Oración para que las madres recen por sus hijos
La oración es todopoderosa para el bien. Todopoderosas fueron las lágrimas de Santa Mónica, que obtuvieron, tras años de oración, la conversión de uno de los más grandes santos de la historia de la Iglesia: su hijo San Agustín de Hipona, Doctor de la Iglesia. Todopoderosas son también las lágrimas de tantas otras madres que dedican su vida a rezar por los hijos, humildemente, sin ser vistas, sin que nadie se lo agradezca, esperando siempre contra toda esperanza y confiando en Dios, que todo lo puede.
Una lectora del blog me ha pedido una oración que le ayude a rezar por sus hijos, para que no se desvíen del buen camino. Es un verdadero placer poder contribuir a algo así, de modo que aquí está la oración que he escrito para esa lectora, por si puede servir también a otras madres para rezar por sus hijos:


En varias ocasiones, he traducido en el blog antiguas oraciones medievales, para que pudiesen ser utilizadas por los lectores. La Tradición de la Iglesia alberga una enorme cantidad de tesoros de los que, por mera ignorancia, no nos beneficiamos.
Hace unos días, escuché en una homilía una imagen que me gustó. Hablando de la oración, el sacerdote decía que, para un cristiano, rezar debe ser como respirar. Igual que uno no deja nunca de respirar, tampoco debe dejar nunca de orar. Orad siempre, sin interrupción, nos dice San Pablo. Y San Gregorio de Nisa afirmaba que hay que acordarse de Dios aún más que de respirar.









