Cómo construir una casa en un árbol

El otro día leí una historia corta de ciencia ficción/fantasía tan buena, que tuve que traducirla para el blog. A fin de cuentas, como tanto le gustaba decir a Santo Tomás, bonum diffusivum sui, por su propia naturaleza el bien tiende a difundirse, a extenderse, a repartirse. ¿Y de qué sirve tener un blog si uno no comparte en él las cosas buenas que encuentra?
Se trata de una historia escrita por John C. Wright, un gran escritor norteamericano de novelas de ciencia ficción y fantasía. Quizá algunos lectores recuerden que le entrevisté hace tiempo para InfoCatólica. En la larga entrevista contaba, entre otras cosas, su conversión del ateísmo. La historia de fantasía que traigo al blog, en cambio, es brevísima y, a mi juicio, una pequeña y perfecta joya, a la que no le falta ni le sobra nada. Si son aficionados a las historias de fantasía, les encantará. Que la disfruten.

Cuando, hace años, publiqué un librito de poesía, escribí en el prólogo que ojalá todos los cristianos escribieran versos. No era una simple frase: estoy firmemente convencido de que uno de los grandes problemas de nuestro mundo y de nuestra Iglesia es el olvido de la belleza, sustituida por lo útil, lo moderno y, en ocasiones, lo intencionadamente feo y desagradable. Por eso me produjo una gran alegría que José Alberto Ferrari, un poeta argentino, tuviera la gentileza de enviarme su libro
Supongo que podríamos hablar de profesores monstruosos desde el punto de vista académico. He tenido bastantes, la verdad, y podría ser divertido contar algunas anécdotas. Sin embargo, lo vamos a dejar para otra ocasión, porque hoy quiero hablar de profesores monstruosos en el sentido literal del término.
En esta época en la que la Iglesia parece sucumbir a un ritmo acelerado ante las presiones del Estado en todo el mundo, no se me ocurre ninguna lectura mejor que aconsejar a los lectores que el último libro que ha publicado la Editorial Vita Brevis. Se trata de
Una buena noticia: en la Editorial Vita Brevis tenemos algunos excedentes de libros en papel. Como los libros ocupan mucho sitio, hemos pensado que lo mejor sería dar una oportunidad a los lectores de obtener gratuitamente esos magníficos libros y, a la vez, conseguir un poco de publicidad para la editorial.



