Una imagen para recordar
Ahora que ya han pasado varios días desde la visita del Papa, aprovecho para hablar con más calma de lo que más me ha gustado de la misma. Ha sido, sin duda, una visita llena de acontecimientos y palabras de fe y sería ingenuo intentar resumirla en una frase. Sin embargo, hay imagen que me impresionó y que quedará grabada en mi memoria como símbolo de esta visita, aunque apenas duró uno o dos minutos.
Cada uno, recordará probablemente algo diferente de este viaje del Papa. A fin de cuentas, de lo que rebosa el corazón habla la boca… y también la memoria. La prensa malintencionada recordará, con resentimiento y sensación de superioridad, el detalle simpático de las monjas limpiando el altar. Es fácil que muchos nacionalistas catalanes hablen de esta visita como la visita en la que el Papa habló en catalán. Otros recordarán simplemente la magnífica arquitectura de la Sagrada Familia, el número de personas o las pancartas a favor o en contra. Algunos, quizá los menos, la preciosa liturgia de consagración del templo, las valientes homilías y declaraciones del Papa, el ejemplo de santidad de Gaudí… En cualquier caso, no parece que la imagen que yo he elegido sea muy popular, porque no la he podido encontrar en Internet y he tenido que sacarla de un vídeo.

Hoy, por ser domingo, me voy a limitar a traer al blog una sola frase. Eso sí, una frase que vale por un post entero y que, a mi entender, podría dar lugar a discusiones muy interesantes.
Como ya sabrán los lectores, al igual que el color propio de los obispos es el morado, desde el siglo XV los cardenales se caracterizan, en la iconografía y en la práctica, por las vestiduras de color rojo o púrpura. Este color rojo no es casual. Significa su disponibilidad para dar la vida en el servicio del Papa y de la Iglesia. De hecho, así lo dicen en su juramento solemne: usque ad effusionem sanguinis, hasta el derramamiento de sangre.
Quiero animar a los lectores del blog a que tengan algo muy en cuenta en su oración de hoy: Mañana hay una reunión parroquial en la iglesia del Monte Calvario (Mount Calvary Church), en Baltimore, Estados Unidos.
El otro día, se planteó un tema interesante en el blog de Luis Fernando. Supongo que, en este momento, los lectores se preguntarán, sorprendidos: “¿Cómo? ¿En el blog de Luis Fernando?” Y recordarán la frase evangélica: “Pero, ¿de Nazaret puede salir algo bueno?” Pues sí, queridos lectores, también en el blog de nuestro querido, Ilustrísimo y nunca suficientemente bien ponderado Director se dicen cosas interesantes de vez en cuando. El problema es que, en esta ocasión, nadie pareció darse cuenta.



