La falta de belleza no necesita explicación

Decía Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray que la belleza es muy superior a la genialidad, porque no necesita explicación. En efecto, cuando nos encontramos con la belleza, la percibimos inmediatamente, sin intermediarios ni necesidad de explicaciones. De alguna forma, nos seduce, nos conquista y nos invade.
Lo mismo sucede, por desgracia, con la ausencia de belleza, como en la foto del principio de este artículo: descubrimos esa ausencia al instante. Se trata de la capilla de un colegio universitario del Opus Dei, recientemente renovado, y no hace falta que nadie nos explique que lo que estamos viendo es feo. La misma cara del obispo visitante lo refleja gráficamente.
La pregunta que debemos hacernos, por lo tanto, no es si eso que vemos es feo o no, porque es evidentemente feo. La verdadera pregunta es cómo hemos llegado los católicos a construir iglesias tan huérfanas de belleza.









