introducen ambigüedades pastorales graves que pueden confundir sobre la moral y los sacramentos. Su intención es acompañar situaciones complejas, aunque la falta de una antropología moral completa amplifica la confusión práctica. Reconocer esto no es “cerrar los ojos”, sino distinguir entre efecto práctico problemático y negación formal de la fe. Si se sostiene lo contrario, invito cordialmente a citar las frases literales del texto que lo demuestren.
Por otro lado, comparte el comentario de Fray Nelson respecto al arma de doble filo que supone el odium plebis como criterio de discernimiento. He visto más de un párroco odiado precisamente por su amor a Cristo y su Iglesia. Y lo mismo se aplica para los obispos. La persecución intraeclesial existe.
La respuesta es que tal y como la jerarquía y clero han dejado a las ovejas, lo normal es que el odium plebis sea contra las raras avis ortodoxas.
Y viene la primara parte de su comentario de que las personas más formadas más distinguen a la persona de sus argumentos. Bueno, esto se podría salvar con otro comentario mío que señalo que lo bueno de tanta ignominia es la disminución de la papolatria demencial en algunos.
Realmente el pueblo fiel tiene derecho a ser defendido, c’omo echo de menos a la Satnta Inquisición, que el otro autor que ha comentado tanto detesta. En realidad nada justifica más el odium plebis que las herejías proferidas por la alta jerarquía eclesiástica, es peor que el asesinato de la carne. Pocas veces la Santa Inquisición es más necesaria, pocas veces el odium plebis es más justo, pocas veces se ha masacrado más al pueblo católico por la misma jerarquía.
Si se me permite, en mi opinión, a veces para poder que entender el justo odium plebis hace falta también cierta dosis de virilidad, la de Cristo.
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De acuerdo con Oscar.
Y esa foto que ha puesto Bruno me revuelve el estómago.
Y a los que hace ya mucho que lo conocemos (y a su mentor desde que fue Arzobispo) sí que nos salta el odium plebis...
Los trofeos más preciados del diablo son los que estaban llamados a ser santos y terminan siendo simples apóstoles de sí mismos, operadores comerciales o políticos dentro de la Iglesia. Y EN NOMBRE DE LA SANA DOCTRINA PARA COLMO.
Así como los mártires son semillas de futuros cristianos, los muñecos con apariencia de santos son precisamente los que terminan convirtiéndose en fábricas de futuros Nietzsches, Freuds, Marxs, etc. A ESOS YO LES TENGO NO MIEDO SINO TERROR. Porque tienen el don de detectar y saber destrozar y perseguir a muerte con saña implacable a los que verdaderamente podrían hacer el bien dentro de la Iglesia. Y fue precisamente a ESOS a los que fue a buscar Nuestro Señor Jesucristo y los que echó del Templo con el látigo.
AMBOS SE DEBEN COMBATIR.
1. Pregunta: ¿Por qué San Juan Enrique Newman por un lado y Teresa de Jesús por otro?
2. Frase que cierra el artículo:
“Así como el arte se ofrece a la contemplación del hombre, así la revelación suscita por la gracia un tipo especial de percepción que se llama “fe”. Lo sublime puede ser una vía que abra el acceso a lo revelado. El genio de la lengua latina permite decirlo con singular brevedad y elegancia."
Comentario: Lo sublime no abre el acceso a lo revelado. La Revelación es de otro orden, de orden Sobrenatural.
Es el famoso tema de los tres órdenes de Blaise Pascal:
Todos los cuerpos, el firmamento, las estrellas, la tierra y sus reinos, no valen lo que el menor de los espíritus. Porque él (espíritu) conoce todo esto y a sí mismo, y los cuerpos nada. Todos los cuerpos juntos y todos los espíritus juntos y todas sus producciones no valen lo que el menor movimiento de Caridad. Eso es de un orden infinitamente más elevado.
De todos los cuerpos juntos no se podría obtener un pequeño pensamiento. Esto es imposible y de un orden distinto. De todos los cuerpos y espíritus no se podría extraer un impulso de verdadera caridad, es imposible y de otro orden, sobrenatural.
Lo sublime (en cuanto instancia puramente natural) no sólo no ABRE, sino que algunas veces CONFUNDE y casi siempre (si tomamos lo sublime como una exaltación de lo humano en tanto meramente humano) IMPIDE o BLOQUEA el acceso al plano SOBRENATURAL, que una vez más nos fue regalado por la PURA BONDAD DEL SEÑOR JESÚS en LA ETERNA Y DEFINITVA ALIANZA DE LA CRUZ.
La grandeza del hombre es grande porque se sabe miserable; un árbol no se sabe miserable. Por lo tanto, ser miserable es sentirse miserable.
Pero es ser grande saberse miserable.
Que el hombre ahora se estime en su valor. Que se ame, porque hay en él una naturaleza capaz de bien; pero que no ame por ello las bajezas que hay en ellas. Que se desprecie, porque esa capacidad está vacía, pero que no desprecie por ello esa capacidad natural.
Que se odie, que se ame: hay en él la capacidad de conocer la verdad y de ser dichoso; pero no tiene verdad, o constante o satisfaciente.
Pregunto: ¿A qué actividades para la salvación de su alma debería dedicarse Fernández?
1. ¿Cuidar ancianos/as?
2. ¿Consultar a una psicóloga que está de vuelta de todo para curar/sanar sus propias obse-fantasías?
3. ¿Formar parte de algún grupo de “amigos formados” para tener que seguir soportando con enorme paciencia sus acOsaciones?
4. ¿Esperar tranquilamente que le manden de nuevo tres matones más para que lo aprieten y lo amenazen en el colectivo?
Con esta alegría en el corazón y con un profundo sentido de gratitud, podemos mirar los acontecimientos que se suceden, también en la vida de la Iglesia. Por eso, ahora que estamos en la vigilia de las fiestas navideñas, mientras saludo cordialmente a todos y agradezco al Cardenal Decano sus palabras ―siempre llenas de entusiasmo: hoy el Salmo nos dice que son setenta nuestros años, ochenta para los más robustos, así que celebramos también con ustedes―, deseo en primer lugar recordar a mi querido predecesor, el Papa Francisco, que este año ha concluido su vida terrenal. Su voz profética, su estilo pastoral y su rico magisterio han marcado el camino de la Iglesia en estos años, animándonos principalmente a volver a colocar en el centro la misericordia de Dios, a dar un mayor impulso a la evangelización, a ser una Iglesia alegre y gozosa, acogedora con todos, atenta a los más pobres.
Perdone la tardanza en contestar. Esta semana, por diversas razones, no he podido aparecer por aquí.
"Es un arma de doble filo este argumento del odium plebis. Si uno lo mira con cierta distancia, ve que se puede aplicar de distintos modos"
Es que no es un arma. Es una realidad que el Código de Derecho Canónico, con gran sensatez, tiene en cuenta a la hora de remover a un párroco (y, por analogía, habría que considerar a la hora de retirar a otras personas de sus cargos).
Una gran ventaja que tiene como criterio jurídico es que no se mete en interioridades de culpa, que son solo muy imperfectamente discernibles por nosotros, sino en algo objetivo: si el pueblo cristiano al que debería servir aborrece a esta persona, entonces no puede desempeñar con fruto ese cargo en la Iglesia. Es una cuestión objetiva y sencilla.
"un obispo de irreprochable doctrina puede ser intensamente detestado precisamente por su rectitud"
Si así fuera, entonces no sería aborrecido por el pueblo fiel, sino por los que no creen. Ese no es el pueblo de Dios, sino más bien aquellos "que están entre nosotros pero no son de los nuestros", como decía San Juan. Cuando son esos los que aborrecen a alguien, el criterio es el de Cristo: "dichosos vosotros cuando os injurien, etc.".
"Cuanto más formados son los fieles más logran distinguir a la persona de sus argumentos"
Es que está mezclando cosas que habría que distinguir, como sin duda señalaría Santo Tomás. No estamos hablando de la persona en el sentido de su conciencia, que solo conocen él y Dios, sino de la persona tal como se relaciona con los demás. Si los fieles formados tienden a aborrecer al card. Fernández eso no quiere decir que lo juzguen en el sentido que nos está prohibido juzgar (aunque algunos lo harán, claro), sino que juzgan que es un pésimo Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Lo aborrecen en cuanto Prefecto, algo que tienen todo el derecho e incluso el deber de hacer, porque no es ni más ni menos que el discernimiento que nos mandó realizar San Pablo:. Podría resumirse lo que piensan en "es un pésimo Prefecto, que siembra la confusión, ha dicho multitud de heterodoxias y, a menudo, favorece lo peor que hay en la Iglesia, luego no lo quiero como prefecto". No se trata de sus "argumentos" ni mucho menos de "factores personales", porque en un Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe los argumentos y los factores personales son lo de menos al lado de la doctrina. Si los fieles detectan que su doctrina es dudosa o directamente heterodoxa y que además es de razonamientos confusos, de ínfimo nivel y tendentes a la mundanización, los fieles aborrecen que sea Prefecto y más aún que lo sea del dicasterio encargado de la doctrina. Ven que está completamente incapacitado para desempeñar ese cargo. Nada hay de raro en ello.
"Lo ve uno claramente en Santo Tomás de Aquino, que conocía bien de las creencias y de las vidas de paganos, como Aristóteles, de musulmanes, como Avicena, o de judíos, como Maimónides. Ello no le impidió encontrar auténticas joyas en sus escritos"
Claro. Encontró joyas, pero también enormes errores y barbaridades. Eso, en un pagano, está muy bien. En cambio, en la doctrina de un Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe no puede haber enormes errores y barbaridades. Si los hay, todas las joyas que puedan encontrarse no sirven de nada y está incapacitado para el cargo. Una cucharadita de veneno arruina el plato mejor cocinado. Esto es algo evidente, creo yo, y Santo Tomás habría sido el primero en decirlo.
Un saludo.
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