Benedicto XVI y el Concilio
El martes pasado, Benedicto XVI, hablando con un grupo de sacerdotes italianos, quiso responder a sus preguntas. Uno de los sacerdotes preguntó sobre los sueños del Conciliio Vaticano II que parecen haber desaparecido. Pueden leer a continuación la respuesta del Papa (tomada de esta ), que me ha resultado muy interesante y que parece hecho a medida para responder al artículo de la Asociación de Teólogos Juan XXIII que apareció el otro día en Rumores de Ángeles.
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Gracias, es un tema muy interesante y que conozco muy bien. Yo también he vivido los tiempos del Concilio Vaticano II, estando en la basílica de San Pedro con grande entusiasmo y viendo cómo se abrían nuevas puertas. Parecía realmente ser el nuevo Pentecostés, donde la Iglesia podía nuevamente convencer a la humanidad. Después del alejamiento del mundo de la Iglesia en el siglo XIX y XX, parecía que se reencontraban de nuevo Iglesia y mundo que renacía nuevamente un mundo cristiano y una Iglesia del mundo y verdaderamente abierta al mundo.

Hace unos días, el Dalai Lama visitó Alemania y unas diez mil personas, muy pocas de ellas budistas, se reunieron para escucharle en un campo de fútbol. Actualmente está muy de moda afirmar que todas las religiones son lo mismo, que da igual ser budista que cristiano, porque sólo son formas distintas de vivir la espiritualidad. De hecho lo he leído varias veces en distintos blogs de Religión Digital.
Me ha llamado la atención un documental en el que se mostraba la cadena de montaje de no recuerdo qué máquina, dentro de una fábrica. Era algo terriblemente eficiente: los obreros realizaban siempre los mismos movimientos, sin necesidad de pensar, y, gracias a la costumbre, lo hacían gran velocidad. No se perdía ni un segundo. Las máquinas iban saliendo rápidamente de la cadena de montaje, perfectas, resplandecientes… eso sí, todas exactamente iguales.
La Vicepresidenta del Gobierno, Dña. María Teresa Fernández de la Vega, pronunció ayer una frase lapidaria, de esas que quedan bien como titular:
Sí, ya se que es gallego. Me refiero a algo más profundo: ¿de dónde viene su autoridad? ¿Por qué un obispo está al frente de esta parte del pueblo de Dios que vive en Madrid y alrededores? ¿Por qué los católicos de Madrid debemos aceptar su enseñanza sobre la fe y la moral en lugar de lo que nos diga, por ejemplo, Leonardo Boff? ¿Es porque es mejor o más listo que los demás cristianos?









