No me caí del caballo, pero encontré la Verdad

Natalia, lectora de este blog, me ha enviado el relato de su conversión. Como verán, es una conversión más gradual que otras que se han publicado en este blog, pero no por ello es menos estupenda la actuación de Dios en su vida.

Me ha llamado mucho la atención del relato la unidad intrínseca entre la importancia de la búsqueda de la Verdad en su aspecto intelectual y la necesidad de humillar el intelecto y someterlo a la Revelación de Dios, a su Palabra y a su Iglesia. Natalia muestra muy bien la necesidad de un proceso intelectual, de una “conversión de la mente”, que tiene que ir necesariamente acompañada de una “conversión del corazón” que va más allá de nuestra limitada razón.

También me ha gustado la relación con la muerte de Juan Pablo II. No podemos conocer los caminos de la Providencia, pero estoy convencido de que la conversión de Natalia es uno de los frutos del tiempo en que Juan Pablo II se mantuvo fiel a Dios en medio del sufrimiento, desempeñando su misión a pesar de la enfermedad y de la humillación que significaba su debilidad. Dios se ha complacido en recompensar abundantemente esa fidelidad. Por cierto, si Dios quiere, mañana les contaré otro fruto sorprendente de la entrega de la vida de Juan Pablo II en sus últimos años y de su funeral, para que disfruten conmigo de las maravillas que hace Dios.

Quizá Natalia, como lectora del blog, quiera responder a las preguntas que los demás lectores puedan hacer.

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Antes de nada quiero explicarte que no soy una conversa en sentido estricto, así que no sé si lo que voy a contarte es lo que esperas. Soy católica desde mi nacimiento, educada en una familia católica, escolarizada en colegios católicos, y siempre he sido creyente.

Sin embargo, creo que me ocurrió lo que a muchos de los que nacimos tras el Concilio Vaticano II. La formación religiosa que recibí en el colegio y en la catequesis fue muy poco ortodoxa, muy deficiente y, sobre todo, absolutamente banal. Así que mientras viví en familia seguí practicando, pero en cuanto entré en la universidad y me marché fuera dejé de hacerlo. No le di demasiada importancia entonces; no hubo una ruptura premeditada, no hubo un rechazo a la Iglesia. Yo seguía creyendo en Dios, pero mi fe no tenía fundamentos sólidos. Me sentía católica, respetaba la Iglesia, tenía mucho afecto al Papa, pero no practicaba, no veía cuál era la importancia de hacerlo.

Lo que yo no sabía entonces es que alejarse de la Iglesia implica, de facto, alejarse progresivamente de Dios. No en el sentido de negarle ni mucho menos; es algo mucho más sutil y más difícil de reconocer: se trata de pasar días y días, meses y meses, año tras año sin pensar en Él, sin vivir Su Presencia. Al principio se sigue rezando, pero poco a poco eso se deja también. Y el tiempo pasa y el alejamiento crece.

En abril de 2005 murió Juan Pablo II. Un mes y medio antes de su fallecimiento compré un billete de avión a Roma para pasar un fin de semana de ocio. Pero algo ocurrió la semana anterior al viaje. Mientras veía la televisión y contemplaba a los cientos de miles de católicos que acudían a Roma para acompañar al Papa en los últimos momentos, recordé una escena de mi infancia, cuando en 1982 mi madre nos llevó a mis hermanos y a mí a ver a Juan Pablo II a Santiago de Compostela. Recordé las horas de espera, el frío, los bocadillos, y recordé cómo el Papa nos sonrió en el momento en que pasó cerca de nosotros. Y en ese momento, frente a la televisión, sentí una sensación de orfandad absoluta. Dos días después murió el Santo Padre. Y, esa noche, recuerdo que recé por primera vez en mucho tiempo y le dije: “no nos dejes solos, dile a Dios que cuide de nosotros, no te olvides de nosotros".

Llegué a Roma el día del entierro. Todavía no tenía claro nada más, sólo sentía una extraña emoción. Y lo que vi en Roma me abrumó. Aquellos cientos de miles de personas agolpadas en San Pedro esperando pacientemente, mujeres, niños, bebés, jóvenes, ancianos, religiosos y religiosas, sacerdotes jóvenes y sacerdotes mayores, de todas las nacionalidades, de todas las razas, de todas las clases sociales, de todos los rincones del mundo. Fue entonces cuando comprendí por primera vez lo que significa catolicidad, y sentí algo muy parecido a la nostalgia. Porque yo me sentía dentro y fuera de todo aquello. Me sentía católica como ellos, pero sabía que en realidad no era como ellos, no tenía lo que tenían ellos.

Por supuesto, no hubo fin de semana de ocio. Pasé los dos días en el Vaticano y de iglesia en iglesia en Roma rezando un misterio del rosario en cada templo. En aquel momento no sabía por qué lo hacía, no era consciente de ningún cambio, no había tomado ninguna resolución. Simplemente sentí la necesidad de hacerlo, la necesidad de entrar en aquellas iglesias, arrodillarme, bajar la cabeza (este detalle es muy importante) y rezar.

Volví a España y allí comenzó la búsqueda. Creo que siempre he sido una persona muy racional, necesito comprender, analizar, profundizar. Necesitaba entender todo aquello. Así que, por primera vez en muchos años, abrí los Evangelios. Y busqué durante noches y noches en vela datos sobre la historicidad de aquellos textos increíbles.

Siempre había aceptado que eran documentos históricos, no dudaba de la existencia histórica de Cristo, no dudaba sobre la Pasión, Muerte y Resurrección, pero era una creencia “teórica", jamás había reflexionado a fondo sobre esa afirmación. No había asimilado la inmensa grandeza, lo absolutamente gigantesco de esa afirmación. Me dije: “Algo me ha pasado, lo que tengo que hacer es averiguar qué es. ¿Es puro sentimentalismo? ¿Es emoción? ¿Es que necesito un apoyo?". Y supe que lo que debía hacer era comenzar por el principio: ¿qué había ocurrido en Palestina en el siglo I? ¿Qué había pasado para que aquellos 12 judíos que conocieron a Jesucristo cambiasen el rumbo de la historia? ¿Qué había ocurrido el Domingo de Resurrección? ¿Qué sabíamos realmente sobre aquello?

Durante varios meses investigué las fuentes históricas, leí todo lo que puede leer, compré libros, profundicé, estudié. Y, entonces -no fue en un momento exacto, sino más bien de forma gradual- comencé a ver la Verdad. No puedo explicar muy bien cómo fue, es como si uno viese levantarse poco a poco ante si un inmenso y deslumbrante iceberg. No hubo caída del caballo ni experiencia mística alguna. Sólo la certeza absoluta de que aquello era la Verdad, el convencimiento profundo de que la explicación cristiana del mundo es la verdad sobre el mundo, sobre el hombre, sobre la Historia, sobre Dios.

Pero estaba muy preocupada, porque esa vuelta me parecía sólo intelectual. Aquello era la realidad en si misma, la verdad; pero yo no sentía calor en el corazón, no había misticismo alguno, no sentía nada más aparte de la excitación de haber visto cómo se corría el velo. Y como muchos católicos poco formados, creía que el sentimiento era la base fundamental de la vida religiosa. También sabía que el siguiente paso era volver a la Iglesia, pero me frenaba la idea de tener que confesarme con un sacerdote después de tanto tiempo.

Seguí leyendo doctrina, padres apostólicos, apologética, teología, y dejé de lado todas las demás lecturas (de hecho, han pasado tres años y sigo dejando de lado otras lecturas). En ese proceso fueron muy importantes para mi dos escritores británicos: C. S. Lewis (su Mero Cristianismo me fascinó absolutamente) y Chesterton, con Ortodoxia y El Hombre Eterno. Siempre me ha gustado la literatura inglesa y los autores británicos, así que comenzar por ellos fue algo muy natural. Yo creo que puedo decir con convencimiento aquello de que Dios es un Gran Pedagogo; me llevó hacia Él a través de los autores, del pensamiento, que más se ajustaba a mi forma de razonar. En ese camino también me ayudó mucho Ronald Knox y, sobre todo, el Cardenal John Henry Newman.

Hay otro factor que ha sido tan constante en mi vida que a veces se me olvida mencionarlo, y para mí es muy importante incluirlo en el relato: las oraciones de mi madre. Estoy convencida de que es un elemento presente en la mayor parte de los regresos de católicos alejados. Ellas, gracias a Dios, nunca se rinden. Benditas sean, cuánto les debemos.

Y, bueno, una mañana, finalmente, bajé de nuevo la cabeza y acepté que tenía que volver a la Iglesia. Entré en un templo, me arrodillé en el confesionario y me confesé con un anciano sacerdote jesuita al que le expliqué todo lo que me había pasado. Fue muy emotivo, yo temblaba de emoción, apenas podía hablar, toda la emoción que no había aparecido antes surgió entonces. Y recuerdo que le pregunté: “¿por qué me ha pasado esto ahora? ¿Por qué a mí?” Y él sonrió, me señaló el techo con la cabeza y me dijo simplemente: “Es Él, todo esto viene de Él, es Él". Evidentemente no era la primera vez en tantos años de sacerdocio que se encontraba con una historia parecida.

He dicho más arriba que bajar la cabeza es importante, porque yo creo realmente que “humillar” el intelecto (como primer paso para entrar en un universo intelectual infinitamente mayor que aquel del que uno sale), aceptar que 2.000 años de cristianismo hacen de la Iglesia Católica la Gran Maestra, una maestra muy superior a lo que cualquiera de nosotros podamos decir sobre el cristianismo en nuestro pequeño puñado de años de vida, fue fundamental en mi regreso.

Al principio me encontré con aspectos del magisterio de la Iglesia -no me refiero a las verdades fundamentales- que me costó entender y asumir. Aspectos que yo rechazaba, o criticaba, o consideraba poco relevantes. Pero aquí hice exactamente lo que uno hace con una madre: confié, los acepté, y esperé. Los acepté y fue después de aceptarlos, de decidir voluntariamente aceptarlos, y de proseguir con el estudio y la oración, cuando fui gradualmente comprendiendo su significado y su profundidad. También descubrí el tesoro milenario de la liturgia (yo he vuelto por la puerta de la ortodoxia, sin duda) y tantas y tantas otras cosas.

De hecho, estoy todavía en periodo de aprendizaje, me queda mucho, muchísimo por aprender. Pero lo cierto es que ahora, cuando miro hacia atrás estos cuatro últimos años, veo claramente la acción de la Providencia en mi vida. Veo la suma de las pequeñas y grandes “no-casualidades” que me han traído hasta aquí.

Y doy gracias al Señor cada día por este regalo.

38 comentarios

  
CCCP
Impresionantes las dos historias (la de Natalia y la de la señora alemana). Gracias.

La conversión (o el retorno a la fe de la infancia, que es lo que suele darse entre españoles) suele ser un proceso, no una fulminación. El relato de Natalia lo confirma.

Pero siempre hay un hecho simbólico, un "clic", un momento especial que después se conserva en la memoria como representativo de la conversión. En mi caso, fue el discurso de Juan Pablo II en el Monte del Gozo (Santiago de Compostela) en 1989. Yo estaba por allí como mero turista (es largo de explicar: un familiar había hecho el Camino en plan creyente-peregrino, con intención de participar en la Jornada Mundial de la Juventud; yo, por entonces joven progre y lector de El País -y religiosamente un mero "spiritual seeker" con fuertes prejuicios anticatólicos- le acompañé por conocer Galicia y tal; de hecho, no acudí a la explanada donde habló el Papa; me quedé en el hotel. Sin embargo, vi el discurso en televisión: habló sobre Cristo como Camino, Verdad y Vida. Sobre el vacío de la vida sin Dios (dedicada a una búsqueda absurda del placer, el éxito, el dinero ...). Recuerdo que había una especie de cabezudos que se movían por el escenario. "El País" me había preparado para despreciar todo aquello como una "conga celestial" (alguno de sus columnistas usó esta expresión). Pero las palabras de Juan Pablo II me llegaron al corazón. Fue mi "clic". De regreso a mi ciudad, inicié una búsqueda intelectual similar a la de Natalia (a mí me sirvió Pascal ...; también Messori, Frossard, y, como a ella, Chesterton y Lewis). Con entusiasmo y "don de lágrimas" al principio, con sequedad y cansancio después, a medida que se alejaba el deslumbramiento inicial. Pero he perseverado, y sigo poniendo mi vida en ello.

03/02/09 11:05 AM
  
Maria
Efectivamente hay muchos procesos de conversión " a la española " , no fulminantes. Demos muchas gracias a Dios por que aunque nos empeñemos en darle la espalda y taparnos los oídos El insiste y nos sigue llamando. Y demos gracias también a nuestras madres que nunca se rinden y recemos todos los días de nuestra vida por la conversión de nuestros hijos, hermanos , amigos
03/02/09 12:35 PM
  
Natalia

CCCP: yo también creo que como dice Bruno, el ministerio, el sufrimiento y la muerte de Juan Pablo II ha traído muy buenos frutos a la Iglesia. Tú y yo, en distintos momentos, somos dos ejemplos. Me ha hecho mucha ilusión leer que tu conversión surgió de ese primer clic en Santiago de Compostela. Yo estoy convencida de que mi visita al Monte do Gozo cuando aún era una niña tuvo mucho que ver con el mío en Roma tantos años después.

María: Yo ahora rezo todos los días por el regreso de muchos de los que amo. Y no tengo ninguna duda de que esa oración dará su fruto, antes o después.
03/02/09 2:02 PM
  
Fredense
Me ha impresionado mucho tu testimonio, Natalia. Muchas gracias.
03/02/09 2:34 PM
  
Óscar
Gracias mil Natalia. Leer historias de conversión hace que uno refresque su propia historia. Es maravilloso lo que hace Dios, yo tantas veces me digo... Óscar, quien te ha visto y quien te ve. Y doy gracias por la felicidad que el Señor me ha regalado. En lo bueno y en lo malo.
Cuando volví de Italia después de conocer a la que hoy es mi esposa no se como apareció en mi mesilla (y os prometo que no se de donde salió) una estampa de Juan Pablo II con la virgen de Loreto. Detrás una oración en italiano para pedirle intercesión a Juan Pablo II por alguna intención que uno tenga, con el fin de luego poder comunicar la obtención de la gracia obtenida a la Congregación para los Santos. Yo cada noche rezaba esa oración pidiéndole que ayudará para que nos casaramos esa chica italiana y yo ya que tanto nos habíamos enamorado pero no teníamos recursos... Y... ya os he dicho que es mi esposa! No se si JPII tuvo algo que ver pero os aseguro que nuestro noviazgo estuvo lleno de milagros de todo tipo.
Un abrazo
03/02/09 3:13 PM
  
Luisillo
¡Qué maravilla escuchar tu testimonio! Una vez oí decir a un catequista que la experiencia de fe de los que nos rodean anima y "calienta" nuestra propia fe, dado que a veces nuestra fe se enfría.

Qué bueno es poder "hacer memorial" de la maravillosa historia que hace Dios con cada uno de nosotros. LA MARAVILLOSA HISTORIA QUE HACE DIOS CON CADA UNO DE NOSOTROS. Lo digo bien alto (perdonad el grito) porque descubrir esa maravillosa historia fue el fundamento de mi conversión; aunque yo, como Natalia, también soy "cristiano viejo" (viví mucho tiempo de la fe de mis padres), y también empecé mi vida de fe en la JMJ de Santiago de Compostela en el año 1989.
03/02/09 3:32 PM
  
cristhian
Y pensar que los de afuera de la iglesia siempre critican las JMJ como simples "conciertos cristianos".

Los frutos de la evangelizacion siempre son misteriosos y sorprendentes. Nunca son como uno espera ni cuando uno espera, sino como Dios quiere.

Raras veces el que siembra es el que ve el arbol floreciendo para que nadie se glorie de ser el "dueño" de la finca.
03/02/09 3:38 PM
  
Natalia
Fredense: gracias a ti. Me costó un poco contarlo, porque es algo muy íntimo, pero ahora me alegro de haberlo hecho.

Oscar: Qué historia más bonita. Yo, desde luego, ya no creo en las casualidades. Ya sabes: tenemos los cabellos contados. No hay lugar para el azar cuando se cree en Dios, lo cual es maravilloso.

Luisillo: Hoy nos hemos reunido muchos hijos de fe de Santiago de Compostela. Es verdad que leernos los unos a los otros, en lugares como este blog, calienta el corazón. Y más aún cuando uno, en su trabajo o en otros ambientes, no tiene la suerte de estar rodeado de hermanos de fe. Como dice nuestro Papa, no es nada fácil ser cristiano en la era neopagana. Pero desde luego es apasionante.

Cristhian: Totalmente de acuerdo. Yo creo que la realidad sin fe es absolutamente ininteligible. Cuando se mira el mundo sin fe no se ve la realidad, se ve lo que uno proyecta sobre el mundo: prejuicios, resquemores, supersticiones, teorías conspirativas. Los que miran las JMJ y ven conciertos cristianos, y miran al Papa y sólo perciben extraños complots, y miran la Iglesia y ven errores o fallos humanos sin percibir la luz (que es infinitamente mayor) tienen un velo sobre los ojos. El día en que caiga, el día en que permitan a Dios desatarlo, verán la luz. Mientras, son como aquellos que miran si ver y escuchan sin oir.
03/02/09 4:52 PM
  
cristhian
Sabes Natalia, cuando a ojos "normales" ve videos de alguna JMJ solo se ve un monton de chicos juntos y de pronto los ves cantar o los ves platicando o intercambiandose souvernirs, etc. a simple vista, una reunion de jovenes mas, como podria ser de cualquier otra cosa, club o lo que sea.

Es mas adentro de la misma iglesia yo he oido comentarios de "adultos" dicendo que solo es por turistear o por ir a otro pais barato o como sea. O la critica de que al volver vienen "igualitos" a como se fueron, con un monton de fotos nuevas, y pañoletas de no se que pais, etc. etc.

Pero lo sorprendente, y es lo que me has acordado tu, es que no vienen "igualitos" vienen cambiados, tocados, transformados. Por fuera no es notorio, ni siquiera los mismos jovenes quizas lo notan, pero ha habido un cambio, una semilla sembrada que tomara su tiempo y su espacio para fructificar.

Asi sucede con las personas a las que uno en algun momento le das una palabra, nada parece cambiar pero alli queda esa semilla latiendo.

La evangelizacion funcionando!
03/02/09 5:16 PM
  
Natalia
La evangelización funcionando. Es muy bonito tratar de transmitir el mensaje en la medida en que uno puede. Y muy difícil, a veces. A mi me resulta más fácil con personas a las que veo diariamente pero con las que tengo menos intimidad, que con las más cercanas. Con los que quiero me puede la impaciencia y tengo que recordarme a mi misma a menudo lo infinitamente paciente que ha sido Dios conmigo.

Escribo muchas cartas ahora, explico muchas dudas, cuestiones que me preguntan amigos y compañeros, que sienten curiosidad por la felicidad que me ha proporcionado volver a la Iglesia. Pero como tú dices, Christian, es plantar una semilla. Uno no ve ningún cambio, pero ahí está plantada.
03/02/09 5:55 PM
  
cristhian
Unos siembran, otros cuidan contra la maleza, otros abonan, otros cosechan. Todos de Cristo!
03/02/09 6:00 PM
  
fan
A mí me pasó lo mismo hace ahora dos años. Coincido en la importancia de las oraciones de la madres y en el ambiente post Concilio en el que me crié.
Lo mío sí fue súbito y parece que un rescate de la nada por parte de Dios, leyendo un libro sin relación con Él.
También yo me puse a leer y cuando en la Semana Santa de hace dos años leo el " Jesús " de Schillebeeckx (no le culpo) casi pierdo la fe por completo; quizás me sirvió para no asustarme de lo que he ido oyendo posteriormente.
Y ahora es lo que más me interesa
y dirige mi vida.
03/02/09 6:14 PM
  
Ana
Dicen que las peticiones de las madres son muy poderosas ante Dios. Me habeis impresionado mucho todos los conversos, os encuentro un valor impresionante y mucho muchísimo amor y ahora estais ayudando a los amgos ,contestando cartas con dudas, doy gracias a Dios porque sois un regalo.
Los encuentros con el Papa no son cómodos y lo sabemos, son paliza y casi no da tiempo a ver Alemania porque además era domingo y estaba casi todo cerrado y la caminata fue de morir pero es una maravilla de reunión familiar.Muchas gracias a todos por vuestro testimonio
03/02/09 6:15 PM
  
Noby
Natalia
He leído,y releído, con sumo gozo tu testimonio;la verdad es que frase a frase me sonaba,de fondo,el relato de la Parábola del Hijo Pródigo,en este caso hay padre (el Papa),hay hijo,(hija),alejamiento,añoranza y desazón interior,y arrepentimiento y,finalmente,reconciliación.¡Enhorabuena y muchas gracias por tu testimonio!.Por cierto ¿qué tal el reencuentro con Nuestra Madre?.
¡Que Dios te bendiga ahora y siempre!
03/02/09 8:17 PM
  
Natalia
Muchas gracias, Noby. No lo había visto así, no se me había ocurrido pensarlo, pero tienes razón y es una idea preciosa. Soy una una de los muchos hijos e hijas pródigos (aquí ya han salido cuatro) que nos vamos y volvemos y somos bien recibidos. Y sí, me he reencontrado con la Virgen gracias al rezo del rosario. Tardé un poco, porque al principio me sentí tan abrumada por Jesucristo, tan fascinada, tan absorta, que apenas podía mirar más allá. Pero junto a Cristo está su madre, así que tarde o temprano se llega a ella. Y ahí estoy, aprendiendo a conocerla cada día de nuevo.

Fan: Fundamental -para mi- cuidar las lecturas y dejarse guiar por alguien que domine el tema y sea de fiar cuando haya dudas. Otra fórmula, la que yo utilicé (además de consultar a algún sacerdote fiel a la ortodoxia), es ir de autor en autor como en cadena. Lees a alguien del que no tienes duda -como los libros que escribió Benedicto XVI cuando aún era cardenal- y repasas la bibliografía que cita. Con internet es todo un proceso detectivesco y fascinante, además. Buscas autores que citen a autores que ya conoces y así vas descubriendo una red de nombres. Es divertido, porque en los primeros tiempos al ser un principiante haces "descubrimientos" tan "novedosos" como Romano Guardini! Y es un placer descubrir quien es ese autor que te ha encantado. Luego, cuando te has formado lo suficiente, comienzas a detectar rápidamente la mala doctrina. A veces no hay más que leer los índices.

Ana, muchas gracias por ese mensaje tan cariñoso.
03/02/09 8:36 PM
  
Ana
Oscar:¿celebras tu santo hoy?
03/02/09 8:57 PM
  
Yolanda (RNA)
fan: ¿por qué leer a Schillebeeckx casi te hace perder la fe por completo? ¿En qué sentido?
03/02/09 10:51 PM
  
fan
Yolanda
Te puede parecer infantil, pero de eso partía yo; es ahora cuando entiendo lo que significa fe: creer en lo que no se ha visto ni hay prueba de que exista. Cuando yo leo cómo se va formando la fe cristológica de las primeras comunidades cristianas, fue un choque; yo estaba fiándome de lo experimentado por gente que vivió aquello, pero que podía no ser verdad y lo mismo en cuanto al Padre.
03/02/09 11:33 PM
  
CCCP
Yolanda-RNA: yo leí "Jesús: Historia de un viviente", de Schillebeeckx, y, como en el caso de Oscar, más sirvió para erosionar mi fe que para consolidarla. Igual que leer a Bultmann (Bultmann es protestante, y Schillebeeckx se supone que es católico ...). Por ejemplo, recuerdo que Schillebeeckx negaba la resurrección como hecho físico: todo no habría sido más que una experiencia subjetiva de los Apóstoles; Jesús "seguía vivo en su recuerdo" y chorradas así.

La Resurrección es la piedra angular del cristianismo: cuando algún teólogo progre se pone a rebajarla y "naturalizarla" de esta forma, me acuerdo siempre de San Pablo: "si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe; somos los más desgraciados de todos los hombres".

Si os interesan los relatos de conversión, os recomiendo "Con ojos nuevos" de Alessandra Borghese (una aristócrata pija que volvió inopinadamente a la fe en 1998, conmovida por la belleza de la liturgia); "El hecho extraordinario" de Manuel García Morente (filósofo español agnóstico que se convirtió fulminantemente escuchando "L'enfance de Jesus" de Berlioz en la radio); "Dios existe: Yo me lo encontré" de André Frossard[no sé cómo lo habrán titulado en español; sé que está traducido]: socialista ateo sin inquietud religiosa alguna, entró en una capilla en la rue d'Ulm y fue inundado por la fe de forma milagrosa (entre las conversiones modernas, es la más espectacular de que tengo noticia). Interesante también el volumen de conversaciones entre Vittorio Messori y Leonardo Mondadori: "La conversión" (el retorno a la fe del editor Mondadori fue más paulatino, pero impresionante en su autoexigencia y radicalidad).

Respecto a la eficacia de las oraciones de las madres: Eduardo Verástegui atribuye su propia conversión a los ruegos de su madre mexicana.
04/02/09 1:03 AM
  
gonzalo
Hay algo que me persigue en la cabeza: Amor y Soledad. La primera voy entendiendola, el Amor de Dios hacia nosotros los creaodos por El, y su Soledad ante lo que ha creado y que no le hace ni puñetero caso, y me produce na honda tristeza. Cuando paseo y paso delante de una Iglesia siempre me viene el sentimiento de que El está solo, y realmente en aquel momento al entrar en la Iglesia, mi sensaci´ñon es que lo está. ún me falta , y la pista creo que es bajar la cabeza.

Salud
04/02/09 1:07 AM
  
Noby
gonzalo
Si no puedes pasar a la Capilla,salúdale,Él está solo,porque esta disponible para atendernos a TODOS,en especila a los más pecadores como soy yo.Sin perjuicio de las posturas litúrgicas,el Señor nos quiere cercanos a su corazón,a su persona a su Humanidad.No quiere un trato solemne,solamente,sino cordial y amistoso,te haré una confidencia:con frecuencia irregular a lo largo del día le digo al señor palabras de afecto,y,me recuerdan al trato que recibió por parte de la "pecadora",ya sabes lavar los pies,perfume etc.;como yo no puedo hacerlo físicamente ,como ella,pues...¡Ah!,también,sin ocasionar malestar siempre que puedo beso el Sagrario.
04/02/09 8:01 AM
  
Blanca
Natalia, gracias por contarnos tu testimonio. Santiago también es un puntal de mi historia en la Iglesia. Y algunos de tus libros leídos para volver a la fe. Cuando estoy en esos encuentros, dedico tiempo -esos tiempos de esperas o caminatas- rezar para que se produzcan encuentros entre Cristo y algunas de las personas allí congregadas y a agradecer a la Iglesia que nos recibe, como la Virgen María, mediando entre la gracia de Dios y las miserias nuestras. Agachar la cabeza, y el cuerpo entero si es preciso, para que a su tiempo el Señor nos levante. ¡Gracias!
04/02/09 9:07 AM
  
MER
Gracias Natalia por tu valentía al compartir tu historia de conversión con nosotros. Me ha gustado mucho. Es impresionante ver cómo el Señor envía los pastores que la Iglesia necesita.

Mi historia de re-conversión es muy similar a la tuya. Siempre en la Iglesia, educada en colegios católicos, yendo a misa, pero completamente alejada y desinformada de la grandeza que encierra la fe católica. Y al igual que tú, también Él me llamó en un plano un intelectual, a través de la encíclica "Deus caritas est", de BXVI. Por esa época empezaba yo a estudiar historia antigua (luego lo dejé) de una forma totalmente sectaria (igualando al cristianismo con todos los ritos paganos de las religiones del medio oriente) y me empecé a turbar sobre la verdad de lo que había creido siempre, lo que me llevó a leer y a investigar mucho más. A mi me ayudaron mucho los libros de BXVI "La sal de la tierra" y "Dios y el mundo", así como las páginas y blogs católicos como el Bruno.

Qué alegria ver la acción de Dios en nostoros!
04/02/09 9:42 AM
  
JUAN CARLOS DE LA FUENTE DIAZ
[Eliminado, por longitud, para incluirlo como artículo independiente]
04/02/09 10:25 AM
  
juvenal
Natalia, eso que comentas de las lecturas es fundamental, creo yo, a mí me pasó, Tolkien, Lewis, Chesterton. Me gustó tanto el Señor de los Anillos que de ahí pasé a leer otros escritos y biografía de Tolkien, descubrí todo lo que pasó en su infancia, como fue educado en el oratorio del cardenal Newman. En uno de sus escritos mencionaba a Lewis, me leí Sorprendido por la Alegría, que me llevó a otros libros suyos, sobre todo me quedé impresionado con los cuatro amores.
Como en Sorprendido por la Alegría mencionaba a Chesterton como uno de los hombres vivos más sensatos que conocía, pasé a leerlo.
Con todo eso muchas dudas y temores desaparecieron.
Muchas gracias por tu testimonio.
04/02/09 11:06 AM
  
Natalia
Gracias a todos, me reconforta mucho ver cuánta gente ha vivido experiencias similares de regreso. No sé si os pasado a vosotros, pero cuando yo di ese paso sentí, junto a una inmensa alegría y emoción, un punto de soledad. Sales del mundo, en el sentido de que cambias tu visión sobre la realidad, sobre la vida, sobre la trascendencia. Y eso te separa -no en afecto, pero sí en espíritu- de gente con la que antes tenías una gran cercanía. Y si, además, trabajas en un ambiente en el que abunda el ateismo -como es mi caso- esa sensación de forastero en tierra ajena se acentúa. Por eso es reconfortante leer todo esto.

Juan Carlos: tu historia es impresionante.

Juvenal, algún día tendríamos que reunirnos los "frutos" de Chesterton, Lewis, Tolkien... :) Hay un libro de Joseph pearce que se llama "Escritores Conversos" que llama a toda esa generación "una red de mentes". Para mí, ha sido muy importante descubrirlos.

Hace nada acabo de leer una novela del cardenal Newman, la única que escribió, que se llama "Perder y Ganar" sobre la conversión de un estudiante de Oxford (su propia experiencia), que es una maravilla. Es un relato admirable de cómo actúa la Gracia.
04/02/09 11:55 AM
  
MER
Pues sí Natalia, lo de la soledad es verdad.

De repente es como si te encontraras en una isla desierta. Ya no estás en la misma sintonía que la gente de tu alrededor (de tu familia, amigos, novio, compañeros de trabajo...) y eso en el mejor de los casos (no te digo nada de cuando te empiezan a llamar fanática, integrista y demás epítetos por decir que crees en el magisterio de la Iglesia en materia de fe y moral).

Pero mi experiencia es que no hay que desanimarse por eso. Yo, en medio de esa soledad le pedía a la Virgen (como madre amorosa que es) que me ayudase a encontrar gente con quien compartir la alegria de ser cristiano y, en un viaje que hice a Lourdes cuando vino en Papa en Septiembre de 2008, Ella hizo el milagro.

Como he dicho antes, también los blogs como el de Bruno ayudan mucho, porque además los comentaristas sois de gran nivel y permite la comunión entre todos (aun me acuerdo de la "quedada" para orar por Yolanda, el bebé de Enrique y las intenciones de todos). Así que ánimo, que no estamos solos

Ah, yo también me apunto a la tertulia sobre Tolkien y cía.
04/02/09 1:05 PM
  
Natalia
Sí, no es un camino fácil. Y aún así hay gente que cree que se da ese paso "para tener un apoyo, porque se necesita, para tener una vida más fácil". No es un camino nada fácil, aunque proporcione una alegría y una serenidad que uno no cambiaría por nada. Pero no es fácil. Es un combate que empieza por uno mismo (qué autocomplacientes somos con nosotros mismos cuando vivimos lejos de Dios) y que continúa frente al mundo. La sal de la tierra. Me reconforta mucho pensar en esas palabras del señor cuando las cosas se ponen difíciles.

Yo me apuntaría encantada a esa tertulia también. Como la de los Inklings, la tertulia de Jack Lewis, Tolkien y Charles Williams en Oxford.
04/02/09 1:16 PM
  
Natalia
Se me ha escapado Señor con minúscula.
04/02/09 1:18 PM
  
cristhian
Las historias de conversiones, reconversiones y un laargo etc. siempre nos animan el espiritu, porque nos recuerdan el amor de Dios.

Aun mas crucial es el que paso después, porque la historia del cristiano siempre empieza con una levantada de ojos al cielo y un reconocer la voz del Amado, pero no empiezan a pasar las letras de los creditos alli ;). Sino que solo empieza la historia de amor.

Vienen los dias de las tribulaciones, los dias de las alegrias, los dias que vuelven a enamorarte, los dias de dudas. Probablemente tiempos de crisis y separaciones, cortas o prolongadas, y nuevas conversiones.

Al final las conversiones son el principio de una historia intima entre dos, Dios y cada uno de nosotros, que fructifica no solo para el convertido sino para todos los que lo rodean (incluyendo nuestra "comunidad" virtual).

Animo Hermanos, que los relatos de conversion nos den ganas de seguir pelenado el dia a dia, como decian las preces de hoy:

"Ayúdanos para que resistamos a la tentación, aguantemos en la tribulación
y te demos gracias en la prosperidad."
04/02/09 4:06 PM
  
asun
No he llegado a ver el comentario de Juan Carlos. Espero que lo pongas pronto, Bruno.
Yo no me identifico con este camino intelectual que habéis recorrido, porque para creer en Jesucristo sólo me ha ayudado el camino del corazón. Creo en El simplemente. Y a partir de los evangelios me siento más católica que otra cosa, pero la verdad es que intelectualmente no me convencería el catolicismo más que cualquier otra religión, es desde mi fe en los evangelios desde donde me posiciono en el catolicismo en vez de en otra religión, sin considerar que no tengamos nada que aprender de otros, pues pienso que las herejías -como decía Jose Luis Martín Descalzo- son verdades olvidadas que se vuelven locas.
Paz y bien
04/02/09 6:06 PM
  
Natalia
Asun, yo sólo puedo hablar por mi, por supuesto. Pero cuando digo que el camino para llegar a la fe, en mi caso, fue intelectual no quiero decir que lo que sustenta la fe es simplemente el hecho de qie cristianismo me convence intelectualmente. La fe es una, la tuya y la mía. Tú la recibiste de esa manera, yo de otra. Pero el objeto de la fe que las dos profesamos es el mismo, la meta es la misma: Jesucristo. Por supuesto que incluso por la vía "racional" el camino no se queda ahí. Yo, como han contado otros, también he vivido Eucaristías en las que he tenido que hacer esfuerzos para que no se me saltasen las lágrimas. Y amo a Cristo y a su Iglesia con todo mi corazón. Pero el camino que he recorrido hasta llegar a Él ha sido racional. No lo he elegido yo, pero lo que sí es cierto que se amolda muy bien a mi naturaleza. Dios sabe muy bien cómo llegar a nosotros.
04/02/09 6:19 PM
  
cristhian
Dios como papá es tan buen papá, que sabe que a todos los hijos se les habla diferente, a unos con susurros, a otros con rigor, a otros en el silencio, etc. etc. Solo nosotros de papas finitos creemos que lo que nos funciona con un hijo nos funcionara con otro.

Cada cual como su corazón es y como necesita su alma. Pero al final todos a lo mismo! A trabajar el campo del evangelio.
04/02/09 6:23 PM
  
asun
Creo que es cierto que a cada uno le da lo que necesita. Sin la fe del corazón, mi actitud crítica y escéptica ante el conocimiento no me habría hecho ningún bien. Desde un punto de vista racional sigo siendo agnóstica, aunque mi experiencia de fe en Jesucristo no se ha tambaleado ante el pensamiento crítico y parece estar a prueba de cualquier tipo de razonamiento corrosivo.
No quiero decir que mi fe no sea razonable, pues por supuesto lo es; pero creo que también sería razonable sostener cualquier otra posición ideológica de un modo coherente.
Me voy de viaje. Hasta la vuelta.
04/02/09 6:54 PM
  
juvenal
Pienso que el renacimiento cultural católico empezó a desaparecer en el inicio de la confusión en la Iglesia inmediatamente después del Concilio Vaticano II. Pareció por un momento que nada era sagrado, incluso en la Iglesia. Teólogos liberales, v.g.: herejes, aparecieron como voceros cuasi-oficiales de la Iglesia; y liturgistas liberales, v.g.: bárbaros y filisteos, se pusieron a vandalizar la belleza y majestad de la Misa. En esta atmósfera la Iglesia no parecía más la sólida roca de resistencia a los males del siglo y pudo parecer que había sucumbido a ellos. La Iglesia, en este periodo, dejó de ser una inspiración para el mundo de la manera en que lo había sido en el siglo anterior. Algo se habìa perdido. Felizmente Juan Pablo II comenzó la larga y dolorosa restauración de la Iglesia y su sucesor, Benedicto XVI, está dispuesto a continuar con el buen trabajo. Esto llevará también, creo yo, a una restauración del renacimiento cultural católico. . En los 1920s y 30s la Iglesia se mantuvo como un bastión de cordura y certezas en medio de la locura del comunismo, fascimo y del capitalismo desbocado. Ahora, una Iglesia vigorizada puede servir como un bastión de cordura y certezas en medio del auge del Islam y de la caída del hedonismo. Esta Iglesia será una inspiración para una nueva generación de conversos, tanto literarios como de otra índole. ¡Dios lo quiera!

Joseph Pearce

06/02/09 10:11 AM
  
ignacio
He leído con verdadero placer el texto y los comentarios. Me impresiona el hecho de que las madres tengan tanto poder con sus oraciones. La mía [qepd] siempre rezaba por mí. Pero tenemos una Madre común, que los católicos veneramos como tal: María Santísima. Sus peticiones son siempre fructosas. Cuantos no deberán su conversión e salvación a Ella? Nos lo puede contar el P. Alfonso Ratisbone y la medalla milagrosa. Llevar una medalla de la Virgen es ponerse sobre su protección. No podemos olvidarlo
06/02/09 11:03 AM
  
ignacio
Pero tenemos una Madre común, que los católicos veneramos como tal: María Santísima. Sus peticiones son siempre fructosas. Cuantos no deberán su conversión e salvación a Ella? Nos lo puede contar el P. Alfonso Ratisbone y la medalla milagrosa. Llevar una medalla de la Virgen es ponerse sobre su protección. No podemos olvidarlo
06/02/09 11:09 AM
  
luis
Es curioso. Hay muchas historias de conversion, pero la mayoría de las historias de re-conversion son "intelectuales". La mìa lo fue. Y si no, son esteticas, la "belleza-que-salva-al-mundo", como dice Dostoiewsky. O una mezcla de ambas, como en Claudel.
La de Newman es eminentemente intelectual. Pero en rigor, toda conversion es intelectual, somos seres racionales, la "meta-noia" es cambio del pensamiento primero. En ese orden, de todas las teorías de la conversión, la de Newman me parece la mas satisfactoria: la conversion se produce por una acumulacion de elementos. Puramente racionales, estéticos (que también atañen al alma), sentimentales, historicos.... Se conforma una especie de lenguaje, una "gramática del asentimiento", no por encadenamiento de razonamientos, sino por hitos, iluminaciones intuitivas y de repente... bum, la gracia del Espíritu Santo que propiamente produce la fe. Como cuenta Jack Lewis, fue a una excursion al zoo ateo y volvió cristiano.
Por eso, ni desconfiar de la razón, ni creer que con "argumentos" apologéticos se logra la fe. Estrategia ilativa, como la de los niños que aprenden un lenguaje, es la única que usa Dios. Mojones intelectivos y razonamientos, experiencia de la belleza, esplendor del bien moral: los trascendentales metafísicos se hacen heraldos de la fe. Y cuando la persona se dispone (con una mocion de la gracia, por cierto), se acepta la fe. ¿Y esos mojones, esa hilacion? Tambien son gracia. ¿Y esos pecados, esa amargura, esa nada? Tambien gracia. Etiam peccata.
06/02/09 4:25 PM

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