Federico, conocer a Cristo en la sobremesa
Una lectora, Eulalia, que nos regaló ya la , me envía esta otra pequeña historia real de evangelización.
Me ha llamado especialmente la atención de este relato el hecho de que, a diferencia del anterior, transcurre en un ambiente social privilegiado y entre copas de champán. A veces tenemos la idea de que misionero sólo es quien se va a vivir con los más pobres, pero personas necesitadas de Dios existen en todas las clases sociales.

Aquí tienen el esperado final de la historia de Ariane, que comenzó en el de ayer.
Hoy ofrezco a los lectores una preciosa historia personal de conversión que me ha enviado una lectora, Eulalia. Como es larga, la he dividido en dos “episodios” y mañana publicaré el desenlace. No hace falta decir que me ha encantado.
Como este blog se ocupa muchas veces de problemas de la Iglesia y de la sociedad, es un placer poder tratar también noticias que nos recuerden que la gracia de Dios sigue actuando. Antesdeayer, me alegró el día leer, en Religión Digital y luego en otros medios, que Doña Mercedes Aroz, senadora por Barcelona, había dimitido de su cargo porque su conciencia no la permitía seguir aceptando leyes y políticas contrarias a la moral:
Al escribir el domingo un artículo sobre San Francisco Javier, patrono de las misiones, me acordé de una historia que me contó, hace tiempo, un novicio comboniano. Antes de relatarla, quiero decir que los Misioneros Combonianos siempre me han caído simpáticos, porque de niño estuve suscrito durante años a Aguiluchos, una revista misionera que publicaban y que, al menos en aquella época, era excelente. Por lo que sé, es muy probable que la historia sólo transmita la opinión de este novicio y de los protagonistas de la misma y no refleje en absoluto la forma habitual de actuar de estos Misioneros.



