InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Iglesia en el mundo

29.06.18

La meditación de las dos fronteras

Quizá sorprenda a mis lectores si digo que una de las cosas que más me gustan de este Papa es su insistencia en ir “a las fronteras”. Tiene un cierto aire de la noble virtud de la magnanimidad (de la que también ha hablado el Papa en varias ocasiones), del magis de San Ignacio, el “siempre más” que ardía en su corazón y que llevó a los jesuitas a ir literalmente al fin del mundo para anunciar a Jesucristo. También me hace pensar en el plus ultra o “más allá” de la monarquía española, que llevó el Evangelio a un nuevo continente.

Como decían los escolásticos, sin embargo, pensar es distinguir y creo que conviene preguntarse de qué frontera estamos hablando, porque en las alusiones que muchos hacen a ir a las fronteras, se pueden reconocer claramente dos sentidos. Inspirémonos de nuevo en San Ignacio y hagamos una meditación de las dos fronteras.

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14.06.18

¿Cómo será el Anticristo?

«Al principio [el Anticristo] no odiaba a Jesús. Reconocía el mesianismo y la dignidad de Cristo, pero creía sinceramente que no era más que su gran predecesor. La acción moral de Cristo y su absoluta originalidad se escapaban a su inteligencia, oscurecida por el amor propio. “Cristo”, pensaba, “vino antes que yo. Yo vengo después, pero lo que sigue en el tiempo es anterior en el plano del ser. Yo soy el último, al final de la historia, precisamente porque soy el salvador definitivo y perfecto. Cristo fue mi heraldo. Su misión fue preparar mi aparición”.

[…] También justificaba de otra forma el hecho de anteponerse a Cristo: “Cristo”, se decía, “al enseñar y cumplir en su vida el bien moral, fue el redentor de la humanidad, pero yo debo ser el bienhechor de esa humanidad, en parte redimida y en parte no redimida. Yo daré a los hombres todo aquello que necesitan. Como moralista, Cristo dividió a los hombres mediante los conceptos del bien y del mal, pero yo los uniré por medio de beneficios tan necesarios para los buenos como para los malos. Seré el verdadero representante de Dios, que hace brillar el sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. Cristo trajo una espada, yo traeré la paz. El amenazó a la tierra con el juicio final, pero yo seré el juez y mi juicio no será el juicio de la justicia, sino el de la misericordia”».

Vladimir Soloviev, Relato sobre el Anticristo, 1900

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29.05.18

La solución final irlandesa

“Durante unos quince años, pasamos las vacaciones de verano en Irlanda. Cada año me preguntaba qué era lo que parecía faltar en las calles inglesas cuando volvíamos a casa.

Por fin, caí en la cuenta. En Knightstown, en la isla de Valentia, condado de Kerry, había una residencia, feliz y reluciente, para personas con síndrome de Down. Conocíamos a algunas de ellas, las saludábamos y éramos saludados alegremente por ellas cada año, cuando llegábamos allí. Eran miembros aceptados de la comunidad.

Esos rostros faltaban y siguen faltando en las calles de Inglaterra. Hace décadas que faltan. Porque, ya saben, no hay lugar para esos rostros en un Estado moderno.

Igual que, después de las homicidas deportaciones de millones de judíos a los campos de concentración por Hitler, había rostros que faltaban en las calles de las ciudades, poblaciones y aldeas de Alemania.

El Primer Ministro Leo Varadkar está recibiendo alabanzas eufóricas. ¿Y quién podrá negar que las merece, después de haber puesto en marcha la Solución Final para el problema del síndrome de Down?”.

P. John Hunwicke, blog Mutual Enrichment

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27.05.18

Irlanda desdichada

Escribo con gran dolor por lo que ha sucedido en Irlanda. Ya sé que la desoladora historia de las últimas décadas nos ha acostumbrado a este tipo de cosas. Uno a uno, los países han ido dando cabida a las mayores inmoralidades, que resultaban inimaginables hace unos pocos años. Incluso estamos acostumbrados a la tibieza de las más altas jerarquías católicas en estos asuntos. En ese sentido, podría mirarse con resignación el caso de Irlanda como uno más entre muchos, nada que no hayamos visto antes, especialmente en los países tradicionalmente católicos. Horrible, sí, pero una horripilancia casi rutinaria ya.

Hay varios factores, sin embargo, que hacen de la caída irlandesa un caso especialmente doloroso. En primer lugar, esta vez ni siquiera existe la excusa de que haya sido obra de políticos sinvergüenzas y amorales, como en tantos otros países. Por una “aplastante” mayoría, han sido los irlandeses de a pie los que han querido dar su sello de aprobación a una abominación como el aborto provocado. Caiga su sangre sobre nosotros y nuestros hijos, parecen haber proclamado orgullosamente con su voto.

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16.05.18

El “nuevo paradigma” y el aborto en Irlanda

Con cierta resignación, he leído el comunicado de la Asociación de Sacerdotes Católicos sobre el referéndum irlandés en el que se decidirá si se mantiene la prohibición constitucional del aborto o se elimina para liberalizar esa plaga moderna. La Asociación en cuestión es uno de esos grupos autodenominados progresistas, así que uno puede imaginar de antemano lo que va a decir, pero me ha parecido interesante analizarlo porque es una perfecta muestra de lo que se ha dado en llamar el “nuevo paradigma” moral, nacido con los Sínodos de la Familia y la exhortación Amoris Laetitia y sus diversas interpretaciones.

De forma ligeramente sorprendente, este grupo de sacerdotes irlandeses comienza diciendo que “como asociación que representa a sacerdotes católicos, defendemos plenamente la doctrina católica de que toda vida humana, desde su comienzo a su final, es sagrada, y de que todas las personas humanas tienen en común el derecho fundamental a la vida”. Uno estaría tentado de aplaudir, si no fuera por el sospechoso cambio en la expresión habitual (“desde la concepción hasta la muerte natural”, que se convierte en un vago “desde su comienzo a su final”) y porque la experiencia nos dice que la cosa no va a quedar ahí.

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