Bien por Dakota del Sur
Supongo que a los lectores les pasará lo que a mí, que lo único que sé del Estado norteamericano de Dakota del Sur es que debe caer algo más abajo que Dakota del Norte. Sin embargo, desde hoy ha pasado a ser uno de mis lugares favoritos y me haría ilusión ir por allí de vacaciones alguna vez.
He leído esta mañana, en Catholic Online, una noticia que me ha llamado mucho la atención. Parece ser que va a empezar a aplicarse en Dakota del Sur una ley que obligará a que, antes de abortar, las mujeres escuchen la advertencia de que el aborto “acabará con la vida de un ser humano vivo, único, separado y completo”.
Ahí es nada. Parece que los dakotenses no se someten a la tiranía de lo políticamente correcto. Eso es hablar clarito y sinceramente con respecto a los “efectos secundarios” del aborto. Si el Estado tiene la amabilidad de advertir a los ciudadanos que “fumar mata”, lo menos que puede hacer es ofrecer una advertencia del mismo tipo (pero incomparablemente más grave) a las mujeres que quieran abortar.

Probablemente, todos los lectores conocerán el culebrón de los diez años de litigio por la propiedad de las obras de arte de parroquias que antes pertenecían a la diócesis de Lérida y ahora son de Barbastro. A mí, personalmente, me ha causado una gran tristeza, a pesar de que no tengo ninguna relación con esas dos diócesis, más allá de ser católico, que ya es bastante.
Es del dominio público que Mons. Fellay, principal líder de la Sociedad San Pío X fundada por Marcel Lefebvre, rechazó, hace unos días, la generosa oferta de la Santa Sede para volver a la comunión con la Iglesia.
Una cosa que me llamó bastante la atención en el viaje que realicé hace poco tierras danesas y que no mencioné en un









