Cristianos de ayer y de hoy (VI): Efrén, el Arpa
En los próximos artículos de esta sección, vamos a ver algunos textos de Doctores de la Iglesia, es decir, de algunos santos a los que la Iglesia ha proclamado como maestros de la fe. De entre ellos, nos fijamos hoy en San Efrén, nacido en Siria (hoy Turquía), alrededor del año 306.
Vivió como un asceta, dedicado a la meditación y a la enseñanza de la fe, y, humildemente, nunca quiso ser más que diácono. Al final de su vida, con ocasión de una gran hambruna y una terrible epidemia que azotaron a aquella zona, consiguió convencer a los ricos de la ciudad y organizó un sistema de reparto de los alimentos y de voluntarios que ayudaban a los enfermos. A los pocos días, agotado, murió.
Efrén fue, además de santo, un gran poeta, por eso se le conocía como el “Arpa del Espíritu”.

Después de terminar la época de los Padres Apostólicos, que habían conocido a los Apóstoles, empieza en la Iglesia el tiempo de los llamados Padres Apologetas o defensores de la fe. Estos padres intentan no sólo predicar el Evangelio, sino también dar razón de él ante el mundo pagano, donde el cristianismo se considera algo extraño y absurdo.
es un libro curiosísimo. Aunque varios Padres de la Iglesia hablan de ella, ignoramos quién fue su autor y se pensaba que el propio texto se había perdido hasta que, en 1873, se descubrió un antiguo manuscrito griego de la misma. Suele fecharse en torno a los años 70 - 80. Es decir, es, probablemente, el primer escrito cristiano que conocemos después del Nuevo Testamento.
Esta semana, el texto que vamos a ver es de otro Padre Apostólico, es decir, de un santo que conoció personalmente a los Apóstoles y recibió de ellos el Evangelio. Se trata de San Clemente de Roma, el tercer papa, que fue obispo de la comunidad de roma desde el año 89 hasta el 97. Murió mártir, como sus modelos Pedro y Pablo y como todos los papas de aquella época.
San Ignacio de Antioquía es uno de los llamados Padres Apostólicos. Eso significa que conocieron a los propios Apóstoles y recibieron la fe de su predicación. Por lo tanto, nos muestran de una forma especial lo que enseñaron los Apóstoles y el comienzo de la Tradición en la que está basada la Iglesia y de la que nos podemos fiar plenamente. El propio Ignacio de Antioquía fue el primero en llamar “Católica” (universal) a la Iglesia.









